domingo, 29 de octubre de 2017

EN RECUERDO DEL SENSEI RAÚL CASAS LÓPEZ 1931 - 2017


José Arturo Hernández Ruiz
El profesor Raúl Casas López nació en la Ciudad de México el 29 de Noviembre de 1931. A la edad de 20 años inició el aprendizaje del Judo bajo la dirección del sensei Daniel F. Hernández, y recibió también las enseñanzas del sensei Yoshisaburu Yamasaki, de quien aprendió la Filosofía del Judo. El 10 de abril de 1961 obtuvo el grado de Sho Dan en el Colegio Nacional de Cintas Negras bajo un jurado presidido por el sensei Masao Ichinoe, Hachi Dan, representante del Instituto Kodokan. El 31 de julio de 1963 recibe el segundo grado de cinta negra, o sea Ni Dan. En 1964, el judoka Raúl Casas visita a su hermana Yolanda y conoce esta bella ciudad de Xalapa. Se enamora de su tranquilidad, del carácter de su gente y decide quedarse para formar un club de Judo para transmitir sus conocimientos. Con el apoyo de Yolanda y de un grupo de médicos, formó el primer club de Judo en Xalapa, hasta la fecha llamado Xalapa Judo Kai. Iniciaron actividades en la calle de Lucio -casa de la familia Acosta- . Luego ocuparon el área de vestidores de la alberca del IMSS. Posteriormente se pasaron a la calle Xalapeños Ilustres, en un local del señor Leonardo Dauzón, hasta que llegaron al gimnasio Allende. Con el tiempo las cosas mejoraron y se cambiaron al gimnasio anexo al Estadio Xalapeño, donde hasta hace unos meses seguían entrenando. Con el apoyo de los padres de los alumnos, se formó en 1965, la Asociación Xalapeña de Judo, y en 1966, ya contando con escuelas de otras ciudades del Estado, se fundó la Asociación Veracruzana de Judo. Al tratarse de la primera Asociación en provincia, se cumplieron los requisitos para formalizar la Federación Mexicana de Judo, de la que fue Vocal, Comisario, Vicepresidente, Director Técnico y de Grados y Director Deportivo. Desde que se inició de manera formal el estudio y la práctica del Judo en Xalapa y posteriormente en el Estado, el profesor Casas siempre estuvo pendiente de llevarnos a competir "fuera de nuestro gallinero", para foguearnos, para que perdiéramos el miedo, para que conociéramos qué había más allá del Cofre de Perote. Para los niños y jóvenes que iniciamos en ese entonces el camino del Judo bajo la dirección del profesor Casas, estas experiencias fueron inolvidables pues fueron la base para nuestro deporte y para nuestra vida, como futuros profesionistas, bajo los preceptos de coraje, valor, honradez, compañerismo. Aprendimos a caer para podernos levantar. Aprendimos que para triunfar, hace falta sudar el judogi, hace falta sangrar los nudillos, que si te lastimas, ¡qué importa!. Que aunque saliéramos adoloridos del entrenamiento, al otro día estábamos de nuevo ahí. El profesor Casas tenía la habilidad de curarnos cuando nos lastimábamos. Eran comunes las torceduras y luxaciones. El maestro revisaba por aquí, jalaba un hueso por allá, te amarraba el brazo con la cinta, te mandaba a descansar tres días y a seguirle. Ya las fracturas tomaban un poco más, pero siempre regresábamos. El profesor Casas estableció una hermosa amistad con nuestros padres y obtuvo su apoyo incondicional. A veces los padres entregaban personalmente los trofeos a los judokas en los campeonatos, lo cual los hacía doblemente felices. Otras veces los padres se cooperaban o prestaban sus coches para organizar los viajes a México. Visitamos el gimnasio de Enrique Llanes, la Unidad Independencia, la Arena México, los estudios de Televisa, en fin, toda una serie de aventuras que convivieron en los años sesentas El 15 de Abril de 1973 el profesor Casas recibe el grado de San Dan.
El 13 de Junio de 1977 es promovido al grado Yon Dan. El 7 de Junio de 1984, recibe el grado Go Dan, ante un jurado presidido por el Sensei John Osako, Hachi Dan, Director Técnico de la Federación Internacional de Judo. En 1995, gracias a importantes triunfos, fue galardonado con el Premio Estatal del Deporte, el profesor Casas como Entrenador y su hijo Alexandro como Competidor. El 8 de Agosto de 1997 recibe el grado de Roku Dan, ante un jurado presidido por el sensei Daniel F. Hernández. -El maestro con quien se inició en Judo-. El profesor Hernández ya había sido ascendido a Hachi Dan y fungía como Asesor Técnico de la Federación Mexicana de Judo. El profesor Casas guardaba en su memoria los viajes a Canadá, E.U.A., Guatemala, El Salvador, Panamá, Colombia, Bolivia, Ecuador, Alemania, España y Polonia; siempre llevando la honrosa representación de la Federación Mexicana de Judo o del Comité Olímpico Mexicano. En ocasiones, como Entrenador o Delegado de la Selección Mexicana; en otra ocasión, como Instructor de un Curso Especial de Arbitraje en Bolivia; y en otra más, como Director Técnico Adjunto en el Campeonato Panamericano Juvenil en Cali, Colombia, auxiliando al Sensei John Osako, Director Técnico de la Federación Internacional de Judo. En una difícil pero gratificante Comisión del Comité Olímpico Mexicano, como Entrenador de la Selección Nacional de Ecuador, con vistas al Campeonato Sudamericano celebrado en Bolivia, afortunadamente con buenos resultados, siendo hasta ahora único mexicano, actuando como Entrenador de una Selección Nacional en el extranjero; y en una última, como Representante de México en un Curso de Entrenamiento Técnico de la Unión Panamericana de Judo realizado en El Salvador, C. A. En 2014, al cumplirse 50 años de que el profesor Casas llegó a Xalapa cargado de un deseo enorme de transmitir sus conocimientos, de forjar judokas, de preparar campeones y de transmitirles la Filosofía del Judo, un grupo de judokas de todas las generaciones que han pasado por su Dojo, decidimos reunirnos una vez más para fortalecer la gran familia judoka veracruzana El Profesor Raúl Casas, con la investidura que su experiencia y su grado le otorgaba, y como Director Técnico del Xalapa Judo Kai, decidió hacer un reconocimiento a la labor dentro del Judo, al empeño, al cumplimiento cabal de la Filosofía del Judo, dentro y fuera del Dojo, a un selecto grupo de judokas que hace cincuenta años fueron los niños y jóvenes que iniciaron con él, la creación de lo que es hoy, el Judo en el Estado de Veracruz. Recibir un grado es, para el judoka, la realización de un sueño, es alcanzar una meta, es cerrar un círculo. Es recibir en una cinta, el máximo premio al esfuerzo, a las horas de entrenamiento, por sus luxaciones y fracturas. El Judo se lleva en la sangre y no hay edad para dejarlo. NI para dejar de aprender. Solo los años podrán limitar un poco la flexibilidad del cuerpo, pero nunca doblegarán la mente ni el espíritu. La ceremonia de graduación de los ahora veteranos del judo fue inolvidable. A través de los años, se formó una gran amistad entre el Profesor Casas, su familia y sus alumnos (que nunca nos consideramos ex-alumnos). Esta hermandad fue más allá, pues nuestro sensei fue como un padre para muchos de nosotros. Tuvo la virtud de hacernos sentir a todos y a cada uno como el hijo preferido. Vimos en él a un héroe. Nunca pensamos que algún día nos podría faltar, porque siempre estaba ahí con nosotros, en el tiempo y en la distancia. El día de hoy lo despedimos, mientras su hijo Raúl pronunciaba ¡Tadase! ¡Rei! todos hicimos el saludo de respeto que hacíamos al iniciar y terminar nuestra sesión de judo. Con profunda emoción, aplausos y porras despedimos a nuestro sensei. La familia judoka, seguirá unida, como él nos formó. Descanse en paz, sensei Raúl Casas López

}Xalapa, Ver. 13 de octubre de 2017

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