viernes, 10 de diciembre de 2021

Un cuento de Navidad

 


Varsovia, Polonia

 

 

 

Por Raúl Hernández Viveros

 

Desde bastante pequeño aprendí a filosofar. Iba a cumplir la edad de seis años, cuando mi padre colocó la escoba en la entrada del negocio de abarrotes y semillas. Fue el mejor regalo días antes de mi cumpleaños. La mañana de primavera, el viento tibio empujaba los restos de la basura en la banqueta, me agradó sentir la superficie de madera casi pulida.

            En aquella temporada acompañaba siempre a mi padre para abrir las puertas de madera. Desde esa hora se presentaba a atender a los clientes madrugadores. Llegaban varias señoras a comprar café, azúcar, sal y galletas. El tiempo se concentraba en la rutina de acomodar y limpiar los anaqueles. Luego lavábamos y secábamos el mostrador. En la vitrina, jabones, latas de leche y bolsas de arroz, entre los paquetes transparentes de dulces de colores. Alrededor sobresalían los anuncios de productos comerciales y bebidas de varias marcas.

            Al presionar el palo de la escoba, me di cuenta de que no pasaba de un metro de altura. Apenas mi cabeza estaba por llegar a los noventa centímetros. Comencé por intentar moverla como lo había visto practicar a mis hermanas. Sin embargo, el aprendizaje duró mucho tiempo. Tal vez fueron los meses en que se insertaron en mi espíritu la curiosidad y el interés por conocer el mundo. Sentía en mis venas la necesidad fundamental de aclarar el conjunto de reglas, cuya finalidad desembocaba en ubicar los pasos de un orden establecido, y sin la mínima posibilidad de error en cualquier tipo de trabajo.

            Todavía lograba escuchar las palabras paternales sobre el entendimiento humano de buscar la verdad y evitar a toda costa la creencia. Fue la propuesta en la formulación de las directrices del rumbo de nuestros destinos. Entonces penetraba en el espacio de la deducción para obtener el razonamiento inductivo. La comprobación experimental  apareció  en mis manos: ¿Por qué causa dirigía e imitaba los movimientos de la escoba? ¿Cómo podía dar certidumbre a esta manifestación de la inteligencia? ¿Se trataba de una danza simulada, o era el perfecto acoplamiento entre mi persona y las cosas?

            La fuerza de mis dudas se sumó a la fragilidad de mi razonamiento, el cual se sustentaba en la representación de las ideas o de los conceptos, que me empujaban al logro de los juicios. De lo cuantitativo saltaba a lo cualitativo, dentro de aquella mente insinuadora de situaciones y cosas, las cuales giraban alrededor de mi cabellera alborotada, en donde como insectos se agitaban los pelos como los escobazos que barrían los restos de la carroña.

            Recordé cada uno de los diez predicamentos de Aristóteles. La sustancia que representaba la descripción de la escoba. La cantidad de los números de las fechas del calendario. La relación como vínculo con mi padre. La acción de estudiar las características de las cosas. La pasión en la búsqueda del conocimiento. El lugar de la superficie de cemento de la banqueta que barría yo todas las mañanas. Memorizaba el tiempo transcurrido por las vivencias recordadas y guardadas en los rincones del banco de datos. Analizaba la situación en el proceso de aprendizaje, en donde me encontraba inmerso. El hábito de escribir estas notas, diseñarlas en el pensamiento y pasarlas a las hojas blancas o anotarlas con el teclado del procesador de palabras.

            Estas reflexiones me permitieron la interacción con decenas de escobas que testificaron el desgaste del tiempo en aquel periodo anterior a la adolescencia, la denominada ridículamente  edad de la inocencia. No pensaba ya en otra cosa que en la fárfara de la resurrección. El significado era la infusión que preparaba mi madre y nos ofrecía antes de abrir las puertas del almacén de abarrotes y semillas, a las seis de la mañana de cada día.

            A veces no ni siquiera me permitía yo comprender los sonidos que brotaban de la boca de mi padre. Todo esto lo identificaba al llegar la recaída final, cuando se lavaba las dentaduras postizas, comenzó a gritar que mi madre era metopomancia, porque ella gastaba su tiempo en el análisis de las arrugas de la frente y verrugas para interpretar sus significados, o llegar al enfrentamiento con la verdad del día de su muerte.

            Al poco tiempo, mi padre, entre murmullos, describía la pleamar equinoccial porque no podía olvidar el viaje de la trayectoria del Ecuador celeste. Entre los desvaríos de sus pensamientos señalaba las grímpolas de los matices desprendidos del cielo en cada amanecer. Me contaba que desde muy joven intentó conocer el mundo y trabajó en un astillero.

Me describió las amuras que raspó y pintó cuando soñó ser marinero, y trabajó durante varios años como ayudante en labores de pintura. En el ambiente misterioso de los secretos, también sacó a relucir su colección de cinco micacitas como prueba de la génesis del proceso de nuestro origen. Volví a recordar el magisterio de mi padre cuando insistía en educarme para llegar a saber barrer dignamente sobre la banqueta. Volvía a explicarme los detalles sobre el movimiento de las manos, la presión de los dedos y acerca de la dirección de las escobas.

Todo consistía en ubicar el rumbo de los escobazos. El lugar de la derecha correspondía a la izquierda, y viceversa. Lo que permanecía atrás siempre regresaba a su mismo lugar. Lo de arriba iba a caer abajo y lo de abajo algún día estaría arriba. Esto explicaba la curiosidad en el conocimiento, como el paradigma cognitivo donde se hallaba la cimentación de construir el poder del razonamiento.

Al seguir el ritmo lento de sus palabras contemplaba yo el resto del ser que me obligaba a enfrentarme con la realidad. Aquellos ojos examinaban cualquier tipo de cualidades que intentaban darle valor al mundo que me rodeaba. El triunfo de que algún día conocería todas las partes de mi cuerpo y mi mente, y con esto permitiría el inicio de la aparición de otra persona.        

Luego se reía y la enorme dentadura de plástico acompañaba cada una de sus carcajadas. A veces no sabía yo si atender los escobazos o de plano gozar de aquella inolvidable alegría procedente del espíritu de mi padre. Era como si danzáramos entre el mostrador y los anaqueles repletos de latas, jabones y botellas de aceite.

            Mientras tanto, la escoba perseguía los restos de la basura. Yo edificaba montículos de papeles y cartones sucios, colillas de cigarros y corcholatas de refrescos. De reojo, él miraba  con diligencia los movimientos de mi cuerpo que bailaba apretado a la escoba, como si escuchara el sonido de los violines, las flautas y el piano que tocaban los músicos procedentes de una orquesta popular.

            Frente a su vigilancia comprendí la existencia de un secreto entre nosotros. Algo que no se atrevía a decirme. Luego de las carcajadas evolucionaba hacia un ser meditabundo que caía dentro de las burbujas del silencio. Las esferas transparentes giraban sobre mis pensamientos, se desintegraban entre los laberintos tenebrosos de la memoria. Entonces reconocí el valor de las premisas. En la ingenuidad infantil advertía que significaba algo que se decía antes de la misa. Entre la propuesta del razonamiento deductivo insinuaba la posibilidad de los argumentos falsos sustentados con la apariencia de lo verdadero.

            Exactamente yo escenificaba algunos diálogos fingidos perpetrándolos enfrente de mi padre. Con el ajuste del significado de cada una de las palabras, obtenía la identificación exacta con otra realidad totalmente ajena, distante y desconocida. Fue el momento en que reconocí su deseo de transmitirme un secreto. Algo lejano para mí, en particular porque me resultaba indiferente en aquel periodo de mi existencia, dentro de una habitación con las paredes transparentes de cristal.

            Por primera vez, en aquella ocasión lograba comprender su protagonismo por impulsarme hacia la transformación de la experiencia de vida. Ante todo dependíamos de las palabras, y su poder de seducción nos conducía hacia el lado oscuro de otra inmensidad luminosa. Un punto todavía inédito y demasiado difícil de interpretar para traducirlo dentro de mi pensamiento. 

            Penetrábamos en el espacio de las interpretaciones, diversas y plurales que nunca llegaban a la misma conclusión. Los datos no servían de nada y ni siquiera tampoco los diálogos. La consecuencia del lenguaje era el absoluto silencio. En este proceso no era posible justificar ni demostrar nada. En el escenario de la credibilidad no podíamos al menos acreditar el mínimo valor. Con la creencia de que así eran las cosas intentábamos evitar el desenlace de la verdad. Nunca llegué a descifrar el misterio del enigma. Me encontraba atraído nada más por el total aprendizaje en el manejo de las escobas.

            Era natural aprender algo más de la vida. En aquellos años la mirada de mi padre se aferraba a vivir en ese presente. Pasaron los meses y en esa otra dimensión ya no teníamos rostros ni huellas. La transparencia mostraba nuestros cuerpos descarnados, sin piel, enfrentados nada más a un solo y único destino: encerrados en una celda de cristal.

            Cuando declaró que había yo obtenido la maestría en el arte de barrer, llevé a cabo en mi memoria el recuento de las escobas que pasaron por la piel de mis manos. Otra etapa se abría y no fluía tan interesante. Aquella fuerza vital se extinguía al sentir la libertad de mis actos y decisiones. Como cualquier persona que despierta de un profundo sueño percibía la carencia de los recuerdos.

La sinceridad brotó aquella mañana en que habló con crudeza para trasmitirme su intensión de heredarme el manuscrito de su Tratado de los colgados, que tanto le aterrorizaba heredarme. Mi padre había pertenecido a la secta de los conocedores de estos rituales, y estaba orgulloso de considerarse uno de los seleccionados a vigilar este tipo de intentos de suicidios, que requería de un particular asesoramiento moral, académico y científico.

            Sus reglas se cumplían al pie de la letra y la norma principal destacaba por ofrecer la medida exacta entre el piso con la altura de los pies. Si uno lo practicaba tenía que medir exactamente los cincuenta centímetros de la separación con la tierra; de esta distancia para arriba ya no importaba ninguna frontera. Lo esencial estaba en aquel espacio o vacío entre los pies y el suelo. Todo esto me pareció absolutamente obvio, y tuve la seguridad de que se trataba de una broma genial.

            Nunca se me van a olvidar las ocasiones en que puso en práctica algunas de sus lecciones.  Durante varios días mostraba sus habilidades en el diseño de diversos tipos de nudos y amarres aprendidos cuando se desempeñó, según su ficción, como marinero. Más tarde adquirió las tablas y durmientes; construyó el banco y el poste de madera que funcionaban como patíbulo. Muchas veces intentó simular que me colgaba, y cuando notaba que estaba yo a punto de perder el conocimiento, deshacía la presión de la soga frente a mis leves sonidos de agradecimiento. 

Muchas veces me pidió que prometiera no contarle a nadie de este tipo de juegos, y menos a los miembros de mi familia. En alguna ocasión, mi padre pretendió llevar a cabo su propia actuación, pero nada más se permitió llegar al suave vaivén y no realizó el ahogamiento completo, sin ruidos exagerados o apretones extras de la soga.

A las pocas veces, en su habitación durante unos minutos me puse nervioso, nos miramos, como extraños, uno al otro. Sin convicción lo abracé presionándolo en mi pecho. Por fortuna en aquel espacio no había otra persona que estuviera de testigo. Todos los recuerdos se esfumaron como burbujas transparentes hacia el techo. Sentí lástima al aceptar que todo se perdería al final en la memoria de mi padre. Todavía intenté convencerlo de los tratamientos con radiaciones y quimioterapia. Suavemente se separó de los latidos de mi corazón, encogió los hombros y me dijo que me iba a sacar a escobazos del hospital.

            Me sentí avergonzado por no obedecerle y, a través de la niebla del tiempo, mi padre dejó de respirar para siempre. Me aproximé a su cabeza, y en su oído derecho lo despedí con la definición de empatía, y por supuesto no funcionó la interacción. Lo despedimos en absoluto silencio, pero la fortaleza que mostró mi madre fue valiosa porque lo vistió acomodándole en las bolsas del pantalón la cinco micacitas que volvieron a su lugar de origen con la madre naturaleza. 

Meses después del funeral de mi padre, asistí a participar en un Congreso Mundial de Filosofía. Durante la lectura de mi ponencia, me puse a escribir en la mente este relato, y me olvidé del público asistente. En un estado casi de inconsciencia, armé la estructura narrativa y escribí las líneas finales a la historia.             Desperté de aquel letargo, y reaccioné con los aplausos de los participantes del evento. Sin darme cuenta agradecí la ovación. A los pocos minutos inició el espacio de las preguntas. Sólo me interesó la relacionada con la muerte. Sin miedo para concluir mi intervención, repetí la contestación de Borges sobre de que su padre nunca había regresado a contarle si existía otra vida. Cuando una mujer me señaló que mis investigaciones eran una copia o continuidad de los trabajos de José Ortega y Gasset y María Zambrano, le di las gracias por su aclaración, porque efectivamente había asistido a conferencias y cátedras de la autora de obras fundamentales, entre ellas siempre citaba ante el público fragmentos de sus libros Los sueños y el tiempo y El sueño creador.

            Desde luego recordaba sus explicaciones de las cosas cotidianas involucradas  con los dioses. Sus estudios filosóficos, propusieron dos posturas: la actitud de creatividad cuando uno se preguntaba alguna cuestión, por la ignorancia. La actitud poética, que es la respuesta, la calma y en la que una vez descifrada encontramos el sentido a todo. En mis años universitarios de aprendizaje intenté copiar el lenguaje creativo, su estilo de pensar y escribir.

            Luego me perdí en el remolino de las personas que abarrotaban las salas de conferencias. En realidad, me interesaba ir a visitar el mejor restaurante de Varsovia, y sin miedo salí a enfrentarme a la primera nevada que caía en esos instantes sobre Polonia. Su capital era una ciudad melancólica y oscura que constantemente llamaba mi atención por sus rincones secretos que cualquier visitante debería comenzar por descubrir, o siquiera leer alguna historia sobre Varsovia.

            Entre la penumbra pude enfrentarme a mi destino, sin más defensas que el arte del razonamiento, y la escritura. Claro que no podía cambiar el rumbo porque cada quien llevaba señalada su propia biografía. Dos o más datos eran indispensables para localizar el signo de nuestra vida. Detrás de los símbolos permanecía la alternativa de rescatar del pasado las habilidades de ubicar nuestras debilidades y fortalezas del presente, o bien de encontrar nuestro lugar y espacio en la vida.

            Antes de abandonar el Palacio de la Cultura, aproveché que los reporteros de televisión y radio entrevistaban a las estrellas del Congreso. Por fortuna, a nadie le interesaba la presencia de un filósofo español reconocido nada más por sus cátedras en universidades hispanoamericanas. A la distancia de unos metros saludé con la mano a Slavoj Žižek y también a Zygmunt Bauman, ambos contestaron igualmente a señas, sin el mínimo interés por identificarme, casi me ignoraron igual a una entelequia. 

Sin embargo, descendió en el vacío de mi pensamiento que con la desaparición de mi padre, tuve que darme a la tarea de redactar en el ordenador, aquel legajo de hojas amarillentas escritas a mano mediante el empleo de la pluma de buitre mojada en la punta dentro de un tintero. Gasté muchos meses en  revisar cada uno de los capítulos hasta lograr la perfección de las ideas y conceptos. Al poco tiempo apareció en forma de libro, acompañado de ilustraciones correspondientes a periodos históricos de esta tradición de ritos milenarios. 

Mi Tratado de los colgados fue un verdadero éxito editorial y objeto de estudio de infinidad de artículos y reseñas en la prensa mundial. A un sector de los lectores siempre les causaba risa la referencia al uso de las sogas, la definición en la calidad del material de las correas, el empleo en la cantidad de grados de presionar que se necesitaba alrededor del cuello y la práctica de la cuerda floja. Toda una teoría sobre los centímetros precisos e indicados para dar el salto mortal. Varios críticos reseñaron que se trataba de una visión constructivista.

            En el inmenso salón divagaba en esta historia cuando me puse a saborear el exquisito platillo de pato al horno acompañado de manzanas, sentado en el famoso lugar de la Ciudad Vieja.  Brindé en memoria de mi padre.  Reconocí en la penumbra tibia del rincón medieval que era inútil la búsqueda de la fama, porque era una cuestión ajena para mí espíritu. Desde aquella época, el éxito apareció como tema central entre miles de imágenes que revoloteaban como insectos dentro de mi cerebro. No pensaba ocuparme de estas divagaciones, pero la ingenuidad de la lejana infancia continuaba en forma de flechazos dirigidas hacia el centro de mis reflexiones, que fueron interrumpidas cuando tuve que pagar el precio de la cena y las excelentes y exquisitas copas relucientes de vino.

            Al cruzar la explanada rodeada de bancas, las baldosas estaban blancas de nieve, y entre alucinaciones provocadas por la exquisitez  de los resabios del mejor vino Tokaji que está asociado con la figura de la condesa húngara Susana Lorántffy del siglo XVI, poseí la visión de encontrarme frente a los cadalsos construidos de vigas y maderas, en donde colgaban a los insurrectos aprehendidos durante el toque de queda ordenado por las tropas alemanas. Entre los adoquines de la Plaza del Mercado (Rynek Starego Miasta) advertí la altura de más de un metro de distancia entre el piso empedrado con los pies congelados.  A pesar del intenso frío; entre sueños de mis labios salieron las notas de la siguiente canción:

 

Los instrumentos del lenguaje

y la escritura vinculan              

el potencial del aprendizaje.

Son los dominios

del conocimiento y el estudio.

De la conciencia

son los procesos

del real potencial

de las funciones

psicológicas en superiores,

con el método genético

de nuestra historia personal y general.

 

Nunca supe cómo brotaron las líneas de mis labios de aquella melodía, que con motivo del Alzamiento de Varsovia en 1944, se puso de moda entonar los estribillos durante las reuniones clandestinas, casi igual a un himno de la resistencia. En secreto se organizaban los grupos de cantantes alrededor del centro histórico, acompañados de los músicos gitanos que desaparecían a toda carrera cuando se escuchaba la voz de alarma acerca  de la aproximación de agentes disfrazados de civiles. 

Dentro de este estado de ofuscamiento, imaginé que les ofrecía a los bultos colgados mis servicios como estudioso de la Necromancia que es predicción del futuro a través de la invocación a los muertos, y principalmente con las reglas de la Nequiomancia, que se derivan de la observación de los cadáveres. Al cabo de unos minutos comprendí que los colgados ya no escuchaban, ni veían debido a la rigidez del bloque de hielo que los cubría dentro de un espacio acuático totalmente congelado, casi transparente en su brillantez de cristal.

Ignoré mi indignación y me permití traspasar la barrera del tiempo. Esto me ayudó a desprenderme de aquella vivencia.  Subí al taxi que me trasladó a la puerta del hotel Harenda. Apareció la entrada iluminada por las lámparas blancas y amarillas. Frente a la intensa luminosidad, mi mente percibió la representación igual a la que me hizo mi padre cuando me dio mis primeras lecciones de filosofía,  sobre los peligros de la casa de cera, en la cual llegaba siempre a descansar Lucifer, el portador de la luz,  después de un largo y tedioso día de trabajo. Por fin debajo de las cobijas, sentí que me sumergía en la realidad intangible de los sueños prodigiosos, traslúcidos y perceptibles en el centro de aquella habitación con las paredes de cristal.   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Varsovia, Polonia

viernes, 3 de diciembre de 2021

Entre científicos!

 ¿Es probable inducir a infarto, trombosis, o cáncer em estómago por suministro de...?

miércoles, 17 de noviembre de 2021

A LA OPINION PÚBLICA

 

C. CUITLAHUAC GARCÍA JÍMENEZ

GOBERNADOR CONSTITUCIONAL DEL

ESTADO DE VERACRUZ DE IGNACIO DE LA LLAVE

 

C. VERONICA HERNÁNDEZ GIADÁNS

FISCAL GENERAL DEL ESTADO DE VERACRUZ.

 

C. SERGIO ABEL VERDEJO MUÑOZ

FISCAL REGIONAL ZONA CENTRO-XALAPA

 

LIC. SAMUEL LÓPEZ LEZA

DIRECTOR DE LA POLICIA MINISTERIAL

DEL ESTADO DE VERACRUZ

 

A LA OPINION PÚBLICA

 

P R E S E N T E.

 

                   

 

El suscito Víctor Manuel Vásquez Gándara, mexicano mayor de edad, de oficio Editor, docente universitario, vengo a señalar domicilio en donde oír y recibir notificaciones el ubicado en la calle de Vicente Guerrero # 12 despacho 4, código postal 91000, zona centro de esta ciudad capital.

 

Ante Usted C. Gobernador Constitucional del Estado de Veracruz, acudo de manera respetuosa, con la finalidad de solicitar su valiosa intervención en un asunto que atañe a mi persona, familia, amigos, clientes y proveedores de productos y servicios, debido a que hemos sido objeto de vigilancia permanente, observación y persecución, física y cibernética, por parte de sujetos desconocidos quienes constantemente se hacen presentes en mi domicilio y lugares a donde me traslado, causando daños físicos y psicológicos, entre otros: robos en mi contra, asalto a mis inquilinos; desde cilindros de gas, boiler de baño hasta automóviles, robo de documentos oficiales como recibos de agua potable y energía eléctrica, incluso últimamente han sido rociados líquidos tóxicos que han llegado a causar dolor de cabeza y nauseas, pérdida de memoria por ser tan intenso el olor.

 

 

Desembocando el problema también en mi economía, pues han obstaculizado mis actividades empresariales, profesionales y hasta religiosas entre otros aspectos, afectando a mis amigos, familia, prestadores de servicios que me visitan o tienen relación conmigo, como ya se asentó, pero que se subraya, pues han interviniendo líneas telefónicas, correos electrónicos, comunicados de WhatsApp, Facebook y otros medios de comunicación.

 

Todas estas acciones y circunstancias las hice del conocimiento ante la Fiscalía correspondiente, sin embargo, Señor Gobernador Cuitláhuac García Jiménez, no he recibido ningún tipo de respuesta, por lo que solicito atenta y respetuosamente de la indicación de que se continúen con las investigaciones inherentes citadas con anterioridad, ya que me siento desprotegido y vulnerable en virtud de que soy una persona mayor, pues cuento con la edad de 69 años, tanto el suscrito como mi familia nos sentimos indefensos ante las circunstancias narradas con anterioridad, ya que se tipifican varios tipos de delitos incluso hasta de Delincuencia Organizada, robo de identidad e intento de asesinato.

 

Es por todo lo anteriormente expuesto que acudo ante Usted para que se continúen con las indagatorias y se proceda en contra de quienes resulten responsables.

 

 

A T E N T A M E N T E.

Xalapa, Ver., noviembre 15 del 2021

 

 

 

C. VICTOR MANUEL VÁSQUEZ GÁNDARA.

jueves, 4 de noviembre de 2021

El paraíso y el infierno en el Nuevo Mundo

 Raúl Hernández Viveros

 

 

Raúl con su jiribilla

de Azueta abrió puerta

¿calavera de su nieta?

¡era Arduengo en Patineta!

 

Omar Piña

 

El acto de volver a contar la historia construye la narrativa por alcanzar la transferencia de un sistema cognitivo. El cual permita obtener un modo de comprensión sobre el principio, medio y divulgación de mitos y leyendas. La secuencia de la descripción de eventos profanos y sagrados, deriva en la representación actual sobre los datos, hechos e información documental.

¿Cómo se advierten las consideraciones ideológicas entran en la interpretación actual de tradiciones, usos y costumbres? ¿Puede hallarse el sentido trágico del relato, las implicaciones estéticas y los mensajes fenomenológicos?

La comprensión de las frases narrativas, pasajes bíblicos, supersticiones y augurios, por sí solas es necesario comprender la simbología y las metáforas, e interpretar sobre la coyuntura de plantear otra versión y reinventar la historia. La actualización de datos, hechos, informaciones lleva a ubicar el poder de los significado y los significantes.

Michel de Certeau  vinculó el método científico con la creación literaria, donde la historia que representa el pasado corresponde al "rito de sepultura". En este proceso lo que pertenece al pasado ya está muerto, y el presente en cada instante brota. Lev Smiónovich Vigotski  escribió que: “Es de suma importancia resaltar el carácter de ultratumba, del más allá que tiene el dolor de Hamlet, pues todo él es dolor, como la tragedia entera es dolor.”  El creador del paradigma socio-cultural, realizó sus estudios se basaron en el lenguaje como una función comunicativa con el entorno social.

Ángel María Garibay Kintana, hasta nuestros días lleva la crónica oral de los orígenes de Mesoamérica: “Descendieron un día los dioses a una caverna, en donde el Príncipe-Niño estaba yaciendo con la diosa Flor-Preciosa. De su connubio nació un dios llamado Maíz. Fue sepultado en la tierra este dios recién nacido y de su cabello brotó el algodón; de una de sus orejas, una muy buena semilla que es la “cabeza cabelluda”, y de la otra, una muy bueno que se llama “huevos de pez”, de su nariz fue formada la planta que llaman chian, excelente para templar los ardores del estío. De sus dedos, brotó una planta que yace bajo la tierra y es el camote de sus uñas, el maíz largo, base del humano sustento, y del resto su cuerpo, mil otros variados frutos, que los hombres siembran cosechan. Por esto el nombre que lleva aquel dios es de Niño Amado.

 Hecho esto, aún dijeron todos los dioses: Triste vivirá el hombre, si no hacemos para él algo que le produzca alegría. Es menester crear algo le haga tomar amor a la Tierra, para que cante y baile, para que nos sirva y alabe. Oyó aquello el dios del Viento, y se puso a cavilar en donde podría hallar lo que los dioses pedían. Vino a su memoria el recuerdo de una hermosa doncella llamada Meyahuel. Voló hasta el lugar donde aquella virgen vivía, unida a otras muchas que una vieja, abuela suya, guardaba. Era está muy vieja y rendida por los años. Tenía por nombre Tzitzimitl. Cuando el dios del viento llegó todas estaban dormidas, pero él fue a despertar a Meyahuel y le dijo: En busca tuya vengo porque he de llevarte al mundo. La doncella  consintió en ir con él a la tierra. Entonces el dios del Viento la tomó sobre sus espaldas y bajó con ella a la tierra.

A partir de este momento se inventa el nacimiento de uno de los más importantes pueblos indígenas prehispánicos. Frente  a los sacrificios humanos la conquista ofrece las posibilidades de manejar el destino de las nuevas generaciones de indios, criollos, y mestizos. La barbarie medieval se identifica con las matanzas entre los pueblos originarios del Nuevo Mundo. Se integran vinculado sus divinidades que se reconocen con las deidades mesoamericanas. En esta aculturación se hicieron los cimientos de la variedad cultural. Entre los festejos populares que se realizaban en la Nueva España, fueron llevados al teatro evangelizador, y tuvieron como referente la propia conquista de México. Funcionaron a los religiosos para convencer a los indios de la superioridad del Dios cristiano sobre sus antiguos dioses. Aunque se vincularon con los ritos paganos prehispánicos. Por ejemplo, reprodujeron la adoración por el dios blanco Quetzalcoatl; retomaron el mito de la virgen Tonantzin, y coincidieron con los sacrificios humanos al beber copas de vino durante los rituales la sangre de Cristo. Se hizo el milagro de que aparecieran en el Nuevo Mundo el apóstol Santiago y hasta Santo Tomás.

Arturo Barman  informó que fue: “La primera referencia documental a la danza: cuando en ocasión de la boda de Ramón Berenguer IV conde de Cataluña con Petronila, reina de Aragón celebrada en la catedral de Lerida en el año de 1150, se fingió un combate entre moros y cristianos.” Más tarde, este tipo de representaciones de moros y cristianos, aparecieron en los territorios conquistados. Se hicieron para difundir la religión católica y fomentar otra vez el culto hacia el dogma religioso y el sometimiento al imperio español. 


Derivado del teatro medieval que tuvo su origen en las ceremonias eclesiásticas europeas, los misioneros en su proyecto de adoctrinamiento emplearon estas dramaturgias y representaciones religiosas; con la finalidad de la adaptación de la enseñanza de prácticas pedagógicas, y con la intención de crear la unidad cultural.  El exemplum medieval, permitió lograr estructurar una cultura de sometimiento y obediencia.

También  se copiaron el empleo de los códices con sus dibujos a mano realizados por los tlacuilos, que hacían el papel de escribanos para registrar todos  los hechos y acontecimientos históricos y legales. En el XVII, los catequistas, traductores, latinistas, músicos, pintores, escultores, y los escritores se permitieron reinventar la historia prehispánica,  y crear la historia  de los vencedores. Los mismos cronistas se transformaron en los narradores de una realidad llena de fantasía, magia, realidad maravillosa por el deslumbramiento del paisaje de la naturaleza estética y humana.

En el siglo XVI brotó un texto anónimo en donde se explicaba el papel de la representación denominada neixcuitilli. Con la cual los grupos indígenas colonizados ofrecieron sus propias y originales versiones  acerca de la evangelización de la Nueva España. De acuerdo con el significado de  neixcuitilli era un “ejemplo de vida”, que debería funcionar en el adoctrinamiento de los infieles hacia el camino  y el encuentro con Dios. Esta idea planteaba el desmantelamiento de las religiones paganas con sus rituales de sacrificios humanos.

    Por lo cual, quedaba advertido que a partir de entonces: “Aquí comienza cómo se hacían las representaciones, los ejemplos, para que no acechara el Demonio, no se burlara de los cristianos.” Fue la respuesta de la ideología indígena hacia la imposición de la historia sagrada con sus escenas derivadas y extraídas como de un catálogo en colores de mártires y santos de la Iglesia Católica. Por su puesto en Mesoamérica no se conocía la palabra infierno y menos la presencia del diablo. Por ejemplo, del mito prehispánico de que los seres humanos se transformaban en estrellas se agregó esta imagen en la capa azul de estrellas en la virgen de Guadalupe. Cristóbal de Villalpando fue uno de los pintores más afamados de la Nueva España, cuya obra se realizó a fines del siglo XVII y a principios del XVIII. Pintó extraordinarios cuadros con el tema Adán y Eva en el Paraíso.

En el cristianismo La presencia del demonio intenta acabar con el paraíso existencial y eterna. Combatió á la Iglesia, y a los santos y vírgenes: “Habiendo Jesús expulsado un demonio, algunos de entre la muchedumbre decían: “Éste expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, exigían de Él un signo que viniera del cielo. Jesús: “Pero si Yo expulso a los demonios con la fuerza de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes,” San Lucas.

En los siglos XVI-XVII. Realidad bajo la presencia satánica. La imprenta ofreció imágenes por vez primera. Libros piadosos ilustrados referentes a la descripción de cuadros, pinturas, monumentos, estatuas y retratos. Imágenes antiguas. Producen miedo para señalar ejemplos de salvación de infieles, milagros y relatos de martirios de salvación. Santificación de las fiestas, comedias y danzas. Apariciones de santos y vírgenes.

La peste de Justiniano, Constantinopla, 541. “Durante este año tuvo lugar el signo más temible. Porque el Sol daba su luz sin brillo, como la Luna, durante este año entero, y se parecía completamente al Sol eclipsado, porque sus rayos no eran claros tal como acostumbra”, Procopio de Cesarea (500-554 d.C.). Regresa, la Peste Negra, 1348. En la Edad Media y Renacimiento armonizan humorística popular y la solemnidad religiosa. La risa se manifiesta en burla al fanatismo. Fiestas carnavalescas. Obras cómicas en plazas públicas, y tablados. Comedias y parodias sobre las autoridades. Lenguaje popular.  Ironías para hacer mofa de la realidad. John Lydgate, 1460: “En las fiestas funerarias los hombres comparten tragedias con dichos y modos de lamentaciones, con canciones risas y comedias algunas groseras…”

A través de las maneras de la risa del pueblo. A través de la descripción de cuadros cómicos enaltece las voces, bailes, comilonas y rituales etílicos, desprendidas de escenas de la plaza  pública. El carnaval donde todo está permitido y el humor en todo su esplendor.  Cervantes de Saavedra integra su narrativa con anécdotas populares. Recurre a la ironía que ridiculiza a las novelas de caballería. Shakespeare se burla de la muerte, en comedias y dramas. “Mi reino por un caballo”, o el dilema “Ser o no ser”.  John Milton enfrenta a Dios con su enemigo, 1640.

         “En Mesoamérica los tlacuilos pintando los libros que hablan. Narran de hechos históricos, contabilizaban los tributos, y los calendarios para fiestas, cultos. Libros de educación y religiosos. Dibujaban mapas de los territorios dominados. Informaban acontecimientos extraños que aparecían. Cristóbal Colón descubre el mundo mágico y maravilloso; considera que es el paraíso terrenal. “También disponen con mucho arte las tapas de madera. Sus libros, cuando están cerrados, son como los nuestros, y contienen, según se cree, sus leyes, el orden de sus sacrificios y ceremonias, sus cuentas, anotaciones astronómicas y los modos y tiempos para sembrar.”

 Pedro Mártir de Anglería, Décadas del Nuevo Mundo, 2 v., traducción al latín de Agustín Millares Carlo, México, José Porrúa e Hijos, 1964, t. II. p. 424.      

“Son los elegidos aquellos que mueren por algún medio relacionado   con  el  agua:   los  fulminados   por   el   rayo,   los ahogados,  los  enfermos  de la  piel  (teococoxque,  o sea  enfermos  divinos),   los  bubosos,   los  gotosos,  los  hidrópicos,   los tumorosos.  La ceremonia era bastante diferente, pues  no eran quemados,  sino  enterrados   (toca),   encontrando   en  la  traducción un  verbo  en el  que  se confunde  la  idea  de  enterrar   con la  de  sembrar,   produciendo   tal  vez, en  aquellos  tiempos,  un doble  significado   en  el  que  se  representaba  la  resurrección como  un   nuevo   germinar    en   la   región   del   Dios   de   las Aguas,  verdadero   paraíso   vegetal…”.   Alfredo López Austin.

También agrega que: “La  gloria   era   alcanzada   por  aquellos   que  morían   en  el campo  de  batalla   o  en  el  sacrificio,   así  como  las  mujeres que,  aprisionando   un  niño  entre  las  piernas,   fallecían   en  el parto.  Los hombres encontraban   en  el  cielo  una  lucha  más, un  gran  simulacro   guerrero   en  el  que  seguían  conquistando el  honor,  no  ahora  en  nombre  de  la  patria,   sino  del  mismo Sol.  Así  se  proyectaba   la  idea  de  Tlacaélel,  el  célebre  con­sejero  de  los  "reyes"   aztecas,  más  allá   del  dominio  de  los hombres…”

Alfredo López Austin recogió el mito de “El Hacha nocturna”: La noche, con sus innumerables sonidos, era  un reto. El Enemigo descendía  para  jugar  un poco con los hombres,  y en sus juicios  premiaba   o castigaba  la  conducta  y  el  valor.  Una  vez más se unían  el destino y el esfuerzo.  No era  la predestinación tan  fuerte  que pudiera   regir  la vida  sin la  colaboración de la voluntad   humana;   pero  había   la  posibilidad  de  inquirir   un poco lo que se mantenía  oculto entre  la niebla  del futuro.”

Paul Westheim en su libro La Calavera. Informa que: “EL México antiguo, no conocía el concepto del infierno, es posible y hasta probable que en el subconsciente del pueblo, sobre todo del pueblo indígena siga viviendo todavía el oscuro recuerdo de un más allá abierto aun al pecador. El hecho en si es el mismo en todas partes, pero la concepción de la muerte es otra, la imagen del esqueleto con la guadaña y el reloj de arena símbolo de lo perecedero, es en México de importación; en los casos en que le acoge –por ejemplo, en las representaciones de la danza macabra-, se adapta enseguida, se aclimata se mexicaniza como lo vemos en Manilla y Posada”.

Además existe la versión del Cielo Azteca. “Las ánimas de sus difuntos iban al Cielo, donde vive el Sol como si el Sol tuviese vida, siendo la verdad, que es cosa muerta, y parte del mismo Cielo, en que está donde espeso la materia de él y le dio la claridad y luz, con que da vuelta al mundo alumbrando las cosas, que recibe la claridad de él. A este lugar decían que iban los que morían en la guerra y los cautivos que habían muerto, en poder de sus enemigos de aquellos decía que estaban en una parte llana y que todas las veces que salía el Sol daban muchas voces, golpeando las Rodelas… en el Cielo había bosques,  y arboledas y que las ofrendas que les hacían en aquel Mundo…”

Edad Media: bailes que llevan a la vida celestial. Debido a las hambrunas y pandemias. Se preparaba a la gente para aceptar la muerte, en Francia y Alemania y España. Siglo XIV, Jorge Manrique: “Recuerde el alma dormida, abive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando; cuánd presto se va el plazer, cómo después de acordado da dolor, cómo a nuestro parescer cualquiera tiempo pasado fue mejor.” Miguel de Carvajal: “Muerte, dar quejas del arte. / Pues tú sola, que es razón, /  sabrás que siendo paganos / y hijos de perdición, / por sola predicación / venimos a ser cristianos.”  En la Danza de la muerte. Recita un indio en España 1557, por primera vez en Europa.

La madre Matiana escribe sus calaveras y sus profecías y epitafios. De acuerdo con registros históricos, en el Convento de San Jerónimo, de Tepoztlán, fue sirvienta de una religiosa con problemas mentales. Tenía el don de la sanación y era vidente. Vislumbró la caída de la colonia, la guerra de independencia, las reformas de Benito Juárez, el paso del cometa Halley, la revolución mexicana.  Pronóstico los temblores  en la capital profecías apocalípticas.

         Ya en el Siglo XIX la calavera literaria estuvo, censurada en la colonia y vetada todo este tipo de publicaciones y versos.  En 1849  “El Socialista”, editado en Guadalajara, Jalisco, por José Indelicato, aparecen los versos satíricos  acompañan estas calaveras escritas con hilaridad.

 

En esos años a su vez, como se mencionaba previamente, el legado de  José Antonio de Alzate que alcanzaría el espacio de la ilustración de la caricatura política, que a través de una sátira y crítica social gráfica, conseguía denunciar las injusticias y ridiculizar a las figuras políticas nacionales.

En el siglo Siglo VIII, China, graban escrituras budistas. Siglo XV: Grabado en Europa método para reproducir ilustraciones, en libros y sustituyendo a los manuscritos iluminados. Con Albrecht Dürer y Giovanni Benedetto Castiglione, la estampa alcanzó madurez y técnicas como la aguatinta, litografía y monotipo. Se promovió el número de personas que sabían leer y escribir.  1826: Claudio Linati introdujo la técnica de la litografía en México. Aparecen los primeros grabadores, como Joaquín Heredia y Plácido Blanco, quienes en sus caricaturas ilustraban artículos del “Gallo Pitagórico”. Siglo XIX, la crítica social se difundió en las estampas satíricas. El cartel callejero fue medio de denuncia del pueblo.

Entre los cimientos de los dibujos políticos hay que destacar a Constantino Escalante México, 5 de abril de 1836 - Tlalpan, 29 de octubre de 1868. Periodista y caricaturista. Se considera el padre de la caricatura política en México. Luego de la independencia de México surgió la tradición gráfica periodística con la publicación de las primeras caricaturas políticas en títulos como “El Iris”. En la década de 1860 cuando alcanzaron su consolidación dentro de los principales periódicos nacionales, aunado al surgimiento de un grupo de destacados y talentosos caricaturistas.

Por otra parte,  Hesiquio Iriarte, pintor, (ca 1820-1903) Nació y murió en la Ciudad de México. Entre 1853 y 1855 creó la litografía llamada El vendedor de pulque. Fue comprado por MUNAL Trust y donado al Museo Nacional de Arte en la Ciudad de México, México en 1992.  José María Villasana nació en 1848 en Veracruz, Ver. Estudió en San Carlos. Participó en “El Ahuizote.” Funda “México Gráfico”; dirigió “La Broma”; colaboró en “La Orquesta”; “El Padre Cobos”; “La historia danzante”; “México y sus costumbres”; “Mefistófeles”, “La Linterna Mágica”, “El Coyote, Cómico”, “La Patria Ilustrada”, “El Mundo Ilustrado.”. Murió el 17 de febrero de 1904. Casimiro Castro 1826, Tepetlaoxtoc-1889, Ciudad de México. Dibujante, litógrafo, pintor, cronista gráfico y paisajista en el XIX.  Su obra  se ocupó de casi todos los aspectos de la Ciudad de México como son las fachadas lujosas, los barrios humildes, monumentos, paseos, lagos y canales. diversas construcciones y su arquitectura, Siglo XVIII. Obras: El arriero, El aguador, El vendedor de frutas o El cargador. Trasmiten diversos cambios en México: como la austeridad republicana y el cambio en la ropa debido a la Revolución industrial.  Vivió una época de inestabilidad política y social marcada por guerras, invasiones extranjeras y diversos conflictos.  Su  legado fue un importante testimonio gráfico de aquella época.

Gabriel Vicente Gahona. Abril de 1828, Mérida, Yucatán. Su apodo “Picheta”, fue un personaje del escritor francés Eugène Sue. Caricaturista, ilustrador, artista, grabador y dibujante. es originario, Sus padres fueron el capitán español de la Marina Mercante, Gabriel Gahona Tuduri, y la dama yucateca, Doña Salomé Pasos Ceballos. Picheta desde su niñez mostró interés por el dibujo cuando escuchaba los viajes marítimos de su padre. El mayor sueño del pequeño Vicente era viajar al viejo continente, en especial a Italia. Tuvo admiración por los trabajos de los maestros de la historia del arte, obtuvo los mayores conocimientos académicos al quedarse en Florencia y Roma.

         Manuel Manilla Ilustrador-grabador mexicano. Nació cerca de 1830 y murió de tifus en 1895. Fue eclipsado por José Guadalupe Posada. Famoso por sus grabados  sobre la muerte humanizaba y caricaturizaba. En 1882 Manilla trabajó en el taller de Antonio Vanegas Arroyo, y se retiró en 1892. Se desconocen datos sobre su biografía. Para llegar a la maestría de José Guadalupe posada. Aguascalientes, 2 de febrero de 1852 - Ciudad de México, 20 de enero de 1913. Grabador, ilustrador y caricaturista. Sus dibujos de escenas costumbristas, folclóricas, de crítica socio-política, y sus ilustraciones de “calacas” o calaveras. La Catrina, 1910, la “Calavera garbancera”  término  relativo a los comerciantes de garbanzos disfrazados, como la aristocracia europea, en rechazo a su herencia indígena, figura que en palabras de su creador, está “en los huesos, pero con sombrero francés con sus plumas de avestruz”.

Jean Charlot, opinó que: “México, siendo un país esencialmente plástico, muy incompleto sería su conocimiento únicamente según textos y relatos. La pintura de los jarros y la de las paredes, las máscaras y los retablos lo describen mejor y más hondo que cualquier viajero; y tan desarrollado es ese gusto en el indio mexicano, que el factor principal en la venta de las obras de literatura popular es el dibujo, sea cómico, sea piadoso, sea horripilante, que las encabeza.” Y aclaró que: “presento aquí una serie de estas ilustraciones, hechas por don Guadalupe Posada para las hojas volantes de la casa Vanegas Arroyo, desde 1880 hasta 1912. “Es para el etnólogo la mejor introducción al estudio de las producciones de literatura popular, y para el artista la revelación de una de las más fuertes personalidades artísticas que el mundo ha conocido. Adjunto lo que he podido averiguar de la vida de Guadalupe Posada, que fue semejante a la de tantos artesanos mexicanos; algunas aclaraciones quizá útiles a los que desconocen el medio en el cual y para el cual trabajó”. En este recorrido sobre el tema de los difuntos hay leer completo el poema: 

MUERTE SIN FIN: José Gorostiza:  “¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo, / es una muerte de hormigas / incansables, que pululan ¡oh Dios! sobre tus astillas, / que acaso te han muerto allá, / siglos de edades arriba, / sin advertirlo nosotros, / migajas, borra, cenizas / de ti, que sigues presente / como una estrella mentida /  por su sola luz, por una / luz sin estrella, vacía, / que llega al mundo escondiendo / su catástrofe infinita…” “Desde mis ojos insomnes /  mi muerte me está acechando, / me acecha, sí, me enamora / con su ojo lánguido. / ¡Anda putilla del rubor helado, anda, vámonos al diablo! José Gorostiza, Villahermosa, Tabasco, noviembre 1901-Ciudad de México, marzo 1973. Miembro del grupo de la revista literaria Contemporáneos (1928-1931). Obras: Canciones para cantar en las barcas, 1925 y Muerte sin fin, 1939. Octavio Paz: “Muerte sin fin es reloj de cristal de roca de la poesía hispanoamericana. Aislado y esbelto cuenta el tiempo sin fin”. 1951.

 


miércoles, 3 de noviembre de 2021

Ciencia, filosofía y religión


Gilberto Nieto Aguilar

En una ocasión dijo el filósofo y escritor vasco Miguel de Unamuno: «Hasta un ateo necesita a Dios para negarlo». Siempre he creído que la religión es un asunto serio, independientemente de los manejos burocráticos y políticos del clero o de las organizaciones religiosas de cualquier índole. El sentido religioso es otra cosa en la vida de las personas que les ayuda a interpretar y desentrañar sus propias vidas.

Proclama Timothy Keller, pastor, teólogo y apologeta presbiteriano norteamericano, que la mayoría de las personas de la cultura occidental cree que existe un Dios con el que se puede relacionar, acudiendo a la esencia que de él emana, en un acto sincero y profundo de fe. Reconoce que todo ello lo puede guiar a un mejoramiento moral y a una sensación más agradable para disfrutar la vida.  

Leyendo el mensaje de Juan Pablo II sobre el libro “Física, Filosofía y Teología”, compilado por Robert J. Russell y otros, que de alguna manera inspira el presente artículo, sobre la ciencia, la filosofía y la religión que, aunque autónomas en sus métodos, pueden coincidir en una búsqueda en común, y ser complementarias en tanto que son componentes esenciales de toda cultura, llamadas a un diálogo responsable y no a la exclusión.

Desde los últimos años del siglo XX, se ha podido observar que la relación entre ciencia y religión convoca a un número cada vez mayor de interlocutores científicos, filósofos y teólogos en congresos, seminarios, cursos y en la publicación de artículos y libros que hoy en el internet se propagan en todas direcciones traducidos a un sinfín de idiomas y que enriquecen el debate entre los científicos, los teólogos reformadores y la Iglesia Católica.

Muchos escépticos desconfían no solo de la religión, sino también de la ciencia y de los sistemas filosóficos que el hombre ha creado con los años y que «nos lleva a confrontarnos en las fronteras del misterio del cual Einstein se refirió como “la sensación fundamental que está al costado de la cuna del verdadero arte y la verdadera ciencia” y [   ] de la verdadera metafísica y la verdadera religión» dijo Juan Pablo II, en la conferencia “El problema del cosmos” en honor del primer centenario del nacimiento de Albert Einstein.

La ciencia, la filosofía y la religión, forjan la construcción de sistemas de pensamiento que influyen dentro del devenir de la historia social de la humanidad y en las culturas de todos los espacios y tiempos. Las tres disciplinas pueden parecer contrapuestas, pero en realidad se yuxtaponen y hasta se complementan en la edificación de las estructuras del pensamiento y en la interpretación de las formas de vida.

Son un triángulo armónico compatible y necesario para reestablecer una etapa histórica semejante a un nuevo renacimiento, “con tres componentes altamente simbióticos entre sí: la dimensión espiritual de la vida humana, la búsqueda objetiva de la verdad y la existencia de valores éticos al servicio de la humanidad” (su relación desde M. Artigas y A. Koyré. Tusa Jumbo, F.; Briceño Castillo, X., y Tusa Jumbo, E., 2019).

Sin que sea el centro del debate, en una ocasión Mario Vargas Llosa, escritor peruano y Premio Nobel de Literatura 2010, manifestó: «…soy…alguien que se declara perplejo, incapaz de creer que Dios exista o que Dios no exista».

gnietoa@hotmail.com