martes, 7 de septiembre de 2021

Reflexiones acerca del discurso histórico colonial Hispanoamericano.

 


Dr. Sergio R. Núñez Reynoso.

Al iniciar, es importante hacer la siguiente consideración, que es compartida por muchos colegas, y es que no existe conocimiento que merezca mayor importancia para un pueblo que el de sus inicios, porque en ellos se encierran los elementos que le dieron el ser y los que determinaron su formación a través del tiempo. Tanto en sus signos racionales como en los que, integrándose con otros, llegaron por la evolución a constituir lo que se conoce, en un momento dado, como una nacionalidad determinada. De tal manera que resulta relevante hacer mención de las muy notables y célebres frases: la que asegura que la humanidad se compone más de muertos que de vivos, y aquella otra que proclama que los muertos mandan. Ambas, a mi parecer, tienen un fondo de verdad indiscutible. Ya que es muy cierto que vivimos del ayer más que del presente. A la vez, somos la resultante de generaciones que actuaron antes que nosotros y de fuerzas que obraron activamente en épocas remotas.

Vale la pena en insistir: pueblo que no sabe de dónde procede, de cómo se ha ido estructurando con el correr de las edades, las vicisitudes por las que ha pasado y los acontecimientos que en él influyeron decisivamente, no merece el nombre de tal, ni puede estimarse poseedor de una individualidad jurídica y política digna de respeto.

También, ante esto, es de suma importancia aceptar, y con razón, que si estuviéramos al tanto como corresponde de los siglos en que América vivió bajo la dominación Ibérica, tendríamos resueltos en gran medida los problemas que tanto nos abruman. Es decir, la explicación de los acontecimientos históricos no es factible si se desconocen los antecedentes que los determinaron. Aceptemos que el presente no se formó de manera espontánea: es una resultante de hechos anteriores reales y verdaderos.

Sin duda, son variados y múltiples los elementos que integran la nacionalidad de un pueblo. Los hay histórico-geográficos, lingüísticos, sociales, culturales. Pero, ¿Cuáles son los más importantes de ellos?. Afirmaríamos, que sin base territorial no se puede hablar de nacionalidad, por tanto los factores histórico-geográficos son los de verdad fundamental para un pueblo y a ellos hay que dar atención destacada.

El hecho que conocemos como: descubrimiento y conquista hispana de vastas regiones del continente americano generó un gran choque en el conocimiento europeo del mundo. Las noticias que allá llegaban, desde el Nuevo Mundo hablaban de fabulosas riquezas; pueblos de costumbres extrañas y bárbaras; selvas húmedas y calurosas pobladas de animales desconocidos; ricas ciudades situadas en lo alto de las montañas y extensos y áridos desiertos habitados por tribus belicosas y sanguinarias. Las novedades provenientes de las tierras americanas se escuchaban de boca de comerciantes, burócratas, marinos y aventureros de todo tipo que regresaban del Nuevo Mundo. Todo esto conformó lo que conocemos como las crónicas.

Así, las crónicas son la primera manifestación literaria que tenemos en Hispanoamérica. El autor quiere transmitir objetivamente el Nuevo Mundo. El tema principal es el hombre y la realidad americana. Son trabajos literarios fruto del descubrimiento y de la conquista; por ello, la literatura aquí es auxiliar de la historia. Con lo que nos encontramos es con un primer mensaje histórico y el primer testimonio literario. A lo largo del siglo XVI se desarrolló un nuevo género literario, las crónicas de Indias, sobre los temas, los hombres y las cosas que constituían “la maravilla de América” o “la novedad indiana”.

En algunos de estos libros encontramos como sinónimo de historia, el vocablo “crónica”. De modo que recordar la trayectoria y el sentido que tienen ambos vocablos en el siglo XVI, no es mera curiosidad etimológica. En primer lugar, historia (que proviene del griego στορα) se emplea, en la antigua Grecia (y es así como al parecer lo emplea Herodoto) en el sentido de ver o formular preguntas apremiantes a testigos oculares; y significa también el informe de lo visto o lo aprendido por medio de las preguntas. El sentido de este vocablo no contiene, de ninguna manera, el componente temporal de su definición. Es quizás por esta razón por lo que Tácito denomina anales al informe de lo pasado; en tanto que llama historia al informe de los tiempos de los cuales, por su trayectoria vital, es contemporáneo. Tal definición la recoge San Isidoro en sus Etimologías y se repite, todavía, en los tratadistas de la historiografía en los siglos XVI y XVII. La ausencia del componente temporal explica el nombre y el concepto de “historia natural”; y es así como lo encontramos, en los siglos XVI y XVII hispánicos. Crónica, por el contrario, es el vocablo para denominar el informe del pasado o la anotación de los acontecimientos del presente, fuertemente estructurados por la secuencia temporal. Más que relato o descripción la crónica, en su sentido medieval, es una “lista” organizada sobre las fechas de los acontecimientos que se desean conservar en la memoria. En el momento en que ambas actividades y ambos vocablos coexisten, es posible encontrar, al parecer, crónicas que se asemejan a las historias; y el asemejarse a la historia, según los letrados de la época, proviene del hecho de escribir crónicas no sujetándose al seco informe temporal sino hacerlos mostrando más apego a un discurso bien escrito en el cual las exigencias de la retórica interfieren con el asiento temporal de los acontecimientos. Los vocablos de anales y crónicas, acuñados en la Antigüedad, son los vocablos principales que se conservan en la Edad Media para asentar acontecimientos notables. Anales y crónicas estaban ligados a las prácticas de la Iglesia y a la confección de calendarios y de ciclos pascales.

Las dos actividades que designan ambos vocablos [crónica e historia] tienden, con el tiempo, a resumirse en la historia la cual, por un lado, incorpora el elemento temporal y, por el otro, desplaza a la crónica como actividad verbal. Los anales y las crónicas tienden a desaparecer hacia el siglo XVI y se reemplazan por las narraciones históricas del tipo gesta o vitae. Ya hacia el siglo XVI los antiguos anales y crónicas habían ido desapareciendo gradualmente y fueron reemplazados por la historiae (narración del tipo gesta o del tipo vitae, éste último, que irá conformando la biografía). Es este, al parecer, el sentido en el que se emplea el vocablo “crónica” en los escritos sobre el descubrimiento y la conquista.» [Walter Mignolo: “Cartas, crónicas y relaciones”. En: Luis Iñigo Madrigal (Coordinador): Historia de la literatura hispanoamericana. Madrid: Cátedra, 1998, vol. 1, p.75-76]

El término cronista comenzó a utilizase más tarde para designar al autor de relatos contemporáneos. La historia se fue convirtiendo en disciplina, cuyo objetivo es narrar y explicar el pasado. El cronista se convirtió en el simple relator de hechos desnudos, recopilador de fuentes o escritor costumbrista. Con el desarrollo del periodismo, el de cronista se convirtió en un oficio con pautas cada vez más claras y específicas.

Se convertirán, las crónicas de Indias en una fuente, indispensable, para conocer y entender  no sólo la historia del descubrimiento y conquista de América, sino también el desarrollo histórico de los virreinatos de ultramar, América, y la riqueza histórico-cultural del mundo prehispánico.

El inicio de las crónicas se da con el famoso Diario de a bordo”, de Cristóbal Colón, en el que describe de manera pormenorizada sus primeras impresiones de las Antillas. Estas descripciones inician una larga serie de crónicas dedicadas a la descripción de múltiples aspectos de la naturaleza y de las culturas americanas, entrelazados con los propios hechos de los españoles en el largo proceso de colonización de los reinos de Indias.

Existen, basicamente, dos grupos de cronistas: los que habían estado en América o habían sido protagonistas de alguna de las hazañas del descubrimiento y la conquista, y transmitían vivencias personales o noticias adquiridas en el entorno americano, y los que elaboraron sus propias obras reuniendo la información a través de las noticias de otros o lecturas de escritos oficiales o privados, sin haber estado nunca en el Nuevo Mundo. Es importante observar que de estos dos grupos se derivaran subgrupos, atendiendo a su formación, actividades, etc., que desarrollaron para la Corona y, por ende para el Nuevo Mundo. Esto quedara claro con la presentación de los Cuadros de Autores y de las Obras escritas.

Al primer grupo, se generaran los subgrupos a los que pertenecen descubridores, soldados, religiosos y funcionarios que desempeñaron algún papel en este proceso. Y al primer grupo se incluirán los indígenas y mestizos que se incorporaron a él. El segundo está formado por la mayoría de los representantes de la historia oficial, que escribieron desde sus despachos, aunque manejaran un caudal inmenso de información de segunda mano, acumulado por los centros de la administración, como el Consejo de Indias, creado en 1524 para atender los temas relacionados con el gobierno de los territorios españoles en América. Fue este Consejo el que creó la figura del cronista mayor de Indias. En 1744, Felipe V decidió que el cargo de cronista mayor debía pasar a la Real Academia de la Historia, sin embargo, se sucedieron algunos nombramientos más al margen de esta institución.

La publicación y difusión de las crónicas fue, en muchos casos, tardía. Muchos autores no alcanzaron a ver sus obras impresas. Aún hoy se siguen publicando obras inéditas, que en su tiempo circulaban en círculos muy reducidos o fueron usadas como fuente por cronistas posteriores.

En la propagación de noticias de América, la imprenta desempeñó un papel de primera importancia, a través de la publicación de numerosas crónicas, relaciones históricas y obras descriptivas de la geografía, costumbres y recursos de las nuevas tierras, algunas de las cuales alcanzaron gran difusión en Europa y contribuyeron a forjar una imagen de América en las naciones y pueblos del Viejo Continente.

Es relevante saber que las narraciones históricas y descriptivas del mundo americano provenían de los sectores sociales más diversos: militares, sacerdotes, letrados, mestizos e incluso unos cuantos indígenas. Todos ellos defendían intereses y abogaban por causas de las naturalezas más diversas: soldados y encomenderos salvaguardaban la gesta conquistadora; misioneros y nobles indígenas denunciaban los abusos que se cometían sobre la población nativa; letrados informaban sobre la región que administraban o visitaban; criollos exigían una mayor atención de la corona hacia su provincia, gobernación o virreinato y los naturalistas realizaban una descripción de la naturaleza americana.

Interesante fue que gran parte de las obras escritas por los cronistas del período colonial nunca llegaron a ser impresas en su época, de tal manera que circulaban copias manuscritas de ellas en archivos, conventos y bibliotecas. Mientras que otras, fueron impresas en Europa o en América tras obtener la autorización de la corona española, en razón de la censura oficial que se ejercía sobre los textos impresos. Unas cuantas publicaciones traspasaron los límites de la península ibérica y alcanzaron un alto grado de difusión en el Viejo Continente gracias a las traducciones latinas o en lenguas vernáculas, muchas de ellas acompañadas de vistosos grabados.

De tal manera que se revela la existencia de dos tipos de cronistas distintos y, por lo tanto de crónica: 1. oficial, y 2. toda aquella crónica llegada a nosotros de los acontecimientos indianos, bien sea escrita por un conquistador, por un misionero o por un historiador humanista.

La crónica oficial se cree, para muchos autores, que nació con la polémica entre Las Casas y Ginés de Sepúlveda, y con la inquietud producida en la Corte por la actitud del dominico Las Casas. Como consecuencia de ello, se ordenó al cronista de Castilla, fray Antonio de Guevara, escritor y eclesiástico español, uno de los más populares del Renacimiento, que deja escrito “un celebre dialogo entre el villano del Danubio y el Emperador Marco Aurelio, que Carlos I se ha hecho leer”, y en donde fácilmente podría cualquiera percibir una analogía entre Marco Aurelio y Carlos V, y entre los villanos del Danubio y los indios del Nuevo Mundo, y que prosiguiera el trabajo de Pedro Mártir de Anglería. Pero ni aquél, ni el encargo que posteriormente se dio a Fernández de Oviedo, con su obra más famosa  Historia general y natural de las Indias, significan que puedan considerarse cronistas mayores de Indias. Este título recae por primera vez en la persona de Juan López de Velasco, que realizó una gran labor de síntesis con el abundante material que tuvo a su alcance, escribiendo su Geografía y Descripción Universal de las Indias, obra, principalmente, como indica su nombre, de carácter geográfico. La gran figura de la crónica oficial fue Antonio de Herrera y Tordesillas, Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar océano, analítica, documentada y muy utilizada como referencia, que ocupó el cargo hasta 1625.


      Después, y a lo largo de todo el siglo XVII, fueron nombrados destacados historiadores, como Gil González Dávila, autor de Teatro eclesiástico de la primitiva Iglesia de las Indias. Su sucesor, León Pinelo, fue cronista mayor entre 1658 y 1660; el escaso tiempo que desempeñó el cargo impidió que hiciese una gran obra como su preparación le hubiese permitido, y había dado muestras al coronar la Recopilación de Leyes de Indias, al preparar una Historia de la ciudad de los Reyes y dejar terminado un estudio sobre El gran canciller de Indias.

Antonio de Solís, sucesor de León Pinelo, fue autor de una Historia de la conquista de México, población y progreso de la América septentrional conocida con el nombre de Nueva España. Los últimos cronistas mayores del s. XVII fueron Pedro Fernández del Pulgar, Historia verdadera de la conquista de Nueva España e Historia de Florida, entre otros estudios. y Luis de Salazar y Castro, Historia genealógica de la Casa de Lar.

En la época borbónica el cargo de Cronista Mayor, comienza a estar siempre vinculado a miembros de la recién creada Academia de la Historia. Así, hasta 1744, año en que todos los cargos de cronistas que fueron cesando quedaron incorporados a la misma Academia, como tal institución. Y el de Cronista Mayor de Indias también pasó a ella.

Independientemente de esta crónica oficial, existió otro tipo representada, como ya hemos dicho, por todos los estamentos sociales que a las Indias acudieron, y que, lógicamente, fue muy distinta una de otra según que el historiador que la hiciera fuera soldado, eclesiástico, humanista, etc.


          
Por lo que, tomando en consideración todo lo anterior, la historiografía del Nuevo Mundo habrá que iniciarla con los escritos de Cristóbal Colón: sus Diarios, desafortunadamente, el del primer viaje no se conoce el original y los de los demás se han perdido o sus Cartas dirigidas a los reyes o particulares. Su hijo Hernando Colón, gran bibliófilo, es autor de una Biografía del Almirante que es obra capital para su historia, ya que fue redactada por un testigo presencial de los hechos y a base de los perdidos manuscritos colombinos.

 

Para completar las crónicas de este primer momento del descubrimiento habría que citar la Relación (carta) del médico sevillano Dr. Álvarez Chanca, dirigida al Cabildo de Sevilla en 1494 en la que consta una valiosa descripción de la isla de La Española, incluyendo estudios sobre la flora de las costas y la vegetación de las montañas y valles, lo cual refiere en un estilo llano y breve, compañero del Almirante en su segundo viaje, dirigida al cabildo de Sevilla, y los escritos, Relación de Nicolás Scillacio,  "De Insulis Meridiani",  el era italiano, de Mesina.  Su fuente de información fue un caballero aragonés, Guillermo Coma.  Ésta es la única obra que se imprimió sobre el segundo viaje de Cristóbal Colón.  Fue impresa en Pavía entre 1494 y 1497; Simone dal Verde y Michele de Cuneo. La obra de Las Casas, y las relaciones de Diego Méndez, en su Testamento, otorgado en Valladolid en junio de 1536 (año de su fallecimiento), Méndez hace una relación del cuarto viaje de Colón, que Fernández de Navarrete publicó en 1825, y Diego Porras, junto con los escritos de Américo Vespucio, Carta de Amerigo Vespucci del 9 de diciembre de 1508 al cardenal arzobispo de Toledo, completan la historiografía del descubrimiento. Cinco son las cartas de Vespucio que hacen referencia a sus viajes y que alcanzaron una gran difusión con el título de Mundus Novus. También las incidencias de esos viajes y de otros realizados en la misma época, todos ellos conocidos con el nombre de viajes andaluces, están recogidas en las obras de Las Casas, Oviedo y Herrera. En cuanto a la primera vuelta al mundo, son varias las crónicas que tenemos: la más importante es la de Pigafetta, Relazione del primo viaggio intorno al mondo, obra en italiano y publicada en Venecia en 1536 pero queden reseñadas también las de Francisco Albo, "Derrotero",  Ginés de Mafra, Libro que trata del descubrimiento y principio del estrecho que se llama de Magallanes.

 

 Hecho significativo es que a la par que las crónicas citadas, principian a darse las primeras Historias generales de las Indias. De ellas, la de Fernández de Oviedo, Las Casas y López de Gómara, al igual que de Pedro Mártir, Sepúlveda y Acosta.

 

Pedro Mártir de Anglería, cronista de los Reyes Católicos, es considerado el primer historiador de América al escribir Décadas De Orbo Novo, que toma su nombre de la división que hizo en 10 libros de cada una de las ocho décadas en que se compone. Mártir de Anglería, escritor humanista que sin haber pisado las Indias, relata la geografía de aquellas tierras, sus minerales, vegetales y animales, aunque muchas veces con la imprecisión y desorden propio del que transmite las noticias que le van llegando. En 1511 se publicó la primera Década, posteriormente las otras, y en 1530 apareció en Alcalá la obra completa. En castellano, fueron publicadas por vez primera en 1892.

 

Juan Ginés de Sepúlveda, cronista de Carlos V, tampoco estuvo en las Indias. Su obra, De rebus hispanorum gestis ad Novum Orbem, tiene como fuente principal a Oviedo. El trabajo del gran contradictor de Las, Casas quedó inédito hasta el siglo XVIII, en que fue publicado por la Academia de la Historia.

 

José de Acosta, jesuita, fue un gran conocedor de América, como consecuencia de los diversos cargos que de su Orden tuvo, y fruto de ello fue su obra Historia natural y moral de las Indias, que le coloca en un lugar destacado dentro de la historiografía de América. De los seis libros que componen el trabajo, los cuatro primeros están dedicados a la historia natural y los otros dos tratan de la historia moral.


      Independientemente de estas Historias generales, cada uno de los territorios, de las provincias indianas tiene sus crónicas. Así, la Nueva España, además de la obra de Bernal Díaz, son dignas de reseñar las cartas de Hernán Cortés y diversas relaciones de soldados que narran los hechos que ellos protagonizaron, como Alonso de Aguilar, Andrés de Tapia y Bernardino Vázquez de Tapia. Y junto al relato de la conquista armada, la conquista espiritual del suelo mexicano cuenta con grandes cronistas: De la Orden franciscana, los más conocidos son fray Toribio de Motolinia, fray Gerónimo de Mendieta, fray Juan de Torquemada y fray Bernardino de Sahagún. Este último, además de ser cronista de la historia eclesiástica, es un gran investigador de los asuntos indígenas mexicanos; de la misma Orden, en el siglo XVII, citemos a fray Agustín de Betancur y Baltasar de Medina. Entre los dominicos reseñaremos a fray Diego Durán, Juan de Tovar y Agustín Dávila; y de los agustinos, a Juan de Grijalva, Juan González de la Puente y Diego Basalenque. En cuanto a los cronistas jesuitas citemos a Pérez de Ribas, Francisco de Florencia, Kino, Venegas y Clavijero.

 

Hay además numerosos relatos de todos los viajes descubridores que se realizaron por el ancho espacio del virreinato mexicano, como el itinerario de Grijalva, narrado por Juan Díaz, capellán de la expedición; la empresa de Hernando de Soto (v.) por La Florida, referida por el hidalgo de Elvas; la fabulosa expedición de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, relatada por él mismo en Naufragios; o la relación que fray Marcos de Niza dejó de su búsqueda de las Siete Ciudades.


      En la conquista de América Central también hubo soldados cronistas, de cuya obra son muestra las ya citadas cartas de Cortés, o la relación que de su viaje hizo Pedro de Alvarado. Completa la crónica la labor de los religiosos, como el franciscano Francisco Vázquez o los dominicos Antonio de Remesal y Francisco Jiménez.

 

Lo mismo ocurre en Nueva Granada y Venezuela: junto a las relaciones de los conquistadores las de Jiménez de Quesada (v.), Pedro de Heredia (v.), Nicolás Federman, tenemos las de los religiosos Pedro de Aguado, Esteban Asensio, Pedro Simón, Antonio Caulín y Alonso de Zamora. Gran historiador del Nuevo Reino de Granada fue Juan de Castellanos, que influenciado por Ercilla escribió en verso la historia de aquel país. En cuanto a la historiografía del Amazonas es también muy amplia: el relato de la aventura de su descubrimiento por Orellana nos lo da fray Gaspar de Carvajal, y expediciones posteriores son referidas por Pedro de Munguía, Gonzalo de Zúñiga, Francisco Vázquez y otros.


      En cambio, a pesar de la importancia que tuvo el descubrimiento y conquista del Perú, las relaciones no abundan. Por primera vez se refiere en una carta de Pedrarias Dávila, y después en la relación de Pascual de Andagoya, en una carta de Hernándo Pizarro a la Audiencia de Santo Domingo, y la crónica conocida con el nombre de Anónimo sevillano de 1534, atribuida a Cristóbal de Mena. El primer gran historiador de este suceso es Francisco de Xerez con su Verdadera relación de la conquista del Perú y provincia del Cuzco llamada Nueva Castilla, que publicada en Sevilla, en 1534, tuvo una rápida difusión. Las de Miguel Estete, Pedro Sánchez de Hoz, Pedro Pizarro, Diego de Trujillo, Juan Ruiz de Arce y Alonso Enriquez de Guzmán completan este interesante acontecimiento. El gran c. de las guerras civiles, que atormentaron los territorios peruanos momentos después de la conquista, fue Pedro Cieza de León, ocupando un lugar destacado dentro de la historiografía indiana. Le sigue en importancia Agustín de Zárate, autor de Historia del descubrimiento y conquista del Perú, con las cosas naturales que señaladamente allí se hallan y los sucesos que ha habido; obra que alcanzó gran éxito al publicarse en 1555. En cuanto a los historiadores religiosos son muy numerosos en Perú. Muchos de ellos, más que las historias de sus órdenes religiosas, reflejan el marco donde se desarrollaron las misiones y sus obras adquieren un gran valor como crónicas; citemos al jesuita Anello Oliva, al dominico Juan Meléndez, al franciscano Buenaventura Salinas y al agustino Antonio de la Calancha. Como México, Perú fue otro gran centro de expediciones, las más importantes por el Pacífico, y los relatos de ellas abundan. Las expediciones de Mendaña  las cuentan Hernando Gallego y varios manuscritos anónimos existentes en la Biblioteca de Palacio, en Madrid; y lo mismo ocurre con las expediciones al estrecho de Magallanes, las de Juan Fernández y Pedro Fernández de Quirós; y las científicas de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, que dieron lugar a las Noticias secretas de América.


      La crónica de Chile, que comienza con las cartas de Pedro de Valdivia, tiene su máximo exponente en la obra de Alonso de Ercilla, La Araucana, el gran poema épico de la conquista americana. Alonso de Góngora, Pedro Mariño de Lobera, Cristóbal Suárez de Figueroa y el poeta Pedro de Oña son otras de las figuras más destacadas de la historiografía chilena.

 

En la crónica del Río de La Plata el primer nombre que figura es el del alemán Ulrico Schmitdel, que minuciosamente refiere las expediciones de Pedro de Mendoza, Ayolas y Martínez de Irala. El otro gran cronista de estos primeros momentos en el Plata es el ya citado Alvar Núñez Cabeza de Vaca con sus Comentarios. Y un pariente de éste, el mestizo Ruy Díaz de Guzmán, puede considerarse el primer historiador del Plata con su obra Anales del descubrimiento, población y conquista del Río de La Plata. Los poetas Luis de Miranda y Martín Barco de Centenera pueden considerarse cronistas distinguidos rioplatenses. Otro importante capítulo de esta crónica lo componen los jesuitas de la provincia del Paraguay: Antonio Ruiz de Montoya, Juan Romero, Juan Pastor, Pedro Lozano y otros muchos narran las vicisitudes de aquella provincia a lo largo de su colonización.


      Cronistas indígenas. Por último, queda por referir la crónica escrita por el indio o por el mestizo, bien en su idioma original o en castellano. En México, sus analistas siguieron escribiendo en el viejo sistema, es decir, con escritura jeroglífica, quedando ejemplos tan destacados como los códices Boturini, Aubin, Acaztitlán, Mendoza y otros muchos. Y escritas en nahuatl o en castellano se hallan también muchas crónicas indígenas, como la historia toltecachichimeca, los Anales de Cauhtititlán, la Crónica Mexicana de Hernando Alvarado, las obras del mestizo Juan Bautista Pomar, la de Fernando de Alba Ixtilxochitl o la de Muñoz Chimalpain. En Guatemala, escrito en idioma quiché, el Popol Vuli, donde se narra la historia del pueblo maya quiché. Los libros de Chilam Balam, los Anales de los Cakchiqueles y las crónicas de Yaxkukul y de ChacXulubChen completan la historiografía indiana de esta región. Perú es el tercer gran núcleo de historiadores indígenas, como Titu Cusi Yupanqui, el mestizo Cristóbal de Molina, y sobre todos la gran figura del Inca Garcilaso (v.), autor de los Comentarios Reales, donde relata la historia de su pueblo y su conquista por los españoles. Juan de Santa Cruz Pachacuti y Felipe Huaman Poma de Ayala son otros dos c. peruanos a destacar.

 

Antología de leyendas de mesa de Calcote Veracruz

 


El pasado viernes 16 de julio de 2021 en la sala Emilio Carballido del teatro del Estado de Xalapa Veracruz, se presentó   La Antología de leyendas de mesa de Calcote Veracruz  por  la Comisión Edilicia de Bibliotecas, Fomento a la Lectura y Alfabetización conformada por el Maestro Francisco Javier Gonzáles Villagómez y María Consuelo Niembro Domínguez, y la compiladora Alicia Soto Palomino,  en el Marco de la XXXI Feria Nacional Infantil y Juvenil.

Se procedió a la enumeración de algunos datos relevantes de cada uno de los tres participantes, posteriormente la presentadora hizo un agradecimiento muy efusivo dirigido a las autoridades, a los participantes en esta edición y las instituciones  tales como el Honorable Ayuntamiento de Xalapa, al Instituto Veracruzano de Cultura y al Telebachillerato de Veracruz.

Como acto seguido, se presentó una línea del tiempo en donde se proyectó un video en el cual se mostraron las características de las cinco ediciones que ya lleva esta antología, las primeras tres, editadas por la Red Independiente de Promotores de Lectura y Divulgación Científica de Veracruz y la cuarta editada por el Instituto Veracruzano de cultura en 2015 y la quinta editada por el H. ayuntamiento de Xalapa.

En el discurso principal  se dijo lo siguiente:  

Mi participación como promotora de lectura durante más de veinte años, ha sido una  actividad complementaria de mi labor docente en el Telebachillerato de Veracruz. La revaloración de la  tradición oral de las comunidades rurales, es  una inquietud permanente que he manifestado  en diversas ocasiones.

Las palabras  son la llave para ingresar al mundo subjetivo, creación humana, patrimonio intangible de las comunidades, en esta dinámica nos hemos unido para crear nuevos espacios de acción, momentos que nos unen y nos han permitido cambiar nuestros panoramas de vida y de trabajo.

La Dirección General de Telebachillerato cumplió 40 años de existencia y en este tiempo, muchos docentes han tenido que ir a las diversas zonas indígenas a trabajar los contenidos proporcionados en los planes de estudio, los cuales  están en español. Mi inquietud  ha consistido en saber ¿Qué hacen los compañeros cuando se encuentran con alumnos que hablan otras lenguas? Pues existen 14 que se practican actualmente en el Estado de Veracruz.

Al tratar de conocer las experiencias de los docentes,  me comentan que para poderse  comunicar con sus alumnos o padres de familia, buscaban traductores; otros, lograban aprender lo básico para comunicarse con sus alumnos, pero no  documentaron estas experiencias,  solamente han quedado como historias o narraciones  en nuestra institución. Por esta razón, considero necesaria la recuperación de estos saberes y hechos históricos que enriquecerán la historia de las comunidades y la diversidad cultural del Estado de Veracruz.

Yo tengo 26 años de laborar en esta institución y he tenido la oportunidad de estar en varias áreas académicas;  en el área técnica, tuve la fortuna de organizar en 2004 un concurso de ensayo. Recibí varios trabajos, entre ellos, algunos de los alumnos  pertenecientes a la región de Zongolica, en los cuales, mencionaban el hecho de ser indígenas y ser maltratados o marginados por sus raíces culturales, consideradas diferentes a las de los jóvenes de la ciudad. En ese tiempo aún no existía la Universidad Intercultural y los jóvenes  no tenían la oportunidad de fortalecer su lengua, cultura y raíces ancestrales, como actualmente lo puede hacer si estudian en esta Universidad.

Considerando estas experiencias, hice algunos talleres para docentes, en donde se fomentara el interés por valorar la lengua materna de los alumnos que asisten a algún plantel de Telebachillerato, logrando a lo largo de los años, compilar la presente  Antología de leyendas de Mesa de Calcote Veracruz,  la cual ha sido editada varias veces, unas de forma particular y otras por instituciones altamente reconocidas.

Los objetivos que hemos visualizado a lo largo de estos 15 años  de estar trabajando con este material,  son los siguientes:

·        Fortalecer la identidad étnica y lingüística.

·         Revalorar la cultura y su entorno.

·        Revitalizar las relaciones humanas, el intercambio de experiencias, la interacción y valoración del trabajo colectivo.

·        Incrementar la literatura comunitaria propia de nuestro Estado.

·        Revalorar la crónica, las historias de vida, los mitos y leyendas.

·        Convertir al docente de Telebachillerato en un promotor de lectura, escritura y cultura.

·        Fomentar la consolidación de una didáctica de la lengua oral.

·        Contribuir a un mejor intercambio de ideas, proyectos, propuestas entre los alumnos y maestros de Telebachillerato.

·        Servir de modelo para que otras instituciones se unan y realicen proyectos similares.

Después, se procedió a ecuchar dos relatos que contiene la Antología se trataba de “La sirena” y “Tito” este ultimo lo escuchamos en español y náhuatl, su idioma original.

Es preciso mencionar que la presente antología contiene 12 relatos  que fueron transcritos por alumnos del Telebachillerato de Mesa de Calcote Veracruz, y bajo el apoyo del maestro Saúl Guzmán García, lograron reunirlos en un documento de Word y  luego enviados a la maestra Alicia soto Palomino, quien los compiló, seleccionó, pulió y fue traduciendo al francés y después buscó apoyo para la traducción en inglés.

Toda esta labor ya lleva 15 años y sigue en proceso de modificación y difusión.

El objetivo principal de la maestra  Alicia es compartir el placer por la lenguas originarias, fortalecer nuestros acervos culturales y hacerlos extensivos.

Después de un diálogo  muy enriquecedor por parte de la María Consuelo Niembro Domínguez y el maestro Francisco Javier Villagómez, se dio por terminada la presentación.

Nos invitan a estar atentos para la venta del ejemplar y para los nuevos proyectos derivados de este trabajo.


Cuarto de duchas

 

No, no me gusta. En realidad detesto la crápula

de las saunas: Cópulas en la tristeza del anonimato. ..

¿Pero las líneas de los poemas mejores, sus ritmos,

su ceniza, su carmín, no conducen a la belleza

del amor? Me siento aquí -un viejo es invisible

para la juventud- y observo los cuerpos bajo el agua.

Glúteos, suaves ascensiones del vello: El torso

reluciente. y todos juntos, como si fuese posible

un orgasmo de espadas. ¿Lo entiende? La limpieza

de la juventud que mancha. Alguna vez, siguiendo

sus piernas, su mirada, o su sexo, voy a la oscura

y húmeda cabina. Extraigo de la funda de las gafas

una barra de labios, y pintado, asumo su eminencia.

¿Qué pensará de ese viejo sucio?

¿Qué pensará algún día de los versos de la vida,

planos, difíciles a la felicidad, llenos de líquen?

Benevolencia. El agua, al caer, arrastra los sentidos...

 

 

 

 

 

 

 

Dominio de la  noche

 

El cabello se esparce suavemente en el lino,

como un mar que es el oro si despacio amanece.

Suavemente se pliegan las pestañas, y los

besos se duermen en los labios y respiran flores.

 

Ignora la cintura que es sagrada la mano

que recorre las piernas y sus bahías dulces,

la extensión marina del lino que se tuerce,

las playas invisibles de la espalda. Todo ignora.

 

Y otra mano se expande así, muy quedamente,

y al moverse, el impulso descubre más ocultas

dulzuras, Besos. Deseos. Amor. Ignoradas bahías.

Duérmese. Y yo miro dormir tu joven negligencia.

 

 

 

 

 

 

 

El ciruelo blanco y el ciruelo rojo

 

Museo Atami

 

Fue afortunado, en verdad, Ogata Korin.

Gozó del esplendor de la juventud en

los barrios de licencia, frecuentó el paladar

sagrado del deseo. Ordenó sus kimonos

en la seda más fina; pintó un fondo

de oro para lirios azules. Refinado y altivo,

no olvidó sin embargo (artista como era) la melancolía

fugaz del tiempo que transcurre.

En su madurez, con audaz virtuosisimo,

se dedicó sobre todo a la búsqueda estilística.

Creó lacas y biombos. Le hizo célebre

la perfección, el refinamiento de su

arte -lirios, ciruelos, dioses- decorativo.

Debió morir fascinado en la belleza,

rodeado por una seda extraña, tranquilo.

Fue afortunado, en verdad, Ogata Korin;

su vida fue un culto a la efímera

sensación de la belleza. Al placer y al arte.

Y la vida le concedió sentir, ser traspasado

por el dardo febril de la hiperestesia.

Le llamaron excéntrico, dandy o esteta.

Pero no pidió más. Sensación por sensación.

Vivir, sentir, gozar. Sin más problemas.

 

De "Hymnica" 1979

 

       

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Luis Donaldo Colosio. El intento fallido de un proyecto político.

 

 

Marcelo Ramírez Ramírez

 

 

En Veracruz, en la aldea, para decirlo con el lenguaje de los periodistas xalapeños, el licenciado Patricio Chirinos Calero, enviado por el Presidente Carlos Salinas de Gortari, ganó la gubernatura para el sexenio 1992-1998. Lo de siempre: el político formado en el altiplano, dotado de innegables cualidades, entre las cuales se contaban la honradez, la seriedad y la austeridad, era un desconocido para los veracruzanos y, dentro de la misma clase política pocos lo conocían realmente. Su fuerza provenía de su relación personal con el licenciado Carlos Salinas de Gortari. El ingenio popular le puso el mote de la ardilla porque siempre estaba en Los Pinos. Fue un buen gobernador; a su salida dejó en caja 700 millones de pesos, para que la nueva administración pudiera hacer frente al pago de aguinaldos y demás gastos urgentes. Con el licenciado chirinos fui director del Instituto Veracruzano de Cultura (IVEC), poco más de un año, con un desempeño discreto, dando al escaso presupuesto un uso racional. De mi labor me quedó la satisfacción de dos programas que impulsé decididamente: el de los Círculos de lectura y el de las Becas para jóvenes creadores de cultura de las comunidades indígenas. No contando con presupuesto para este segundo programa, lo cual di a conocer en la reunión del Consejo del IVEC, del que formaba parte don Antonio Exsome, éste, sin yo conocerlo, se acercó a mí al final de la reunión y me pregunto: ¿cuántas becas dice usted que necesita para los jóvenes indígenas? Veinticinco becas de mil pesos mensuales cada una, le respondí. Muy bien, me dijo y acentuando las palabras con el movimiento afirmativo de la cabeza agregó: cuente con ellas a partir de la próxima quincena; quien usted designe puede pasar con mi secretaria privada a recibir los cheques; sólo hágame llegar los datos de los becarios. Y como acordamos así se hizo. Cuento la anécdota, porque tales gestos no deben quedar en el olvido; ante tantas muestras de egoísmo, violencia, insolidaridad, debemos subrayar los ejemplos contrarios, más valiosos por ser menos. En mi carácter de director del IVEC, invariablemente conté con el respaldo del gobernador Patricio Chirinos y, en un momento de apuro de la Institución, del Secretario de gobierno, Miguel Ángel Yunes Linares, quien actuó de inmediato apoyando la solicitud que había presentado.

 

Una mañana recibí una llamada inesperada. Era de la secretaria del Candidato Luis Donaldo Colosio. La voz ejecutiva tenía un tinte amistoso; con brevedad me comunicó que el Candidato me esperaba la semana siguiente para incorporarme a su Campaña. Era lunes, la noticia me provocó sentimientos encontrados: asombro, desconcierto, emoción y, especialmente orgullo por la invitación personal de Luis Donaldo: ¿cómo podía tenerme presente con tantas ocupaciones y problemas? Tomé conciencia de su capacidad para abarcar en una mirada los problemas del país y sintetizarlos en el diagnóstico tajante de su discurso del Monumento a la Revolución y su sentido de los detalles, el registro de las personas que conocía a lo largo y ancho del país, con las que podría contar para determinadas encomiendas. Del sentimiento de alegría pasé a la preocupación, a la inquietud acerca de mi función en la búsqueda de la simpatía del electorado para inclinarlo a favor de Luis Donaldo el día de las elecciones. Me sentí abrumado. El Candidato había ya cambiado la percepción que la sociedad tenía de su capacidad y, en particular de sus ideas. El hombre favorecido por la fortuna, dio paso al político que, con decisión, se había deslindado de la imagen gris del protegido para revelar las virtudes del estadista requerido por el momento histórico. Pese a estas consideraciones, veía por delante una pendiente empinada, obstáculos y resistencias. Me propuse ser optimista para no defraudar la confianza del que me invitaba para estar a su lado. Ojalá, me dije, encuentre en el equipo del Candidato operadores hábiles que me orienten para ser útil en la Campaña. Esa era mi máxima preocupación, la utilidad real de mi colaboración. Por otra parte, desde el punto de vista personal, se levantaba el velo de un porvenir incierto y por tanto emocionante: ¿sería la política, después de todo mi verdadero destino, la vocación que había escuchado a medias? Estábamos, sin nadie saberlo, excepto los conspiradores, a unos días del 24 de marzo de 1994, día en el que Luis Donaldo arribaría a Lomas taurinas en Tijuana, donde la maldad había preparado la trampa criminal, grotesca, infamante. Y llegó la fecha del cumplimiento de su destino: había júbilo, entusiasmo genuino con sabor popular; el Candidato saludaba con efusividad, su carisma afloraba proyectándose a la muchedumbre. La música era estridente, parecía irreal, vulgar e inadecuada para un encuentro donde se daría a conocer un proyecto político de trascendencia histórica para una nación en crisis. ¿Amparado en el espíritu popular alguien había escogido esa música para degradar el escenario político? ¿Fue una confesión inconsciente de la traición? El simbolismo de la víbora, recordatorio de la traición engañosa, resulta demasiado obvio para considerar el hecho una casualidad. El día fatídico me encontraba en casa, pendiente del desarrollo del acto, cuando de pronto sobrevino el caos; el rostro sonriente de Luis Donaldo, la emoción vibrante de sus palabras, el ansia de los asistentes de verlo de cerca, de tocarlo, se interrumpió abruptamente cuando un individuo anónimo se le acercó para dispararle en la cabeza. De inmediato empezaron las hipótesis sobre el magnicidio; el hecho irreversible, definitivo, era la muerte de Luis Donaldo, dada conocer en una atmósfera de escepticismo, desencanto e incomprensión. Me hice infinidad de suposiciones, sin que en ese momento tuviera datos sólidos para encontrar una que pareciera consistente. Una cosa era cierta, el proyecto de Colosio moría con él. Sentí que, durante un periodo de tiempo indefinido, la política dejaría de representar la solución para los problemas del país: la política quedaba secuestrada bajo la sombra ominosa de los peores intereses. ¿Qué habría sido de México si Colosio hubiera llegado a ser presidente? francamente no lo sé y nadie puede saberlo; la historia trata de lo acontecido no de lo que podría suceder; y lo que acontece es la mezcla impredecible de libertad y necesidad. ¿Cómo se pueden predecir las decisiones que efectivamente tomará un individuo sólo porque se conocen las ideas generales expuestas en sus discursos? Entre la idea y la acción hay multitud de mediaciones, demasiadas; sobrepasan toda previsión lógica. Sea lo que fuere, Colosio no iba a ser el continuador del estilo político, sí merece este nombre, de la clase política despojada de todo ideal y todo compromiso con el bien común; en lo sucesivo, los miembros de esa clase política empezarían a moverse sin rumbo ideológico pasando de un partido a otro o creando nuevos partidos para encauzar al electorado por vías que terminaban favoreciendo sus intereses. El futuro de México en donde tengan cabida todos los mexicanos, quedó nuevamente pospuesto. No sé por qué relación inconsciente recordé estos versos de la Suave Patria de Ramón López Velarde: “El niño Dios te escrituró un establo y los veneros de petróleo el diablo”. Lo único que mueve a muchos políticos es la riqueza, el uso frívolo del poder. Frustrado, afronté la campaña para la diputación federal por el distrito de Orizaba con menos entusiasmo que la vez anterior. Pero ahora se trataba de una elección donde aparecían en la boleta los nombres del Candidato a la presidencia, Ernesto Zedillo Ponce de León y el Candidato al Senado, Gustavo Carvajal Moreno. La reacción del electorado nacional fue abrumadoramente favorable al PRI, porque con el magnicidio, la sociedad veía el riesgo de perder la paz y la estabilidad. El voto del miedo dio al PRI una victoria holgada y una figura, no sólo desconocida, sino forjada en la matriz de la tecnocracia, accedió a la presidencia con legitimidad incuestionable, avalada por más de diecisiete millones de votos. Para los estándares de la democracia mexicana se trataba de una cifra notable. Y, nuevamente, la sociedad quedaba a la espera de lo que el hombre en el poder, hiciera en su beneficio, aunque la frialdad del tecnócrata con domicilio en los Pinos no daba para hacerse demasiadas ilusiones.

 

Como diputado federal (1994-1997), tuve la satisfacción de hablar en tribuna para demandar el esclarecimiento de la muerte de Luis Donaldo. Por la ovación de los diputados presentes, creo que mi intervención fue vigorosa y argumentada, pero su efecto no fue más allá. La libertad de expresión a menudo es válvula de escape y más bien ayuda a debilitar el espíritu de la justicia. A pesar de todo hablar es mejor que callar y, con esta convicción, pedí a nombre de los diputados priístas que el presidente Zedillo honrara su palabra entregando la verdad de lo sucedido en Lomas taurinas al pueblo de México. Aunque ya no volví a participar en asuntos de relevancia, sentí haber cumplido mínimamente con el hombre que me dio un lugar en sus afectos. Con el tiempo, el crimen de Luis Donaldo pasó al anecdotario político; quienes supieron de los móviles del complot para quitarlo del camino, prefirieron callar para cuidar su seguridad y su carrera política; al final, la muerte de Colosio es un secreto sabido por todos, porque la verdad desborda los muros del silencio cómplice y la mentira.

Luis Antonio de Villena

 

Luis Antonio de Villena arribó a la Atenas veracruzana como los cocuyos: en verano y con luz propia, pretextando presentar La vida feliz de mis jóvenes ricos

 A invitación de la Universidad Veracruzana

En verdad el poeta disfruta del diálogo con el mundo, alentándole en consecuencia conceder entrevista a Tlanestli Amanecer y Objeto Textual. Elegante, sencillo en su trato, alegre, firme en sus convicciones expresa abiertamente su visión del feminismo y sus expresiones.

La temática fue vertida en Hyperion, librería ampliamente conocida en el ambiente intelectual, literario ante Alberto Rafael León Tamos y Víctor Manuel Vázquez Reyes, comunicadores, escritores.

Villena vocero del sentir generalizado de libertadores de expresión por antonomasia, autores de libros, criticó severamente la censura, censura que subraya vuelve, porque no es nada nuevo, conduciendo a la decadencia. Crecimiento de la cretines, estupidez en redes sociales. Hacer uso del ataque dialéctico en defensa de la verdadera cultura. Villlena está de acuerdo con el feminismo auténctico y no generar batallas entre sexos. Enfatizó en esa crisis sociocultural y como buen escritor cita al respecto a Antonio Machado. La escritura desde este entorno literario debe ser transformadora, limitado esto porque la gente no lee.

Propone el escritor por lo tanto, difundir la cultura, cultura de excelencia, proyecto lento que conlleva años de labor y para eso, evidentemente hay que empezar.

Luis Antonio, cómodo tanto por el agradable lugar como por la temática que le apasiona, que le han traido a este continente, y sus entrevistadores, se explaya con soltura y estados de ánimo propios, desde el enojo, coraje, hasta esperanza idealista de exponente de arte. El tiempo transcurre e ideas fluyen…

Con esa ansiedad que invade tener en mano un libro y no poder leerle en el instante, Alberto Rafael y Víctor escuchaban al invitado dentro de una privacidad incomprensible y que sin embargo la tecnología abría puertas y ventanas para expandir voz y eco de del poeta, ciudadano del mundo contemporáneo.

LA FILOSOFÍA

 


                                                                  Por Mariana Platas Morales

Desde el principio de los tiempos, los seres humanos se han planteado distintas preguntas como: cuál es el origen del universo y de la vida; qué es el bien o el mal; existe un ser divino que nos rige; cómo debemos de construir una sociedad democrática, entre otros cuestionamientos.

La filosofía surge como una doctrina que se encuentra a la base de todas las ciencias. A partir de una serie de razonamientos lógicos y metodológicos, tiene la intención de alcanzar una visión integral de la realidad. Crea una multiplicidad de conceptos, con la finalidad de entender y explicar los fenómenos humanos, sociales y naturales. La filosofía se dedica a buscar respuestas completamente racionales de los principios que rigen al ser humano, la sociedad y el medio en el que viven, tomando en cuenta cuestiones y problemáticas absolutamente humanas, sin por ello suponer que pretende alcanzar verdades absolutas.

Lo interesante de la filosofía es que es una forma de darse a la búsqueda del saber al preguntarnos el porqué de todas las cosas. El preguntarnos continuamente por ello nos ha permitido avanzar en el desarrollo científico, social y humano. La filosofía nos permite obtener algunas respuestas que, desde el principio de los tiempos, los seres humanos hemos buscado. Mediante ella, se nutre el espíritu humano dado que alcanzamos a conocer ciertos aspectos de la realidad que, antes de preguntarnos por los mismos, desconocíamos radicalmente.

En mi opinión, la filosofía forma parte de un saber universal del mundo y del ser humano; además, nos permite desarrollar un pensamiento analítico, crítico y creativos. La filosofía nos acerca al conocimiento de lo real, nos conduce al análisis y comprensión de ideas distintas y nos aleja tanto de la ignorancia como de la afirmación de verdades absolutas carentes de fundamentos. Para mí, la filosofía promueve el pensamiento racional y crítico de los fenómenos que ocurren en nuestro entorno y motiva e inspira a la búsqueda de respuestas racionales que aporten información certera sobre algún acontecimiento.

EDITORIAL.

 


 

Hace 11 años nace un sueño entre un grupo de educadores. Ese sueño los induce a la construcción de un medio de comunicación donde coexistan todas las expresiones culturales, sin importar las perspectivas teóricas, formación disciplinaria, intereses y compromisos  políticos; donde converjan escritores reconocidos y escritores en proceso de formación, incluso aquellos que únicamente desean comunicar sus ideas. En otras palabras, crear un ámbito de  encuentro entre las diferentes generaciones.

            Nuestra utopía surge en el año 2010. El año donde se conmemora el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución Mexicana. Traer al recuerdo estos acontecimientos que nos incorporan a la modernidad. Pero la intención no es la apología, sino entender la situación de nuestro país que estos movimientos nos heredaron, avances indiscutibles y rezagos históricos, En esta la tarea que se inserta Tlanestli.

            Con el mismo espíritu de año 2010 recordamos el proceso de 11 años, una rememoración que se inserta en los cambios que ha sufrido la sociedad y, en consecuencia los efectos nuestro medio de comunicación.

            En el aspecto político, experimentamos el cambio del grupo hegemónico heredado por el movimiento revolucionario. Pero entendiendo que los cambios no es la sustitución de un partido por otro, sino un nuevo proyecto modernizador, nuevas formas de vida y de expectativas. Surge un nuevo discurso, se establecen nuevos fines y estrategias. Al grado tal que tanto los partidos políticos abandonan sus principios originales. La derecha abandona la moral cristiana para abanderar las tesis materialistas del neoliberalismo. La izquierda abandona el proyecto revolucionario y la justicia social, para asumir como principio la democracia y la libertad.

            La aplicación de la tecnología en los procesos de producción, distribución y las finanzas cambia la ideología y las prácticas cotidianas en todos los sectores de la sociedad. Adquieren importancia las luchas por los derechos humanos, los problemas de género, y las aspiraciones de inclusión. La lucha social queda relegada o si se quiere adquiere otra dimensión.

            Por esta razón nuestro proyecto que conserva los mismos temas: creación literaria, ensayos políticos, sociales y educativos, pero los contenidos intentan responden a los problemas de nuestro tiempo. No son soluciones definitivas, sino expresiones de la diversidad y la pluralidad de nuestros colaboradores. Hay perspectivas interdisciplinarias y disciplinarias, que favorecen la diversidad  del pensamiento. Cada lector, pues, elegirá o enriquecerá la propuesta acorde con su personal punto de vista.

            A 11 años de existencia, creemos firmemente que nuestros esfuerzos valen la pena, pero también, sentimos la pérdida física de compañeros de esta aventura editorial. No obstante ellos estarán presentes en nuestras decisiones, por sus enseñanzas, sus experiencias, sus consejos, sus desacuerdos y su buena fe por este fruto de trabajo colectivo. Por ello pasamos lista de presente a Wilfredo, Villabaez, Jesús Castillo, etc...

            Así todos unidos festejamos los primeros 11 años de Tlanestli

 

 

 

 

NO TE OLVIDES PONERLE LOS NOMBRES DE LOS AUSENTES

 

 

 

Alfredo Villa Báez, Wilfrido Sánchez Márquez, Aurora Ruiz Vásquez, Benito Carmona Grajales, Roberto Murrieta Burela, Octavio García Mundo, Angélica López Trujillo, Dante Octavio Hernández Guzmán, Samuel Nepomuceno Limón. Jesús Jiménez Castillo, Oseas Camarillo López

jueves, 2 de septiembre de 2021

Es instante justo para vivir en la normalidad

 TEPETOTOTL


 Fernando Hernández Flores


Hemos perdido familiares y personas cercanas. Hemos visto el dolor, el sufrimiento, el llanto, la tristeza, la impotencia y más. No podemos seguir sumergidos entre esos escombros, entre ese abandono. No debemos olvidarnos de los demás, de los otros y de nosotros mismos. Por un instante, reconozcamos las nuevas realidades, las nuevas formas de vida, eso que algunas personas le han reconocido con el nombre de normalidad. En sí, la normalización de las cosas va desarrollándose a diario, en el diario vivir de cada persona, de cada familia, de cada sociedad. 

Ante estos retos inesperados, como seres humanos debemos marchar unidos, solidarios, organizados y sin perder de vista ni de oídos lo que a varios nos queda, la sensibilidad, practicar el humanismo y evadir el individualismo que no nos permite crecer tal como quisiéramos. Solos a ningún lado vamos, unidos avanzamos a pasos agigantados. Durante el año 2020 y en el transcurso del 2021, las cosas no han sido nada fácil para varios de nosotros, o quizás para la mayoría. 

De un día para otro cae la economía, los productos básicos se escasean, el agua que llega a tu hogar está siendo medida y de esa manera te llegará un recibo con un precio muy alto, por cierto. Se viene un huracán y se va la luz por varios días. Los postes se cayeron, fueron arrastrados por las aguas negras que pasaron por las calles y se llevaron parejos, hasta las casitas elaboradas de tarro, de barro, de corteza de árboles maderables. A las casas de ladrillos y block les ocasionó unos hoyotes grandes y por ahí se perdieron muchas cosas, y no podemos contabilizar los daños ocasionados a tantos pueblos y ciudades enteras, de aquí y de allá mero donde viven los que trabajan la tierra.

Es doloroso ver que las milpas están por los suelos, que los terrenos con árboles de limones y naranjas quedaron totalmente destrozados. Que se vienen días de apretarse el cinturón que se elabora con hilo cada vez menos resistente. El hambre, la desnutrición y el abandono se vive en esos lugares. Lamentablemente hay quienes hacen su agosto pero a costa de las necesidades de los demás, lo cual es injusto e indeseable.

De un momento a otro, pasamos por la costa y se descubre que los pescadores perdieron sus lanchas, perdieron sus herramientas de trabajo, perdieron sus palapas, sus formas de ganarse la vida honestamente para sostener a sus familias, se les complica. Y sin embargo, eso es una normalidad.

¿Y cuál normalidad, cuando vemos morir día a día a niños, a jóvenes y a personas adultas por culpa de un virus y ahora también por los desastres naturales que se dan en distintos puntos de la tierra? Que se puede decir de las personas incrédulas, que a pesar de enterarse que gente cercana a ellos hayan muerto por ese mal, sin embargo siguen promoviendo en distintos medios electrónicos y digitales la inexistencia de tal virus.

La normalidad del ahora es que caminemos, cuidándonos los unos a los otros, los otros a los demás, los demás a los que encontremos por ahí. Debemos vivir en la normalidad, no es lo quisiéramos, es lo que nos tocó vivir y experimentar para hacernos más fuertes, y así recuperar nuestro sentido humano y trascender en conjunto, protegiendo la salud y el bienestar de los que aún quedamos en este maravilloso planeta.

En una ocasión, fuimos llamados para la vida y aquí estamos. En otra ocasión, seremos llamados para la muerte, pero no por eso, debemos dejarnos llevar por esa equivocada sinergia donde van transitando las aguas negras, las aguas contaminadas, las aguas que envenenan y evitan que regresemos con los nuestros que están aquí, aún en la tierra. Por eso, es el instante para vivir en la nueva normalidad que inició desde hace un tiempo y no nos habíamos dado cuenta, hasta ahora.


(*) Escritor de un rincón del Totonacapan. Tepetototl, el ave de la montaña.

Correo: venandiz@hotmail.com

Twitter: @tepetototl

viernes, 20 de agosto de 2021

En un rinconcito natural del Totonacapan


Por Fernando Hernández Flores / Tepetototl*


Las hojas de las matas de plátanos se mueven de un lado hacia otro. El viento sopla, se siente fresca la noche y la luna sigue creciendo cada vez más, como que quiere llegar a ser llena antes de que se alineen los astros. Mientras por la calle se va deslizando un falso coralillo y en un mal paso, pasan por encima de él, las llantas de un automóvil amarillo. Hasta ahí terminó su vida, su corta juventud se nota al mirar su extensión, si acaso llegará a medir unos treinta centímetros.


En algunos de los brazos del árbol de guayaba se mueven los tizoncillos. Son de diferentes tamaños: chicos, medianos y grandes. No es recomendable acercarse a ellos, porque si llegara a tocar una parte de tu cuerpo, te arderá y se inflamará. Pareciera que te quema la piel. Por eso el nombre que le pusieron los abuelos o los abuelos de nuestros abuelos. En otros lugares, son los azotadores. Hay muchos bichos en la naturaleza que te pueden ocasionar fiebre como es el caso de las avispas y unos gusanos que parecen orugas con peluche de color blanco o café. Allá en el pueblo les dicen xocoyos, pero es un insecto muy peligroso. Así que ni te le acerques aunque te llame mucho la atención y tengas la sensación de acariciarlos. Pero volvamos a mirar a esa luna que aún no es de octubre, pero sí de agosto. Son buenas fechas para preparar la tierra y sembrar la flor de cempoalxóchitl y mano de león. En unos meses más se pondrán los altares en distintos hogares y a veces se escasean estas flores o su precio son muy elevados.


Al terminar de cenar, te asomas por la ventana y ves a la luna. Le tomas varias fotos y tratas de elegir la mejor para ponerla en el perfil de tus redes sociales. Piensas en aquellas noches de estar en el pueblo, de ir casa por casa. De llevar las mañanitas a las cinco de la madrugada y como a las siete estas tomando el primer chocolate acompañado de unas piezas de pan elaboradas artesanalmente en horno de leña. Ves las noticias y hay amenazas de una tormenta. Por lo tanto, debes evitar atormentarte dejando vivir y viviendo adecuadamente tu vida. 


El conejo de la luna se distingue a lo lejos. Pareciera que va saltar pero necesita un pastizal para que vaya a comer y el otro punto, es que no sea atrapado por ningún cazador a determinadas horas de la noche, en un rinconcito agradable de la bendita Región del Totonacapan. Cuando te duela la garganta puedes tomar un té preparado con las hojas de guayaba. Esas hojas que puedes rescatar, antes que se la terminen de comer los gusanos tizoncillos, que de soncillos no tienen nada. En otras palabras, son demasiados listillos y peligrosos para los niños. Paxkatkatsini (Gracias).


(*) Autor del libro “Andanzas Interculturales de Tepetototl”. 

Correo: venandiz@hotmail.com Twitter: @tepetototl

miércoles, 11 de agosto de 2021

La familia en la sociedad

 


Gilberto Nieto Aguilar

La familia todavía es la célula de la sociedad. Por lo general en ella hay una figura fuerte en la conducción de los destinos de cada hogar. Puede ser el padre, la madre, alguno de los abuelos, o alguna otra figura que adquiere tal grado de autoridad moral. Esa “figura fuerte” en gran medida es la responsable en satisfacer las necesidades básicas de sustento, habitación y formas de interacción para generar ambientes (preferentemente) de armonía, emociones sanas, identidad y cohesión hogareña, formas de interpretar la vida, de resolver problemas y la manera de reaccionar ante los estímulos externos.

Las relaciones familiares influyen significativamente en el desarrollo físico y emocional del individuo, pues es ahí donde se reciben las primeras impresiones de vida. Por ello es relevante nombrar a la familia como la principal formadora en las pautas de comportamiento. De acuerdo a esto, el niño sabrá relacionarse posteriormente con otros sujetos, socializar sus emociones, sentimientos y necesidades, que más tarde complementará en la escuela desde la fase inicial o preescolar en adelante.

Es relevante cómo la educación que se concede en la familia promueve o dificulta la relación de los niños fuera de su entorno familiar. Institución social por excelencia, en ella el niño aprende las nociones básicas para vivir en sociedad, construye el concepto que tiene de sí mismo y alcanza una identidad personal. La familia aporta la primera y fundamental educación, esa que se aprende sin recibir ningún documento escrito, pero que se proyecta en la forma de ser. 

La familia es el tipo de comunidad perfecta. En ella se unen todos los aspectos de la sociedad, económicos, jurídicos, socio-culturales, de convivencia y formación de la personalidad. Podríamos explicarla como una estructura social básica en la que padres e hijos se relacionan entre sí a través de lazos afectivos y en donde se aprenden los valores. La práctica de éstos constituye la base para el desarrollo y progreso de la sociedad.

La familia se halla inmersa en una cadena emocional continua y constante. Es fundamental analizar nuestras emociones y la manera de expresarlas y dejarlas salir, ya que el clima familiar está determinado por lo que sentimos, cómo lo sentimos y cómo expresamos emociones y sentimientos.

La desintegración familiar se manifiesta con la ruptura de los lazos principales que unen el núcleo familiar provocando el rompimiento de los roles de sus elementos, afectando el desarrollo de sus integrantes y dando como resultado la insatisfacción de las necesidades primarias de sus miembros menores. El divorcio es una palabra común en los matrimonios más jóvenes de ahora.

El Consejo Nacional de Población asegura que en México las familias y los hogares se han transformado. Actualmente hay 35 millones de hogares, de los cuales 10 millones son encabezados por mujeres. En 2020, de acuerdo con las Proyecciones de la Población de México 2016-2050, en el país residen 127.8 millones de personas, de las cuales 20.6 por ciento son niños y niñas menores de 12 años, 30.7 por ciento son personas jóvenes de 12 a 29 años, 37.4 por ciento son personas adultas de 30 a 59 años y 11.3 por ciento son personas de 60 años y más.

gnietoa@hotmail.com