domingo, 11 de noviembre de 2012

Los magos




Manuel Gámez Fernández


Si pudieras ver junto conmigo y con los otros magos aquellos peces plateados que surcaban el río en grupos de reflejos solares que por debajo del agua se veían como bandadas de gaviotas argénticas  remolineando fugaces en el espejo del fondo pedregoso.

Si llegáramos otra vez al río Pedernales y nos pusiéramos encima del puente a mirar los guapotes y las doradillas y los zancudos flotando en la superficie del agua misteriosa que se abría en sus olas y su corriente para dejarnos ver aquellos surcos del universo que ningún otro podría ver, más que nosotros los magos, acostados en la tierra del puente con la cabeza en el aire y la sangre cargándonos los ojos y la mente viajando a orillas de zacate y mala mujer y mariposas amarillas  y uno felizmente habría gritado : ¡ mira una huevina ¡ y el calor del mediodía se nos metía en la carne y nos andaba cosquilleando en todo el cuerpo hasta que decidíamos bajar al río para que nos mostrara sus íntimos arcanos .

Si te quitaras los zapatos y los pantalones y los dejaras colgados en los matorrales y luego penetraras con nosotros al fluido inocente y aguantaras el aire en tus pulmones y te dejaras llevar por la corriente y luego metieras la cabeza y abrieras los ojos y miraras las cristalinas aguas preñadas de formas y colores que se te venían encima como una catarata de alucinaciones.
Si te enseñáramos a meter las manos en las piedras para sacar los burros y los macaquines y a veces acamayas que te cogían  los dedos con sus largas tenazas y en ocasiones te cortaban la piel cuando no sabias la forma de atraparlas y nosotros te enseñáramos a cuevear metiendo la mano firme bajo la roca y tirando el agarrón  con destreza para que no le dieras tiempo al animal  de fugarse y cuando sintieras un movimiento como de varas secas en tus dedos entonces tendrías que apretar sin temor y extraer la presa de la entraña del agua .
Y si luego nos fuéramos a la poza de abajo y sacáramos nuestros anzuelos y buscáramos lombrices en la tierra húmeda de la ribera y te enseñáramos a poner la carnada con cuidado, metida a todo lo largo o solamente en la punta del anzuelo para que no se la vuelen las doradillas.

Si tuvieras paciencia y esperaras bajo la negra sombra de la higuera  montado en sus gruesas raíces que entraban hasta el fondo misterioso del río y cuando vieras el cordel vacilar en su posición le dieras un tirón y sacaras el primer pescado de la tarde y nosotros te dijéramos : ¡ tronco de guapote ¡ y tú te sintieras orgulloso , más grande que el tarral de la otra orilla con todo y sus papanes y sus mazacuates y sus grandes pilares huecos que después la gente los cortaba para construir sus casas en las cercanías fresquísimas de nuestro río.

Si nos aburriéramos de pescar y nos fuéramos a buscar capulines y pomarosas y encontráramos una mata cargadita de capulín corona y nos pusiéramos a comer capulines hasta que la boca se nos agarrara y la lengua nos quedara pintada de guinda por el jugo silvestre. Y luego sacando nuestros charpes con la horqueta quemada de cojón de gato y la gamuza gastada por las piedras le tiráramos a las iguanas dormidas de los árboles y a las veloces lagartijas que atravesaban las veredas con la piel azulada y nos fuéramos persiguiéndolas hasta que se metieran bajo el verde follaje de los ortigales y la pica pica.  Y tú desde la copa del guayabo nos gritaras: ¡aquí hay una madurita! Y luego estirando la mano recogieras el fruto amarillento y dulcísimo del árbol y lo mordieras con deseo y todo tu ser fuera absorbido por el aroma efímero de la mágica fruta y entonces lo sintieras caer de la boca al estómago y del estómago al universo oscuro de tu cuerpo y de tu cuerpo a lo desconocido pero repleto de infinitas sensaciones.

Si los cuatro en la loma del potrero, al azar de aquél tiempo de guanábanos largos miráramos atentos el pesado trabajo de los hombres y viéramos la mula dar vueltas y más vueltas para ablandar el barro de la tabiquera y más tarde unos hombres lo pusieran en  moldes mohosos de madera y los dejaran expuestos al sol y al viento de los montes y cuando estuvieran secos los llevaran al horno y avivaran el fuego con petróleo y con leña y al final los sacaran cocidos y relucientes como ladrillos brillantes de juguete para construir las casas de los ricos.

Si tú nos preguntaras los nombres de las cosas y pensando despacio nosotros te dijéramos : agua, piedra, lumbre, casa, cielo, maíz, tierra, pájaro, monte, y entonces tú notaras que en cada una de nuestras palabras se encerraba un mundo de horizontes inmensos y que cada vocablo podía tener muchísimos significados y que nosotros escogíamos aquellos que nos convenían para seguir forjando nuestra existencia de misterios y en ese instante exacto te miraríamos a los ojos y dejarías de ser un extraño a la palabra y entenderías nuestro lenguaje y te fundirías con nuestros seres  y todos seriamos todo en el eterno fluir del movimiento de nuestro universo.

Y si participaras en el rito de la caña de azúcar donde la mente trabajaba multiplicando lo dulce y te sentaras en el círculo de magos y comenzaras a morder la blanca fibra de la caña y algo como un goteo de mieles infinitas se fueran sucediendo en tu cerebro y al final de la ceremonia suspiraras y gritaras con todas tus fuerzas : ¡ soy libre ¡  ¡ soy libre ¡.

Si nos metiéramos a los maizales y a los naranjales y a los campos de jobos, chalahuites y tepetomates y recorriéramos el inacabable  terreno de los hombres y conociéramos la piedra donde surge en las noches el hombre  sin cabeza y camináramos entre el follaje de carrizos larguísimos con hojas lanceoladas que nos atacaban y corriéramos entre la floresta pisando el humus blando de la tierra viviente y encontráramos ardillas que nos llamaban con sus colas de fuego y tucanes silvestres que nos miraban serios mostrándonos sus picos de colores fosforescentes y escucháramos los gritos de gentes atrapadas en los murmullos de las plantas y unas arañas se descolgaran a nuestro paso cantando como el agua y volviéramos a correr dando gritos de júbilo y subiéramos la barranca y la arena se transformara en un manto de raíces entrelazadas y quisiéramos salir de nuestra inmensa fantasía y nos encontráramos con cielos de mariposas y hojas y bejucos y cortezas rugosas y nuestras voces al salir se convirtieran en semillas y las semillas fueran árboles de racimos colgantes y el olor de los verdes naciera en nuestras bocas y las calandrias elevaran su canto desde nuestras gargantas y siguiéramos corriendo y una angustia de pájaros, voces, días, ríos, atmósferas vivientes, fuera brotando del todo y de nosotros y de repente una violenta idea, áspera y dolorosa como una cola de lagarto, nos golpeara la mente y nos detuviéramos agotados y todo girara aún fuera de nuestros cuerpos y cada uno volviera a ser independiente de los otros y una calma pesada se extendiera en el valle del potrero  como una alfombra de vapor grisáceo viajando a ras del suelo.

Si pudieras mirar el campo todo incendiado por luciérnagas verdes y cocuyos como cicatrices de energía verdosa atravesando el aire del zacate estrella del potrero, los arroyos inundados de víboras y de renacuajos, las frondas de las pomarrosas olorosas a néctares y azahares, los árboles rojos de las chacas con la piel desprendida como si el sol les hubiera quemado la epidermis, el cerro quebrado con su color esmeralda y transparente, las chispas verdes del paisaje incendiado arropando la tarde de los magos a la orilla del río Pedernales, sintiendo las olitas frescas en el pecho con todo y su sonido de campanas, con su frío salpicado de viento, con las gotitas de sereno cayendo sobre el pelo y allí me dirías sorprendido que aplastaste una luciérnaga en la roca y la roca se quedó brillando.

Si pasáramos al lado del árbol de chicle y le arrancaras al  duro tallo costritas blancas en forma de lágrimas que goteando se hicieron un manjar de deseos y nos repartieras pedacitos de pulpa ya cuajada con sabor a un azúcar sin dulce, con sabor a magia del mediodía, solo para mascar y mascar hasta cansarse y arrojar la bola endurecida a las hormigas; y si tu curiosidad exasperada se propusiera atrapar caracoles rayados, libélulas azules, caballitos del diablo, mariposas de cristal y ochenta y ocho, catarinas rojas y doradas, recoger coyoles de corazón de coco, chotes pentagonales, piedras de mármol y obsidiana, idolitos de barro totonacas, hojitas plateadas de la pica pica y beber agua del manantial que te traspasa al tomarla y en medio del silencio y los espasmos de las patas y brazos de los árboles, el ruido ensordecedor que te lastima los oídos como si se derrumbara un cerro de fierros rechinando y se frotara la mitad del cielo con una olla de metal sonoro : ¡soltaron su canto las chicharras¡ todas al mismo tiempo y nos hicieron correr y salir pronto del túnel de vegetación donde nos ocultábamos de los ojos mayores.

Si al estar acostados viendo el cielo cambiarse del rojo al amarillo escucháramos junto con la voz de los grillos y el murmullo de la naturaleza también la voz inmensa de nuestros mayores y la realidad nos devolviera la conciencia de que la tarde se estaba juntando con la noche y que en el interior de nuestros pensamientos había una orden grandiosa que dirigía nuestros destinos y entonces tú dirías: “ya vámonos muchachos”  y todos te seguiríamos por el camino rústico de los cañeros y le tiraríamos de charpazos a las ranas y a los tordos machos y poco a poco nuestra magia se iría perdiendo para dar lugar a esa extraña sensación de hijos que necesitan la orden del padre y de la madre y vuelven a sus lugares temerosos de haber violado las inviolables reglas que los rigen  y antes de llegar a sus casas están pensando en el castigo del cinturón o del regaño y tú entonces te ríes de nuestro miedo porque a ti las tradiciones y las buenas costumbres te ordenan la presencia en la casa paterna hasta las ocho de la noche para tomar el alimento en unión de los tuyos a la hora precisa, exacta, intransformable, y te vas jugueteando por el camino hacia tu casa mientras nosotros planeamos fugarnos del hogar y de la regla, huir, hacernos desertores de la ley que alguien desconocido  nos ha impuesto y largarnos a vivir al monte junto al río pedernales, con las huevinas y los guapotes., los zancudos y los grillos, las calandrias y los conejos, la chuparosa y el piscúi, las golondrinas y los gasparotes, los azulejos y los toches y todos los milagros que día tras día  se suceden en aquellos lugares donde no existen las angustias de lo malo y lo bueno y todo es una continuación de tiempos y de vida como  una gran rueda que gira y gira y gira sin desviarse jamás de su infinita y maravillosa circunferencia.

Si fueras nuevamente un mago, te esperaríamos en la esquina de color naranja llena de fuego por el tapiz de flores de los framboyanes, la de siempre, para emprender aunque fuera por última vez, el viaje hacia el río Pedernales.




DOS CUENTOS DE TEMPORADA



DAVID NEPOMUCENO LIMÓN

REMODELACIÓN
La ampliación de la calle no se había hecho esperar. La pesada maquinaria demolió la antigua pared del cementerio, con lo que se iniciaron los trabajos para dar paso a la arteria vial que ya resultaba necesaria para desfogar el tránsito en el norte de la ciudad. Desafortunadamente resultó perjudicada una parte del inmueble adjunto a la pared perteneciente a la iglesia que se hallaba al frente del panteón.
   En conjunto con la obra se construyó una explanada. Bancas y una pequeña fuente formaban parte de un área de descanso que suplió lo que fuera el patio de una construcción anexa al templo.
   Con la ampliación se hizo más fluida la circulación de vehículos, y el nuevo alumbrado contribuyó a brindar mayor seguridad y confianza a quien utilizara las nuevas banquetas o prefiriera descansar un momento en las bancas del parquecito.
   Gregorio era una persona de la tercera edad que siempre había gustado de escribir anécdotas y relatos de lo que sucedía en la población. Ese día la tarde ya había avanzado cuando se acercó para conocer el área de descanso abierto en la calle remodelada. Pensaba aprovechar el momento para ordenar algunas ideas despertadas a raíz de relatos que le habían hecho algunas personas en los últimos días.
   La intención principal de Gregorio era poner por escrito algunos sucesos extraños que habían tenido lugar en la calle recientemente modificada. Según algunos vecinos, se trataba sólo de comentarios hechos para atraer curiosos al sitio modernizado.
   Lo que le parecía interesante lo había anotado en un cuadernillo y, sentado cómodamente, leía con lentitud sus apuntes, para darles coherencia, disfrutando una actividad que tanta satisfacción le brindaba.
   Un ligero letargo lo iba relajando.
   Un momento después llegó un hombre también de edad avanzada y tomó asiento al lado de Gregorio, saludándolo con cortesía. A fin de no interrumpir sus pensamientos, respondió de manera mecánica y con escasa amabilidad.
   El recién llegado le inspiraba desconfianza. Su vestimenta, que parecía antigua, y su mirada penetrante le provocaban inquietud y desconcierto. Ambas circunstancias le indicaban que el silencio sería la mejor opción.
   El extraño visitante fijó su mirada en el cuaderno de notas, y habló pausadamente.
―Si usted escribe haga algo para permanecer en la mente de los demás, no haga de su trabajo un inventario de acciones pasivas que estén desprovistas de emotividad.
   Gregorio respondió con una pregunta lisa y redonda:
―¿Usted qué puede saber de mis pensamientos y mis relatos?
―Sólo recuerde ―dijo el hombre― que los sueños importantes se dan cuando uno está despierto.
―Yo me pregunto por qué interviene usted en lo que escribo ―casi vociferó Gregorio.
―A mí también me gustaba escribir, pero el tiempo era lo que me faltaba. Lo hacía sin ganas, a semejanza de como cae el polvo fatigado. Había días que escribía sin brújula.
―¿Qué trata de sugerirme?
―Reflexionar y, si es una idea no muy bosquejada, déjela en el diván de los intentos. Las palabras se graban en el corazón… Después, en los recuerdos.
―Yo pienso que está usted exagerando, porque…
   Una presión en el hombro lo distrajo. Interrumpió lo que decía y tuvo la sensación de que algo sucedía en su entorno, pero que no advertía de qué se trataba. En ese momento un policía le hablaba moviéndolo suavemente. La noche estaba un poco fría.
   El guardia le recomendó que tuviera cuidado, pues a pesar del alumbrado público algunos vecinos coincidían en que veían gente extraña en la pequeña plazoleta, pero preferían no hablar de ello. Gregorio escuchó con atención el comentario, y ya repuesto de la sorpresa, se disculpó y emprendió su camino en medio del aire fresco y libre.
   No sabría decir si el encuentro con el desconocido ocurrió en la realidad o fue producto de un sueño. Con la mirada clavada en la acera caminó recordando la plática que había sostenido hacía apenas unos momentos. Se alejaba con lentitud, con la ligera idea de haber tenido contacto con alguien que olía a eternidad.


UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE
Ese día había yo terminado mi trabajo en aquella población. Ahí, la gente se había acostumbrado al clima frío, por la cercanía del volcán, pero yo sufría las bajas temperaturas.
   La tarde empezaba a rasgar su madurez. Por lo tanto me sería difícil que un autobús de paso me llevara a la planicie, pues a esa hora sólo habría corridas directas, las que pasan de largo.
   No sé qué tiempo caminé para llegar a la caseta de cobro de la autopista, con la esperanza de que alguien me diera un “aventón”, aunque me cobrara alguna cantidad para bajar de la cumbre.
  La suerte estaba de mi lado. Un taxi vacío y de regreso paraba cerca de mí para pagar su cuota de peaje. En unos minutos el chofer y yo convinimos el precio del viaje y me senté junto al conductor. De momento pensé que, por su seriedad, me vería obligado a viajar sin hablar.
   El auto se deslizaba con libertad pero y a la vez precaución, para no correr riesgos, mientras el silencio era mi refugio para la meditación o para la curiosidad de lo que ofrecía el paisaje del camino.
   La cumbre se veía imponente ante ese atardecer de primavera, en que la vegetación nos invadía con su gama de matices verdes y el aroma de naturaleza viva.
   El taxista conducía con atención. No sería oportuno distraerlo. Lo accidentado de la cordillera hacía que el panorama fuera asombroso, mientras que, a lo lejos, los túneles por los que atravesaba el camino, comparados con la enormidad de la sierra, hacían que ésta se comprendiera en toda su majestuosidad.
   Las curvas inyectaban emoción al viaje, mientras impacientes esperábamos llegar a los iluminados túneles, que seguían siendo el atractivo principal al descender de la cordillera. Con todo, seguían sorprendiéndome, pues pese a que conozco esta ruta nunca me había cansado de admirarla cada vez que transitaba por ella. Los valles son imponentes, y su flora, impresionante.
   Mi mente iba atenta a los encantos del paisaje, los que hacen reflexionar tocante a la grandeza de la vida. En cualquier momento un puente o una curva daban paso a un valle iluminado por el sol vespertino.
   El silencio que reinaba dentro del auto fue roto por el chofer al comentar que, al pasar el puente, sintió un escalofrío que lo invadió por completo. Al terminar el comentario disminuyó la velocidad. Esto provocó que su plática se dirigiera hacia otras ocasiones en que aparecen los escalofríos, incluyendo algunos comentarios chuscos.
   Su mirada siempre atenta a la autopista lo obligaba a tener en cuenta los espejos retrovisores. El entronque hacia una población rural nos indicaba que faltaba poco tiempo para llegar a nuestro destino.
   El conductor seguía en lo suyo, ahora callado, como guardando respeto a la madre naturaleza, que se iba extendiendo conforme avanzábamos. De pronto, me estremeció su exclamación pidiendo ayuda celestial. Inmediatamente volví la cabeza para verlo. Una expresión de espanto surcaba su rostro. Respiraba por la boca como si así encontrara más rápido una respuesta lógica a lo que veía.
   Afortunadamente su perturbación no perjudicó nuestra ruta. Unos segundos después me explicó, de manera atropellada, que cuando miró por el espejo central vio a dos personas sentadas en el asiento trasero, que lo miraban fijamente y con una sonrisa que parecía burlona.
   Al escucharlo sentí que el miedo desgarraba mi espíritu y, tratando de ocultarlo, volteé hacia atrás. El asiento, por supuesto, estaba vacío. El silencio se apropió del momento. Sólo se escuchaba el zumbido del motor en marcha.
   El chofer permanecía callado, con la misma expresión de sobresalto. Aumentó la velocidad como si quisiera terminar más rápidamente con la inquietud que lo invadía.
   Llegamos a la ciudad con la idea de habernos librado de algo que superaba nuestras fuerzas. Me bajé en la calle principal. El taxista me cobró lo acordado y se fue de inmediato mientras la noche nos empezaba a envolver.
   Han pasado varios días de lo sucedido y todavía siento la confusión en mí. La población es pequeña. Conozco de vista a casi todos los taxistas del único sitio que existe.
   Cuando veo circular un taxi por las calles busco a ver si es el número diecisiete.
   No lo he vuelto a ver. No sé qué sería del conductor. Al parecer, para mí, un nuevo misterio se suma al anterior.

Entre escritores



Aurora Ruiz Vásquez

Después de acostarme muy tarde, soñé con el protagonista del cuento que estoy escribiendo: me fundo con él. El muchacho sufre y alberga deseos de venganza y siento su historia como mía. Despierto sobresaltado, todo lo atribuyo al exceso de trabajo. Decido bajar el ritmo de mis tareas, pero no puedo dejar de pensar en el joven aquél, que siendo niño, presenció el arresto de su padre en la época revolucionaria, donde  después de incendiar su casa, su padre fue asesinado por la espalda sin culpa alguna.
Lo mejor sería salir a caminar para que el aire refresque mi mente, me digo. Y, sin más, tomo el camino largo que conduce al río; paso por un café nocturno y a través de la ventana, creo reconocer entre tinieblas,  a uno de mis amigos escritores.  Me detengo y entro. En una de las mesas del fondo, está él leyendo el periódico que le tapa parte de la cara. Me acerco.
-Qué tal Julio, gusto en verte ¿por qué tan solo?
-¡Hola! a mí también me alegra. Siéntate.
-Mira, he buscado este refugio casi solitario para tratar de escribir un cuento que me está costando trabajo como nunca; no cabe duda que ya estoy viejo; mira, no sé si empezar por el final… como aconseja Alan Poe, optar por el estilo minimalista de Raymond Carver; en fin, quiero algo como microrrelato estilo Monterroso; así, en pocas palabras, terminaré pronto. ¿No crees?
-Yo ando en las mismas,  ya casi lo tengo pensado, surgió de algo tan real que me ha impactado. Deseo escribirlo aplicando la metaficción.
-Me alegra poder conversar contigo de nuestras inquietudes literarias, deberíamos hacerlo más seguido –dijo Julio.
-Por mi parte encantado; te propongo que nos veamos en un mes en este mismo lugar y hora, -lo dije convencido de que sería un beneficio para los dos- Revisaremos juntos nuestros trabajos.
Seguimos platicando de cosas sin importancia y nos despedimos luego, recordando  el compromiso que habíamos pactado.
Regresé a mi casa, más sereno y con ideas claras separando la realidad de la ficción, tratando de hacer mi relato verosímil al lector, contando un cuento dentro de otro.
Optimista me puse a escribir y después de varios intentos y correcciones el resultado fue el siguiente:
En ese entonces tenía siete años y regresaba de la milpa al atardecer, cuando vi a lo lejos una luz naranja intensa en dirección a mi casa. Aceleré el paso; lenguas de fuego consumían mi choza y el humo se elevaba con el viento. Corrí  desaforado tropezando con las piedras, cuando llegué a cierta distancia, en el umbral estaba mi padre  forcejeando con dos hombres armados que querían llevárselo, le grité con todas mis fuerzas, ¡Papá, no! Apenas  escuché que me decía: ¡aléjate, vete! Detuve la carrera y rápido trepé a un árbol frondoso donde me sentí seguro. Desde ahí  distinguí cómo él luchaba y se resistía a ser apresado sin motivo, cuando el otro hombre, sin más,  le disparó por la espalda, haciéndolo rodar envuelto en barro húmedo hacia el profundo barranco. Los hombres desaparecieron; mi hermana y mi madre seguramente pudieron huir, pues no las encontré entre los escombros  del incendio.
De lejos lo vi todo, y el corazón se me partió, desolado sentí  deseos infinitos de venganza. Han pasado diez años y esa imagen cruel no disminuye y todavía, muerto de rabia, no encuentro cómo vengarme.
Llegado el plazo convenido, nos reunimos en el mismo café. Un saludo cordial, algo de tomar y empezamos a hablar.
Julio fue el primero en leer su relato: En ese tiempo tenía escasos siete años y regresaba de la milpa... continuó leyendo hasta el final palabras más, palabras menos, el contenido de lo narrado era exactamente igual al mío. Nos vimos extrañados, ¿qué ha pasado? No puede ser ¿Cómo coincidir al extremo? Se desató una discusión acalorada llena de reproches Y amenazas. Tomamos una copa y otra más; al final, al no encontrar explicación coherente, decidimos tirar al fuego los trabajos, y redactar otros.





Gramsci y la formación de los intelectuales





Héctor Martínez Domínguez


Durante mucho tiempo hemos visto y oído una serie de opiniones sobre las aportaciones teóricas de Antonio Gramsci. Quizá más como mitos o comentarios recurrentes, ya que su obra, además de ser poco conocida, no ha sido estudiada a profundidad. Y con la firme intención de acercarnos a las aportaciones que hiciera, partiremos de sus textos conocidos como los Cuadernos de la Cárcel, es decir, consultar sus fuentes originales, analizar hasta donde sea posible lo escrito por él, para retomar lo que a nuestro juicio son los temas que consideramos más relevantes de su obra.

Pero, sin duda alguna, debemos entender que, a pesar de las adversas condiciones que vivió en la cárcel, él poseía una gran formación intelectual, un profundo  conocimiento de la historia, así como un objetivo muy claro, no sólo intelectual o académico, sino teórico-práctico y revolucionario porque se proponía transformar las instituciones estatales y el poder público. Político  y  militante partidista, con verdadera vocación de cambio y de toma del poder para realizar un ejercicio democrático de la vida de sus contemporáneos.

 No por ello sus planteamientos quedan en el plano de lo ideológico, sino que se advierte un rigor científico y creativo en sus propuestas teóricas. Gramsci escribía al comienzo de su trabajo: «no será de carácter sociológico sino que será la base para una serie de ensayos de historia de la cultura (culturgechichte), y de historia de la ciencia política» (1)

            Con una verdadera vocación educativa, misma que constituye una sólida base para el conocimiento y la transformación de la vida social, cultural y política, que en si es educativa, nos muestra y enseña a analizar las instituciones estatales.

            «Gramsci –afirma Alessandro Pizzorno–, elabora conceptos y generalizaciones que no sólo anticipan, sino que a veces nos sorprenden por su claridad…» (2)

            En el ensayo «La formación de los intelectuales», Gramsci cuestiona si los intelectuales son un grupo social autónomo e independiente; o si cada grupo o clase social construye sus propios intelectuales que elaboran sus propias teorías. Ante este problema complejo e histórico, él plantea dos importantes conclusiones:

1.- Cada grupo social, naciendo en el terreno originario de una función esencial del mundo de la producción económica, se crea conjunta y orgánicamente uno o más rangos de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de la propia función, no sólo en el campo económico sino también en el social y en el político; el  empresario capitalista crea consigo mismo al técnico industrial y al especialista en economía política, a los organizadores  de una nueva cultura, de un nuevo derecho, etc., etc. Se debe notar el hecho que el empresario representa una elaboración  social superior, ya caracterizada por una cierta capacidad dirigente y técnica (o sea intelectual): éste no sólo debe poseer una cierta capacidad técnica fuera de la esfera circunscripta de su actividad y de su iniciativa propia, sino también en otras esferas, por lo menos en aquellas más directamente con la actividad económica (debe ser un organizador de masas de hombres; un organizador de la confianza de los inversores de la empresa, de los compradores de sus mercancías, etc.) (3)

Sólo un pequeño grupo de los empresarios asume conscientemente una función directiva  y de organización (élite) este grupo organiza a la sociedad en general en torno a un complejo sistema de servicios, la organización estatal, y generará  las condiciones generales básicas para su reproducción y expansión de la clase social. Como mínimo debe tener la capacidad de seleccionar a los empleados a los que se pueda confiar la actividad organizativa de la empresa (buen funcionamiento).

            Se puede observar que los intelectuales orgánicos que cada nueva clase crea consigo misma y forma en su desarrollo progresivo, son en general especializaciones de aspectos parciales de la actividad primitiva del tipo social nuevo que la nueva clase ha dado a luz. (4)

            Los señores feudales detectaron una capacidad técnica, capacidad militar, en el momento que la aristocracia perdió el monopolio de su capacidad  técnico–militar fue cuando empezó la crisis del feudalismo.

2.- Pero cada grupo social al surgir a la historia desde la estructura económica precedente y como expresión del desarrollo de esa estructura ha encontrado, por lo menos en la historia hasta ahora desenvuelta, categorías intelectuales preexistentes y que además aparecían como representando una continuidad histórica ininterrumpida, aún por los más complicados cambios de las formas políticas y sociales.

La más típica de estas categorías intelectuales es la de los eclesiásticos, por largo tiempo monopolizadores (durante toda una etapa histórica que en parte se caracteriza por este monopolio) de algunos servicios importantes: la ideología religiosa, es decir la filosofía y  la ciencia de la época, la escuela, la instrucción, la moral, la justicia, la beneficencia, la asistencia, etc. La categoría de los eclesiásticos puede ser considerada como la categoría intelectual orgánicamente ligada a la aristocracia terrateniente que jurídicamente estaba equipada de la aristocracia y con la que compartía el ejercicio de la propiedad feudal de la tierra y el uso de los privilegios estatales ligados a la propiedad. Pero el monopolio de la superestructura era por parte de los eclesiásticos. (5)

Con el desarrollo de afianzamiento del poder central y el crecimiento de la sociedad y la creación de nuevas necesidades surgieron nuevos especialistas, como los administradores, científicos, teóricos y filósofos –no eclesiásticos– de la llamada aristocracia de la toga.

Así como estos intelectuales mantienen ininterrumpidamente la continuidad histórica, del mismo modo se conservaron autónomos e independientes del grupo social dominante.


«Sin embargo, se debe observar que si bien el Papa y la alta jerarquía de la Iglesia se creen más ligados a Cristo y a los apóstoles que los señores senadores Agnelli y Benni, lo mismo no ocurre con Gentile y Croce, por ejemplo: Croce, especialmente se siente estrechamente ligado con los senadores Angelli y Benni y en eso precisamente se debe buscar el carácter más sobresaliente de la filosofía de Croce» (6)

 Al diferenciar la actividad intelectual encontraremos en el conjunto del sistema de relaciones que estas actividades se mantienen, así como los grupos que representan dentro del marco de las relaciones sociales, por la situación que esta actividad conlleva en determinadas condiciones y en determinadas relaciones sociales. Podríamos afirmar entonces que todos los hombres son intelectuales, pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales. La diferencia entre intelectual y no intelectual consiste en la función social de la categoría profesional de los intelectuales.


            «El problema de la creación de un nuevo  grupo intelectual consiste por lo tanto en elaborar críticamente la actividad que existe en cada uno en cierto grado de desarrollo, modificando su relación con el esfuerzo muscular y nervioso en un nuevo equilibrio, logrando obtener que el mismo esfuerzo muscular y nervioso que como elemento de una actividad práctica  general innova constantemente el mundo físico y social, llegue a ser el fundamento de una nueva  e integral concepción del mundo. El tipo tradicional y vulgarizado del intelectual está dado por el literato, el filósofo y el artista. Por  lo tanto los periodistas que pretenden ser literatos, filósofos y artistas pretenden también ser los verdaderos intelectuales. En el mundo moderno, la educación técnica, ligada estrechamente al trabajo industrial, aún el más primitivo y descalificado, debe formar la base del nuevo tipo de intelectual» (7)

            Según Gramsci, el modo de ser del nuevo intelectual consiste en  estar inscrito activamente en la vida práctica, como constructor, organizador; persuasivo permanentemente, no sólo se trata de ser especialista, sino dirigente, (especialista mas no político) de esta forma se plantea históricamente las categorías  especializadas para el ejercicio de la función intelectual, que se forman de acuerdo con los grupos sociales más importantes, realizan modificaciones y elaboraciones más complejas y extensas en conexión con el grupo social dominante.

«La escuela es el instrumento para formar los intelectuales de diverso grado. La complejidad de las funciones intelectuales en los diversos estados se puede medir objetivamente por la cantidad de escuelas especializadas y por su jerarquización: cuanto más extensa es el área escolar y cuanto más numerosos son los grados verticales de la escuela, tanto más complejo es el mundo cultural, la civilización, de un determinado estado. Se puede encontrar un parangón en la esfera de la técnica industrial: la industrialización de un país se mide por su capacidad en la construcción de máquinas para construir máquinas y en la fabricación de instrumentos, y en la capacidad cada vez  más precisa para construir máquinas e instrumentos para construir máquinas etc.» (8)

            Del mismo modo que un país desarrolla escuelas técnicas, también  organiza escuelas con el propósito de preparar intelectuales de una manera sólida y prestigiosa, seleccionando a los más aptos para recibir esa instrucción.

«Así en la preparación de los intelectuales y en las escuelas dedicadas a esta preparación;  escuelas e institutos de alta cultura son asimilables. También en este campo la cantidad no puede separarse de la cualidad.» (9)

Destaca Gramsci que la elaboración de grupos intelectuales se realiza de acuerdo con procesos históricos tradicionales concretos, se forman grupos que históricamente producen intelectuales que se han  especializado, como son la pequeña y la mediana burguesía de las ciudades o los terratenientes.


«La variada distribución de los diversos tipos  de escuelas (clásicas y profesionales) en el terreno económico y las distintas aspiraciones de las múltiples categorías de esos grupos determinan o dan forma a la producción de las diversas ramas de especialización intelectual. La burguesía rural en Italia, por ejemplo, produce especialmente funcionarios estatales y profesionales liberales, mientras que la burguesía ciudadana produce técnicos para la industria: y por eso la Italia septentrional produce especialmente técnicos y en cambio la Italia meridional principalmente funcionarios y profesionales» (10)

La relación entre los intelectuales y el mundo de la producción es mediada en grado diverso en todo el tejido social y en el complejo de la superestructura de la que los intelectuales son los funcionarios.

Para Gramsci la superestructura se divide en dos grandes planos: La sociedad Civil, que está formada por el conjunto de las organizaciones privadas, y el de la Sociedad Política o estado que corresponde a la función de Hegemonía, que el grupo dominante ejerce sobre toda la sociedad y la de dominio directo o de comando que se expresa en el estado y en el gobierno. Estas funciones son estrictamente organizativas y conectivas.

«Los intelectuales son los empleados del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político, a saber: 1).- del consenso espontáneo que las grandes masas de la población dan a la dirección impuesta a la vida social por el grupo social dominante, consenso que históricamente nace del prestigio (y por tanto de la confianza) detentada por el grupo dominante de su posición y de su función en el mundo de la producción. 2).- del aparato de coerción estatal que asegura legalmente  la disciplina de aquellos grupos que no consienten ni activa ni pasivamente, pero que está preparado por toda la sociedad en previsión de los momentos de crisis en el comando y en la dirección, casos en que el consenso espontáneo viene a menos.» (11)

Para Gramsci los intelectuales urbanos tienen un papel instrumental, casi pasivo, cuyo propósito es hacer más funcional y viable el sistema capitalista, pues nacen con el proceso de industrialización y de gran industria. Que habrán de reflejar el progreso, no sólo económico, material, cultural y político de este nuevo modo de producción, de sus instituciones y de sus modelos y prohombres en una  sociedad y con un constante y creciente desarrollo y crecimiento que generan las nuevas fuerzas productivas.

«Los intelectuales  de tipo urbano han crecido al mismo tiempo  con la industria y están ligados a su destino. Su función puede ser parangonada con la de los  oficiales subalternos en el ejercicio;  no tienen ninguna iniciativa autónoma para elaborar planes de construcción; ponen en relación, articulándola, la masa instrumental con el empresario, elaboran la ejecución inmediata del plan de producción establecido por el estado mayor de la industria y controlan las etapas laborales elementales» (12)

En el caso de los intelectuales del medio rural, como las sociedades preexistentes eran mayoritariamente campesinas, alejadas en todos los sentidos de las nacientes ciudades, donde se encontraban, no sólo los bienes materiales, las mercancías, los mercados, sino también la obra cultural, la arquitectura, las grandes construcciones, las catedrales (sede el poder eclesiástico), los profesionistas liberales como médicos y abogados, administradores, existe una gran necesidad de servicios, así como una fascinación en lo urbano y una posibilidad de dar a sus hijos una oportunidad de alcanzar mejores condiciones de vida y de trabajo, de prestigio, para él y para su familia casi como promoción social.

Siendo la iglesia y el ejército, las instituciones que tradicionalmente les ofrecían la oportunidad de adquirir los conocimientos y la posibilidad, gracias al estudio y al esfuerzo personal.


«Los intelectuales de tipo rural son en gran parte tradicionales, es decir, están ligados a la masa social campesina y pequeño  burguesa de la ciudad (especialmente de los centros menores) todavía no formada y puesta en movimiento por el sistema capitalista: este tipo de intelectual pone en contacto la masa campesina con la administración estatal o local (abogados), notarios, etc), y por esta misma función tiene una gran función político- social, porque la mediación profesional es difícilmente escindible de la mediación política. Además: en el campo el intelectual (sacerdotes, abogados, maestros, notarios, médicos, etc.) tienen un nivel de vida superior o por lo menos distinto del que tiene el campesino medio, y por  eso representa para éste un modelo social en su aspiración para salir de sus condiciones o mejorarlas. El campesino piensa  siempre que por lo menos un hijo suyo podría llegar a ser intelectual (especialmente sacerdote)» (13)

Los intelectuales urbanos no ejercen ninguna función política, sólo técnica. En el caso de los intelectuales orgánicos, mismos que pertenecen a las clases fundamentales como la burguesía-proletariado, al ocupar un lugar, una función ya en las organizaciones como sindicatos, centrales obreras o partidos políticos o en el apartado del estado cumplen una función orgánica,  al formar parte de un órgano determinado, pues tienen una clara conciencia de clase y de pertenencia y al grupo  social hegemónico o alternativo.


«Desde este punto de vista el problema más interesante es el que concierne al partido político moderno en sus orígenes, sus desarrollos y sus formas. ¿Cómo se transforma el partido político en relación al problema de los intelectuales? Se deben hacer algunas distinciones: 1ª).-Para algunos grupos sociales el partido político no  es más que el modo de articular la propia categoría de los intelectuales orgánicos (que se forman de ese modo y no pueden dejar de formarse en función de los caracteres generales dados y las condiciones de formación, de vida  y de desarrollo del grupo social) directamente en el campo político y filosófico y no ya en el campo de la actividad productiva; 2ª).- Para todos los grupos el partido político, es justamente el  mecanismo que en la sociedad civil, cumple la misma función que en medida más vasta cumple el estado en la sociedad política, es decir, procura la unión entre intelectuales orgánicos de un grupo dado, el dominante, y los intelectuales tradicionales; y esta función el partido la cumple  en dependencia con su función fundamental que es formar sus propios componentes, elementos de un grupo social que ha surgido y se ha desarrollado como económico, hasta convertirlos en intelectuales políticos calificados,  dirigentes, organizadores de toda la actividad y la función inherente al desarrollo orgánico de una sociedad integral, civil y política» (14)
            De un extenso campo de acción de los partidos políticos modernos, como organizaciones políticas para acceder al poder público, con un programa social por la vía electoral (voto) de la orientación de los partidos políticos, de izquierda, de derecha o de centro. Así como su aceptación en la sociedad los partidos de opción real de gobierno, o partidos de oposición.  



BIBLIOGRAFIA: 

1.- Gramsci, Antonio: Los  Intelectuales y la Organización de la Cultura, T. II. Juan Pablos Editor. S.A. México, D.F. 1975, 181 pp.
2.- Pizzorno, Alessandro, et al: Gramsci y las Ciencias  Sociales (Cuadernos pasado y presente No. 19), 5ª  Edición, Siglo XXI Editores, S.A. México,  D.F.1978, 170 pp.
3.- Ibid. p. II
4.- Ibid. p. 12
5.- Ibid. p.12 y 13.
6.- Ibid. pp. 13 y 14.
7.- Ibid. p.15 .
8.- Ibid. p. 16.
9.- Ibid. p. 16.
10.- Ibid. p. 17.
11.- Ibid. p. 18.
12.- Ibid. p. 19.
13.- Ibid. p. 19.
14.- Ibid pp 20-21.

La Danza de Las Letras


Itzel Amor García Gutiérrez
A mis Hermanos

Al descubrir los vestigios del alma
se retoma la inocencia de la infancia
inocencia desbordada en una cauda
de sonrisas, de juegos, de miradas.

Aquél nuestro tiempo de magia
cúmulo de inocencia aterciopelada
campo teñido de flores en calma.

Río bañado por notas frescas, dulces, avantes
tintes perfilados y amaneceres constantes  
que se extendían hasta el alba en sonrisas cobijadas
donde las horas en el tiempo  casi nunca avanzaban.

Quedábamos rendidos, exhaustos de actividades
éramos valientes guerreros, incipientes gigantes
sin cabida para lágrimas, pioneros magistrales.



Época maravillosa, años conmemorables
cómplices en inquietas travesías
¡siempre estarán en mi vida!

Son la razón de la alianza
motor inmenso de la esperanza
lánguido cariño externado
amados hermanos.

¡Amén jamás nos separe ¡
El corrompido torrente del olvido
La inevitable conciencia del hastío
la inocente predicción en el camino.

¡Protégenos ser supremo!
¡Abrázanos con tu fe!
¡Acaricia nuestra mirada!
¡Engrandece este corazón!
¡Corazón que de repente sangras,
no permitas este nudo en la garganta!.





Conserva eterna la vida
Como aquel tiempo en que el aura,
nos regalaba alegría, sin permitir la distancia.

Hermanos por siempre hemos sido, amigos incondicionales.
Unión indisoluble que va más allá de la sangre
¡Sin duda el tiempo ha fortalecido, esos lazos inquebrantables!

Dormido en sus Creencias



Por Lenin Torres Antonio
Pedro:
¡Despierta Román!..¿Acaso tu corazón no está destrozado por mi muerte?
¡Sí! Mi muerte, la de tu hermano del alma.
¡Ah! Que poca memoria, ¿Qué no me reconoces?... ¡Soy yo!..Pedro, el mismo
que viste y calza, el consuetudinario alcahuete que te acompañaba en tus frecuentes jolgorios.
Poca madre al no reconocerme en éste momento de trascendencia mística, de abandono espiritual. ¿No que significaba algo fundamental de tu mundo, de tu levedad, de tu voluntad, de tu historia?
Me indigna tu indiferencia, pensé que nunca te olvidarías que juntos hicimos éste mundo más habitable, que logramos experimentar  pensamientos que  tocaban las puertas de lo universal, que nuestras almas se escapaban de los vericuetos de la contingencia, de la temporalidad.
¡Ah! Ya sé, lo que pasa es que te encuentras celoso porque estás vivo y yo muerto, ¿Verdad?,  o quizá molesto porque no te avisé cuando iba a partir.
¡So tonto!.. Si hubiera sabido cuándo iba a llegar “la hora”, si hubiera podido determinar mi destino, de seguro hubiera preferido continuar entre ustedes y ser algo así como un Dios, y de los meros buenos, o cuando menos un Profeta-Mesías,  como el del pueblo, el mentado Don Nabor el Grande, el que todo lo sabía, y si no lo sabía, argumentaba que era la voluntad del supremo que no lo supiera, ya que si tenía  acceso a los secretos del conocimiento era porque Dios lo enaltecía con su gracia. Ante su ignorancia no le quedaba más que decir: ¡Sea tu voluntad la que determine nuestro destino!, ¡Alabado sea tu nombre!
¡Despierta flojo! No tengas miedo, no vengo a jalarte las patas, vengo a contarte como es el más allá.  Espero que recuerdes la promesa que hicimos cuando éramos unos “mocosos”[1], que el que muriera primero iba a regresar a contar cómo es el paraíso. Por eso es que aquí me tienes, “vivito y coleando”, 
¡Perdón!
Tú me conoces bastante bien,  sabes que para mí es cuestión de honor cumplir lo que prometo, no por nada tuve que verter un poco de mi apreciable sangre, en ese cochino rito en que me indujiste para que garantizare el cumplimiento de lo prometido.  Insuficiente lenguaje humano para hablar de la verdad del hombre,  para ponernos en contacto con  lo real.  Algunos libres pensadores lo habían advertido, que nos cuidáramos del hechizo del lenguaje, de la ilusión metafórica en que convierte la verdad.
¡Necios! Tuvimos que ir más allá de la palabra, más allá de la fe. 
Al fin te puedo hablar del paraíso sobre la base de experiencias inmediatas, recerca tengo las nubes sagradas del elíseo celestial, al éter de la eternidad, al cáliz absoluto del universo.
Ni te imaginas hermano quién me recibió, pensarás que soy chismoso o que peco de vanidad, me recibió Dios, ¡Sí!  El de los milagros, el mismo que ordenó  a Abraham entregar a su primogénito en sacrificio como prueba de su fe.
Estando frente a Él, pensé que primero iba a darme un afectuoso abrazo de bienvenida, pero no, y al igual que en una aduana me pidió una identificación, y “por si las moscas”[2], mandó a que me revisarán todito para ver si no intentaba contrabandear algún objeto prohibido por la “Constitución de los Cielos Unidos”.
Nuestro venerado Señor de los cielos, iba escoltado por un grueso contingente de ángeles, los cuales me hicieron sentirme en casa, pues me recordaron a los cuerpos de seguridad de algunos de los representantes políticos que gobiernan a los pueblos de la tierra.
Para tu información, los mentados angelitos están “bien dados”[3], sumamente fuertes los desgraciados, se nota que comen puntualmente sus sagrados alimentos, no dudes que a parte se han de ayudar, para estar así de corpulentos, de alguno que otro anabólico, ¡Qué soberbios se portaron! Con decirte que llegaron al extremo de utilizar unos tapabocas para revisarme. Posteriormente, me dieron un baño con agua a presión que casi me ahoga. No creas que me quedé callado, tú sabes que no me dejo, ya que siempre cuando me asiste la razón, reclamo. Les pregunté, por qué me trataban así, si siempre había sido un buen ciudadano, un buen cristiano; los muy sinvergüenzas argumentaron que era una medida sanitaria para evitar la introducción de enfermedades contagiosas al cielo.
No se me ha hecho difícil adaptarme a la “vida” de aquí,  pues  ya  sabes lo abusado que soy, acuérdate que ni cuando me fui a trabajar de ilegal a los Estados Unidos se me hizo complicado adaptarme  a  otra forma de vida.
He de confesarte, que por un momento me quedé absorto ante la impresionante personalidad que tiene Dios, ¡El sí que demuestra poder! Después que salí del embelesamiento y del trance, tuve la estúpida ocurrencia de preguntarme en voz alta, si estaba despierto o soñando. El muy Señor se encanijó y me reprendió con un fuerte pellizco, claro que acompañó su barbarie con un  magistral sermón, y me preguntó si no había tenido alguna instrucción religiosa, sin darme tiempo de responderle, terminó magistralmente el sermón, la arenga despótica: “¡Insolente! Cómo te atreves a poner en duda mi existencia, ¡Aquí!¡ la verdad es lo que es, y lo único que es lo que es, ¡Soy yo! Mi existencia envuelve todo lo existente, soy el abarcador de lo finito e infinito, de lo mortal e inmortal, ¡Soy el espíritu absoluto! A ver si después te pones en contacto con Hegel,  él te dará algunas lecciones filosóficas sobre mi persona  para que aprendas a dirigirte con respeto y absoluta precisión ante mi investidura”.
No vayas a pensar que me amedrentó ese brutal recibimiento, lo que sucedió es que tuve que aguantarme las ganas que tenía de “refrescársela”[4], y fui prudente, no quise comenzar mi estancia teniendo problemas con la autoridad suprema, es más, hipócritamente, al despedirme de Dios,  me persigné con devoción. Creo que logré engañarlo, porque antes de marcharse me miró de una forma especial, como cuando un padre mira a su prole, o quizá, me miró como miran los amos a sus esclavos, o como lo hacen los patrones con sus trabajadores, en fin, que importa si me miró con amor, lujuria u odio.
Aquí entre nos, la verdad es que el tal Dios no es como lo  “pintan”[5],  la verdad es que aparte de su impresionante personalidad, no tiene nada de especial.
Llegue a pensar que en Dios se superaba lo bello, lo bueno y lo verdadero. Pero no, el susodicho es feo, su nariz tiene la forma de un pico de águila imperial,  su boca la tiene bastante grande, ha de ser por hablar demasiado consigo mismo. Todavía me pregunto cómo pudo engendrar un hijo tan bello como Jesús Cristo.
De lo contrario de lo que supondríamos, con eso del obligatorio celibato que protege del pecado de la carne a todos los que predican su existencia; Dios sí está casado. Su mujer es un espléndido ser, sumamente bello e incitante; tiene unos ojos de color rojo carmesí, y una piel terriblemente tersa y sonrosada.
¡Hey Despierta!. Espero que me creas, te digo la pura verdad, no vayas a pensar que soy un genio maligno que se empeña en engañarte, y te agarra como conejillo epistémico para comprobar una verdad indubitable.
¡Criatura mundana levántate! Perdona que hable así, es que ya se me pegó la forma de hablar de acá, tu bien sabes que todo lo malo se aprende,                                                                                   ¡Dios mío! ¿Por qué no se me pega tu omnipotencia?
Estimado Román, la vida en el paraíso no es hermosa, no cambia mucho de estar vivo a estar muerto, salvo que acá somos puras espiritualidad, morir es como volver a nacer en otra dimensión. Naces como te mueres, si muere viejo, viejo llegas. Yo tuve la fortuna de no venir tan acabado. El más allá es casi igual a la tierra: hay fronteras, los del cielo por un lado y los del averno por el otro. Lo malo es que no te permiten visitar a los compañeros del infierno, pero, como en todos lados, siempre hay la excepción que rompe la norma, si tienes buenas relaciones, como por ejemplo, ser amigo de alguna autoridad celestial, o sobornando a través de la universal “mordida”[6] puedes conseguir ese privilegio.
Hay mucha parentela que está separada, el esposo en el infierno y la esposa en el cielo, un hermano quemándose eternamente en la morada del Aqueronte y  otro  “campechaneándosela”[7] en el paraíso junto a nuestro señor.
En fin, todo parece repetirse, la vuelta a lo mismo, el eterno retorno de una historia que ya conocía. Todo esto me ha defraudado, pues había albergado la esperanza, que el haber soportado estoicamente nuestra inconfesable eticidad;  tendría su merced: que no trabajaría, que no volvería a preocuparme de mis problemas económicos, porque eso era cosa del mundo de la necesidad; que tendría asegurado la autosuficiencia absoluta, y lo más esperado, que en ésta “vida” iba a disfrutar con total sentido ético y estético al Bien Absoluto y ésa experiencia me absolvería de todo mal, de toda pena, de toda pulsión.
Esa bienaventuranza que predican los teólogos, que en el reino de los cielos se “vive” como rey, es verdad, pero sólo para unos cuantos, o mejor dicho, para unos pocos, porque la mayoría, por no decir todos, “vivimos” en condiciones precarias de “vida”, pues falta de todo, ¿Será que habrá algún bloqueo económico?, o,  ¿Simplemente planearon mal el presupuesto destinado al paraíso y no contemplaron su alta tasa de crecimiento poblacional?
Aquí se “vive” un régimen  de derecho, igual que en la tierra, nada más cambia de nombre, mientras que en la tierra son los derechos y obligaciones señalados por las Constituciones de las naciones; en el paraíso son las leyes y axiomas divinos que promulga nuestro Dios y alguno que otro trasgresor: dioses menores, santos, vírgenes, ángeles, etc.
Fíjate que hasta tuve que buscar “chamba”[8] para ganar algún dinero que me permitiera satisfacer mis necesidades elementales para poder “sobrevivir”. Lo peor no fue trabajar, sino que tuve que pagar para que me consiguieran un empleo en una fábrica de mísiles tierra-aire y armas bacteriológicas.
A veces he deseado mejor estar en el infierno, pues aquí, falta muy poco para ser un infierno; pues hay de todo: explotación a los ingenuos bienaventurados, corrupción por doquier; genocidio, intolerancia, lucha por el poder, etc. Que enojado estoy, pues no hay alguien decente a quien recurrir para inconformarte, sólo hay fríos buzones con leyendas: “deposite su queja aquí”, o,  por favor llamar al número telefónico: “900011”.  Para empezar se ve que  nunca abren los susodichos buzones, pues se encuentran bien oxidados, y si llamas al famoso número telefónico, te puedes “secar”[9] esperando la respuesta, pues siempre marca ocupado o simplemente no contestan. Lo que más “rabia”[10] me da, es que tengo que disimular mi inconformidad, porque si no lo hago y ando de “valiente” puedo ser deportado a los asilos de persuasión voluntaria (cárceles)
Pero no te espantes, tú sabes lo “cabrón”[11] que soy, no me voy a quedar cruzado de brazos esperando ver que me depara el destino, como si fuera tan difícil presagiar el destino. “Aquí entre nos”, lo que te voy a contar,  quiero que no se lo vayas a platicar a nadie,  porque si andas de “boca suelta”[12], o ingenuamente vayas a confesarte,  y llega a los perspicaces oídos de los representantes de Dios en la tierra, sacerdotes, místicos o elegidos, me puedes poner en serios “aprietos”, ¡Me puede costar la “vida”!  Estoy planeando una fuga, sé que es peligroso, pero estoy convencido que vale la pena, no pierdo nada, y en cambio, puedo obtener la libertad absoluta y la inmortalidad.
¿Recuerdas a Panú Rodríguez? El negro Chom. El que rentaba un cuarto a doña Meche. Murió hace cuatro años, unos años antes que yo. El fue uno de los primeros difuntos conocidos que me recibió al llegar al paraíso. Chom me reconoció de inmediato, con decirte que me preguntó por “la flota”[13]. Me “sacó de onda”[14] su sospechosa  familiaridad,  porque no era nuestro amigo, y el trato que tuvo con nosotros se limitó a los usuales saludos al toparse con personas conocidas del barrio: ¡Buen día!, ¡Buena noche! A lo mejor simplemente le hice recordar (revivir) su vida terrenal.
No me explico cómo Chom le hizo para ganarse un lugar en el paraíso, si era bien “cabrón”[15] el desgraciado, hasta dicen que fue él quien mató a Gustavo a puñaladas.
Chom me dijo que era el primer paisano que veía en el cielo. Fue tanta su alegría que me invitó a quedarme en su casa.  Chom está bien “parado”[16] con las autoridades del paraíso, de eso me percaté cuando supe que fue él quien intercedió para que me sacaran a tiempo del cuarto de sanidad  donde casi me  ahogo.
Su casa es pequeña, pero su pequeñez no le impide ser bella y ostentosa. Tiene tres recámaras, y la recamara principal  tiene todos los muebles hechos con oro puro, fue decorada al estilo faraónico, incluso las camas parecen sarcófagos.
Aparte, la casa cuenta con una sala sumamente delicada, parece que todo pende de un hilo, que los materiales con que están construidos los muebles son frágiles y en cualquier momento podrían desaparecer; cuenta con una imprescindible cantina, que tiene toda clase de substancias alcohólicas, la variedad más amplía que me pudiera haber imaginado, y eso que soy un “ducho”[17] en eso del “chupe”[18], el Chom se ve que es “rebriago”[19]. Además la casa cuenta con una sospechosa bodega que siempre se encuentra cerrada y custodiada por unos tipos bien armados. Lo que más me llamó la atención, aparte de la misteriosa bodega, es su jardín, parece una selva en miniatura, tiene de toda clase de plantas y bichos raros.
Chom me explicó cómo se divide el paraíso, pues de lo contrario de lo que cuentan los teólogos que el paraíso es infinito, la verdad es que tiene sus límites espaciales. He conocido todo el más allá gracias a Chom. El muy chulo es a todo dar, se la sabe de todas,  todas.
He sido respetuoso con el negro, pues no le he preguntado en qué y en dónde trabaja, pero aquí entre nos, me huele que Chom anda en malos pasos, frecuentemente viaja, y tarda  reharto en regresar, cuando regresa a casa anda muy secreteado. La casa la llena de una bola de “cuates”[20] que causan miedo nada más de verlos, parece que son bien “gruesos”[21]. Mi intuición y una que otra bolsita con polvos blancos que he visto, me dicen que Chom anda enredado en el contrabando (producción, distribución y venta) de drogas en el paraíso. Tengo “reharto”[22] miedo que un día de estos le caigan y me “lleve entre las patas”[23]. No lo siento por él, pues como te dije se ve que tiene mucha influencia; más bien es por mí, pues creo que nadie tendría compasión por este fiel cristiano. He pensado que si soy detenido por culpa de Chom, y no hace nada por salvarme, soy capaz de contar todo lo que he visto. No creas que no he tomado mis precauciones, he sacado copias de un montón de documentos, y he grabado conversaciones telefónicas comprometedoras de Chom con personajes importantes del cielo.
Te confieso que si no me he ido a “vivir” a otra parte, es porque Chom me prometió conseguirme un salvo conducto, pues debes saber que  poseer un salvoconducto es privilegio de los que tiene una residencia mínima en el cielo de treinta años, y no puedo esperar tanto tiempo, necesito el mentado documento para poder transitar “libremente” por todo el territorio del paraíso, y así poder conseguir compinches para el plan, que en un principio era para fugarme y ahora se ha convertido en un Movimiento de Liberación Universal. ¡Alguien tiene que hacer historia en el paraíso!
La revuelta la tengo planeada para diciembre, pues según estudios sociológicos, en esas fechas la gente se enajena con el alboroto de las fiestas navideñas y  se olvida con facilidad de sus responsabilidades, e impera un ambiente de fraternidad, todos se vuelven “buenos” y comulgan con la omnibenevolencia de Dios.
El negro me dijo que a más tardar en dos años luz me tendría el encargo.
Veo que estás un poco cansado, pero no te desesperes, ya voy a terminar de contarte como es acá, no olvides que tengo poco tiempo de muerto.
Quiero decirte que logré convencer a Chom para que participara en el proyecto revolucionario. Ahora él constituye una pieza clave del proyecto, lo nombré comandante de aprovisionamiento y logística. No pienses que me la paso tan obsesionado con la Revolución. Así es que mientras Chom me consigue el anhelado salvoconducto, para distraerme  y despejar mi mente, Chom me lleva a las moradas hedonistas-epicureistas, sádicas-masoquistas, en otras palabras, moradas del goce celestial. ¡Esos lugares tú los conoces bastante bien! No te hagas el de la boca chiquita. Fíjate que en uno de esos lugares conocí a una de mis preferidas discípulas. Es una joven bella e inteligente, se llama Carla, parece que murió cuando tenía quince años, en plena “edad de oro”. Me contó los atropellos que ha tenido que soportar. Recién llegada al paraíso fue violada por un guardia celestial, posteriormente fue sentenciada a pasar  tres años  de cárcel por haber golpeado a un arcángel cuando intentaba secuestrarla, sentencia, sin derecho a fianza y ninguna otra prerrogativa, que le dictó un “santo” y “justo” juez divino.   Al salir de la cárcel  se dedicó a vender chicles en plenas nubes, más tarde fue contratada como “burrera”[24] por un comerciante de relajadores mentales, hasta que terminó donde la encontré, vendiendo su alma y demás cosas al mejor postor. Creo que su gran debilidad es no saber hacer algo intelectualmente práctico (honesto), y lo único que sabe es amar y servir a los fuertes, en otros términos, no tuvo ninguna ideología por la cual luchar y hasta morir, y  cuando menos hubiera deseado la nada a no desear.
Me dijo que ya no aguantaba esta  “vida”, y que en más de una ocasión ha intentado quitarse la “existencia”, pero no lo ha logrado, que no sabe que divinidad la condena a este sufrimiento prometeico. La consolé y le dije que no fuera tonta, que tal vez era su destino,  y que en contra de la palabra del Oráculo, nada se podía hacer y lo más aconsejable era asumir estoicamente su Hado.
No creas que fui tan pesimista con Carla, le di esperanzas de que si se unía a mi proyecto y dejaba conducir su espíritu por mi intuición revolucionaria, pudiera lograr darle sentido a su “vida”, y al final sería inmensamente feliz. Como no tenía otra cosa más interesante que hacer, aceptó inmediatamente unirse al Comité Clandestino de los Difuntos Resucitados. Le expliqué los preparativos y detalles del plan, y después de esa íntima reunión de trabajo se fue a vivir conmigo. Carla es la responsable del área de información y espionaje del COCLADIRE. La chiquilla me salió re-abusada.
El plan se ha convertido en una lucha popular de transformación social,  pues los habitantes del paraíso están inconformes por las deplorables condiciones en que “viven”. Como sociólogo tu bien sabes que cuando una sociedad llega a situaciones límites de pervivencia, su gobierno, por regla general comienza a tener problemas de inestabilidad social. Cada día que pasa se adhieren más difuntos a la revolución. Debo andar con mucho cuidado,  pues soy el líder del movimiento, ya sabes, que si llegan a cortar la cabeza,  el cuerpo cae sólito, o sea, que se fregará el movimiento porque no hay otro líder, por eso te vine a buscar, perdón,  no te asustes, es un decir.
Querido hermano del alma, como me gustaría  que estuvieras conmigo en este momento histórico. Con tu astucia y cinismo me ayudarías a concretizar con éxito los ideales de democracia y justicia social que promueve nuestro movimiento revolucionario.
Juntos modernizaríamos al universo y con el triunfo del movimiento de sedición, instauraríamos un verdadero Estado democrático, seríamos electos gobernantes Dioses, monarcas absolutos de todo lo existente, oráculos del futuro y de la verdad, amos de todos los seres, y como todo aquí es divino, los cargos no serían temporales, sino eternos democráticamente.

Dios

¡Hey que pasa ahí!

Pedro

Perdona hermano que te deje, pero parece que ya me cayeron hablando contigo, al rato regreso.

Narrador

Repentinamente un fuerte sonido se dejó escuchar y majestuosamente el venerado señor hace su aparición, la alegría y la melancolía se unen para dar la bienvenida a la divinidad.

Dios

¡Has pecado! ¿Por qué no respetaste las leyes del paraíso?¿, ¿Qué acaso no sabes leer? El artículo primero de los reglamentos universales de nuestro reino, textualmente reza: ¡Prohibido hablar con los mortales so pena de “muerte”!

Pedro

¡OH! Gran señor, yo no sabía eso,  últimamente la vista me ha venido fallando. No seas malo, no me vayas a castigar,  te juro que no lo vuelvo hacer.

Narrador

Román  se levanta malhumorado: ¡Que pesadilla tan espantosa!, de seguro fueron esos desgraciados “Tamales”[25] que cené, me han de haber “caído pesados”[26].
Se dirigió al baño, se lavó la cara e inicio su acostumbrada rutina: ¡Leiden!, ¡Leiden!,  ¡Kreuz!, ¡Kreuz!   ¡Sufrir!, ¡Sufrir!, ¡La cruz!, ¡La cruz!).
¡Humanos! Acuérdense del adagio de Jenófanes de Colofón: “Si los burros pensaran harían dioses a su imagen y semejanza” 


[1] Niños.
[2] Expresión que significa por si acaso”.
[3] Cuerpos musculosos.
[4]Insultar.
[5] Describen.
[6] Acción de sobornar.
[7] Disfrutando.
[8] Trabajo-Empleo.
[9] Hacerse viejo.
[10] Enojo.
[11] Valiente-Astuto-Inteligente...
[12] Soplón-Traidor.
[13] Amigos.
[14] Me intrigó.
[15] Malo-Abusivo.
[16] Tener influencias.
[17] Especialista.
[18] Tomar bebidas alcohólicas.
[19] Alcohólico.
[20] Compañeros-Amigos.
[21] Peligrosos.
[22] Mucho.
[23] Implicar.
[24] Transportar drogas de manera individual.
[25] Plural de Tamal: especie de empanada de harina de maíz envuelta en hojas de plátano o de mazorca del maíz.
[26] Pesadilla a consecuencia de una mala digestión.