jueves, 12 de mayo de 2016

Mi tratado sobre el acto de preguntar y responder




Mi tratado sobre el acto  de preguntar
y responder
(Un reconocimiento
a Javier Ortiz Aguilar)

Juan Francisco Gaspar Velazco

El hombre  que en afán  de buscar respuestas  a sus preguntas,   propias de todo ser,  se dirige a la filosofía  con interés de ver  en ella el rumbo  de las preguntas planteadas.  En esa búsqueda el hombre  encontrará otros caminos, huellas de otros que han preguntado  en ese andar;  por lo que nos encontramos con dos espíritus: el de la pregunta  y el de la respuesta.   El choque con estas dos  sendas, permite  señalar que en la vereda  filosófica, las preguntas encontradas  y las respuesta halladas   forman un interesante paisaje   que describe al hombre   como un ser inquieto y preocupado de su esencia y existencia.

Las preguntas y las respuestas que hizo, hace y se hará, se dio, se da y se dará, no tienen la necesidad  de ser exclusivas  a una corriente,  a un marco epistemológico,  o a un dogma específico. En sentido creativo,   lo  trascendente   de la pregunta y la respuesta  está en  escaparse de las referencias, la generalidad de una pregunta  se sostiene en tres  direcciones.

La primera  es que la pregunta rebase a las respuestas  comunes,  que rompa el marco existente;  la segunda  cabe en  la acción  de provocar la  discusión que genera el debate, de construir  un conocimiento  que despliegue nueva  energía al saber. La tercera es de  crucial atención,   aquí la pregunta es violenta, fuerte, retadora,  es la que se hace para  luchar  contra el dogma, contra las mentes obtusas, esta forma de preguntar  es la propia  de la mayéutica  socrática,   es la que  ha de permitir  que los  ignorantes den    la luz  conocimiento por primera vez.

 Se dijo en líneas anteriores  que la pregunta y la respuesta  son fuente de la inquietud del hombre.  Es el momento de tratar el punto  de la respuesta;  en primera instancia  hay que plantear un principio fundamental, la respuesta es temporal, humanamente cambiante.  La respuesta es consecuencia   de la historia y del referente  ideológico,  por lo tanto  la respuesta tendrá sentidos  y trincheras;  estas serán la religión, la cultura, la ciencia o  las disciplinas  en su conjunto. Bien, la respuesta no debe  entenderse como la solución  de  dudas,  sino como  un andamio  o punto espacial y temporalmente  humano, lo que implica que no hay una respuesta, sino un conjunto  de ellas que describen  a un periodo, a una época, a un marco ideológico.

En este orden  de ideas cabe aclarar  que  respuesta no tiene como sinónimo la palabra  resolución,  esta es únicamente   utilizable en el ámbito escolar, didáctico.  La respuesta es un  elemento  de la inquietud, es una manera de inteligir el mundo, el cosmos,  la realidad, Dios, la naturaleza, el hombre.  La respuesta no es actividad de memoria, es acción de espíritu: Hegel en Lecciones de Historia Universal,  habla del espíritu de la época que se entiende  como las preocupaciones  que mueven a la sociedad para buscar un cambio o evolucionar.  En este sentido  la inquietud es vista como el espíritu original, el que genera más respuestas y así, de manera dialéctica  un conjunto de respuestas serán las características  que permitirán describir  el ámbito evolutivo de una sociedad.

La respuesta, venida desde el espíritu  corresponde a la necesidad  de  interpretar el entorno, de descifrar  la problemática  de la existencia  humana. La dinámica de  responder a  las  preguntas del momento histórico,  es fenómeno  de la conciencia inquieta,  es la expresión   que  demuestra estar  viviendo  en el tiempo  y estar  conociéndose  a sí mismo  y reinterpretándose; las que a la vez son exigencias  para la sobrevivencia del hombre.  En este tenor   se puede advertir  que todo aquel individuo que no pregunte o que no responda  posee un espíritu inerte, pequeño o quizá es que aún no ha nacido.

Las respuestas   que se dan, deben ser tomadas  con responsabilidad, ser vistas como actos de  inteligencia, esto es la forma en la que  el intelecto  dimensiona al mundo. Este talante debe ser revisado, por razón de respuestas son colectivas, son  ideológicamente  constituidas  e institucionalmente armadas. Culturalmente la respuesta   es un fenómeno de abstracción,  de consenso, de coerción o en términos sociológicos,   la respuesta es  denominada como hecho social. Pero al mismo tiempo,   la respuesta corresponde a la búsqueda del orden, de la armonía  y posteriormente  aparecerá de nueva cuenta la pregunta,  la cual tendrá otras respuestas  generando así una nueva  noción de orden y armonía, he aquí donde encontramos el desarrollo del hombre y la sociedad.

El hombre preocupado  por las preguntas y las respuestas,  de antemano es un filósofo de oficio, goza de la inquietud intelectual y el privilegio  del alma crítica, dos requisitos del sabio, este tipo ideal  también pregunta y responde. Pero su ejercicio es entender  el marco teórico y el contexto de las dos situaciones, su trabajo redunda en  un análisis de las épocas y sus ideas, de los hombres y sus principios, de las instituciones y sus leyes,  y de las sociedades  y sus referentes, de sus pueblos y de sus dogmas.

Entre el compendio de preguntas  y respuestas que encontramos en el devenir de la humanidad, planteadas de diversas trincheras, se encuentra   que las preguntas  por el hombre  han sido la causa de muchas  obras desde los naturalistas, hasta los posmodernos   del  ala revolucionaria.  Pasando desde luego por distintas   etapas que hicieron   de la pregunta por el hombre,  un debate que hoy   día se  revisa para  asirse al concepto  que surge de la pregunta.  Leer  liga a las respuestas   con el entorno del lector. Un cristiano que lea en Nietzsche  la pregunta del loco a los hombres: ¿Dónde está Dios?  Y encuentre que los allí reunidos   responden: “Dios ha muerto  y nosotros lo hemos matado”  el cristiano  asumirá un ateísmo, otro lector desde otra corriente  como Martin Heidegger  leerá en ese mismo texto   la muerte del sentido   y el significado. Por lo dicho: el  intelectual, el filósofo, el científico escudriña  en la ideas que originan  preguntas,  que constituyen respuestas  y edifican  marcos teóricos  que descifran, interpretan y entienden el mundo.

 En el afán de preguntar,  en la inquietud de responder,  he escuchado de un hombre venido desde un lugar de clima frío, llamado Altotonga. Se dice de él  que desde su temprana juventud lo caracterizó  el alma de la inquietud, esto se denotó   desde sus primeros pasos  en el colegio Preparatorio de Xalapa, posteriormente  cuando dio pasos veloces por Pedagogía; luego cuando ingresó a la facultad de Historia, la que concluyó satisfactoriamente. Pero curiosamente  fue a dar  a las entrañas de la Filosofía,   y ese camino andado  ha permitido  la existencia de un hombre  que en sus preguntas y en sus respuestas note  que en incontables ocasiones  ha sido interpelado,     por la duda y la insatisfacción   de las respuestas  que le han  querido  imponer.

Javier Ortiz ha vivido  una época  donde se emplazaron  a discusión los referentes de la modernidad, en especial a aquellos  que en el siglo XIX  fueron tomados como punta de lanza; los cuales fueron  el Progreso y el Estado Nacional. Al tiempo que se  revisaron  estos ejes modernos aparecía en Occidente una escuela denominada  Escuela Crítica  de Frankfurt. Esta nueva perspectiva  de interpretación  social, le permitió  a Javier  preguntar por el Marxismo, no solo como una corriente  política, sino como una teoría  que presenta de manera  clara las fallas del modelo capitalista.  En lo  referente  a la generación   de pobreza y en la concentración de la riqueza la relectura  al marxismo  le permite a Javier preguntar  por las condiciones de su país, por ese medio de urbanización, de modernización  burocrática, del surgimiento de grupos sociales anti sistémicos, del México terrorífico  y el México presidencialista.  Al preguntar sobre estos tópicos  desde la perspectiva “Javieromarxista”  fue necesario  para nuestro personaje  revisar  los temas de México desde la práctica  y la militancia  radical, es decir, siendo un miembro activo y consciente,  integrándose  tanto a una lucha estudiantil como a una campesina, o integrándose al partido comunista  para  desde esos andamios  presentar  proyectos de cambio.

Javier en actuar como hombre de vida práctica y militante   de sus ideas, no se ha cansado de preguntar y responder en función  de los problemas de su época; la cual  está  marcada por  el constante cambio  y  a pesar de  la velocidad, Javier ha  sabido interpretar  y responder a los enigmas  que el entorno le presenta. En este escenario,  condicionado  por el pensamiento posmoderno y por lo altamente  atrayente de las ideas nihilistas  y correlacionando con la muerte del sujeto,  Javier ha enfrentado esas novedades revisando el pasado y con especial afán ha reestructurado aquellos apartados a los que la posmodernidad ha descalificado.

En esa actividad intelectual  Ortiz ha ido a la  Filosofía, inquieto como una de sus características, le ha dedicado tiempo a la Escolástica, la Metafísica, el Barroco, la Modernidad,   la Lógica  y por supuesto al Marxismo. En esta indagación   se ha encontrado con las posibilidades  de un pensamiento activamente moderno, que denuncie a la posmodernidad  como un pensamiento hegemónico  e incluso construido para  socavar las aspiraciones  de existencia de un ser autónomo y vital. Es decir, el trabajo intelectual de este hombre no está reducido a una corriente, su limitante es  su creatividad y su espíritu de búsqueda,  con la misma relevancia revisa a Löwit o a Hegel, que  a Heidegger o a Sartre; pero siempre leyendo y releyendo, preguntando, preguntándose, respondiendo y respondiéndose, y esta labor  la comparte con sus amigos a través de sus espejos, ya sea en un café  o en un aula tomada por asalto,  y en muchas otras ocasiones  por la calles  de esta esquizofrénica ciudad de Xalapa; ya sea    con  correligionarios de su disciplina  o con un matemático, físico, economista o con cualquier otro cuyo vínculo importante  sean las ganas de conversar.

En su devenir intelectual  Ortiz encontró  un espacio  en la docencia, en el nivel medio superior y en el mundo universitario, tanto para generar nuevas amistades o como él lo decía: “a mí me gusta mucho hablar y el profesor habla mucho, yo por eso, decidí ser profesor  para asegurar    el poder hablar”  y en esa  vocación de hablar   los que fuimos sus alumnos     podemos decir   que disfrutamos  de sus charlas que la institución denomina clases.

Javier en la docencia  ha construido, amén de grandes amistades,  un legado de admiración. También imprimió una indeleble huella que se evidencia  al ver que sus ex alumnos  le buscan para debatir, informarse, además de hacerse acompañar  por él para brindar una cátedra a los alumnos de los que fueron sus alumnos. Esto es muestra de la vitalidad  y de reconocimiento a un hombre que no ha perdido la energía para enseñar y aprender. Se le busca  no solo por el respeto o la amistad, además, se sabe  que su presencia en espacios educativos  ayuda   para que los estudiantes  aprendan tanto de su experiencia como de sus reflexiones; los jóvenes se acercan a él, le preguntan  y  él  no da respuestas cuadradas, invita a la lectura y comparte  sus comentarios  siempre en un ámbito de libertad.

Javier como un ser inquieto, con preocupaciones filosóficas, políticas, sociales, incluso religiosas,  en su actuar como profesor,  su interés no radica en  enseñar lo que se debía (“debe”) aprender, o construir  nemotecnias  para la resolución de un examen. Él se dedica  a suscitar  la pregunta provocadora  y a encontrar respuestas, las lecturas que proporciona   generan dudas más que certezas, conducen a la reflexión   y como él expresa: “lean este texto háganlo desde su trinchera”, es decir,   desde sus  planteamientos. En esta actividad las preguntas  que se le hacían o se le hacen,  no son respuestas cortas para aprender, son juicios  para motivar  la indagación, la investigación. Por tal hecho en el ámbito de la enseñanza, Javier  no ha sido un ser que dosificó, sino un hombre  que profesa el saber  y el conocimiento, y los divulga en el diálogo firme pero nutrido en la discusión  sin  concesiones, pero con respeto y apertura.  Sus preguntas  no son vagas y sus respuestas nunca impuestas, atendiendo a su espíritu,  él obsequia   sus lecturas lo mismo que un café;  y sorbo tras sorbo y café tras café, en servilletas  o en libretas que luego se extravían  se dibujan esquemas  y se escriben textos, fruto  de una minuciosa revisión  del tema,   que acompaña esa tarde de café,  y después  de concluir esa charla para él y para los que hemos estado con él,  quedan ganas   de continuar con esa conversación; pero al otro día seguramente     habrá una nueva pregunta,  se comentará una nueva lectura   y habrá como siempre una nueva discusión.

Javier Ortiz Aguilar    no se deja llamar mentor,   mucho menos maestro,  comúnmente   solo se le dice Javier;   pero en esa sencilla palabra   se encuentra   la constitución   de un sujeto  que pregunta y que responde. Que vive en su tiempo,  que contemporiza  el pasado y el futuro  cuando dialoga  con ellos  en sus lecturas y en sus charlas,  también está inmerso en él   el espíritu cosmopolita, porque como un buen hablante   lo mismo dialoga  con una mesera  que un docto, con un joven que con un viejo,  con un niño que con un adulto y en cualquiera que sea el escenario  habrá espacio  para coincidir   y para disentir;  esto implica  que su legado  no lo encontraremos en los libros escritos por él,  sino en las experiencias  que podrán narrar  los que con él  han tomado café y caminado por las calles esquizofrénicas en la ciudad de Xalapa.





















Café con Javier Ortiz, ése árbol de palabras generoso

Café con Javier Ortiz,
ése árbol de palabras
generoso
Lucio Gómez Pazos                                                                 
Enseñar a alguien es llevarlo de la mano de la conversación, hasta el borde mismo de la comprensión                                                                                       .  
                                                                                                     Jorge Wagensberg                 
  
T
ener amistad con Javier Ortiz, no significa, como reza el proverbio chino, “comer juntos un saco lleno de sal”, equivale a conversar animadamente, con un café de por medio, con el mayor de los entusiasmos y como si se tratase de un adolescente.

Javier Ortiz es un gran conversador, lo cual no es poca cosa cuando pareciera que vivimos en un mundo de ensimismados y zombis, es un gran conversador por una razón fundamental: es un árbol de palabras, capaz de convertir en tema de interés  una triste pared de adobe o de lograr que alguien que luzca la seriedad de un cara de caballo se desternille de risa al oírlo hablar.

Parte de lo que voy a decir se lo escuché o lo comenté con el  maestro Javier en un café ¿Por qué en un lugar como este? Tal vez porque siempre ha estado a favor de que el conocimiento se desacralice y salga del claustro, es decir de las aulas, para que se comparta, se discuta, se oxigene y circule.

En una ocasión en que hablé con él sobre el azar y el destino, le comenté que a mí este último me parecía una desgracia, es decir un fatum, en el sentido de fatalidad, al pensar que todo ya está trazado, de ahí que yo prefiriera lo incierto y las minucias que en la vida nos van sucediendo y que, gracias a éstas, nos posibilitan ir tomando algún derrotero sin ningún plan preestablecido. Por supuesto  que disintió de mí sobre el asunto del azar, sin embargo discurrió, a mi parecer muy sartreanamente, sobre la importancia de tomar las riendas de la propia vida, de que no hay nada preestablecido o hecho, de que estamos condenados a la libertad querámoslo o no y por lo tanto, por así decirlo, de que en cada acto nos jugamos la vida. De ahí que seamos siempre un proyecto, es decir posibilidad, capaces de hacer historia y de modificar nuestras circunstancias.
 En tal sentido, siempre he pensado que a Javier continúan entusiasmándole algunos planteamientos de Sartre y es consecuente con ello; por ejemplo el dictum sartreano: “La existencia precede a la esencia” es algo que, no es exagerado decir, toma a pie juntillas; en virtud de que si no hay un fundamento que  legisle sobre el mundo o la vida lo que nos queda es la existencia y en ella, con todas las decisiones que vayamos tomando, nos vamos construyendo o forjando un destino, es decir una historia. Amén a la libertad o a sentirnos libres experimentamos la angustia la cual nos impela a llenar de sentido la propia existencia y con ello negar con vehemencia todo nihilismo.

Este árbol de palabras llamado Javier, en cierta ocasión, y casi de paso, me sugirió leer La Náusea, novela emblemática de Sartre, la cual, entre otras cuestiones versa sobre cómo al protagonista, Antoine Roquentin, se le revela la absurdidad de la vida, es decir su contingencia y por lo tanto su ‘ser para sí’; situación que lo lleva a confirmarse en cada acto, como lo expresa en el siguientes párrafo: “Cada instante aparece para atraer los siguientes. Me aferro a cada instante con toda el alma, sé que es único, irremplazable y sin embargo no movería un dedo para impedir su aniquilación”.  Asimismo, este hecho inusitado o acto de revelación, me recordó a uno de los más hermosos versos que he leído de Darío Jaramillo Agudelo: “Y cae el azul entero de cielo sobre su alma”, suceso que si bien puede ser un mazazo en el cráneo es también una apertura, un desasosiego, vida por vivir.

Este gran conversador que es Javier, ha capoteado la vida sin cortapisas, vive uncido a este mundo de tiempo completo, conoce de sus abismos y beatitudes, de ver la realidad ‘monda y lironda’, de ahí que en más de una ocasión me haya dicho con entusiasmo la sensación que le produce el espléndido arranque de Los días terrenales, novela de quien probablemente sea su escritor mexicano predilecto, José Revueltas. El inicio de dicha novela es este: “En el principio había sido el Caos, más de pronto aquel lacerante sortilegio se disipó y la vida se hizo, la atroz vida humana”. He aquí el hombre de nuevo, a merced de su propia valía, con el vértigo a cuestas pero libérrimo por antonomasia. Sobre esto último, diré un dato que tal vez tenga alguna importancia, el propio Revueltas ha señalado que le hubiese gustado llamar a toda su obra, con excepción de sus cuentos, Los días terrenales, uno de los motivos puede ser el siguiente: tener a la terracidad como única patria, patria en la que Javier ha adquirido carta de ciudadanía.

Conversar a menudo con el maestro Javier Ortiz, ha sido para mí uno de los acontecimientos más gratos que he tenido, puesto que se está ante un indiscutible historiador, cuya pasión por la filosofía de la historia es más que evidente, pero también porque es un gran educador que generosamente comparte un saber y te hace copartícipe del mismo sin ostentaciones u oropeles.
Es un gran educador en virtud de que te alienta a que experimentes en carne propia el gozo intelectual, el éxtasis del pensar; es un gran educador porque te contagia para  que busques y te atrevas a andar y desandar tus propios derroteros intelectuales, porque te anima a contradecirlo si la ocasión lo amerita. Es un educador a cabalidad porque sabe llevar a la práctica el siguiente aforismo de Wagensber que alguna vez me compartió: “Educar no es llenar, sino encender”.
Con este hombre de palabra fácil que responde al nombre de Javier, he charlado de los más disímiles tópicos: de su pasión por el futbol y su afición a prueba de todo cataclismo por los Tiburones Rojos de Veracruz- lo cual es un acto de osadía o aún de temeridad- (Borges ha dicho que habrá que inventar un juego en el que nadie, coincido con él),  he platicado con Javier de su gusto por los antojitos de Altotonga, su terruño, a los que le hemos hincado el diente en más de una ocasión, asimismo, me ha comentado, sin la menor presunción, que tuvo la suerte de conocer a don Ermilo Abreu Gómez, a José Revueltas, a Genaro Vázquez,  a José Agustín, al maestro Gonzalo Aguirre Beltrán y a un largo etcétera.

El maestro Javier, como buen lector que es, me ha sugerido múltiples y variados libros, que estoy leyendo o pienso leer, entre las que se encuentran: Introducción a la historia de Marc Bloch, El Príncipe de Nicolás Maquiavelo, Contra la corriente: Ensayos sobre historias de las ideas de Isaiah Berlin, Homo ludens de Johan Huizinga, Cándido de Voltaire, Gog de Giovanni Papini, Estampida de Poemínimos de Efraín Huerta, entre muchos más.

A MENERA DE CIERRE: SI ME CONTRADIGO EXISTO

Una vez Javier me dijo que había proscrito de su vocabulario la palabra compañero porque le recordaba a las juventudes comunistas, en las que formó parte durante sus años mozos, y no es que reniegue de esto si no que lo encuentra fuera de lugar, por eso prefiere mejor la palabra amigo; de ahí que cuando timbra mi celular y es Javier quien llama, casi invariablemente me dice: ‘Amigo, te invito un café…’, sin embargo, y no sobra decirlo, continúa oficiando el compañerismo sin restricciones, continúa poniendo en práctica el cum panis, es decir el ‘compartir el pan’, que es lo que en sentido estricto significa la palabra compañero; seguramente Javier lo tiene muy presente por eso comparte el pan, el saber y la celebración por la vida con la mayor de las generosidades, con el mayor de los apegos; lo anterior, por supuesto, quienes lo conocemos lo sabemos sobradamente.

Presentacion de Los Amigos en Turno de Javier Ortiz Aguilar

Homenajea a JOA la República de Vulgaria
Víctor Manuel Vásquez Reyes
Los homenajes se han prostituido, quizás a causa de intereses perseguidos olvidando su verdadera esencia. Sólo en excepcionales casos constituyen muestra  de reconocimiento y aún así no falta quien participe con afán protagónico. El pasado 4 de mayo de 2016 se presenció el homenaje a un historiador, filósofo, docente, considerado por algunos, maestro. La historia inició el año anterior surgiendo la idea al interior de un pequeño grupo fraterno autodenominado República de Vulgaria, equipo constituido para discutir asuntos plurales. Sin recursos financieros pensaron en modesta publicación, degenerando el proyecto hasta convertirse en edición de un libro acercándose a editores y cotizar costos. Culminó como se anota: presentación de Los amigos en turno de Javier Ortiz Aguilar en el patio central de la biblioteca Carlos Fuentes apoyándose en relaciones públicas de algunos, entusiasmo de otros y acompañamiento de todos. Cooperaciones económicas, no sin desconfianza, se aventuraron para finalmente editar una obra producto de gran esfuerzo y tensión para sus responsables. La recopilación de textos, ya conocida, una odisea, quedándose en el camino varios de los convocados, agregándose otros no considerados al inicio.
La obra bajo la autoría de: Reynaldo Ceballos Hernández, Fernando Elías Boullosa, Rosalina Flores Navarro, Juan Francisco Gaspar Velazco, Lucio Gómez Pazos, Mario Alberto González Serrano, Mareza Hernández Sandoval, Jesús Jiménez Castillo, Omar Piña, Marcelo Ramírez Ramírez, Víctor Manuel Vásquez Gándara, coordinada por Juan Francisco Gaspar Velazco fue presentada por otros dos amigos del y el propio homenajeado: Dra. Adriana Menassé,  Mtro. Andres Hasler Hangert, siendo moderada la mesa por el maestro Octavio García Mundo.
Entre cerca de un centenar de invitados asistieron al singular evento esposa e hijo de JOA: Sra. Matilde Sandoval Pérez y Vantroi Ortiz Sandoval, autores del libro a excepción de Omar Piña, Brenda Cárdenas, Juan del Ángel Herrera, José Luis, Vicente Espino Jara, José Luis Rangel, Romeo Cuervo Téllez, Rafael Martínez Alarcón, Raúl Cabrera, Alma, Wendy.
Posterior a la bienvenida ofrecida por el Presidente de la Academia Mexicana de la Educación, Sección Veracruz Mtro. Víctor Manuel Vásquez Gándara en representación también de Los Amigos en turno de Javier, los comentaristas expusieron su visión del trabajo literario y muestras de amistad a Javier cerrando el significativo acto con entrega del libro al Maestro de manos de Chelina (Rosalina Flores) culminando con el brindis tradicional ofrecido por Juan Francisco Gáspar Velazco y trasladarse a una de las sedes de la República de Vulgaria y concluir el propósito.

El impresionante Mundo Chino

INTERTEXTOS
El impresionante Mundo Chino
Juan Fernando Romero Fuentes
Occidente, que sigue casi sin saber lo que le debe al mundo chino.
Jacques Gernet

“Estamos todavía muy lejos de habernos dado cuenta y apreciado justamente todas las consecuencias del descubrimiento de China por parte de Europa a partir del siglo XVI. A fin de cuentas podría ser que hubiera contribuido en mucho mayor grado del que creemos a la formación del mundo moderno. Y es que, de hecho, tras, la época de la decadencia y humillación [por parte de Europa] que conoció el mundo chino, el interés apasionado que habían suscitado en el siglo XVIII las instituciones sociales y políticas, el pensamiento, las técnicas y las artes de China cayó en el olvido. Occidente se enorgulleció de unos rápidos progresos cuyo mérito se atribuyó exclusivamente a sí mismo. Pero es posible que algún día su expansión merezca un juicio más matizado”. (Las cursivas son propias).
Jacques Gernet (2007), El mundo chino, Barcelona, Editorial Crítica; una obra enciclopédica presentada en un solo volumen que resume un trabajo de muchos años basado en una fuente enorme de libros, revistas, periódicos y documentos en chino y en japonés. No se trata sólo de China, sino de Corea, Vietnam, Japón y todos los países del sureste de Asia, que forman parte de la misma comunidad de civilización. Explica Gernet que el mundo chino se desarrolló en el contexto histórico-geográfico de una muy extensa parte del continente eurasiático desde hace más de cuatro mil años. Lo nutren diversidad de pueblos y lenguas que producen la riqueza de su formación cultural y artística, la evolución constante de su economía, el amplio contraste de sus climas y de sus formas de vida, la demografía explosiva, la complejidad y transformación de su sociedad y su política.
Ante la abrumante evidencia empírica que presenta Gernet, nos podemos dar cuenta de que China no sólo no está atrasada con respecto a Occidente, sino que ha estado, y sigue estando, más “adelantada” que Occidente, excluyendo el paréntesis de las invasiones  occidentales  y la guerra civil (circa 1830-1949). Y si sigue estando, puede significar dos cosas: la primera que ello explicaría porque de forma tan rápida, en una sola generación, China se “modernizó” en los últimos treinta años; y la segunda, que lo que se está gestando en China en el inicio del siglo XXI revolucionará al mundo como un todo en las próximas décadas, muestras de lo cual ya tenemos unos ejemplos en el 2010-2020.
El libro está llena de sorpresas: “China […] contribuyó poderosamente a la formación del pensamiento político moderno y algunas de sus instituciones fundamentales se imitaron en Europa [en el siglo XVIII]”. “Toda la ciencia demográfica moderna […] fue sugerida por primera vez en China”. “La importancia concedida a la agricultura en la China de los Qing inspiró el pensamiento de los fisiócratas [1700] quienes introdujeron en Occidente la noción de ‘orden natural’.”
Y así, afirma Gernet, debemos más a China de lo que se nos enseña: allá se empezó a producir y multiplicar libros medio milenio antes de que Europa inventará la imprenta; lanzas incendiarias, bombas de humo, granadas explosivas, cohetes, la producción masiva de armas, la brújula marítima, el eficaz cultivo del arroz y el transporte fluvial; la cartografía basada desde el siglo III en un sistema de paralelos equidistantes norte-sur, lo que permitió que entre los siglos X y XV China fuera la mayor potencia marítima de la historia; la comercialización y la monetarización generalizada de la economía; las matemáticas, el pensamiento moral y político, la sociología, una filosofía de la historia que evoca a Vico y a Hegel, la crítica histórica y la crítica de los textos, desarrollado mucho antes que Europa. La producción de hierro fundido que en 1078 supera las 114,000 toneladas,  mientras que en la Inglaterra de 1788 sólo llegó a 68,000 toneladas (en esta época en Liguo, China, existen 3600 obreros). La pintura de paisaje que aparece en China más de un milenio antes de la que se desarrollara en Europa. Y para terminar esta apretadísima síntesis (que excluye muchos de los productos más famosos que China aportó al Occidente), “hasta el siglo XVIII se imprimieron más libros en China que en todo el resto del mundo. En ninguna otra civilización la tradición escrita […] tiene tanta importancia”.
Sólo que aún hay mucho más: “De hecho, las influencias de China no se limitaron a los campos del pensamiento político y social, de las instituciones y de las técnicas: es muy probable que hayan actuado sobre la formación del pensamiento científico moderno. […] el interés de Leibniz [en el pensamiento chino] estimuló quizá el desarrollo de la lógica matemática en Europa”. Y cita otros ejemplos de influencia china: magnetismo, noción de campo de fuerza, idea de los torbellinos corpusculares, idea de la propagación por ondas, lógica combinatoria,  concepción de una totalidad orgánica, y de la autorregulación de los organismos… , nociones todas ellas ausentes de la tradición occidental en el siglo XVII, precisa el autor.
Documenta Gernet el intercambio entre chinos y jesuitas, particularmente el de Leibniz, quien estudió a China por medio del intercambio epistolar con los eruditos frailes, y lo cita Gernet: “Veo que la mayoría de sus misioneros tiende a hablar con desprecio de los conocimientos de los chinos; sin embargo, dado que su lengua y su carácter, su forma de vida, sus artes y manufacturas e incluso sus juegos difieren de los nuestros como si de gentes de otros planetas se tratara, es imposible […] que no nos aporten unas luces considerables, y en mi opinión mucho más útiles que el conocimiento de los griegos y romanos a los que se entregan tantos sabios”. La hipótesis del sinólogo Joseph Needham resumida por Gernet, es que Leibniz, el sinófilo, está en un extremo de la cadena que conduce a los conocimientos más recientes [1990] del pensamiento científico.
Y del lado chino, el “espíritu curioso y abierto” de Kangsi, quien se interesó por la pintura, la arquitectura y la mecánica occidentales. Es a petición suya que el padre jesuita Antoine Thomas fija la longitud del li en función del meridiano terrestre en 1702, o sea, 90 años de la definición del metro en Francia.   
Jacques Gernet  escribe: “todo aquello que está lejano parece simple” y pasa a describir la complejidad que está atrás de los grandes acontecimientos de la historia china, así mismo ubica las múltiples relaciones de la geografía con la historia, es decir, sigue –sin señalarlo explícitamente- la historiografía de la Escuela de los Annales, y deja a un lado la tradicional historia política, como la de Fairbank en China, una nueva historia. Además, como auxilio para sus lectores, incluye reflexiones introductorias y conclusiones en cada capítulo que resumen y añaden reflexiones sobre cada período indicado, y que, siguiendo a Collingwood, desarrollan una posible -aunque breve- idea de la historia, pero sin llegar a grandes generalizaciones como las arriba expresadas por este comentarista.      
Este trabajo de investigación historiográfica, socioeconómica, cultural, literaria, política, abarca más de cuatro mil años y el grado de detalle para un no-oriental, es apabullante por la cantidad de onomásticos y toponímicos que nos suenan no sólo extraños, sino por completo ajenos, a pesar del esfuerzo de Gernet de tratar de “comparar” grandes períodos históricos con los de la historia occidental. Y quizá por la única razón, ideada para tratar de hacerlo más parecido posible y por lo tanto asimilable a las mentes eurocentradas de sus posibles lectores. Si la Historia Universal que se nos enseña en las escuelas de todo Occidente de pronto cae y resulta que no es para nada “Universal” sino que es sólo es la de una pequeña parte de nuestro planeta, puede causar desde luego asombro, pero también rechazo inmediato. Un historiador profesional podría estar de acuerdo o no con él, con mejores argumentos que los míos, de aprendiz historiográfico. Como se pregunta Le Goff, ¿es necesario cortar la historia en rebanadas?     
Gernet aspira de manera explícita a contemplar una “solidaridad civilizatoria” y la idea le entusiasma sobre manera, por ejemplo, cuando aprecia lo que para él es una evidencia de la influencia helenística en la construcción de las estatuas budistas a lo largo de la ruta de la seda  en los siglos previos a nuestra era: “constituyeron una de las pruebas más hermosas de la unidad de nuestro pasado [común]”, y también en los vasos comunicantes del Siglo XVIII, dónde hubo un fuerte intercambio de luces entre la intelectualidad de Europa y la de China.
Mientras que otros sínólogos franceses como Francois Jullien y Marcel Granet admiten que no es posible comparar el pensamiento occidental con el oriental en nociones como la religión y la filosofía, Gernet desarrolla como posible símil con el de Occidente el de las religiones (aunque reconoce sobre los chinos que “sorprende por su evidencia, la implantación de un racionalismo práctico basado en la experiencia, la experimentación de los inventos, las ideas, las teorías”), e insiste en buscar puntos de contacto entre las civilizaciones, por lo que equipara al budismo con el cristianismo, sobre todo en la fase de expansión del primero en China (siglos V al IX), aunque admite que la idea de Dios para los chinos no es de ninguna manera similar al de las religiones occidentales.
La larga y compleja historia de China resumida en 598 páginas no puede ser glosada en un artículo periodístico; no obstante lo que se desea es que el lector se llegue a interesar en Jacques Gernet y en el conocimiento de China, un mundo muy diferente del nuestro, que sin, embargo, nos es casi totalmente desconocido a pesar de la importancia que tiene en nuestra propia conformación como naciones y como individuos.

Xalapa, Ver 1° de mayo del 2016, Año del Intercambio Cultural China- America Latina y el Caribe ,

Las frases que te hacen pensar

Las frases que te hacen pensar

Gilberto Nieto Aguilar

En una foto subida al Facebook por la respetable maestra Pilar Pozner, tomada de “La literatura es vida”, se observa una banca de algún lugar público con una leyenda que dice: «El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión». Me hizo pensar en la razón que encierra y preguntarme qué efectos puede causar este tipo de frases bellas y aisladas, algunas contundentes, en el ánimo de un lector.

¿Cómo la interpreta el lector? ¿La analiza, la ubica en algún contexto, mueve alguna fibra de su ser, ejerce algún impacto, modifica o estimula alguna conducta? La era del conocimiento se caracteriza por un exceso de información que a su vez da la impresión de una pérdida en la calidad de recepción e interpretación de ese universo informativo. Es mucho lo que hay que procesar y poco lo que se queda como conocimiento.

Esta frase en lo particular me interesó porque puede dejar muchas posibilidades abiertas o pendientes de incluir. Podría parecernos un sofisma elegante, aun cuando por principio se le concede el valor de la intensión: revela el hastío de la demagogia, de la palabrería sin sentido, del decir sin hacer. Pero deja pendiente que los cambios se operan en el mundo de la mano de la reflexión para darle un sentido, para tomar un cauce.

En el ámbito social se ha dicho que si las palabras convencen, el ejemplo arrastra. Algo cierto que el imaginario colectivo busca constatar confrontando las ideas. El lenguaje es una maravilla que humaniza a la persona, la hace socializar, comprenderse a sí misma y a los demás, crear, modificar su entorno, aumentar su legado cultural y transmitirlo a las nuevas generaciones junto con la manera lógica en que acostumbra pensar.

Otra inferencia podría ser la aseveración implícita de que las buenas acciones son dignas de ejemplo para atraer a las masas. Hitler las atrajo y no era un buen ejemplo. Hoy se atrae a los grandes conglomerados que lo único que leen son los mensajes del WhatsApp y del FB, cuya cultura se funda en los contenidos de las redes sociales. Lo que comes condiciona tu salud, lo que ejercitas condiciona tu habilidad y tu fuerza. En esa misma medida, todo aquello que entra en tu cerebro condiciona tu manera de pensar.

El mundo necesita hacedores que den ejemplo ¿De qué? Para saberlo hay que pensar y opinar. Es cierto que la congruencia entre el decir y el hacer es el ejemplo más sublime del ser humano; pero en un colectivo mudo no se generan condiciones de cambio. Es precisamente el lenguaje lo que ha permitido el desarrollo del mundo, las civilizaciones y la tecnología. Los saberes aplicados han tomado dos rumbos con muchas tonalidades éticas que ocasionan conflictos en la humanidad desde tiempos remotos. Y que lo obligan a pensar para tomar decisiones.

Un bisturí es una excelente herramienta para preservar la vida en manos de un cirujano. El mismo bisturí, en manos de un criminal, es un arma mortal. Esta dualidad, inherente a la naturaleza humana, le permite al individuo construir su futuro basado en el esfuerzo, en la definición y la determinación de su carácter, en el qué hacer, para qué hacer. En el qué siento y en si lo volvería a hacer.

Al día siguiente de leer la frase, escuché en la sala de urgencias del Issste el diálogo de una señora a través del celular. Hablaba muy alto, como presumiendo la conversación, y me llamó la atención cuando dijo: «usted nada más dígame y nos levantamos en armas». Y le insistía «¡Vamos! ¡Dígame!», esperando la opinión del otro para iniciar una acción de liderazgo.

Es, pues, una frase bella que refleja una circunstancia social, muy ad hoc con la era de las redes sociales. Lo que razonamos al leerla puede ampliar nuestro panorama y con ello estaríamos recibiendo su legado. Por último, quiero resaltar que la historia nos da un testimonio claro de los grandes pensadores que han movido al mundo y lo han transformado.

¿Qué sería de la humanidad sin las prédicas de Jesús? ¿Cómo veríamos al mundo sin el pensamiento de Aristóteles, Kant, Marx, Freud, Einstein y muchos otros esparcidos por la faz de la Tierra? Ante el lema de la acción ¿dónde queda el fundamento? Sin él actuaríamos por instinto, irracionalmente. Y la razón es una combinación de la reflexión y la ética que mueven la emoción y el sentimiento para interpretar al mundo... y para actuar. La educación encuentra en esta esencia un motivo de ser.


gilnieto2012@gmail.com

“El amor es un plato que se sirve crudo”

Reseña no oficial de “El amor es un plato que se sirve crudo” de  Estefanía  P. Licea
Alberto Rafael León Ramos

El tópico del amor es un asunto muy humano. Demasiado humano.  El amor ha causado guerras y también las ha evitado. El amor es fuente de inspiración para muchos y por ello se han compuesto canciones, poemas, novelas, teatro y un sinfín de cosas.  En resumen, el amor es una constante en la historia de la humanidad. Pero ¿qué es el amor? Buena pregunta; y ahora más, que tratar de generar todo un tratado filosófico que dé cuenta de la cuestión me enfocaré en darle la palabra a una autora muy mexicana. Ella se llama Estefanía P. Licea.
Conocí a Estefanía P. Licea[1] en la ciudad de Toluca de Lerdo, Estado de México, aquí en nuestro país. Todo empezó cuando ordenábamos trebejos que debían ser ubicados en otro lugar, ya que  la persona encargada del recinto cultural lo necesitaba debía ocuparlo para otras actividades. Esto se dio por el hecho de que la autora y yo coincidimos en tiempo y espacio, por ser partes de una misma asociación cultural, ANEFH a.c[2]., que tiene por objeto generar actividades en todo el país.
Como decía, esa ocasión estábamos ayudando de manera voluntaria en el reacomodo de algunas cosas, y  como todo voluntario haces lo que te ordenan. Por mi parte, tengo que decir que me limitaba a seguir las órdenes de los encargados del proyecto ya que ellos eran los que realmente sabían lo que contenían aquellas cajas llenas de libros, material reciclado, utilería, pintura, alambres y herramientas.  En ese sentido mi trabajo era fácil, seguir órdenes y procurar no romper nada valioso.   Ya era tarde y el espacio debía estar desocupado para la noche, fue así que ocuparon dos personas para acomodar todo en cajas y reubicar algunas otras en otro cuarto a pocos metros del cuarto de cachivaches.   Entonces, me dijeron que ayudara a la persona que se encontraba en el cuarto de trebejos, y eso hice.  Acto seguido me dirigí al lugar encontrándome con una joven persona ocupada en ordenar aquél océano de objetos.  Entonces entre los dos comenzamos a poner todo en relativo orden, y así fue que empezamos a charlar.  Le pregunté qué hacía o a qué se dedicaba, a lo cual me respondió
-          Soy psicóloga. Soy escritora, tengo un libro. Colaboro para una revista independiente. También tengo un programa de radio y hago cosas culturales. ¡En fin soy como el ajonjolí de todos los moles! ¿y tú?
-          Hago lo mismo, pero desde la filosofía (respondí)…
Fue en ese momento que encontré aquella persona que hace cosas similares a las que me vengo dedicando desde hace más de  ocho años. Esto de primera instancia me fue muy agradable e hizo me interesase en el libro que me había mencionado.   Después, en otro momento y lugar, tuve la oportunidad de conocer el libro siendo el título lo que más llamó mi atención “El amor es un plato que se sirve crudo”. La metáfora es muy sugerente por lo cual no pude resistirme a comprarlo. Es así que llegué a saborear aquellas páginas que ahora mismo deseo  reseñar para generar en el atento lector el mismo interés que a mí me ha causado. Espero que la empresa sea lograda.
Estefanía P. Licea nos presenta un tema muy presente e importante para las personas dado que ello ha estado  presente desde que Eva hizo probarle la manzana[3] a Adán, para los creyentes. O desde que el gran universo empezó a darle la oportunidad de existencia  a los homínidos. Para los fans de la ciencia. El caso es que  el amor es una constante en la existencia de las sutantividades humanas[4] en la tierra.  Pero bien ¿qué novedad tiene un libro sobre el amor?  ¿no acaso ya Platón habló de ello en su hermoso diálogo del Banquete? ¿no fue también  Cicerón aquel que retomó el tópico? ¿y no es también que hoy en día se puede encontrar en cualquier librería obras en donde el tema central es el amor?  Sí, pero no. Y esto aunque parezca romper la primera regla de la lógica, la de no contradicción, nos da paso de comentar el libro ya que la presentación del tema es muy atrayente.
Cuando accedemos al libro se nos comienza diciendo que debemos despojarnos de prejuicios, de concepciones irreales del amor o el amar, también se nos invita a dejar de leerlo si es que se piensa que en las precedentes páginas se va encontrar una “rece mágica” para el amor. En términos filosóficos sería hacer epojé fenomenológica[5]. Hecha la advertencia comienza   a exponer sus ideas a través de un lenguaje fluido, claro, sin rebuscamientos  estilísticos y con un toque muy personal. Haciendo sentir que estás hablado con la autora cara a cara en una tarde de café. Una  característica que es substancial resaltar.
En ese sentido, nos va guiando al tema del amor desde un punto de vista diferente. Es decir, no empieza afirmando cosas y tratando de convencer del por qué el amor es bueno, ni tampoco diciendo que debemos amarnos los unos a los otros  a priori, tampoco nos dice que el amor deba ser  del tipo “holliwodense”, es decir, con final feliz.  Empieza tratando de hacernos ver lo que no es el amor.  Esa es una vía negativa. Pero esto no significa que el libro comience con un enfoque negativo del amor, sino lo que busca es hacer catarsis en las mentes de los lectores y con ello lograr un claro entendimiento de la propuesta que nos tiene, para ser fieles a la metáfora de la cocina y del comer que utiliza la autora, puedo decir que  nadie  quiere degustar una comida en un plato que está sucio.  Para ello el recurso del “cocinar” es lo que le imprime un toque muy suyo.   Y de entrada nos da una idea de lo que va entender por amor “Para que el amor se acompañe de puntos suspensivos y no de puntos finales, debe trabajarse, cultivarse, moldarse día a día, debe nutrirse de valores, de entrega, de respeto, de verdad, de reciprocidad.” (Licea, 2015; 72)
De esa manera nos pone un anzuelo que nos apresa por lo cual no es posible dejar de leer. De manera personal eso sentí.   Antes de llegar al punto central que desea explicar la autora nos hace dar un recorrido, camuflajeado de psicología,  por varias  concepciones del hombre y del amor, también  nos hace mostración de la manera en que los humanos creemos que amamos e incluso en los diferentes modos de amor que nos ha estado vendiendo el capitalismo como el de “meses sin intereses”, “cajitas felices”,  “marcas de ropa exclusiva”, entre otros que bien conocemos hoy en día y al cual podemos acceder al acercarnos a uno de esos lugares abrevaderos que todos llaman plaza comercial.
El recurso de la poesía es otro que está presente en el libro.  Es sabido que cuando los conceptos no alcanza a definir nuestro pensamiento la poesía cumple un lugar importante, así lo demuestra la autora, pues, de manera sutil nos va dando migajas para degustar y con ello logra atraer tanto la atención como hacer que recordemos las experiencias vividas.   Otros puntos  guía son los conceptos de responsabilidad y felicidad, con ellos nos presenta  una idea: si quieres llegar a ser feliz primero hazte responsable de ti mismo. “La responsabilidad de ser felices – afirmarían los humanistas- está justo en nosotros, depende de nuestras acciones, de nuestros ideales, de nuestros propósitos, de nuestras proyecciones personales, de nuestro amor propio por lo tanto, ya no es válido esperar encontrarla en lo que nos circunda” (Licea, 2015; 45)
De esa manera nos remite a otro punto focal. El de amar sin expectativa. Muchas veces los humanos creemos merecer todo, pero nada más erróneo que tener una falsa expectativa de la persona a la cual dirigimos nuestro cariño. Además de que ese inicio es también un punto débil cuando de amar se trata.  En ese tenor, la autora nos da una sacudida para no dejarse engañar por aquella falsa postura. Puesto de lo que nosotros pensamos a lo que realmente es, hay mucha diferencia tanto ontica como ontológica.  Y concluye el apartado con una idea que nos da paso a la reflexión. La expectativa no debe rebasar la realidad, pero esa realidad debe ser muy firme. Con ello no estaremos amando algo que no es, algo irreal, pero eso no significa que el amor no tenga existencia, sólo que se necesita ir a la praxis misma, ya que “el amor se debe condensar en nuestros actos cotidianos, dando, haciendo y demostrando permanentemente el amor que sentimos por el otro y por nosotros mismos” (Liceca,  2015; 73)   
Con ello pasa a otros temas relacionados con el amor: enamoramiento, sexo, infidelidad, promesas, perdón, y dependencia emocional. Con un despliegue estilístico llamativo nos centra estos temas escabrosos con ejemplos sencillos de digerir,  pero detrás de aquellas palabras se encuentra un profundo análisis reflexivo del comportamiento humano, todo ello la lleva a mezclar  experiencias vividas, teoría y literatura; el resultado es que  presenta  aquellos temas de manera concisa y acatando, involuntariamente,  la sentencia que David Hume da a los filósofos: la claridad es la cortesía del filósofo. Aunque aquí le podríamos cambiar una palabra: la claridad es la cortesía del escritor.
De esa manera llega al capítulo final en donde el lector va encontrar no una receta mágica y definitiva del amor, como ya ella misma menciona al inicio, sino un corazón que habla desde la profundidad de la existencia.  Ahí nos presenta una serie de puntos a tomar en cuenta para ser felices  tales como:  “Dejar de escupir todas tus miserias…” “ Deja  de quejarte de lo mala y miserable que es tu vida…” Demuestra a la personas lo que significan para ti…” “Cultiva mente y cuerpo…” y otras más. Y  llegados hasta aquí  concuerdo con la escritora cuando afirma. “El amor es la representación exacta del trabajo cotidiano, se construye cada día, con cada acto, se trabaja, se moldea y se…” (Licea, 2015;123)  Haz leído bien, he omitido  la parte esencial del texto para  generar curiosidad  porque se muy bien que la curiosidad siempre mata al gato.
Hasta aquí mi reseña no oficial de “El amor es un plato que se sirve crudo” de  Estefanía  P. Licea. Invito al amable lector a sumergirse en estas páginas, así como a compartir el texto.  Estoy seguro que E. P. Licea tendrá un buen sendero en éste tiempo y espacio, lleno de luz, éxitos y amor. No solamente en el ámbito literario sino en su realidad personal.  De corazón a corazón eso intuyo.


Bibliografía
-          Licea. P., Estefanía (2015), El amor es un plato que se sirve crudo, editorial  Rosa Ma. Porrúa, México.



[1] Joven mexicana, licenciada en psicología, egresada con la presea por excelencia académica, investigadora, locutora de radio, miembro co-fundador de una asociación multidisciplinaria, docente, originaria de Toluca, Edo. México. 
[2] Para saber más de ANEFH a.c., ingresar a su página wwww.anefh.mx o a su Facebook ANEFH A. C.  Si se prefiere buscar en esa misma  red social su actividad más representativa últimamente, PROLECTORES.
[3] Cabe una acotación, la biblia no dice que es una manzana sino un fruto, el “árbol prohibido”. Cosa tal vez sin importancia pero que deseaba mencionar por puro gusto tipo Larousse.
[4] Para saber más de qué es la sustantividad humana remitirse a un filósofo llamado Xavier Zubiri; aunque en resumen sustantividad humana significa  persona.
[5] Epojé fenomenológica remite a la filosofía de Edmund Husserl y básicamente es suspensión del juicio.

Mi vida en Amsterdam

Mi vida en Amsterdam
Xareni Reyes Soto

                Llegué a Amsterdam en la primavera de 1999. Recuerdo la fecha exacta porque el día en que visité el que sería mi departamento ubicado en Van Baerlestraat, estaban inaugurando el Van Gogh Musseum a tan sólo unas cuadras de él. Hablé con la dueña del departamento y subí mi maleta al cuarto que me asignó, después de entregarle mis documentos de migración y pagarle por adelentado el primer mes de renta. Me sentía cansada luego de diecisiete horas de viaje y un poco confundida por el cambio de horario. Salí de México al 4 de abril y llegué a Holanda dos días después, tomando en cuenta la división del planeta en usos horarios y la espera en los aeropuertos para el cambio de avión.
Me recosté en la cama y me dormí una hora. Más tarde salí a recorrer las calles aledañas a mi departamento y aproveché las “entradas gratis por apertura” para visitar la obra de uno de mis pintores favoritos: Vincent Van Gohg. La sala principal estaba repleta de niños, jóvenes y adultos que admiraban los cuadros de uno de los impresionistas más reconocidos en el mundo. Mi estatura impidió que yo hiciera lo mismo, pues los holandeses son muy altos y me obstruyeron toda visión, Opté por caminar a alguna sala secundaria y ver otras obras no tan conocidas. Hubo una que llamó mi atención y desde ese día la visité cada viernes al salir del trabajo, para despejar mi mente de tantos cálculos estresantes que deterioraban, paulatinamente mi amor esa vida que busqué lejos de casa. Ese prado me recordaba la casa en la que viví de niña.
                Trabajaba en un despacho contable de lunes a sábado, haciéndome cargo de las cuentas de una empresa americana dedicada a la producción de joyas. Tenía un buen sueldo y no tenía preocupaciones de tipo económico. Podía comprar, ir a los restaurantes más exclusivos de la ciudad, gastar en caprichos, vivir la buena vida. Pero algo no funcionaba correctamente, la rutina aplastaba mi felicidad y amenazaba con desaparecerla. Me sentía vacía, sin ánimo, necesitaba algo distinto, que me hiciera sentir que estaba viva.
                Una tarde soleada visité un museo para no fallar a la costumbre. Me dirigí a la esquina donde estaba un prado y me quedé mirándolo por unos minutos. En ese instante la alarma sonó y cerraron las puertas del museo: los ladrones habían movido “la noche estrellada” de su sitio y amenazaban con privar al mundo de ella. Me di cuenta de que ese era el momento en que podía dar nuevo rumbo a mi existencia, tal vez todo cambiaría, pero había empezado a odiar esa vida lineal, plana, insípida.
                Descolgué el Field with flowers near Artes y corrí con él, con una sonrisa que consideraba perdida, sentía que la vida me llamaba, me invitaba a perseguirla.
                En unos minutos nos aprehendieron, a los otros dos ladrones y a mí, nos llevaron a juicio y nos encerraron por tres años por intento de robo y agravio a las posesiones de la Nación.
                Regresé a México y aún de vez en cuando, sigo sintiendo esa espinita, que me incita a probar lo desconocido, me dice, e intenta convencerme, de que allá afuera hay algo grande esperándome algo que tal vez me devuelva la emoción de abrir los ojos cada día.

Ojos que guían mi vida
Xareni Reyes Soto
Ojos de miel que me vigilan para no errar, manos traviesas que nunca consiguen estar quieta, siempre innovando y tratando de mejorar lo que ya está hecho. Su cabello negro como la noche sin estrellas me envuelve cuando  no consigo detener el llanto; él,  ahora se ha transformado, es más  claro y menos largo. Su sonrisa es el sol radiante que me alegra. Labios rosa que guardan en su interior dulces palabras, que me ayudan a salir adelante cuando he caído. Ella es así, mi farol que ilumina el sendero, ¡gracias Mamá!

Refugio
Lo llaman hogar
aunque en ocasiones me aprisiona,
las puertas de cedro
encierran el corazón,
permanecen los recuerdos
que me ahogan
cada mañana,pero
logra entrar un rayo de luz
y eso es lo único que me salva
de esta depresión.

Sueños
Tus ojos me roban la razón,
tan tristes, tan solos,
me encantaría cubrirlos de besos,
cuidarlos, tenerlos.
Ese cabello negro que el viento alborota,
Tu nariz, boca y cuerpo entero,
Perfecta combinación que me altera.
Te veo, tan cerca,
Despierto y sé
Que sólo serás mío en sueños.


AZUL SARAÍ


Para Azul Saraí
Una bienvenida feliz a este mundo

A unos niños los trae la cigüeña; a otros el Pato Lucas
Oído en Neza

         Antes de la relativamente nueva (Alrededor de 40 años) e indispensable “Educación Sexual”, la explicación que se les daba a los pequeños acerca de    cómo llegaban los niños era: Tierna, romántica e infantil.
         A la pregunta expresa:
         -Mamá ¿Cómo nació mi hermanito?
         Había una respuesta concreta:
         -Lo trajo la cigüeña de Paris  
         Esta leyenda es tan vieja, que difícilmente se podrá encontrar una versión mínimamente coherente para darla como buena o verdadera para difundirla.
         El lugar donde vivía Azul Saraí era una dimensión paralela al Planeta y en él, los niños y las niñas hablaban y razonaban casi desde que nacían,       como si fuera una: “Ciudad de los niños”
         Era algo así como la fábrica de juguetes de Santaclos; en el cual también solo había un adulto que era una especie de Jefe de Gobierno que les daba órdenes.
         Azul Saraí quería conocer la Tierra y le insistía a su jefe que la dejara ir. Pero por más que le insistía; le decía que todavía no le tocaba venir y que se aguantara un poco.
         Este lugar que era un poco  virtual y era conocido como “La Pequeña Paris” y aunque no era nada común; el animal  o la mascota oficial era La Cigüeña
         Ajena a lo que pasaba en esa pequeña ciudad virtual: Vicky López estaba como la protagonista de la canción:
         “Qué alegre va María” de Sergio Esquivel:
         “Que Alegre va María; caminando por la Ciudad; platicando con su niño va; con su niño que pronto vendrá”
        A príncipes de mayo del 2016 imitando a Hernán Cortés que se vino sim permiso de Cuba a Yucatán; se salió de su ciudad virtual pata conocer el Planeta Tierra.
         El tres de mayo del 2016 pasaron dos cosas al mismo tiempo:
         Azul Saraí
          Llegó al Distrito Federal y a Vicky López…
         La cigüeña le trajo un bebé de París.

Vips Asturias
12:00  -  13:00 p.m.

7/V/2016

Del tiempo al tiempo

Del tiempo al tiempo
Mire un día tu rostro estuve atento a él
pareciera me contara historia de su pasado
Y me compartiera aquellos secretos
guardados celosamente de mí.
Me dijo, soñabas tú conmigo
 confesó el amor que sentías por mí
desde hace  mucho tiempo atrás;
lo acaricio con ternura,
Admirado de todo aquello, colmándolo de besos
te digo al oído este rostro me sigue
Enamorando.







Eliana Cervantes Castillo

Mal juicio
Hermosa tentación
Que mal me pone
 Labios deseables
Ojos que me invitan
Caderas que me someten
Ruego por ser tuyo
Hazme tuyo ataca mi juicio
Haz lo malo y te juro
Nunca arrepentirme.










Eliana Cervantes Castillo

Hombre malo
Si me dejaras besarte
Si me dieras la mano
Si con solo abrazarte
Pudiera susurrarte al oído
Palabras que atraparan tu corazón
Sería bueno, sería el hombre soñado
Pero soy malo
Porque tengo miedo de ti…
Miedo a perderte y al dispersar tu aroma
 me haga recordar el tiempo de mi
bondad.







Eliana Cervantes Castillo.
Maestro de vida
Aquel personaje que con sus regaños
Instruyó mi vocabulario.
Él que más que un ser humano
Era leyenda…
Todos lo conocen aun desde tiempos
Adversos, dicen y cuentan
De él muchos cuentos, consejos y
Mañas te heredaban los compañeros,
 que más historia verdadera que la mía
que cree con él, mi maestro de vida
 con el tiempo cambio de nombre
de apellido y genero
pero sigue siendo el mismo.
Él maestro de mi vida…
Eliana Cervantes Castillo.