miércoles, 10 de octubre de 2012

El teatro de la evangelización

Por Raúl Hernández Viveros

Carlos González Peña, en su libro la Claridad en la Lejanía, publicado en 1947, señaló que: “Los conquistadores, empezando por su adalid y guía, recios soldados que empuñan la espada, sin sospechar que el deslumbramiento les moverá a coger la pluma; los religiosos que investigan, estudian y meditan, tanto o más que en el silencio de los claustros en las ardientes jornadas de la evangelización; los indios mismos, primera flor de la civilización hispánica en el Nuevo Mundo, así consignan en insuperables crónicas en magno suceso de la Conquista, como acopian importantes noticias sobre los orígenes, religión y común vivir de pueblos y razas…”
            De esta manera lo que se pretendió desde un principio perseguir y destruir; borrar y aniquilar la historia de las culturas indígenas de México, termina por sobrevivir a través de la construcción basada en otra narrativa escrita por  los conquistados y colonizados. Luis G. Urbina destacó sobre la “absoluta certidumbre que en la sucesión de los fenómenos vitales, en la transformación biológica, étnica y social de las naciones conquistadas por el genio español, la lengua es uno de los más poderosos distintivos una de las huellas más profundas que dejó a su paso la dominación. Y esa lengua que aprendida y difundida con necesaria terquedad, por misioneros y por soldados, por doctores y por rábulas…; esa lengua, nos subordina y nos hace tributarios de una literatura monumental…”
            A través del castellano se transmitieron las leyendas acerca de las diversas batallas entre los ejércitos cristianos e infieles. Estos episodios significaron la representación del rescate de escenas históricas en la evolución europea. Desde la reconstrucción de los griegos y romanos hasta las conquistas de territorios donde esclavizaron a sus habitantes.
A España llegaron los ejércitos romanos, y anteriormente los fenicios abrieron  sus intercambios comerciales. Después varios siglos acompañaron el trasplante de la cultura árabe. Mauricio Magdaleno en su libro Agua bajo el puente describió dicho mestizaje que en el Nuevo Mundo comenzó con los Olmecas y teotihuacanos. “Los tepanecas llegaron a estas latitudes –se dice- hacia 1230; los aztecas por 1376. en 1376 Dio su primera flor el gótico flamígero en Amiens, Ulms y Brujas, y los árabes de Granada construían el patio de los Leones de la Alhambra. Ya andaban en las bocas los cuentos de Bocaccio, estrictamente contemporáneo de la gente de Tenoch, y las leyendas rimadas de Chaucer”.
En esta aculturación se hicieron los cimientos de la variedad cultural. Entre los festejos populares que se realizaban en la Nueva España, fueron llevados al teatro evangelizador, y tuvieron como referente la propia conquista de México. Funcionaron a los religiosos para convencer a los indios de la superioridad del Dios cristiano sobre sus antiguos dioses. Aunque se vincularon con los ritos paganos prehispánicos. Por ejemplo, reprodujeron la adoración por el dios blanco Quetzalcoatl; retomaron el mito de la virgen Tonantzin, y coincidieron con los sacrificios humanos al beber durante los rituales la sangre de Cristo, en copas de vino.
Arturo Barman informó que fue: “La primera referencia documental a la danza: cuando en ocasión de la boda de Ramón Berenguer IV conde de Cataluña con Petronila, reina de Aragón celebrada en la catedral de Lerida en el año de 1150, se fingió un combate entre moros y cristianos.” Más tarde, este tipo de representaciones de moros y cristianos, aparecieron en los territorios conquistados. Se hicieron para difundir la religión católica y fomentar otra vez el culto hacia el dogma religioso y el sometimiento al imperio español. 
Derivado del teatro medieval que tuvo su origen en las ceremonias eclesiásticas europeas, los misioneros en su proyecto de adoctrinamiento emplearon estas dramaturgias y representaciones religiosas; con la finalidad de la adaptación de la enseñanza de practicas pedagógicas, y con la intención de crear la unidad cultural.  El exemplum medieval, permitió lograr estructurar una cultura de sometimiento y obediencia.
También  se copiaron el empleo de los códices con sus dibujos a mano realizados por los tlacuilos, que hacían el papel de escribanos para registrar todos  los hechos y acontecimientos históricos y legales. En el XVII, los catequistas, traductores, latinistas, músicos, pintores, escultores, y los escritores se permitieron reinventar la historia prehispánica  y crear la historia  de los vencedores.  Los mismos cronistas se transformaron en los narradores de una realidad llena de fantasía, magia, realidad maravillosa por el deslumbramiento del Nuevo Mundo.
En el siglo XVI apareció un texto anónimo en donde se explicaba el papel de la representación denominada neixcuitilli. Con la cual los grupos indígenas colonizados ofrecieron sus propias y originales versiones  acerca de la evangelización de la Nueva España. De acuerdo con el significado de  neixcuitilli era un “ejemplo de vida”, que debería funcionar en el adoctrinamiento de los infieles hacia el camino  y el encuentro con Dios. Esta idea planteaba el desmantelamiento de las religiones paganas con sus rituales de sacrificios humanos.
            Por lo cual, quedaba advertido que a partir de entonces: “Aquí comienza cómo se hacían las representaciones, los ejemplos, para que no acechara el Demonio, no se burlara de los cristianos.” Fue la respuesta de la ideología indígena hacia la imposición de la historia sagrada con sus escenas derivadas y extraídas como de un catálogo en colores de mártires y santos de la Iglesia Católica.
Domingo Francisco de San Antón Chimalpain Cuahtlehuamtain  dejó constancia de que: “se hizo allí en Santiago Tlatelolco un Neixcuitilli, ejemplo, aquel de cómo acabará el mundo. Mucho se maravillaron, se espantaron los mexicas”. Por su parte los misioneros ofrecieron la representación de “La conquista de Jerusalén”, en Tlaxcala,  1539, informó Fray Toribio Motolinía, en su Historia de los Indios de la Nueva España.
También reconoció la representación de una batalla, Alonso Ponce, en 1585. Otro antecedente fueron las “danzas de chichimecas”, en 1586 y 1588.
Juan de Torquemada realizaba puestas en escena con personajes que actuaban mudos, y hacían mímicas, reconocidas como nexcuitilli, en 1587. Posteriormente se representó en Tlaxcocomulco “La adoración de los Reyes Magos”. Otros antecedentes del teatro religioso en la Nueva España se encuentran en: “Diálogos de la Virgen y san Gabriel”, de Luis de Fuensalida, “Auto del juicio final”, de Andrés de Olmos, y “La conquista de Jerusalem” de  Toribio de Motolinia. 
            Christian Duverger,  en su libro La conversión de los indios de la Nueva España., FCE. México 1993, definió que: “El modelo medieval llamado exemplum, utilizado por los frailes en Mesoamérica se llevó a cabo de forma muy diferente a la original”. Además sostuvo que eran: “Representaciones religiosas o de temática moralista que se representaban en las iglesias españolas de la Edad Media para ejemplificar aquello que los fieles no debían de hacer. A lo largo de la Edad Media, y de forma especialmente masiva a partir del siglo XIII, profesores, oradores, moralistas, místicos y predicadores, para ejemplificar y adornar sus exposiciones ilustrándolas mediante todo tipo de fábulas, anécdotas, cuentecillos, bestiarios, relatos históricos, apólogos, historietas, leyendas, etc.”.
            Sin embargo, el teatro indígena se acompañaba constantemente de danzas. Mitotes, náhuatl mitotiqui danzante, o itotia bailar: alboroto, tumulto o vocerío. Fiesta de bodas, guerras, funerales y reunión de brujos. Danzas guerras, bailes rituales y músicos con instrumentos prehispánicos: caracoles, caparazones de tortugas, sonajas, flautas y tambores.
Frente a  los  discursos y diálogos en latín y español de los Autos y coloquios del siglo XVI, la población nativa simuló la reprobación de sus dioses ancestrales para intentar captar la historia sagrada del mundo occidental. Los indígenas enfrentaron  la oralidad contra la palabra escrita; replantearon la pérdida de las tradiciones, usos y costumbres mesoamericanos, sobre el sometimiento a través de los episodios bíblicos.     
            Luis G. Urbina definió que “el temperamento, que es la resultante de estas alteraciones, se impone a la palabra y la plasma a  su guisa, de acuerdo con sus necesidades. Mucho a dejado en nosotros el alma española; pero por debajo de esta herencia palpita, con energía avallasadora el sedimento indígena. A la alegría sanchina, al delirio quijotesco se juntan dentro de nuestros corazones la tristeza del indio, la fuerza selvática del antepasado, la ancestral desconfianza del sometido, la descoyuntada dulzura del aborigen. Y si somos mexicanos para vivir, lo somos para hablar, y para soñar, y para cantar.”
            Por su parte, Héctor Pérez Martínez reconoció que: “No puede hablarse de una muerte absoluta de los valores indígenas, como tampoco de un predominio absoluto de lo occidental sobre lo autónomo. Nuestro mestizaje saltó por encima de las fronteras puramente raciales para inundar los sanchos y conturbados campos del espíritu. Las representaciones teatrales prehispánicas estuvieron acompañadas de arte, el movimiento  y el ritmo. A través de cantos, diálogos breves, recursos burlones; las actuaciones se realizaron en lugares destinados a este teatro al aire libre, y en escenarios de Cholula, Tlatelolco o Tlaxcala.
            El teatro religioso en la Nueva España tuvo efecto tuvo inicio en Santiago Tlatelolco, 1536, con la adaptación del Auto de Juicio Final. Años después se escenificó con diálogos en náhuatl, en la capilla de San José de los naturales, y estuvieron de testigos de honor el obispo Juan de Zumárraga y en virrey don Antonio de Mendoza. En 1538 en las fiestas de San Juan Bautista se representaron cuatro obras: “La anunciación de la natividad de San Juan Bautista”, “La anunciación de nuestra señora”, “La visitación de la santísima Virgen a Santa Isabel”, y  “La natividad de San Juan Bautista”.
            Todo lo anterior se presentó en Tlaxcala, y luego en náhuatl “La caída de nuestros primeros padres”, y al año siguiente en la celebración del Corpus Christi, escenificaron las piezas “La conquista de Jerusalén”, “La tentación de Cristo”, “La predicación de San Francisco a las aves”, y “El sacrificio de Abraham”    
Joaquín García Icazbalceta aceptó que: “La religión azteca, horrorosa y repugnante al extremo en sus ritos, era pura en su moral, como si conservara cierto fondo de verdades, de las que habían divulgado aquí los predicadores, desconocidos para nosotros, que vinieron en remotos tiempos a estas apartadas regiones. Notable era la analogía entre ciertas reglas conservadas por tradición unánime y las que ahora se predicaban; para seguirlas no era necesario apartarse mucho de lo ya admitido en el orden moral”.
En la exhortación latina de José Zumárraga, se advirtió que “si en las guerras justas los soldados valerosos arrostran manifiesto peligro de muerte, y la desprecian por conseguir fama y gloria póstuma, ¿con cuánta más razón no debemos entrar nosotros con ánimo resuelto a combatir por el nombre y gloria de Jesucristo, para alcanzar desierto, no fama breve y perecedera, sino descanso eterna y vida sin fin? Pero si notamos nuestra vacilación y pereza en cumplir con lo que nos toca, cuando estamos viendo que tantas gentes, antes desconocidas, se hayan dispuestas a recibir el suave yugo de Jesucristo...” 
            Los misioneros intentaron llevar el verbo encarnado en las  palabras sagradas desprendidas de las reiteradas historias de santos y vírgenes. Frente a la crueldad de la conquista ofrecieron el paraíso celestial, la vida eterna. Igualmente los aztecas inmolaban sus cuerpos para recrearse en el más allá. Detrás del misterio de la muerte destacaban las fiestas profanas con la creación de autos sacramentales y coloquios espirituales. En estos puntos de contacto se vincula el arte de la poesía. Los maravillosos cantos antiguos del México profundo, en aquel tiempo del pasado fabuloso de maravillosas creaciones arquitectónicas que permanecen como patrimonio cultural en las zonas sagradas del mundo prehispánico. Aquél sentimiento del antiguo cantar mexicano: “Y si uno en saber se empeña / la causa de tu penar, / dile que verde es la leña / y que el humo hace llorar.”  
El poeta anónimo anhelaba pagar un poco algo por sentirse todavía con vida. Al mismo tiempo le quedaba al espíritu de la danza. El poder del  “itotiani” danzante era nada más participar en estos rituales sagrados. Entre  la flor y el canto, se le exigía abrir su corazón. De esta forma describía su mundo, como un fragmento del universo en donde los dioses supremos lo atrapaban  en la totalidad de su interior  y exterior. En este espacio, reconocía la ilusión de la vida.


Los itotianis daban vueltas, “mocuecuepa”. Entre machincuepas enfrentaban la realidad del mundo.  La danza, el arte, la poesía y el Chicomóztoc, que era nombre del mítico lugar de origen de los aztecas. Las siete cuevas  de los cerros sagrados, en donde llegaban  las peregrinaciones de grupos indígenas.
            Luis G. Urbina sentenció sobre los evangelizadores que: “fueron al cimiento sobre el cual se levantó, pesada y sombría, la nueva superstición del alma indígena, superstición que moderaba los ímpetus y bravuras del conquistado, que disminuía sus ferocidades, que le hacia más sumiso y, por lo tanto, más resignado al yugo; pero que no variaba porque era imposible variar así, y en tiempo tan breve, la estructura mental de la raza, la cual no hizo más que trasladar la adoración por los ídolos sanguinarios a otras imágenes…”
            En esta narrativa destaca la historia como un verdadero registro de hechos, datos y acontecimientos. La lectura de estas crónicas retomadas de investigaciones  publicadas se recurre a comprender el pasado de México. Al mismo tiempo que se han logrado inventar un contexto  que revisa e interpreta la narrativa en nuestros días. Con posterioridad se ubican datos significativos, que permiten destacar el sentido histórico, y determinar el valor de la escritura, y sobre las palabras en su función de capturar y repetir: “importantes noticias sobre los orígenes, religión y común vivir de pueblos y razas…”