viernes, 12 de junio de 2015

La estructura de la pregunta en Gadamer



 Yver M. Trinidad Gabriel

INTRODUCCIÓN


Ese preguntarse es la naturaleza interrogante
de nuestra propia vida…¿quién podría contestarle?
R. M. Rilke


            Hay momentos de nuestra vida que están llenos de incertidumbre, puesto que,  no sabemos por donde entrarle a la existencia. La existencia como realidad inmediata resulta como algo que es preciso resolver, es decir, la vida es un quehacer. La vida no nos es dada ya hecha, realizada, es preciso resolver hacerla o como diría el filósofo español Ortega y Gasset la vida es una cadena de haceres.   La vida de cada uno de nosotros será en la medida en que elijamos una serie de actos  para la resolución de la misma. Es en este punto de nuestra existencia, cuando surgen preguntas que muestran el punto de inflexión que tiene el hombre para hacerse cargo de sí mismo, ineludiblemente las respuestas que obtenga de una pregunta, por ejemplo: ¿qué camino debo elegir? Será la dirección que tome su existencia; lo anterior se conoce como: situación hermenéutica. El ser humano no habita sólo sino en comunidad, dependiendo como se desenvuelva la comunidad será la forma en como pensará las cosas, es pues el lugar en el que se desarrolla y la tradición que se tenga la que le hace ver el mundo de una manera determinada.

            Determinada forma de vida crea determinada forma de pensamiento, ¿como ocurre esto? Las condiciones sociales, culturales, políticas, económicas y ambientales son varios  de los factores que influyen en el desarrollo de las comunidades, pues, dependiendo de estas condiciones son la forma de vida que se gesta. Ahora bien, dependiendo también de estos factores le hacen crear en el individuo una conducta y una forma de pensamiento ligada a pensar en las categorías que le han sido impuestas. Se está, pues, siempre en una tradición que nos hereda prejuicios que son la forma en cómo comprendemos no sólo la existencia sino nuestra forma de ser en el mundo.

            Así, pues, el presente ensayo tiene la finalidad de desarrollar la pregunta hermenéutica en la filosofía de Hans-Georg Gadamer. La pregunta es  la que inicia el diálogo con la tradición en la que nos encontramos para poder comprender el presente en el que vivimos. Esto refleja una historicidad que se hace presente en la comprensión del mundo y de nosotros mismos. La justificación de abordar la pregunta en Gadamer nos ayuda a tener en consideración algunos elementos que acontecen en nuestra comprensión del mundo como son: la distancia en el tiempo, la fusión de horizontes, la historia efectual, el reconocimiento de los prejuicios tanto verdaderos como falsos, etc. Demos pues comienzo a la exposición de este ensayo.


Desarrollo de la pregunta en la filosofía de H.G. Gadamer

El apartado de la primacía hermenéutica de la pregunta en Verdad y Método, se encuentra subdividida en el  modelo de la dialéctica platónica y en la lógica de la pregunta y respuesta. Es pues la manera en como a continuación proseguiremos. Antes de dar inicio, quisiera resaltar que Gadamer me parece un filósofo dialogante no sólo con sus coetáneos sino con su  tradición, ya que, cuando realiza una mención histórica lo hace de tal manera que no afecte al pasado desde sus propios presupuestos, es decir, en cierto sentido deja al pasado hablar para que se inicie un diálogo que realmente traiga consigo frutos[1]. Si se pensaba en un primer momento que en Gadamer encontraríamos un autor que se haga vocero de la humanidad estamos equivocados, ya que la pretensión gadameriana, desde mi punto de vista, es una llamada a las comunidades para que se inicie el diálogo. Porque es  mediante el diálogo donde se pueda dar la apertura a la alteridad.  

1) El modelo de la dialéctica platónica.

Es esencial a toda pregunta el que tenga un cierto sentido. Sentido quiere decir, sin embargo, sentido de orientación. El que surja una pregunta supone siempre introducir una cierta ruptura en el ser de lo preguntado. El logos que desarrolla este ser quebrantado es en esta medida siempre ya respuesta, y sólo esto tiene sentido en el sentido de la pregunta[2].

            Claramente el resultado que se tiene del preguntar es ya una respuesta a lo que como posicionamiento se ha partido a interrogar. La pregunta señala, también, la ubicación del que interroga por el estado de cosas. En este señalamiento se puede delinear  un ethos inquiridor que sitúa en un  punto su existencia a la búsqueda por saber qué son las cosas y que es él mismo. ¿Por qué la pregunta es ya una respuesta? Porque desde el momento en que se elabora la pregunta es ya una interpelación con la tradición. Preguntar es despertar las cosas, es abrir sentido en la realidad heredada por la tradición. La pregunta de por qué las cosas son así y o de otro modo es la que da pie a la investigación filosófica que trata de encontrar respuestas e la misma tradición.

            En el apartado del modelo de la dialéctica platónica  Gadamer reelabora un significado  de la docta ignorantia socrática, lejos de la lectura canónica que ponía a Platón como un mentiroso, puesto que nunca iniciaba un diálogo sino que mostraba su monologo, pues él ya tenía la respuesta,  por lo contrario, Gadamer, nos conduce  a pensar en la virtuosidad de Sócrates en el  hecho de que propiciaba innumerables diálogos desde el saber que no se sabe. Con esto, nuestro filósofo,  no intenta reivindicar la filosofía platónica sino que sólo toma la dialéctica para ilustrar la pertinencia e importancia del diálogo y del preguntar en la filosofía. Retomar esta dialéctica es ver la manera de cómo operan los prejuicios de la tradición de Platón y así entender un poco mejor lo que dijo en su tiempo, pues no hay que olvidar que toda filosofía o pensamiento parte de lo que se conoce, es decir, desde el horizonte que se tiene o como habíamos señalado párrafos atrás de las circunstancias en que se vive.

Saber que no se sabe es una actitud que da cabida para que en el diálogo empiecen a fluir los puntos de vista que se tiene sobre algo, en estos diálogos se puede notar que la pregunta va por delante, pues, es un padecer en busca de sentido. Entonces podemos decir que para poder iniciar un diálogo se necesita partir de que queremos saber, por eso para poder preguntar hay que querer saber. Conceder verdad al otro a partir de lo que se cuestiona es hacer dialéctica, ya que el saber es fundamentalmente dialéctico. Esto nos quiere decir que tanto se contempla el camino verdadero como el falso, la amplitud de esto y la comprensión de estas instancias nos hacen tener una consideración sobre los caminos que vamos recorriendo[3].

            Así la decisión de una pregunta es el camino hacia el saber[4]. Cuando se elabore una pregunta y se comparta, el que cuestiona debe de permanecer firme pues así mantiene el sentido de la apertura. Ahora bien, nadie nos enseña a preguntar, sino que nosotros vamos aprendiendo de ese arte. El arte de preguntar es el arte de seguir preguntando y esto significa que es el arte de pensar. La tarea del filósofo no es cosa sencilla, pues la labor que se desempeña al interior de la misma disciplina es el cuestionamiento incesante. Con esto podemos llegar a una primera conclusión o punto de partida que es: la filosofía se inicia a partir de preguntas.

         La dialéctica, como el arte de llevar  a cabo una conversación, es al mismo tiempo el arte de mirar juntos en la unidad de una intensión, esto es, el arte de formar conceptos como elaboración de lo que se opina comúnmente.[5]

           
Me gustaría decir que el dialogó nos da la impresión de que tiene una estructura circular, pero con esto no quiere decir que el dialogo quede cerrado, puesto que no se llegan a conclusiones definitivas, si se llegará a eso lo que se podría lograr sería, en dado caso, llegar a convenciones temporales. Es decir, podemos convenir en acuerdos que satisfagan los intereses que se muestran en ese instante, pero esto no quiere decir que los acuerdos permanezcan por toda la eternidad, sino que a su vez pueden ser modificados por los intereses nuevos que aparezcan a la hora de modificarlos.

Otra de las orientaciones hermenéuticas que ofrece Gadamer en Verdad y Método  es la que aparece tres líneas antes de terminar el texto y es la que versa así: mal hermeneuta el que piense que tiene la última interpretación[6]. El señalamiento es claro  oportuno para las investigaciones que se realicen en distintos áreas del saber: el conocimiento que logremos es temporal, dado que nuestros intereses funcionan de acuerdo a la época en la que vivimos, y como somos seres terrenales y finitos, nuestras aportaciones (aunque sean objetivas) tendrán su vigencia.  Así, los descubrimientos que se hagan posteriormente no sólo cambiaría el significado de lo que ya tenemos como conocimiento sino que actualizaría conforme los intereses que persigue una época que enfrenta sus propias preguntas.

            En la conversación suceden dos momentos importantes el de la pregunta y el de la respuesta, a continuación hablaremos al respecto. Pero, antes de terminar este apartado quisiera resaltar lo siguiente. A lo largo de la lectura de Gadamer note una ruptura con el cogito cartesiano esto es, encerrarse a manera de mónada en sus propias ideas en donde los demás e inclusive mi propia experiencia quedan a un lado. Con Descartes surge el criterio de conocimiento de la modernidad: claridad y distinción a los pies de la razón; dando como punto de partida al racionalismo, en donde considera que la  razón era la única guía para conocer el fundamento de la realidad.

            En cambio en Gadamer podemos ver en la apertura de la pregunta una posibilidad de la pluralidad, es consciente de que los grandes meta-relatos han venido abajo, así que en la constitución del hombre contemporáneo esta la tarea de reconstruir lo necesario pero desde la comunidad. Desde la pluralidad se pueden llevar a cabo estas empresas, así el camino hermenéutico no sólo encierra al del intérprete sino a los individuos que también están en la tarea del esfuerzo hermenéutico, es decir la comprensión[7]. La apertura a la alteridad es algo que se había soslayado, sin embargo no es hora de criticar o recriminar porque se ha hecho, sino de reivindicar lo que se ha dejado aun lado.[8]

2)     La lógica de la pregunta y respuesta.

Ciertamente las condiciones que posibilitan nuestra comprensión están determinadas por la exigencia de una respuesta que se vuelve pregunta en el presente. Esto es, que la situación que nos orilla a plantear la pregunta, es propia de un padecimiento que se da en el acontecimiento. Así en el trascurrir de la existencia se da este padecimiento múltiples veces. Es así que no se pueda mostrar en un solo cuestionamiento y en una sola pregunta el significado y total de nuestra vida. Pues, ciertamente no permanece para todos los tiempos una sola perspectiva, sino que dependiendo las circunstancias que vayan aflorando es el tipo de pregunta que procura encontrar sentido y orientación.

            Tomando lo anterior como constitución  propia de la experiencia hermenéutica cabría decir que el texto como obra, que constituye un sentido propio, no se agota en un solo acto de la comprensión. Sino que a su vez el texto toma forma de acontecimiento en la historia. Se convierte en punto de referencia para la comprensión que quiera encontrar  respuesta. La importancia de la interpretación de los textos es clara e importante, pues, estos fungen como pequeños prejuicios en lo que se muestren la manera en que pensaban una época. Como retroalimentación, el texto nos planta preguntas  a nosotros, a contrarrestar lo que tenemos como realidad. Los textos en esa función son una liga con la tradición.

Pasar a la pregunta de lo que la tradición viene a ser para nosotros forma parte de la comprensión, el recuperar los conceptos de un pasado histórico de manera que contengan al mismo tiempo nuestro propio concebir, es lo que en la hermenéutica gadameriana se conoce como fusión de horizontes.[9] Recordemos que no es cuánto se recuerde o cuánto se sepa del pasado sino más bien de cuánto se aprehende de ese pasado, porque no siempre es una actitud de choque con la tradición. Esto se muestra como un recomenzar en un punto donde se encuentra paralela la tarea de buscar sentido al quehacer humano.

El diálogo que se pueda mantener con la tradición ayuda a reconocer los prejuicios que configuran y reconfiguran nuestra visión del mundo. Lo que resulta de este acontecimiento difiere la comprensión de lo habitual. Comprender una pregunta quiere decir preguntarla. Comprender una opinión quiere decir entenderla como respuesta a una pregunta.[10]No sólo es el hecho de lanzar preguntas al aire y a ver cual es la que pega, sino que inclusive debemos de tener un conocimiento de que se esta cuestionando, ahora bien las opiniones que resulten de esta respuesta es tratada con el peso de una respuesta, pues ha respondido a lo que nosotros hemos querido poner al descubierto.



A manera de conclusión


 Con referente a lo pensado a través de Gadamer tenemos que la pregunta nos abre sin duda posibilidades que nos hacen ver más allá del propio horizonte que partimos. Ver anticipándonos a cualquier acto es lo que se pretende. Considerar primariamente el punto en el que nos encontramos en el acto de plantear la pregunta. La respuesta no puede ser en ninguna manera el resultado que apacigüe nuestro andar buscando. Al contrario la respuesta que consigamos nos debe incitar a no quedarnos en ella. Ella debe ser la propia apertura que muestre los puntos a los que hemos llegado. Para esto, primero la respuesta pasará por su legitimación por las preguntas de por que así y no de otro modo. Es decir, por que decimos que si y por que decimos que no.

La respuesta vista desde otro horizonte dará pie a nuevas posibilidades para que abran otras cuestiones, descubrir nuevos sentidos pero para que se de esto, es importante abrirnos al diálogo. La respuesta es también posibilidad. Preguntar es también articular nuestra existencia en el rumbo que ha tomado el mundo, es aprehender el mundo. Aun así es necesario aclarar que la actitud de buscar es iniciada por la ansiedad de encontrarse en situaciones que nosotros no hemos elegido, y no es que se quiera deshacer de la tradición, al contrario es la reapropiación que hacemos de la tradición para continuarla en nuestra limitada finitud.


Con lo anterior terminaría lo que me ha dejado el estudio sobre Gadamer, y en cuanto a lo propositivo de esta indagación tenemos que: encontrar lugar para poder seguir el camino que ha tomado el mundo es necesidad de puerto para quien pregunta. Pues, irremediablemente llegamos a un punto de nuestra existencia donde nos encontramos desencajados con el mundo que nos toca vivir. Encontrar respuestas a las preguntas que tratan de abrir espacio en ese camino es la meta primera en la actitud del buscador.

La pregunta transparenta la posición de quien trata de explicarse lo que de a él como individuo se le ha hecho. Encontrar la posición que ocupamos en nuestra comunidad es nuestra labor que detona posición o más bien situación. La pregunta debe ser el motor para el modo de vivir que hemos elegido. Pues la pregunta trata de desentrañar la capa en la que se envuelve el sujeto. Preguntar es mostrar de que estamos hechos y el para que existimos. Preguntar es tratar de habitar en un mundo que nos ha sido transmitido.

Los sentimientos son pulsiones que despiertan en el individuo preguntas o modos de apertura que tratan de encontrar alivio a porque acontece de cierta forma. Considero que la desesperación despierta la ansiedad de encontrar respuestas que le hagan templarse en la comprensión. La comprensión como modo de ser tranquiliza el propósito de la investigación que pregunta por el sentido. Por que el sentido es lo que de algún modo es lo que siempre estamos buscando. Porque ciertamente llegamos a un punto de la existencia en donde nos encontramos en el seno de la incertidumbre

Bibliografía.

Gadamer, Hans-Georg. Verdad y Método. Salamanca, Sígueme,1992
Ortega y Gasset, José. Historia como sistema. Madrid. Espasa-Calpe, 1971







[1] Cabe aclarar que aquí no se debe traer de nueva cuenta el sueño del historicismo. El romanticismo que tenía como abanderado en el caso de la hermenéutica a Daniel Schleirmacher pretendía reproducir todo lo dicho por el autor de una manera originaria incluso mejorándola. Esto es, interpretar mejor el texto que al  autor. El problema de ello es que no hay una vinculación con el intérprete, el trabajo del autor estaba destinado sólo a encontrar las  claves para entender a un autor y dejaba a un lado la perspectiva con la que él partía. Sobre lo anterior Gadamer propone la noción de “círculo hermenéutico”.  El círculo hermenéutico considera que no se puede olvidar la situación hermenéutica del intérprete a la hora de comprender un texto ni mucho menos la del autor. . Es decir, la situación hermenéutica acompaña en la comprensión, pues en ella se deja ver la inclinación y el interés que persigue el intérprete.

[2] Ver, Gadamer, Hans-Georg. Verdad y Método. Madrid. Editorial Salamanca, 1992, 439.
[3] La dialéctica es virtuosa en ese sentido, ya que contempla los dos caminos, tanto el verdadero como el falso, tomando en cuenta que el diálogo se inicia desde un padecimiento de conocimiento. Ahora bien, gran parte de este esfuerzo hermenéutico radica e el hecho de que se vayan distinguiendo los prejuicios falsos como los verdaderos para irse entendiendo en el asunto mismo.
[4] Ìdem p. 442
[5] Ídem. p. 446
[6] La experiencia se puede entender de muchas maneras, pero tiene un rasgo característico, el que es la esencia de la hermenéutica, puesto que en el terreno de la experiencia se da a cabo la percepción de la finitud histórica. La experiencia es, pues, experiencia de la finitud humana. Es experimentado en el auténtico sentido de la palabra aquél que es consciente de la limitación, aquél que sabe que no es señor del tiempo ni del futuro; pues el hombre experimentado conoce los límites de toda provisión y la inseguridad de todo plan. La verdadera experiencia es aquélla en la que el hombre se hace consciente de su finitud. Ibídem p. 429
[7] La comprensión no se trata de un acceso, el método a las ciencias del espíritu sino de una estructura ontológica de ser del hombre como ser histórico. La comprensión es, en rigor, un “acontecer” que constituye la historicidad del hombre. La comprensión se entiende también como el hecho de aprehender las cosas, esto es, ponernos en el mismo nivel de las cosas, de saber porque las  cosas son así y no de otro modo.  Cuando se señalaba que la comprensión no es un acceso, es porque no hay una dicotomía de externo vs interno, puesto que no salimos al mundo sino que estamos en el mundo. La aprehensión que conlleva la comprensión detona, a mi parecer, en un saber-estar. ¿Por qué un saber-estar? Porque estar-en-el-mundo no debe parecernos una referencia geográfica como punto de ubicación. El saber-estar nos sitúa como seres contingentes precedidos de un pasado que nos forja como tales y en el movimiento de la comprensión vamos delineado eso que queremos ser.
[8] Sobre este punto, me he encontrado con el pensamiento de Ortega que señala lo siguiente: lo que no se quiere repetir en la filosofía como creencia básica debe de converger en el nuevo individuo que trata de recorrer otros caminos. Lo pasado resulta como lo enseñado a donde ya no se puede ir, es pues, el pasado una advertencia. Ver Ortega y Gasset, José. Historia como sistema, pág. 57
[9]La fusión de horizontes se realiza cuando el intérprete está sometido en un choque con la tradición. Y en este choque convergen dos horizontes que terminan por fusionarse, por un lado el del intérprete que está sometido a sus circunstancias presentes y por otro lado el de la tradición que se muestra en el andar del intérprete en la forma de un tú. Ídem. p. 453
[10] Ídem. p.454

No hay comentarios: