martes, 5 de febrero de 2019

Colorín Colorado, la Inclusión ha comenzado…



Ana Paola Morgado Luna*
Señor director de la revista Análisis Político, gracias por publicar mi experiencia. Tengo 14 años y recuerdo perfectamente el día en que perdí la vista. Cursaba el sexto grado de primaria ya casi para salir de clases, todo a mi alrededor se fue nublando y pensé “qué raro”. Después de un día soleado la neblina cubrió por completo mi entorno, me preocupé un poco. Sonó el timbre de salida y me esperé a que todos mis compañeros salieran, se me hizo raro que la neblina fuera muy densa porque no me dejaba ver por donde caminaba, me dirigí a la cancha para mis ensayos de danza folklórica todo el lugar creció de una manera impresionante; es decir, me sentí sola, asustada, en medio de una inmensidad que no podía ver; me angustié demasiado, cuando de repente escuché la voz de una maestra conocida y le pedí que me acercara a un lugar seguro. Le expliqué que no podía ver y ella me llevó a mi casa; afortunadamente vivía a media cuadra de mi escuela, mi mamá abrió la puerta y asustada preguntó qué había pasado. Le expliqué, nos despedimos de la maestra y mamá me llevo a mi habitación y se recostó junto a mí, me abrazó fuerte, fuerte, y allí nos quedamos un buen rato. Con amor y paciencia me explicó las cosas: el Retinoblastoma que me fue diagnosticado desde bebé, seguía haciendo de las suyas.
Después de una semana de visitas a mi médico retomé mi escuela, lamentablemente no podía continuar con mi danza folklórica pues el zapateo me causaría más problemas, en ese momento no sé por qué era lo que más me preocupaba, cuando en realidad lo que me esperaba en el salón de clases era aún más complicado, no pude tomar apuntes, no tenía una dimensión exacta del lugar, todas las clases pasaron muy rápido. Peor aún, llegó la hora del receso y me quede en mi salón llena de miedos, de angustia, llena de impotencia, y no voy a mentir, también me dio rabia ¿por qué a mí??  ¿Por qué yo??
Sentí que toda mi vida se acababa, mis sueños y mis metas se desvanecían, escuchaba a todos mis amigos jugar, correr, gritar, escuchaba sus risas, sus voces y en ese momento mi corazón latía a mil por hora y justo cuando estuve a punto de estallar en llanto, la voz muy dulce de una maestra que me quiere mucho, llegó con un grupo de compañeros e intentaron consolarme. De momento lo lograron, me hicieron compañía, me hicieron sonreír un poco y justo ese día comprendí que sí se puede, que todo lo que nos pase en esta vida bueno o malo lo tenemos que vivir de la mejor manera posible. Desde ese día mi maestra pedía voluntarios para que me ayudaran con los apuntes, para que me acompañaran a todos lados y gracias al universo entero nunca faltó quien estuviera a mi lado; por supuesto que tuve que poner mucho de mi parte, aprendí el lenguaje braille, aprendí a usar el bastón para poder moverme sin tanto apoyo.
En mi corazón guardo un agradecimiento enorme a mi maestro de danza folklórica por haberme dado la oportunidad de ir de su mano y participar en mi último baile; un delicado danzón y a todos y cada uno de mis compañeros de primaria, a todos aquellos valientes amigos que me hicieron un poco más agradable el último mes en sexto grado.
Pero sabes que lo más difícil apenas se vislumbraba. Sí, la entrada a la secundaria ¡wooow! Qué pánico sentía. Recuerdo mi examen de admisión, un maestro de USAER me leyó el examen y contestaba en la hoja de respuestas lo que yo le decía, con plena seguridad de haber contestado correctamente. ¡Objetivo logrado! Pasé el examen, tenía la puerta abierta a una nueva aventura en mi vida. Con nervios que me hacían temblar llegué ese primer día a mi secundaria, con miedos, con incertidumbre, con la angustia de haber dejado a mi madre en la entrada con los ojos llenos de lágrimas, lágrimas que se guardó para más tarde porque cuando me despedí de mi hermana mayor (hermana mayúscula como le digo de cariño), se acercó a mí, me abrazó y me dijo al oído: “eres maravillosa y muy valiente; demuéstrale al mundo de que estás hecha. ¡¡ Vamos, Paola, te amo!!!”
Y lo logré; me planté con la seguridad de saber que llevo en mi corazón el temple y la fortaleza de mi Padre, la complicidad, admiración y total apoyo de mi hermana y el infinito amor de mi madre…
Amigos: aquí estoy terminando mi tercer grado de secundaria con un promedio general de 9.6 ¡Sí se puede…! Todo lo que me he propuesto lo he conseguido; me llena de orgullo haber sido participe en la conquista del récord Guiness bailando la bamba, ese son jarocho que nos identifica como veracruzanos. Llevé un taller de danza contemporánea y logré al lado de mi coach hacer una presentación en el teatro IMAC en Xalapa, Ver. Participé también en un concurso internacional de cuentos y gané el primer lugar en México y el quinto a nivel internacional, con el cuento “La Solidaridad contra los Monstruos”. También gané el segundo lugar en un concurso de oratoria a nivel primarias. Tomé un curso de natación y logré aprender. No está por demás platicarte que manejo las redes sociales como tú, como cualquier chico de mi edad, uso mi computadora y navego en internet para hacer mis tareas, escribo y leo en braille, me encanta leer (escuchar audiolibros). Actualmente tomo clases de canto y guitarra eléctrica en una rondalla de mi escuela… también tomo clases de Salsa (baile de salón), termino mareada pero vale la pena… y por qué te cuento todo esto; porque quiero que sepas que todo, absolutamente todo lo que te propongas lo podemos hacer; estas actividades hacen que la sociedad se quede con una imagen de las personas con una incapacidad totalmente diferente, se dan cuenta que podemos hacer lo que nos propongamos y que sí podemos; en mi escuela el trato ha sido el mejor, siempre con la disposición y el interés de una mejor y mayor inclusión, mis compañeros y amigos los aprecio demasiado. Sé que hay momentos que te caes pero te levantas, te secas una que otra lágrima derramada y la conviertes en energía y sigues avanzando. Duele, sí; sin embargo poco a poco lo vas superando y lo dejas ser… En años de experiencia al tener una discapacidad visual puedo al día de hoy decir que si es una lucha continua que primero empieza contigo mismo porque tienes que aceptarte, comprenderte primero para que puedas pedir comprensión, inclusión y aceptación de la sociedad.
Quiero finalizar esta historia de inclusión escolar reconociendo el apoyo de todos mis compañeros, de todos mis maestros, de toda mi familia, agradezco a mi maestra de artes porque siempre saca lo mejor de mi lado artístico, a mi maestra de matemáticas por haber aprendido el lenguaje braille para poder explicarme las matemáticas, al director de mi escuela que ha hecho todo por hacerme sentir grande y valiosa; por la oportunidad que día a día tengo para dar lo mejor de mí. A todos mis amigos que siempre tienen la mejor de las intenciones no solo de dame la mano para seguir avanzando sino que a diario me sacan una sonrisa para darle color a mis días, para vivir paso a paso mi inclusión escolar…
Te dejo por aquí mi lema y me retiraré lentamente…
¡¡LA VIDA NO ES ESPERAR A QUE PASE LA TORMENTA, ES APRENDER A BAILAR BAJO LA LLUVIA…!!!
*Alumna de la escuela secundaria general No. 4 “David Alfaro Siqueiros”, invidente ganadora del primer lugar en el Concurso de Expresión Literaria sobre Símbolos Patrios a nivel nacional y el quinto lugar internacional en el Concurso de Cuentos 2017 de la fundación MAPFRE “Educa tu mundo”.

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