miércoles, 16 de abril de 2014

Crisis paradigmática:


rezagos, hegemonías y emergencias en las formas del pensamiento y el cambio cultural del siglo XXI


Mario Jesús Hernández Pérez

Establecer el concepto de paradigma como una base filosófica y epistemológica, nos lleva en un recorrido complejo y profundo de la sociedad posmoderna, que va encontrada con los principios que el positivismo legó al mundo y que formó parte del pensamiento que el liberalismo clásico desarrollo con atingencia durante la época moderna, desde el siglo XVII hasta la actualidad.

Pero hay que reconocer, que aunque actualmente subsisten muchos conceptos de ese modelo positivista, y que al hablar del concepto de paradigma seguimos utilizando como parte de nuestro análisis estos conceptos, debemos también reconocer  que hemos entrado en una etapa de transición ideológica, en el que fenece lentamente un paradigma y está en proceso de formación otro; por ello, deben surgir los elementos necesarios para que el pensamiento y la construcción de un nuevo modelo o modo distinto para producir el conocimiento, pueda ser aplicado y entendido en todos los sectores y ámbitos de la sociedad.

Así, estás premisas tan sencillas se convierten en un modo nuevo de producir el pensamiento en el mundo, una manera distinta de concebir a las ciencias, pero no solo las ciencias exactas y naturales, sino todas las ciencias en su conjunto. Con un dejo de romanticismo, ven como cada día el conocimiento ha entrado en un proceso de cambio rápido y acelerado que poco a poco va siendo entendido, no sin antes ir encontrando las herramientas necesarias para poder acceder a él, como parte de un estilo de vida y de actuar de la sociedad y sus individuos.

Es así que observamos como la educación, se convierte en un instrumento que poco a poco busca cruzar el umbral tras del cual, se deberá dejar atrás, todo el pensamiento positivista de los liberales surgidos en la Ilustración, para que ahora, se busque una nueva explicación que convenza, de que el mundo ha cambiado y que estamos inmersos en estos procesos.

Hoy establecer la diferencia entre esas dos corrientes, nos lleva a realizar una distinción, entre el positivismo y el estructuralismo, como parte del mundo moderno en el cual estamos inmersos.

Por ello, los conceptos educativos tienen un cambio interesante, pasan de fundarse en el conductismo para sustentarse en el constructivismo, como una tendencia nueva que le permitirá a los estudiantes y docentes al interior de las aulas generar un nuevo esquema, capaz de adecuarse a los contextos donde el ser humano coexiste con otros seres diferentes al género humano.

Y es que al pasar de un modelo lineal y hegemónico, a un modelo flexible, democrático y sustentado, además de complejo y simple, paradójico y antagónico, se abren las puertas de lo nuevo, de lo sustantivo y esencial, aunque en muchos sentidos parecen antagonismos, son capaces de convivir dentro de un mismo contexto y entre ambos, son capaces de buscar un equilibrio sustentador.

Así el surgimiento de un nuevo paradigma, lleva a buscar entender los procesos, los ¿por qué? Estos son temas de mucha controversia, pero que poco a poco transitan con paso firme y seguro hacia la construcción de un nuevo esquema universal dentro de las tendencias de la pedagogía actual.

Todos estos asuntos merecen una atención nueva y decidida, que nos permita rescatar a la educación, por ser ésta la que enlaza al positivismo y al estructuralismo, y que permite transitar en medio de estas dos corrientes del pensamiento humano. Por ello, en la construcción de dos procesos encontrados y antagónicos, la educación debe ser la que transforme a los seres humanos de la presente época.

Si el paradigma es una concepción global del mundo o de la ciencia que se encuadra en una época histórica, los discursos que busquen consolidar a estos, deberían ser concebidos de una manera distinta a las formas en que se hacen hasta nuestros días, porque todas estas concepciones son resultado de la política más que de los expertos, es decir el discurso es elaborado por políticos y no por educadores.

Y es entonces que se genera un abismo entre la realidad y las políticas públicas, entre la educación y la escuela, entre maestro y alumno, entre padres de familia y la escuela, y entre la escuela y su contexto social.

A pesar que los paradigmas pueden tener diferentes matices por su fundamentación teórica o filosófica, estos no pueden ir separados de las estructuras sociales en donde el paradigma se aplica o reconoce. Así un paradigma general produce paradigmas particulares, y de estos derivan conceptos específicos como el de sociedad, individuo y aprendizaje.

Asimismo, el paradigma penetra muchas veces sin toma de conciencia; genera crisis cuando se da el inicio de un nuevo paradigma; genera resistencias institucionales o políticas, la personal y la individual, que conducen siempre a producir cambios de pensamiento de las estructuras lógicas de los que se encuentran inmersos en estos procesos. 

El paradigma se heterorregula, después se regula, hasta llegar a la autorregulación, siendo ésta una forma de diferenciarse de otros seres vivos, sobre todo porque toma en cuenta a la ética como una parte importante de ese quehacer; pero además, tiene un mecanismo que se sustenta en objetivos, programa de acción y retroalimentación;  que lo convierten en un mecanismo complejo e innovante.

Pero se debe destacar como el paradigma de la complejidad aparece para tratar de encontrar una explicación al mundo posmoderno, en donde el materialismo es visto como parte de la existencia de un mundo material, donde subsiste con el idealismo, en donde la subjetividad crea parte de la realidad.

En esta relación aparentemente antagónica subsisten ambas; el individuo es complejo, pues es un ser biológico, psicológico y social; además que el sistema se caracteriza en cada una de sus partes; es holográfica y recursiva, esto es, ve las cosas globalmente y tiene un doble efecto, los efectos influyen en las causas y las causas en los efectos; lo que lleva a que lo que antes parecía antagónico se complementa y así lo simple sustenta a lo complejo y viceversa.

Por esto, la complejidad es dialógica, diversa, con diversos niveles de realidad que llevan al sujeto a interactuar con el ambiente y circular entre lo individual y lo social, puesto que se debe reconocer que existen varios niveles de realidades, lo que crea diversos niveles de opiniones.

Es necesario entender que el discurso del pensamiento complejo está basado en el materialismo dialéctico y sus principios lo hacen una posibilidad de actuar con un concepto del mundo distinto al modelo anterior.

Y en este sentido, destacar a Edgar Morín como portavoz de la complejidad, nos da los elementos necesarios para encontrar la sustentabilidad de este tipo de pensamiento, puesto que una vez que se logran romper las barreras mentales, podemos entonces caracterizar en el contexto, en lo global, en lo multidimensional y lo complejo, aspectos como el de la inteligencia, la correlación, la antinomia, la reducción y la disyunción; elementos todos, que nos deberán conducir hacia un pensamiento que distinga y religa en contraposición de uno que separa y reduce, pero que además a través de la misma complejidad y la transdiciplinariedad transforma el actuar de los seres humanos como ente sociales.

Comentarios y sugerencias: mariojesushp@gmail.com

 

 

 

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