miércoles, 12 de febrero de 2014

Raymond Carver y el minimalismo como soporte literario


 

Aurora Ruiz Vásquez

Profesora jubilada

yoya1922@yahoo.com.mx

 

Acercarse a conocer las diferentes corrientes literarias, los diferentes estilos de escritores famosos, enriquece el criterio propio;  existiendo en cualquier forma de expresión, belleza, Es difícil crear una obra literaria y debe interpretarse como se interpreta   cualquier obra de arte.

La belleza del minimalismo y del realismo sucio se encuentra en la simplicidad del lenguaje sin florituras ni metáforas, palabras que hablan con la verdad de las situaciones y lugares cotidianos, que deja una serie de interrogantes y posibilidades al cerrar la historia o al dejarla abierta.

Después de conocer los pormenores que caracterizan al minimalismo, tal vez surja la idea de experimentar parafraseándolo, influidos  por él, tratar de imitarlo como escritura y crear algo en ese estilo, para lo cual se hace indispensable leer  sus obras tratando de replantear.

Raimond Carver (1938─1988)  cuentista y poeta estadounidense, es reconocido en la literatura universal. Su vida fue breve, pero prolífica, sólo cincuenta años  en que sus obras asociadas al minimalismo y al realismo sucio fueron traducidas a veinte idiomas. Además de numerosas poesías, destacan entre su narrativa Tres rosas amarillas  con siete cuentos (1988). Quieres hacer el favor de callarte por favor (1988)  22 cuentos, Si me necesitas llámame 5 cuentos (2001), Catedral (1983)  12 cuentos De qué hablamos cuando hablamos de amor.

Como podemos constatar, los títulos son especiales, nada sugerentes y se refieren a una frase del texto.  Por ejemplo en Tres rosas amarillas hay un cuento llamado Elefante sólo porque menciona que de niño lo cargaba su padre en hombros y él se sentía como si lo llevara un elefante, Otro cuento llamado Cajas hace alusión a las cajas que sirven para traslados frecuentes, y otro más  Menudo sólo por un guiso citado en la narración.

 En primer lugar, en el minimalismo  hay una restricción de contenido  a un mínimo de elementos, sólo los necesarios, por lo que resulta un relato corto, sin  contenido ideológico o moralizante. Muchos relatos de Carver se acercan al sin sentido, inclusive al absurdo; no hace referencia   al sentido de comunidad, de sociedad, de religión, política o espacio geográfico ni tiempo. Se supone que es en la década de 1960 o 1970 cuando proliferó.

Una característica esencial es que el lenguaje, con mínimo de adjetivos y adverbios, está cargado de acciones representadas por   verbos por ejemplo, en la obra Tres rosas amarillas pag.75  se lee: “Caliento la leche, quito la nata con una cucharilla y me sirvo una taza. Apago la luz de la cocina, voy a la sala y me siento en el sofá  desde donde puedo mirar hacia las ventanas… “

Los relatos de Raymond Carver distan de parecerse a la narrativa de corte  tradicional, pues carecen de conflicto, nudo y desenlace. En el discurso aparece un conjunto de hechos, los nombra y luego desaparecen, así como sucede en la vida real, sin mayor trascendencia por superficiales. No hay profundidad, no existen  símbolos. La narrativa carveriana se desarrolla transmitiendo la trivialidad de la vida real con sus  zonas oscuras. Son relatos de corte austero, de contenido artístico mínimo ”mni art” desprovisto  de connotaciones políticas y sociales como ya se dijo. El mismo autor Carver reconoce que sus cuentos carecen de adornos, su prosa  es reductiva sin que esto signifique “pequeñez de visión ni ejecución”.

En el volumen Tres rosas amarillas, el cuento del mismo nombre se refiere a los últimos años de Chéjov y transmite emociones fuertes sin llegar al sentimentalismo. Lo omitido cobra mayor importancia de lo que se dice como en la teoría del Iceberg de Hemingway  “por cada parte que emerge hay siete octavos debajo del agua “ El estilo es simple, oraciones breves separadas por punto, ausencia total de subordinación, carencia de  toda clase de tropos, el tono es monocorde, el lenguaje sencillo, el de todos los días, los diálogos son repetitivos como en una conversación espontánea,.

Generalmente, las narraciones de Carver tienen que ver con los conflictos de una pareja, sus distanciamiento o en etapa de un divorcio próximo, etapa transitoria en cambios de conducta, como dejar un hábito malsano o cambios de una vida rutinaria. Pareja que discute, padre e hijo que no se entienden. Dos amigos que difieren en opiniones. Hay una zona de silencios en los textos.  Literatura del silencio. El relato queda abierto, no concluye  ni queda resuelto el conflicto y deja muchas posibilidades y preguntas del lector.

Además, otra de las características que distinguen la escritura de Carver es la indeterminación de los personajes “este amigo” “ella“ o “ellos” generalmente no les da nombres a los personajes. Carver reconoce la influencia de Hemingway, toma  su ironía y su lenguaje escueto con diálogos repetitivos.

Raymon Carver, es inscrito en el realismo sucio  adoptado  por muchos de los escritores latinoamericanos del siglo XX  que se refiere a considerar seres vulgares y corrientes  como personajes, reflejando  a la sociedad actual de pobreza y miseria humanas, la parte marginada de la sociedad.

Ante este panorama general de los cuentos de Carver, el lector percibe algo diferente, por lo cual se requiere un tipo de lector distinto, que observa como en una pantalla reflejada, la vida real con todas sus miserias, y que lo insita necesariamente  a la reflexión.

 

 

David Nepomuceno Limón

 

Los intentos de controlar su destino resultaban vanos ante los atropellos de su esposo. Regina siempre tuvo el ideal de crear un verdadero hogar, sin tomar en cuenta los verdaderos sentimientos de Salvador. Ella se casó bajo el atractivo de lo desconocido, haciendo a un lado hasta su propia libertad.

      La pareja vivía en el reducido mundo que Salvador le proporcionaba como hogar, sujeto a las frías normas de conducta que él ostentaba desde que se habían unido. A esas alturas los ideales de la joven se encontraban vacíos. Sólo existía en ella la esperanza de sobrevivir.

     El día había amanecido nublado, monótono cual había sido la vida desde que se casó. Pese al fresco de la mañana, salió a tender su ropa en el pequeño espacio entre los matorrales que lujosamente recibía el nombre de patio. Regina entraba a su pequeña vivienda de cartón y materiales reciclados. Alcanzó a ver un monedero que caía al suelo mientras Salvador guardaba el dinero en la bolsa de su camisa. Eran los escasos ahorros que ella había logrado acumular durante largos meses. Desconocía cómo su esposo había dado con ellos. La sonrisa sarcástica de Salvador lo decía todo.

     La silueta del hombre se hallaba rodeada de penumbras. Con un movimiento brusco tomó la niña que dormía en la hamaca, caminó con una mirada amenazadora y salió de prisa hacia la calle. Regina quiso detenerlo. Él sacó de su pantalón unas tijeras con la intención de lastimarla. Ella se acercó y alcanzó a ver la improvisada arma que se movió de derecha a izquierda mientras parte de su blusa quedaba desgarrada y alguna herida en el vientre la obligó a detenerse. El dolor se había presentado de súbito, pero eso no era lo importante.

     Mientras limpiaba la sangre que empezaba a manar de su cuerpo, ella vio con enojo cómo su esposo corría por la calle empedrada de la colonia. Enseguida rasgó una sábana para cubrir improvisadamente su abdomen. La niña era su vida misma y su responsabilidad. No podía renunciar a su presencia ni a la esperanza de verla crecer. No podía darse por vencida. Su rebeldía explotó cuando lo vio parado a media calle sonriendo y cubriendo a la niña. Regina corrió para alcanzarlo. No podía aceptar que le hubiera robado a su hija. Sus lágrimas eran de impotencia y aun así no había la posibilidad de claudicar. Salvador corría más rápido, perdiéndose ahora entre los sembradíos que lo llevarían por un atajo a la bifurcación de los caminos.

    Con las manos vacías y la expectativa de encontrarlos dirigió sus pasos a uno de los pueblos cercanos. Su preocupación estaba centrada en la pequeña. Se rehusaba a ser partícipe de una historia hecha jirones por la sinrazón de su marido. Avanzaba muy atenta a todo lo que se movía, con la ilusión de arrebatar a su hija de los brazos de quien siempre había recibido burlas e improperios.

     No supo qué tiempo caminó por terracerías y veredas con destino desconocido. Llegó así a una población a la que le decían La Quemada, aunque su nombre oficial era otro. Se mencionaba que su gente era agresiva, pero en ese momento a Regina no le preocupaban los rumores. La niña era su único tesoro. Su prioridad.

   El viento zumbaba por momentos como un murmullo de incesante agitación, mientras la nostalgia empañaba los ojos de la mujer, quien se abandonaba a la cálida luz del sol cuando éste se asomaba entre las nubes. El silencio le resultaba incómodo; en tanto, el dolor de su herida continuaba lacerándola.

    Su objetivo era único. Su caminar seguía siendo firme. Sus zapatos empezaban a dar señales de no soportar el ritmo de una larga travesía. Sus pies estaban enrojeciendo, con un dolor agregado que por momentos se hacía insoportable. Su semblante era de tristeza y su aspecto era de quien no había tenido el tiempo suficiente para arreglarse frente a un espejo.

     Había cruzado más de la mitad del pueblo. Por donde caminaba eran callejones rodeados de construcciones roídas por el tiempo y paredes cansadas de lucir un color indefinido. Todo acentuaba la hostilidad del barrio. Avanzaba unos cuantos metros y volvía la cabeza hacia todos lados. Algunos hombres de aspecto poco agradable pasaban junto a ella, sonriendo misteriosamente y observándola de arriba abajo.

     Siguió por un callejón más angosto que conectaba con la parte superior del barrio. Subía por el empedrado con dificultad. Las casas se veían muy altas, como si estuvieran dispuestas a devorarla. Empezó a sentir más ligeros y amplios los zapatos… Al examinarlos descubrió que se habían descosido por la parte delantera, pero ella tenía que seguir buscando a su hija.

     Continuaba avanzando, cada vez de manera más lenta, recordando todavía el justo momento que había marcado un antes y un después en su vida matrimonial. En el momento presente estaba claro que su fe no era compartida.

     Sus pasos eran cada vez más lentos debido al cansancio, al que se unía el dolor de sus pies causado por la angustiosa caminata y por la herida que ardía en su vientre. Sus ojos habían perdido sus habilidades de las horas anteriores. Si empezaba a rendirse no era por falta de tenacidad, sino por la debilidad de su organismo. Daba tres pasos y descansaba un momento, frotando sus pies con las manos por ser los más castigados. La respiración agitada evidenciaba el agotamiento físico a que había llegado, pero continuaba adelante con la esperanza de hallar a su hija.

    Faltaban pocos metros para llegar a la calle que truncaba la pendiente. Su mirada continuaba clavada en el empedrado. No prestó atención a las voces que se oían detrás de ella, de gente que subía por el callejón. Había risas y exclamaciones jubilosas.

     Por fin la curiosidad la hizo volver la cabeza. Más de media docena de jóvenes alcoholizados la miraba insistentemente mientras ascendían, como si estuvieran a punto de alcanzar un logro. Parecían constituir el centro y el ala de algo siniestro, como un sistema de tipo animal, organizado por un principio carente de sentimientos de piedad.

     Regina no tuvo tiempo para soltar exclamación alguna. Sólo trataba de correr ante el inminente peligro. Sus pies estaban a punto de estallar y sus zapatos empezaban a desbaratarse. Sentía claramente que su corazón latía a su máxima velocidad mientras ella seguía corriendo con el propósito de gritar, pero su respiración no se lo permitía.

     Sintió que una mano áspera y fría le golpeaba la espalda mientras su blusa se rasgaba. El grito más fuerte y lleno de angustia que jamás había emitido se escuchó con toda la fuerza que le daban sus pulmones. Su rostro se encontraba empapado de sudor. Su vista estaba clavada en un punto aunque sin ver, mientras respiraba desesperadamente por la boca. Reaccionando volteó hacia todos lados. El silencio reinaba en su entorno. La pequeña lámpara de buró seguía encendida mientras el equipo modular emitía su sonido con baja intensidad.

     Recuperada por completo, comprendió que estaba saliendo de una amarga experiencia, un sueño relacionado con la hija que siempre había deseado tener y con el perfil de ofensa de alguien que tenía en buen concepto. El capricho de las situaciones oníricas enlazó la ilusión de ser madre con su realidad de estar soltera. En su sueño, la niña era el paladín que la impulsaba a seguir adelante, sin importarle correr por la calle, sufriendo sola ese dolor de soportar la actitud soberbia del padre que sólo trataba de dañarlas.

     El tiempo de recuperación de tan amargos momentos pasó rápidamente. Se levantó decidida a iniciar sus labores cotidianas. Ya era fin de semana y le esperaba un arduo trabajo. Los pormenores del sueño todavía no la dejaban tranquila, centrados en el aplomo sentido en todo momento al negarse a abandonar a su hija.

     A los pocos momentos de haber iniciado sus labores escuchó el timbre de la puerta. Cuando abrió con cuidado vio a su novio Salvador sonriente, quien con cariño le entregaba un ramo de rosas acompañado de un pequeño obsequio. Ella observó asombrada cómo Salvador hincó la rodilla en tierra y con la ternura en la voz emocionada le preguntó: “¿Te quieres casar conmigo?” Sin pensarlo dos veces, Regina lo golpeó con el ramo de flores al mismo tiempo que le arrojaba el regalo, cerrando definitivamente la puerta a un noviazgo de dos años de duración.

 

Tener que decir adiós, en ocasiones


 


José Luis Rangel Gasperín


No es sencilla una despedida: inevitablemente acuden los recuerdos y las evocaciones del pasado, casi de manera involuntaria. La distancia causa separaciones, aunque existen en este mundo murallas que no podemos superar. Casi de manera mecánica, recuerdo aquel poema de John Donne que nos afirma que el doblar de las campanas no sirve solamente para hacer saber que alguien ha muerto, sino también para remitirnos nuestra calidad de seres mortales, indefensos ante las adversidades de la naturaleza. Lo cierto es lo siguiente:   cuando muere un escritor al que admiramos, llegan a llorarlo también sus personajes.

Por ejemplo, uno de Juan José Millás, en Primavera de luto afirma que no le gustan los domingos, de misma manera que Mersault, en El extranjero, la extraordinaria novela de Albert Camus. Martín Santomé, protagonista de La tregua, lo describe como el día “más desalentador, el más insulso”. Sería un tanto descabellada la conjetura de que –como pudo suceder-, cansado de ser estigmatizado por la literatura, el pasado domingo hubiese tomado la voz de la venganza y no la del olvido, arrebatándonos una de las voces más sonoras y conmovedoras de la literatura mexicana: José Emilio Pacheco.

“La realidad es psicópata:/ Jamás se compadece de sus víctimas./ Hace trampa al jugar con la esperanza”, escribe el Premio Cervantes 2009 en uno de sus poemas. Sin embargo, la simbiosis que construye este escritor en sus trabajos literarios resulta en ocasiones tan familiar, tan cotidiana, que la fatalidad resulta soportable. José Emilio Pacheco consigue retratar con viveza los años de su infancia y adolescencia en el terreno de la narrativa: El viento distante, colección de catorce relatos, incluye textos tan emotivos como El parque hondo, Tarde de agosto o La reina, donde sus personajes, cegados por una frontera que les impide cumplir sus sueños, no tienen más que crecer cargando sus penas anecdóticas, aquellos instantes en los que el deseo no consigue evolucionar en suceso. El principio del placer, libro por el cual consiguió el Premio Xavier Villaurrutia en 1973, retoma la nostalgia por una juventud perdida así como una época, introduciendo al lector por aquel relato –que da título a la colección- de un adolescente que narra en un diario sus encuentros amorosos con una chica llamada Ana Luisa. Lúdicamente, Pacheco nos deleita con sus palabras: “Es divertido ver cómo se juntan las letras y salen cosas que no pensábamos decir”. Xalapa juega un papel importante en El principio del placer: Ana Luisa huye a esa ciudad misteriosa en los momentos más vitales del relato, cuando Jorge más parece necesitar de su compañía. La zarpa, otro relato memorable, nos habla de la envidia que siente una mujer por su vecina compañera de infancia, más bonita, más inteligente, con un futuro más claro. Langerhaus y Cuando salí de La Habana, válgame Dios son igualmente textos de una gran belleza.

Carlos Monsiváis, al igual que muchos de sus lectores, admiraba su manera de escribir: con palabras sencillas podía construir andamiajes de gran profundidad. Y con esa misma técnica José Emilio Pacheco es de aquellos autores que mantienen a los jóvenes cercanos a la literatura. Hablar de él y su obra no es solamente retroceder a los años de Miguel Alemán y Ávila Camacho, sino también revivir las pasiones juveniles, el descubrimiento del mundo. Las batallas en el desierto, su novela más conocida, es un trabajo ejemplar que recrea, con una brevedad bien modulada y una fidelidad realista, a la sociedad mexicana de mediados del siglo XX. Las peripecias de Carlos, que se enamora de Mariana, madre de su amigo Jim, son un conmovedor ejemplo de lo que puede hacer un autor con su pluma: provocar, casi de manera natural, los sentimientos que esconde la vida cotidiana. Su Álbum de zoología es una deliciosa colección de poemas que busca sorprender con imágenes y el lenguaje popular  la belleza de nuestra fauna.

Puede ser cierto lo que escribe Mario Benedetti: Los sueños son pequeñas muertes. Ya que de la misma forma que el verso, José Emilio se nos fue en una noche, cuando no pudo despertar. Su último Inventario –dedicado al también poeta Juan Gelman- inicia con un rastro de melancolía: ¿Existirá una palabra para la nostalgia de lo que no fue y estuvo a punto de ser? Con esa curiosa pregunta podemos describir a sus personajes: seres invadidos por lo que pudo ser; solamente eso. Seres desolados, pero que siempre tienen en el fondo un destello de esperanza.

Es una pena decir adiós; sin embargo a veces es necesario: las letras pierden a un excelente escritor que tuvo, por desventura o por condición natural, que dormir para siempre bajo la húmeda luz de un vacío domingo, como inicia, curiosamente, uno de sus relatos.            

       

 

 

         

Tlajtoli eyi xayakmej


 

Palabras a tres rostros,

Parole a trois visages


 

Tlajtoli eyi xayakmej, Palabras a tres rostros, Parole a trois visages, es el título del poemario, creación literaria surgida del pensamiento de Juan Hernández Ramírez, Isabel Gutiérrez de Velasco y Hugues André Dalbis. En él se vierten emociones, sentimientos, sensaciones desde tres culturas con un denominador común: el yo. El contenido encierra, refleja, transmite la imposible expresión verbal o escrita, aquello mostrado sólo con la mirada, la sonrisa, los ademanes, esa comunicación característica del ser. La visión femenina entre las del varón es sometida al juicio del lector ávido de encontrar respuesta a su problema existencial, cuestionándose uno y otro quién posee la razón al cruzar las miradas entre rostros. Diana Aguirre Beltrán asevera, al prologar la trilogía, acertadamente: “El rostro es, así, un mensaje cifrado, una invitación al diálogo, un encuentro que habrá de devenir palabras”, lo que evidentemente provocará y evocará.

 

La noche

Juan Hernández Ramírez

La noche

es la luz dormida.

 

Recarga su cabeza

en una colina

y la hace su almohada.

 

Bella la noche,

es la luz del día

 

La nuit

 

La nuit

est lumiere endormie.

 

Elle repose sa tete

sur une colline

et en fait un oreiller.

 

La nuit brille

et est lumiere du jour.

 

Yohualtepemej

 

Youali

tlen kochtok tlauili.

 

Motsontetonia

ipan se tepetolontli

iuan itsontetoj kichiua.

Petlani youali,

tonaltlauili.

 

 

La fuite

Isabel Gutiérrez de Velasco

 

Chaque chose sert comme une en fuite

tu peux utiliser les feuilles tombées en automne et naviguer

au dessus d´elles sur l´eau du caniveau formé par la pluie.

Tu peux grimper á l´arbre comme un écureuil atteindre

la nue la plus proche.

 

Tu peux ouvrir ce vieux parapluie brisé et attendre

qu´une rafale de vent t´eléve avec lui.

Tu peux fuir dans le silence et sur la pinte des pieds

sortier tes ailes du reve et arriver á la lune.

Tu peux annuler tous tes rendez-vous

entrer par le cáble du teléphone

ou te convertir en lumiére dans l´ampoule ,

tou.ner le robinet d´eau et te glisser par ce tuve gris

qui méne en tous lieux

ou simplement ouvrir la porte

et t´en sortir ainsi.

 

Cholouilistli

Impan se cholouitli uelis ukali nochi tlamantli

uelis tikintekiuis tlen tonalko tepejtok

xiuimej iuan akaltipaj tias

atlatipaj inpaniko kaltenpaj.

Kej tekomajtli uelis tikuatlejkos

iuan mixtli tlen achi achkatsij tijkuis.

Uelis tijtekiuis sosoltik iuan ysayantok tsonamanauili,

tijchias se ejekatl iuaya mitstlejoltis.

Ipan nekaualistli iuan tlajmajtsij uelis ticholos,

temiktla tijkixtis moeltlapal iuan mestkiipantiasiti.

Uelis amo tijchiuas tlen ika timokajtok,

ipan teposmekatltlakakiloni tikalakis noso

timotlauilkuapas iijtiko teskatlauili.

Tijmalakachos akaltsajkayotl iuan tenextik

teposakatl  tlen nopeka techuika tikisas,

noso tlaxtle, tikaltlapos iuan ipan tipankisas.

 

La huida

Cualquier cosa sirve como nave para una huida

puedes usar las hojas caídas en otoño y navegar

sobre ellas el riachuelo al borde de la acera.

Puedes trepar el árbol como ardilla

y alcanzar la nube más cercana.

Aprovechar aquel viejo y roto paraguas,

esperar que una ráfaga de viento te eleve con él.

Puedes huir en el silencio y de puntillas,

sacar del sueño tus alas y llegar a la luna.

Puedes cancelar todas tus citas,

entrar por el cable del teléfono o volverte luz dentro de la bombilla.

Girar el grifo de agua y salir de ese tubo gris que lleva a cualquier parte

o, simplemente, abrir la puerta y salir por ella.

 

Cuervo-de-la-noche

Hugues André Dalbis

 En este lado silencioso

este trémulo de vapor suspendido en el aire

este vértigo de luz.

 

en este arcángel de bruma

que roza la dinastía de las nubes

y zigzaguea en el azur

hasta el ventanal de los dioses.

 

en esta brisa invisible

amalgama de sombras y siluetas

que se mezclan con las fachadas

y doble vientre del centro de la ciudad

 

una mitad de mí mismo que conlleva la otra mitad

se abandona al cuervo-de-la-noche

cuyo canto sombrío despierta a las estrellas.

 

Youal kakalotl

Ipan ni nekaualisyo teotlauili

ni tlen pokyotl uiuipika

ejekaixko uiyotok

ni tlauili kuaixpoyauili

 

ipan ni tlen ayajtli arcángel

tlen mixtli kiuauatsoua makayotl

iuan nikaj neka mouisoua

onassi totiotsitsij inkaltlachialis

 

ipan ni tlen axmoita tlapitsajauetstli

tlen nekaualistli iuan tlatlayouali mojmotskitok

tlen ika ixtennextili momaneloua

iuan tlen altepetl iyolko onpa ijtitl

 

se tlajko tlen najaya

tlen ipan mouika ne seyok tajko

ipan motemakatlen youal kakalotl

tlen ijuiksitlalimej kinixitia.

 

Corbeau-du-Soir

 

En ce halo silencieux

ce tremblement de vapeur

en suspens dans les airs

ce vertige de lumiére

 

en cet archange de brume

dans la dynastie des nues

qui louvoie en l´azur

jusqu´au vitrail des dieux

 

en cette brise invisible

amalgame d´ombres et de silhouettes

melées aux facades du centre-ville

avec leurs doubles ventres

 

une moitié de oi-meme

qui entraine láutre

s´abandonne au Corbeau-du-soir

dont  l´antienne sombre réveille les étoiles.

PEDRO PÁRAMO


José Luis Miranda Rosario

 

 

A Comala va Preciado.

Va en búsqueda de su padre.

Ante la muerte de madre

prometió saldar pasado.

 

Divisó con ojos de ella

La Media Luna en descuadre.

Ante Dyada, la comadre,

quedó su cuerpo sin huella.

 

Pedro, su padre, está muerto,

de amor murió por Susana.

Comala es más que desierto,

 

almas en pena. ¡Hosanna!

dialogan cual libro abierto:

del páramo, vida emana.

 

Baja el verde de los cerros

en ojos de agua marina.

Cerca de Juan, la madrina

oye ladrar a los perros.

 

Páramo ha de pagar yerros.

Susana suelta más hilo,

retiene a Comala en vilo

ya no suenan los cencerros.

 

Ya no huele a miel derramada,

ya el viento no mueve espigas,

ya la muerte avanza osada,

 

a Pedro no otorga migas,

con el alma destrozada.

yermo, su mal no mitiga.

BAILARINAS VISTAS


 

Alejandra González Martínez

A Elena Madrigal

 

Tórtola por Velarde

la mujer sin alarde

 

Baudelaire a Valencia

no con poca elocuencia

 

las dos por ellos vistas

no como viejecitas

 

mas como representantes:

de las danzas orientales

 

es la primera; de ballet

la de la imagen de Manet

 

soltero padre de poesía

admiró su arte con ironía

 

poeta bohemio sin final

amó a su Jeanne Duval

 

del bien y del mal son fuente

éstas mujeres ñeque

 

López Velarde con rima

y el olfato de su guía

 

ambos con tiempo para ellas

sin importar la corriente,

Poetas viendo  Bailarinas.

 

ROMEO Y JULIETA


 


Marco Antonio Figueroa Quinto


Sin duda que este mes considerado para este parte del planeta en su cultura occidental, como “mes del amor y la amistad” digno es de resaltar la obra de unos de los hombres más admirados de la literatura universal, y la obra de amor clásica por excelencia “Romeo y Julieta” de William Shakespeare. El tema de la tragedia de dos amantes jóvenes circuló sobre todo en la novela italiana, pero se cuenta que Shakespeare tomó como fuente directa para su drama romántico el poema The Tragical History of Romeus and Juliet (1562), de Arthur Brooke, que en lugar de ser censurable es plausible. El binomio amor-muerte conduce la historia, y a éste se agrega el sutil conflicto del azar, de la decisión personal y de la fatalidad ¿Acaso no es parte de la cotidianeidad? A pesar de que esta historia ha sido contada innumerables veces, Romeo y Julieta pervive como una de las obras más intensas de Shakespeare. En el siglo XIV y se basa en hechos reales: las rivalidades entre familias nobles de dicha ciudad. Cuenta la dramática historia de dos amantes, Romeo Montesco y Julieta Capuleto, cuyas familias viven enfrentadas desde hace muchos años ¡Ahhhh el amor, que rompe todas las barreras! Romeo y Julieta se enamoran, pero saben que el odio entre sus familias hará imposible su matrimonio. Por ello, deciden casarse en secreto. La historia se desarrolla en Verona, en donde viven dos familias que son rivales, los Montesco y los Capuleto. Romeo, único heredero de los Montesco, entra sin ser invitado al baile de mascara de los Capuleto, en el que conoce a Julieta, hija única de los Capuleto; ambos se enamoran a primera vista. Sabiendo que sus padres jamás permitirán su unión, se casan en secreto, con ayuda de Fray Lorenzo. El mismo día de la ceremonia, Teobaldo insulta a Romeo, a pesar de ello este último rehúsa batirse. Pero Mercutio, el mejor amigo del joven Montesco, entabla duelo a muerte con Teobaldo. Romeo trata de separarlos y Teobaldo aprovecha para herir mortalmente a Mercutio. Romeo, entonces reta a Teobaldo y venga a su amigo matando a su adversario. El Príncipe de Verona, indignado por los sucesos, condena a Romeo al destierro o a la muerte. Romeo se encuentra desesperado, porque estará separado de Julieta, pero Fray Lorenzo le aconseja escape a Mantua, hasta que pueda ser publicado su matrimonio con Julieta y se reúna con ella. Romeo huye a Mantua después de una última entrevista con Julieta. El Conde Paris, pariente del príncipe, pide la mano de Julieta y le es concedida. Julieta se niega y pide auxilio a Fray Lorenzo, quien le aconseja que acepte la boda y le entrega un pequeño franco con un elixir que la sumirá en estado cataléptico, parecido a la muerte. Le indica tomarlo la noche anterior a la boda y se compromete a estar con ella cuando despierte en la cripta de su familia, acompañado de Romeo, después ambos jóvenes escaparían. Fray Lorenzo envía un mensajero a Romeo (Fray Juan) para que venga por Julieta en el momento de despertar. Sin embargo, el mensajero no encuentra a Romeo, ya que este avisado por su criado (Baltasar) de que Julieta ha muerto, sale inmediatamente hacia Verona. Romeo llega a la cripta de los Capuleto encontrándose con Paris, que iba a depositar flores a su futura esposa. El Conde se indigna al ver a Romeo, ambos se baten, resultado vencedor el joven. Romeo se acerca a Julieta, la besa por última vez y toma veneno, falleciendo a los pies de su amada. En ese momento llega Fray Lorenzo, quien se atemoriza al ver los cuerpos de Paris y Romeo. Julieta despierta y el fraile trata de convencerla para que huya con él, pero la joven se niega al ver a su esposo muerto. Fray Lorenzo se va y Julieta se acerca a Romeo, lo besa y se hiere con el puñal de su esposo, muriendo abrazando a su amado. Los guardias aprenden a Fray Lorenzo y a Baltasar. Fray Lorenzo revela la verdad ante el Príncipe de Verona, los Montesco y los Capuleto. Con la muerte de Romeo y Julieta, se sella la paz entre las dos familias rivales. Sin duda que cada uno de mis lectores al leer la obra tendrá sus impresiones al respecto, pero  lo que es cierto, que estamos condenados o señalados a vivir o morir por amor; lo que es una cualidad que debemos seguir exaltando ¿O no? ¡Estamos! alodi_13@hotmail.com

 

William Shakespeare  nació en Stratford-upon-Avon (Inglaterra) 26 de abril de 1564, murió  el 23 de abril de 1616. Actor, dramaturgo y poeta, es considerado como uno de los escritores más notables de la literatura inglesa y universal.

De joven tuvo distintos oficios, todos ellos relacionados con el mundo del teatro, y empezó a ser un actor muy popular en Londres, donde trabajaba en el seno de una importante compañía. Pero lo que realmente le dio fama en su época fue su actividad como dramaturgo. Entre sus obras teatrales, traducidas a más de setenta idiomas, destacan Hamlet,Macbeth, El rey Lear, Otelo, El sueño de una noche de verano y Romeo y Julieta. A pesar de los años transcurridos, sus obras siguen interesando al gran público. mucho lo que se desconoce sobre la educación de Shakespeare, lo cierto es que el artista no accedió a una formación universitaria y su amigo Ben Jonson, que sí la tenía, lamentó en alguna ocasión «su escaso latín y aun menos griego», lo que no fue óbice para que le llamara, además, «dulce cisne del Avon» y añadiera que «no es de un siglo, sino de todos los tiempos». En cierta manera, su escasa instrucción fue una ventaja, ya que su cultura no se moldeó sobre el patrón común de su tiempo; como autodidacta, William Shakespeare, según señaló un experto conocedor y traductor de su obra completa, Luis Astrana Marín, tuvo acceso a fuentes literarias sumamente raras gracias a la amistad que sostuvo con un librero. Los análisis de sus escritos revelan que fue un lector voraz; algunos de ellos son auténticos centones de textos extraídos de las fuentes más diversas; una especial importancia tuvieron para él como fuente los historiadores ingleses, en especial las Chronicles of England, Scotland and Ireland (1577) de Raphael Holinshed, las Vidas paralelas de Plutarco en la retraducción desde la versión francesa de Jacques Amyot realizada por su amigo Thomas North (1573) y los Ensayos de Montaigne, así como novellieri (de Mateo Bandello proviene la historia de Como gustéis y la de Romeo y Julieta, que también inspiró Castelvines y Monteses de Lope de Vega) y misceláneas de todo tipo, algunas de ellas españolas, como las Noches de invierno de Antonio de Eslava o la Silva de varia lección de Pero Mexía. También estaba versado en mitología y retórica, si bien su estilo unas veces rehúye conscientemente las rígidas y mecánicas simetrías de esta última y otras se muestra demasiado jugador del vocablo, como correspondía entonces a la moda conceptista del Eufuismo, difundido por John Lyly y a su vez procedente del estilo de Antonio de Guevara, si bien Shakespeare se pronunció contra los excesos de ese estilo. No destacó en absoluto por su historial académico; de hecho, sus estudios no alcanzaban a las exigencias de su tiempo; su talento estribaba en su capacidad de hacer algo radicalmente nuevo con lo viejo, a lo que insuflaba nueva vida. En vez de inventar o apelar a la originalidad, tomaba historias preexistentes, como la de Hamlet, y le otorgaba aquello que le faltaba para la eminencia. Sin embargo, algunas de sus obras se instalan deliberadamente al margen de toda tradición, como los Sonetos, donde se invierten todos los cánones del petrarquismo, elaborando un cancionero destinado a un hombre y donde se exige, ni más ni menos, el abandono del narcisismo del momento para engendrar la trascendencia de la eternidad por el amor, lo que puede parecer bastante abstracto, pero es que son así de abstractos y enigmáticos estos poemas, cada uno de los cuales encierra siempre un movimiento dramático, una invocación a la acción.