viernes, 10 de mayo de 2013

Día del Maestro


 

Wilfrido Sánchez Márquez

En esta fecha conmemorativa del Día del Maestro, invito cordialmente a nuestros colegas y lectores a que recordemos y rindamos justo homenaje a los docentes de la segunda mitad del siglo XIX que introdujeron en nuestras escuelas la educación laica, científica y paidocéntrica, en cumplimiento por lo establecido por las Leyes de Reforma promulgadas en el puerto de Veracruz por el Lic. Benito Juárez en los años de 1859 y 1860; a que también hagamos memoria de los educadores precursores de la Revolución Mexicana iniciada el 20 de noviembre de 1910, así como de todos los maestros una vez promulgada la Constitución del 5 de febrero de 1917, impelidos por su fervor revolucionario y exponiendo sus vidas, promovieron e inculcaron en sus alumnos y en las comunidades donde laboran los ideales y principios de justicia social, creando para tal fin, la doctrina y la praxis de la gloriosa e internacionalmente reconocida escuela rural revolucionaria mexicana.

Del período que podríamos denominar: “La fase heroica de la educación en nuestro país”, presento, en esta celebración del Día del Maestro, un poema producido por el notabilísimo y laureado educador michoacano Lucas Ortiz, joya literaria que describe magisterialmente la tragedia de una joven maestra rural victimada por los agentes del obscurantismo y de la intolerancia.

 

Romance de la maestra mancillada

Para Felicidad, maestra y amiga.

 

Parte que dice:

La noche de noche era…

 

El sol y la luna nueva

Se fueron a platicar

Y dejaron a la tierra

Llorando su soledad.

 

Era de noche la noche,

Noche de gélido chal;

Por colinas y por valles,

por el llano y más allá,

puñales de horror fingía

de los perros el ladrar.

 

Jinetes en sus caballos

Peinados de obscuridad,

Acicateando el silencio

Con las espuelas del mal,

Los cristeros, de la sierra,

Bajando bajaron ya;

Centellas hay en sus ojos

Que senda marcando van,

Centellas de lujuria

Que se van a reflejar

En las medallas benditas

Que llevan sobre el gabán.

 

-¡Ay, madre, cierra la puerta

Que le miedo en el aire está!

-Mi vida, tu miedo aquieta,

Es el rumor del pinar…

 

-¡Madre, madre, que alguien viene,

Aúllan los perros más!

-Le están ladrando a la lluvia

Que llora sobre el trigal…

 

En esta parte dice:

La pobrecita paloma…

 

En medio del caserío

Alburas la escuela escancia

Como en mares de tortura

Alas de gaviota blanca.

 

La maestra era una niña

Que en ser maestra soñaba,

Y en noche de pesadilla

Estambre de amor devana,

Estambre para bordar

En canevá de las almas.

 

Truenos de balas se oyeron,

Rayos que la noche rayan;

Debajo de las cobijas

La gente se persignaban.

 

Los cristeros penetraron

Atropellando confianza;

Hachas fueron sus blasfemias

Que las puertas astillaran.

 

Avalancha de cristeros

Desparramóse en la estancia;

La pobrecita paloma

Nada decía, nada lloraba;

El jefe de los cristeros

La ropa le despedaza,

Hasta dejarla desnuda

En su pudor refugiada;

Sobre su cuerpo moreno

Las pupilas se resbalan.

 

El jefe de los cristeros,

Bajo toldo de miradas,

Robó primicia de amores

Al compás de carcajadas…

 

Después los otros pasaron

Hollando lirio sin manchas

Y cuando todos saciaron

Sedes en púber fontana,

Por el suelo la arrastraron

Dejando estela escarlata,

Mientras en el muro blanco

Las figuras se alargaban,

Y en el cielo, de vergüenza,

La Virgen Madre lloraba.

 

El jefe de los cristeros

Con su cuchillo de plata

Los senos cortó a la niña,

Senos cual flores tempranas,

Y fueron senos niños

Rojas pomas que rodaran

De la vida desprendidas

En cosecha apresurada.

 

En la cal de la pared

Letrero con letra llana

Un cristero así escribió,

Dejando fija su infamia:

¡Muera la escuela rural

Y viva la iglesia santa!

 

Estampa del Niño Dios,

Entre los senos, manchada,

Los cristeros en su huida

Dejaron abandonada…

 

¡Ay, madre, qué pena tengo,

Muriéndose en noche aciaga,

De óleos quedóse ayuna

En sus heridas intactas.

 

Ultima parte donde se dice:

¡Ay, Cristo, Cristo Señor!

 

Sobre el perfil de los montes

El sol se puso a brillar

Cuando en camilla de amores

Iban la niña a llevar;

Abiertas a la mañana,

Sobre búcaro carnal,

En lugar de dos camelias

Un par de amapolas hay;

Detrás caminan mujeres

Que los críos la bilis dan,

Detrás caminan los hombres

Con impasible mirar,

Detrás caminan los niños

Llorando el bien que se va

Sobre camino regado

Con gotitas de coral…

 

Mientras tanto, los cristeros,

Corderos de cristiandad,

La absolución recibían,

Absolución sin igual

Que de los siete pecados

Hizo virtud teologal,

virtud de luz de los cielos,

Luz que se va a reflejar

En las medallas benditas

Que llevan sobre el gabán.

 

¡Ay, Cristo, Cristo Señor,

Que en Chalma muriendo estás

Fijo con clavos de amor

A tu cruz de humanidad,

En tu nombre mancillaron

A la Maestra Rural,

Voz que, cual tuya, clamaba

La VERDADERA VERDAD!

 

Ortiz Lucas.- Presencia de una voz.- pág. 17

Editora y Distribuidora, S.A..-1973

México, D. F.

 

 

 

 

 

 

 

La Primera Página


 

Rafael Mario Islas Ojeda

El síndrome el eterno síndrome estaba ahí acechando el menor descuido, la menor distracción, lo conocía bien pero no podía hacer nada por evitarlo, solo dejarlo pasar como el sordo dolor de cabeza, la neuralgia, el escozor, el malestar en la boca estomacal. Sin embargo sabía que lo que debería hacer es no permitir la distracción que hacía que se perdieran todas esas ideas, los sentimientos que afloraban, el dialogo, las palabras, los silogismos, razonamientos,  que parecían ser dictados por alguna entidad incorpórea. Pero había que tener mucho cuidado. Un movimiento a la vez una acción que continuara la estrategia, para evitar no solo el síndrome sino también ese salto invisible, esa fuga que realizaban las palabras cuando estaban por ser asentadas en el papel o mejor diría el texto que configuraba la página del documento electrónico.

Vino a su mente el recuerdo de las primeras veces; aquellas ocasiones en las que la tarea asignada le permitieron encontrarse “per la prima volta con el piacere” el gusto ignorado de descubrir, de explorar y de dominar la expresión correcta. La satisfacción interna al comprobar el agrado causado y la aprobación mostrada por la jovial profesora. La doble satisfacción al ver que el ensayo obtenía la calificación máxima, a diferencia de aquellas otras primeras veces o quizás sería mejor decir primeros días en que luchaba por encontrar la frase más adecuada, que no perfecta. Al menos para obtener el pase del curso. Aun así, desde entonces aparecía el síndrome. La frase perdida, la palabra que escapaba y se desvanecía, y a la que inclusive la más obstinada persecución no lograban su recaptura. Era semejante al silencio, a la ausencia, casi la pérdida total de la memoria. Si esta vez tendría que tener más cuidado, no podía arriesgarse ahora que parecía haber encontrado la verdadera vocación. Ahora que sabía que tenía poco tiempo para dedicarse a escribir todo antes del gran silencio, que los médicos ya habían diagnosticado. Años, ¿meses acaso?, nadie podría asegurarlo, solo sabía que llegaría el fin y entonces ya no podría hacerlo. No obstante no podía arrepentirse de lo pasado, de la otra vocación asumida y la búsqueda llevada a cabo. Solo habría que dar un paso a la vez. “Carpe diem” y llenar esa cuartilla, eludiendo el síndrome y aprovechando la creatividad desencadenada por ella. Si algo bueno había quedado de todo el affaire, era el impulso que irradiaba infinitas combinaciones materializándose en la historia que debía ser contada, en el verso que debía escribirse o en el dialogo imaginario engendrado… pero sin fin que emprendía todos los días. En particular a las horas en que solía hablar con ella. Pero ya eso no era posible.

- Caro Gabriele. Questo e finitto, ¡caput! ¿capisce?...

Solo quedaba el recuerdo de su dulce acento y la memoria de su fino perfil de Madonna italiana.

Eludir la derrota de la página en blanco, el síndrome de la impotencia y llenar la cuartilla, contar la historia, enfrentarla y narrar los hechos, que son los únicos que cuentan. No lo que solo se imagina, lo que no fue o lo que pudo haber sido. Ya bastante había rumiado todo, dándole la vuelta, poniéndolo de cabeza, haciendo estallar su propia cabeza. A veces disfrutando el dolor, haciéndose el “hara kiri” gritando y padeciendo la depresión. Sin poder expresarlo, sacarlo, botarlo, procesarlo y hasta aprovecharlo a través de esa ola creativa, incontenible. Finalmente se había cumplido el deseo ¿o fue solo sugerencia casual?

- busca lo que haya habido de bueno en lo que tuvimos…

Quizás ahora estaba ya listo para escribir la historia.

 

La Calidad de la Educación


 

 

Mario Jesús Hernández Pérez

Hablar de la calidad en la educación, es tema obligado cuando se hace referencia a la Reforma Educativa, pero sin embargo, hasta el momento poco se ha tratado este aspecto en lo que lleva de legislada y aprobada dicha Reforma.

Es importante entender que pareciera un tema obligado, pero en su esencia las modificaciones a los Artículo 3° y 73, nada ofrecen al respecto, lo que manifiesta que las modificaciones son más relativas a otros aspectos, como el laboral.

La calidad educativa es cierto que se relaciona con la evaluación, pero no debería verse solamente como parte de un proceso sumativo, sino la evaluación debería ser flexible dentro de todo el proceso educativo, y no únicamente relacionados con el conocimiento acumulado por los estudiantes, o medido por la deserción o reprobación escolar; además que la evaluación de los docentes, a partir de resultados cuantitativos del aprendizaje de alumnos al final de un ciclo escolar, muchas veces no son un reflejo objetivo que incorpore a la calidad como su referente.

Por esta razón, cuando se menciona que la Reforma Educativa nos lleva a mejorar la calidad de la educación, no podemos considerar a la evaluación como un indicador aislado, que ofrecerá los lineamientos necesarios para llegar a parámetros de calidad que nos permitan entrar en un mercado global que lleve a nuestro país, a convertir el conocimiento en un recurso productor de riqueza.

Un aspecto que es determinante para que la calidad educativa se desarrolle, es el currículo, ya que a través de éste, se genera la parte sustantiva del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Para Elena Quiroz (2007) Competencias Profesionales y Calidad en la Educación Superior en Reencuentro, diciembre, número 050, UAM-Xochimilco, México; expresa que “no hay un único componente de la calidad, porque el producto educativo de calidad presenta elementos diferentes y el valor asignado a cada uno de los mismos variará en función de los diferentes agentes que integran el sistema educativo de un país, de su poder, de las coaliciones y políticas”.

Por lo tanto, el currículum deberá incluir otro factor que también se considera importante y que influye en la calidad de la educación, las competencias. Quiroz (2007), expresa que “promover una educación más realista, que estimulara las capacidades de pensamiento y reflexión haciendo posible el impulso de la creatividad, la iniciativa y la toma de decisiones en contextos diferentes mediante un currículo más flexible”, dentro del cual las competencias integran una forma de conducir a la educación a la calidad.

Por estas consideraciones, manifestar que ahora sí, la calidad de la educación será una realidad en nuestro país, estará sujeto a las consideraciones que se observen en las leyes complementarias.

La calidad como su nombre lo manifiesta, se basa en aspectos cualitativos, que por lo general son medidos con un alto grado de subjetividad, de quien determina pero también de quien evalúa. La condición es simple, calidad es algo más que un concepto, y no es simplemente un discurso, porque al referirse a la Reforma Educativa como reforma constitucional, por simple añadidura la calidad no llegará sola.

Ni el Pacto más significativo signado por el gobierno federal y los principales partidos políticos, tendrá éxito si no se contemplan estos aspectos. Quizá ahí es donde está el meollo de la lucha que ha mantenido el SNTE cuando expresa que no está de acuerdo con algunos aspectos de la Reforma, porque entonces ésta se desvía del objetivo natural, y se torna en sólo un mecanismo coercitivo y político para justificar o validar una política social en materia educativa que no es acorde con las necesidades reales del país, sino únicamente de los grupos de poder económico y político. 

La calidad educativa debe de llegar para transformar el proceso ofrecido a los estudiantes, pero debemos ser muy inteligentes en la manera de aplicarlo. Una Reforma integradora de procesos sería un gran logro para todos los mexicanos, una Reforma parcial, será una gran derrota, no a los docentes ni a su sindicato, sino a todo el desarrollo de la educación y a las generaciones futuras.

El México del siglo XXI así lo exige, y sin dejar de reconocer que será muy difícil que el modelo económico cambie en un futuro inmediato, la educación deberá ser el antídoto de la globalización rampante.

Formar individuos completos capaces de romper el paradigma actual, con una visión holista, nos dará una perspectiva diferente de la educación. La calidad por lo tanto es una actitud, una práctica social. No puede circunscribirse en un concepto rígido que no conduzca al individuo a modificarse individualmente ni socialmente.

Las propuestas están en la mesa de la discusión, sólo esperar que los que participan en la elaboración y legislación de las Leyes Complementarias, conozcan el tema, que no lo ignoren, para lograr avanzar con paso firme y no con pasos frágiles por un parche de Reforma, en la que la calidad educativa sea sólo discurso y no realidad.

Quiroz (2007), considera que “la evaluación tendría entonces que reconocer la diversidad de contextos y no confundir la simulación de procesos y la aplicación de propuestas por la calidad educativa…la calidad implica ir más allá de la forma”.

Porque como señala Ratcliff (2005) en Quiroz (2007), “lo que se ve y no se ve en cuanto a la calidad en un programa o institución es el resultado de la filosofía educativa, pensamientos, valores, normas y poder, porque la calidad es un constructo individual y social que se pone en acción cuando los profesores desarrollan el currículo”.

Sencillamente la calidad, es algo complejo que en la educación deberá considerar el contexto y la razón de ser de las instituciones, así como, la opinión de los que en el proceso participan, su formación, la aceptación al cambio y la modificación de las prácticas educativas.

Finalmente, Quiroz considera que “es necesario que la calidad educativa se conciba de forma holística (perspectivas, programas, personas) y revise más allá de la simulación de procesos”. Por lo tanto la Reforma Educativa debe ser acorde al planteamiento que la calidad en la educación exige, ojalá así sea.

Comentarios y sugerencias: mariojesus@gmail.com

  

¿ A dónde moras madre?


Rafael Mario Islas Ojeda

 

¿ A dónde moras madre?

 

Madre,

 

Allá donde ahora moras

 

Transparente y serena

 

Como la luz de luna

 

Recibe este tardío

 

Tributo de mi pena

 

Recuerdo que te ofrezco

 

Con devoción filial

 

Memoria desgarrada

 

Que transformo en envío

 

Abrázame como antes

 

Cuando solo era un crío

 

Y en las noches de invierno

 

Tiritaba de frío

 

Adonde moras Madre

 

En este aniversario

 

Visitaré el osario

 

Y rezaré por ti

Invitación toma de protesta


lunes, 8 de abril de 2013

Editorial Dos décadas




Compartimos con ustedes, amables lectores, la satisfacción de llegar a veinte años de trabajo independiente en el ámbito editorial, periodístico. La historia del involucramiento con los medios de comunicación e información, las artes gráficas, inició más atrás. 1972 en Diario de Xalapa; 1980 en Gráfico de Xalapa; años subsecuentes, Revista Imagen, hasta fundar la Revista foro fiscal hace dos décadas: abril de 1993.
Editar libros, revistas, periódicos ha sido una constante en estos años, alternado con otras actividades profesionales, pero siempre otorgando prioridad a la empresa constituida para tal objetivo: Editorial foro fiscal.
Actualmente la publicación hermana, Diario foro –foro fiscal, pionera en su género, transformada a la postre en periódico tabloide-, dirigida por Carlos Antonio Vásquez Gándara, continúa su andar, inmerso en la información política, espectáculos e información general.
Conmemoramos así, el vigésimo aniversario, agradeciendo el acompañamiento a: lectores, patrocinadores, colaboradores y amigos, solidarios siempre, e impulsores en cada momento.
Gracias

La Administración Pública en la óptica de la política democrática




Marcelo Ramírez Ramírez

            Acepté gustoso compartir esta mesa de presentación de la obra Política y Administración Pública en México y Veracruz, por dos razones muy importantes. La primera, es la amistad que he mantenido con el autor desde los lejanos días en que me iniciara en la cátedra en esta escuela preparatoria que hoy nos alberga, y en la cual el licenciado Aristeo Rivas Andrade se desempeñó como docente y Subdirector Secretario de la institución, colaborando muy de cerca con su ilustre director Don Librado Basilio. A éste sucedió en la dirección, manteniendo en alto el prestigio de la escuela. Entregarnos aquí su libro, ha de representar algo muy especial para él.

Además de su carácter público, por cuanto está orientado hacia un orden de realidades visibles, el pensamiento del licenciado Aristeo Rivas nos revela al autor en su intima personalidad, como un hombre con un fuerte compromiso con la sociedad. Puesto a elegir entre Aristóteles y Maquiavelo, como cabezas conspicuas de los dos grandes paradigmas teóricos, el de la política subordinada a la ética y el de la política como techné, como pensamiento que se justifica por su éxito en la conquista y conservación del poder, nuestro autor toma partido decididamente por el primero. Desoye o, dicho con mayor precisión, rechaza el prudente consejo del florentino de tratar a los hombres como son y no como quisiéramos que fueran. En cambio, defiende la virtud republicana con argumentos y con cierta emoción que se percibe a pesar del estilo directo con que aborda los asuntos. La segunda razón es el interés que despertó en mí la obra, la cual tuve oportunidad de conocer gracias a la cortesía del autor, antes de su impresión definitiva. Por sí misma, la administración pública evoca en el ciudadano sentimientos ambiguos; la considera indispensable, pero los trámites burocráticos le ocasionan a menudo molestias y frustración. Administración pública puesta como título de un libro, nos advierte de una lectura árida o, en el mejor de los casos, una invitación dirigida exclusivamente a los expertos en la materia. Sin embargo, no es así en el caso presente; el discurso que recorre el texto de principio a fin, se nutre de tesis de filosofía política que ponen en su perspectiva más amplia el significado de la administración pública. Guiados por el autor, descubrimos el potencial de este instrumento para darle concreción a las políticas públicas, destinadas a satisfacer las diversas y complejas necesidades de la ciudadanía.

            Multitud de experiencias se condensan en este libro de trescientas treinta y tres páginas, dividido en tres títulos con sus respectivos capítulos. Esas experiencias son las del funcionario público, las del político y las del maestro y determinan el contenido y las propuestas que se presentan a los lectores. En los títulos primero y segundo se lleva a cabo una acuciosa recapitulación de las doctrinas filosóficas, los movimientos sociales y la evolución de las instituciones públicas, para explicar, en su contexto vital, el fenómeno de la administración pública. El proyecto, demasiado ambicioso, se mantiene fiel a su objetivo gracias al tacto con que el autor selecciona el material pertinente según lo van requiriendo los asuntos tratados. Las doctrinas adquieren su sentido como respuestas a situaciones problemáticas; casos ejemplares son la crisis vivida en la Atenas del siglo V antes de Cristo o la que atravesó Francia en el siglo XVIII, las cuales dieron origen, como sabemos, a movimientos intelectuales que cambiaron completamente la idea del Estado, así como de los derechos y deberes de los ciudadanos. En cuanto a sus convicciones personales, es evidente la simpatía del autor  –según quedó dicho-, con las tesis del humanismo político. Su apuesta es mantener vigentes los ideales de la razón ilustrada, hoy a punto de naufragar en el escepticismo, recuperando el compromiso social de la buena política. No ve la administración como una parcela aislada, con relaciones puramente funcionales y extrínsecas con el Estado y la sociedad. La administración desborda los estrechos límites de la eficiencia y la eficacia; ni aún la demanda de transparencia y rendición de cuentas son suficientes, -nos explica- si los funcionarios de los tres niveles de gobierno ignoran cuáles son los propósitos y fines de las políticas públicas; si no hacen suyos los valores de justicia, libertad, igualdad, respeto a los derechos humanos, que distinguen el credo democrático de otras formas de concebir y ejercer el poder. En tal sentido, es válida su insistencia en las dimensiones individual y social de la ética en su carácter de filosofía práctica. La primera, ha de forjar los hábitos indispensables para que el hombre haga uso responsable de su autonomía personal. La segunda, la ética social, ha de crear en el ciudadano los hábitos de solidaridad y de servicio para participar en las tareas de la vida comunitaria. Las virtudes republicanas se manifiestan, en el gobernante, en la moderación, la honradez y la entrega a la tarea que se la ha encomendado. Vive sin excesos, con austeridad, igual que el buen príncipe de Diderot, quien posee todo a causa de su alta investidura, pero no puede tener nada para sí. En el ciudadano, la virtud consiste en la obediencia sin servilismo, en participar aportando su mejor esfuerzo en la solución de los problemas y en seguir de cerca la actuación de sus representantes. Nuestro autor ve a gobernantes y ciudadanos, cada cual a su modo, investidos de dignidad republicana. Coincide con Bernard Crick, en que “la relación amo-sirviente es recíprocamente corruptora.” Ahora bien, yo creo que aquí se nos impone una pregunta insoslayable: ¿Cuál es la viabilidad de la propuesta ética, cuando todas las esperanzas parece que dependieran del uso de las computadoras y el desarrollo de competencias en los servidores públicos? En cuanto a las computadoras, nadie duda de su valor instrumental; pero no dejan de ser un instrumento, y, en lo tocante a las competencias, el vocablo acentúa la relevancia del saber hacer, quedando en segundo plano el contenido y fines de lo que se hace. El servidor público competente puede tener la eficiencia y la eficacia de una maquina, caso de alcanzar los objetivos de la instrucción; difícilmente podrá interiorizar valores de solidaridad, respeto y espíritu de servicio hacia los demás. Dicho con brevedad, la propuesta de la ética como última ratio de la política del Estado y por tanto, de la administración pública, choca, con la idea dominante de la autonomía de la política que refleja la crisis de los fundamentos espirituales y morales de la civilización moderna.

Para los pragmáticos nada puede hacerse para remediar el estado de cosas en que ha desembocado el mundo moderno; si acaso, algunos se pronuncian por una ética “light”, que representaría el mínimo común denominador entre quienes representan y defienden intereses diferentes, para ponerse de acuerdo y alcanzar de este modo la acción común. En la práctica, la receta ha resultado insuficiente, porque sin un compromiso hondamente vivido, los hombres propenden a identificarse más con Calicles que con Sócrates; es decir, la razón asiste a quien tiene la fuerza de su lado, no al que busca la justicia. Por su parte, nuestro autor insiste en el retorno a las virtudes republicanas, propuesta que sólo puede tener éxito si se da impulso a la ética civil, a través de la renovación de nuestra cultura política.

Será esta una tarea intrincada y laboriosa, encaminada a establecer un orden axiológico que toque las fibras más sensibles de la conciencia de los ciudadanos. Por ahora vemos a éstos más dispuestos a exigir derechos que a cumplir obligaciones, lo cual se explica por el debilitamiento de la conciencia moral, concomitante al proceso histórico que hizo del hombre moderno el individuo egoísta requerido por el liberalismo económico. Harold Laski ha visto el enorme precio pagado con la pérdida de la solidaridad al ponerse fin, cosa por demás necesaria, a las trabas feudales que impedían el desarrollo de las fuerzas productivas. Ahora el reto es utilizar el potencial de la política para perfeccionar el Estado Social de Derecho, recuperar con el ejercicio de una política democrática, el derecho de todos a construir el futuro. El bien común se nos presenta así como resultado del ejercicio más pleno posible de los derechos cívicos y políticos, y la construcción de una sociedad igualitaria donde sea factible la solidaridad. En efecto, la solidaridad no puede darse entre desiguales y, por tanto, tampoco pueden alcanzarse los objetivos sociales que requiere la coincidencia de voluntades. La política entendida y practicada de esta manera no hace desaparecer las tensiones sociales, pero las encauza mediante la negociación y el acuerdo. El secreto consiste en ceder lo necesario para alcanzar las coincidencias que hacen posible el mayor bien para todos. Como resultado, la política garantiza la estabilidad y la gobernabilidad, cosas ambas de suma importancia como lo señala el licenciado Aristeo Rivas. Hemos de ponernos a salvo, por lo demás, de los desengaños que acompañan al reformismo, si esperamos demasiado, olvidando que los resultados de las reformas siempre son parciales. Tal como veo el asunto, la política reivindica la parte de verdad que asiste al espíritu de innovación y al realismo que pone frente a nosotros la fragilidad humana con sus dudas y sus miserias. Ella nos pide realizar en cada momento el mejor esfuerzo para alcanzar lo posible, sin sacrificarlo por pretender lo imposible. Encontramos aquí la diferencia entre la política democrática que se va consolidando por logros sucesivos y la salvación mesiánica que se supone ocurrirá por un acto único, definitivo, ahistórico.

En cuanto a nuestro autor, al enfatizar las cualidades deseables de la administración pública, señala la conveniencia de combatir la corrupción, la ineficiencia y la ineficacia, los trámites laberínticos. Se muestra confiado en la renovación de la vida pública; su modelo más cercano de gobernante es Don Adolfo Ruiz Cortinez, quien, durante su mandato como gobernador de Veracruz, creó las Juntas de Mejoramiento Moral, Cívico y Material, a fin de coordinar los esfuerzos del gobierno y las comunidades para promover el desarrollo, favoreciendo la participación ciudadana. El nombre mismo de las Juntas subraya la precedencia de los valores cívicos y éticos sobre los aspectos estrictamente materiales, tal como en su momento lo observó con sagacidad el escritor Agustín Yáñez. Es el viejo tema de la misión del gobernante; sobre él comenta Werner Jaeger: “pues si alguien desea realmente servir al Estado, no deberá empezar construyendo nuevos muelles y barcos y arsenales, sino que deberá, en el sentido de Sócrates, mejorar a los ciudadanos”.
           
Me he extendido, abusando de su paciencia, en la cuestión política. Me referiré enseguida, brevemente, a la forma de la exposición, cuyos meritos no deseo pasar por alto, porque ellos garantizan una lectura provechosa del libro, sea ésta de corrido o consultándolo conforme lo requieran las necesidades del lector. Aristeo Rivas procede, de acuerdo a la costumbre de un buen maestro, a exponer con la mayor claridad posible los temas, sin perderse en minucias. Por ejemplo, hace notar el contraste del liberalismo del siglo diecinueve que inspira la Constitución de 1857, con la doctrina de la Revolución, marcada por fuertes inquietudes sociales que encarnan en los nuevos derechos de obreros y campesinos. Otro ejemplo, en el que se reconoce al docente a quien interesa dar información útil, lo tenemos en el capítulo IV del título III, dedicado a los gobernadores del estado, desde el general Guadalupe Victoria, quien se desempeñó como gobernador militar del mes de enero de 1823 al mes de abril de 1824, hasta el doctor Javier Duarte de Ochoa. Los lectores podrán descubrir, por si mismos, otros aciertos semejantes a los señalados.

            No me resta más que concluir invitándolos a la lectura de la obra, que viene a enriquecer la bibliografía sobre la administración pública.




INFLUENCIA DE LA REVOLUCIÓN SOVIETICA EN LOS CARTELES DEL SIGLO XX.[i]




Javier Ortiz Aguilar


            Las ideas libertarias y los movimientos rebeldes a los sistemas sociales opresivos surgen paralelamente a los procesos civilizatorios. Hay en todos ellos una clara tendencia anarquista con un inocultable fundamento moral. Los rebeldes advierten desde un principio que la civilización encadena, somete, oprime y reprime, negando en consecuencia la libertad y la dignidad humanas, tanto en el opresor como en el oprimido Sólo hasta la madurez de la modernidad, surge un proyecto de emancipación fundada en la razón. Este proyecto, fundado por Carlos Marx y Federico Engels, explica históricamente, sin pretensiones éticas, la lógica de la explotación, discriminación y manipulación del sistema capitalista. Pero además la necesidad de destruirlo para el despliegue de la libertad y el desarrollo integral del hombre. La necesidad la encuentran en el desarrollo de la técnica que hacen inoperantes las anquilosadas formas de organización social. “El molino de viento (escribe Marx) crea el feudalismo y la máquina de vapor el capitalismo”
            Cuando el desarrollo de la técnica provoca las modificaciones de la propiedad, las denominan revoluciones políticas. Pero cada modificación no sólo la refuncionaliza, sino que la simplifica. El capitalismo descansa en una propiedad sin ningún velo ideológico que la encubra, para presentarse como lo que es, como un mecanismo de dominio, de explotación y exclusión. Por tanto el desarrollo tecnológico del capitalismo industrial no puede ya modificar la propiedad privada, sólo  queda como alternativa su eliminación. Además el capitalismo industrial no únicamente crea las condiciones objetivas para su desaparición, sino también sus sepultureros: la clase obrera. Por tanto, es el proletariado el sujeto histórico que dirigirá el camino al reino de la libertad. Marx escribe: “¿Dónde está la posibilidad positiva de la emancipación humana? En la formación de una clase de radicales cadenas, de una clase de la sociedad civil que no es una clase de la sociedad civil, de un estado que es la disolución de todos los estados, de una esfera que posee un carácter universal, debido a su sufrimiento universal, que no reivindica para sí un derecho particular (…) en una palabra, de una esfera que es la pérdida completa del hombre y que no puede conquistarse a sí misma más que mediante la reconquista plena del hombre. Esta absolución de la sociedad en cuanto clase particular es el proletariado.”
            La creación de esta posibilidad es obra de la revolución de octubre de 1917. Esta insurrección transforma todas las ideas libertarias y el la teoría moderna del socialismo, en un espacio, en una realidad política. Resulta evidente el cambio generado por la presencia de la Unión de Repúblicas Socialistas y Soviéticas en buena parte del siglo XX. No obstante como toda concreción presenta dos aspectos, uno, convertir la idea en realidad histórica y, otro, la limita y posibilita sus desviaciones. Después de todo para el marxismo la realidad histórica es el cambio.
En el artículo juvenil de Antonio Gramsci, titulado “La revolución contra el capital”, reflexiona sobre el triunfo de los bolcheviques en Rusia, y contra lo que podía esperarse, no es una apología al triunfo contra el capitalismo; el italiano señala que la revolución es contra el Capital, la obra máxima, de Marx y Engels.
Argumenta que la Crítica a la economía política, no está dirigida a los proletarios, porque su lectura no sólo exige tiempo libre, sino una amplia cultura y un armazón teórico que permita comprender las crisis cíclicas del capital, entre otras cosas. Por tanto su lectores proceden de la burguesía, por tener éstos el tiempo y la preparación suficiente para explicar adecuadamente la teoría marxista. Lenin en cambio busca difundir las ideas revolucionarias en la clase que tomará el cielo por asalto. Por tanto, el pensador bolchevique transita de la teoría estructural a la filosofía de la praxis revolucionaria. Y desde esta perspectiva “corrige la plana a su maestro”. El ámbito de la lucha de clases no reside en las relaciones sociales del modo de producción más avanzado, en las relaciones conflictivas entre obreros y capitalistas, sino en la estructura ideológica, en la formación de intelectuales y de la cultura, que será la variable independiente de la revolución. El líder revolucionario ruso, subordina en la práctica la economía a la política. Si esto es así entonces la línea política de Lenin no es sistémica..
Desde la perspectiva gramsciana es comprensible la preocupación de Lenin por la actividad artística. El dirigente ruso realiza, como se decía en los setenta “una lectura” comunista de la historia del arte, descubriendo el carácter de clase que subyace en las manifestaciones estéticas. Por lo tanto es válido promover un arte, que no promueva la formación de los cuadros dirigentes del estado, sino una educación para construir la sociedad comunista, mediante un poder que extinga paulatinamente el comité ejecutivo de la clase dominante, es decir, el estado, que obstaculiza la marcha a la libertad. La obra artística así, está dirigida a las masas trabajadoras con el fin de transformarlas en sujeto revolucionario de la nueva sociedad. Las artes que adquieren prioridad serán las artes plásticas, el teatro, la música y la cinematografía. Lunacharski, en su ensayo La revolución y el arte afirma: “No hay duda que el teatro propagandístico, la música, y sobre todo los carteles tuvieron, en los primeros años de la revolución, un considerable éxito en el sentido de la difusión masiva. Pero hay muy poco en este campo que se pueda considerar completamente satisfactorio desde el punto de vista artístico”
Esta actitud crítica, no muy bien vista por Lenin, por cierto, muestra la heterogeneidad del bloque marxista ruso.  Obviamente el intelectual marxista tiene razón, pero no le da el peso suficiente a la necesidad de la revolución bolchevique de formar por este medio al hombre nuevo, libre de prejuicios, ignorancia y miseria, con el fin de convertirlo en la dirección de la nueva sociedad, donde el arte y la justicia se desplieguen en libertad. Por otra parte la propaganda, no debe confundirse con la publicidad electoral o comercial, sino en el sentido original, propagar o difundir un proyecto entre las clases trabajadoras. Precisamente aquí es donde se muestra un punto de inflexión en la comunicación revolucionaria: la imagen predomina en la comunicación oral y escrita.
El cartel, dentro de este proyecto, es quizá, la manifestación estética más eficiente en la función de agitar conciencias y promover la organización política. Este medio, además del bajo costo, da prioridad a la totalidad del mensaje sobre los detalles. Por esta razón, una rápida mirada percibe de inmediato lo sustancial del mensaje, sin desviar la atención en problemas secundarios o pseudoproblemas.  Pero lo más importante, crea las condiciones de posibilidad de pensar y construir, por medio de la discusión, un nuevo mundo.
El cartel no permanece ajeno a los lineamientos del arte revolucionario. Por tanto está fincado en una concepción realista derivado del leninismo y las vanguardias artísticas de principios de siglo, por ello es subversivo en todos sus órdenes. Sin embargo es pertinente subrayar que el realismo no es naturalismo u objetivismo, sino más bien derivado del pensamiento hegeliano: la realidad, es el ideal de libertad, en cuanto da razón y sentido a la existencia histórica. Por tanto el arte revolucionario pretende hacer evidente la fuerza y la carga histórica de la clase obrera en la que podemos confiar la tarea de conducir a la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad.
Desde esta perspectiva, el cartel no expone al obrero como una entidad física, sino su potencial transformador. Aquí precisamente radica la heroicidad que se objetiva en cada manifestación de protesta, en cada huelga o en cada insurrección.
Bajo el régimen estalinista, el Partido Comunista establece en el año 1932, el realismo socialista como dirección artística. Aquí reside la ruptura. El arte debería estar al servicio del estado proletario, legitimar todas sus acciones frente a un enemigo disperso y violento. Este viraje congela la idea leninista, ya no la proyecta a la utopía, sino que la ubica en el presente de la dictadura proletaria, o si prefieren de la dictadura de Stalin. De esta manera el arte como la política pierde su filo revolucionario para convertirse en un instrumento del poder estatal, como algo ya hecho, como eterno, como fin de la historia. En pocas palabras el realismo socialista es una concepción sistémica de la creación estética.
Independientemente de las realidades concretas, sujetas a limitaciones y desviaciones, son realidades históricas que influyen en la historia mundial. El cartel por supuesto marca un paradigma entre los artistas comunistas o no, durante buena parte del siglo XX.



[i] Texto leído en Mesa Redonda sobre el cartel.

El silencio azul de tu mirada




Rafael Mario Islas Ojeda


En el silencio azul de tu mirada
Se encierra el desamor con el desprecio
Más no puedo olvidarte, soy un necio
Que se quedó prendado en tu mirada

En qué mala hora te gano el hastío
En qué mala hora te cansó mi beso
Y huiste presurosa y agitada
Olvidando que yo ya estaba preso
En la alcoba febril de tu mirada

Hoy maldigo mi suerte y tu abandono
Que en mala hora marchitó mi alma,
Me privó de tu amor y de la calma
Con el silencio azul de tu mirada.

 (2013)