martes, 4 de enero de 2011

LA VERACRUZ AGUSTINA. UN PUERTO “CONSTRUIDO” DESDE LA MÚSICA.



Ohtli L. Enríquez González

La Veracruz Agustina, visión construida desde la radio, es el modo como caracterizo a la representación idealista del puerto de Veracruz que lo figura como un paraíso arquitectónico con inigualables atractivos naturales, gente abierta para el gozo, un patrimonio cultural ilimitado y un ambiente atiborrado de romanticismo y sensualidad. Agustina en referencia directa al titán de la música mexicana Agustín Lara, ‘jarocho de corazón’, quien en sus letras recreó el ser y estar de un pueblo. La radio difunde la producción musical del ‘flaco de oro’, quien constituye  un sostén fundamental dentro de la construcción de la cultura popular mexicana y veracruzana en particular. Sus composiciones eran románticas, sentimentales y liberadoras, repletas de metáforas. Carlos Monsiváis lo ubica como un resabio de la tendencia modernista que renovó la literatura a finales del XIX, poesía que

“Vitaliza y activa el idioma (‘Darío nos enseñó a hablar’, declara Neruda), americaniza influencias como el simbolismo, modifica las percepciones artísticas, introduce elementos de sexualidad y erotismo usando los planos exóticos, descubre en el manejo irreprobable de la forma una oposición consciente al desorden, a lo imperfecto del exterior.”[1]

Lara arrastra esta percepción peculiar de la realidad y la funde con las manifestaciones de los nuevos espacios urbanos. Explicita a la mujer a manera de manzana de la discordia y relata en sus historias pecados, injurias y venganzas, algunos ejemplos de ello fueron las canciones “Pervertida” o “Aventurera.” Las féminas reconquistan varios de los derechos negados por el patriarcado porfirista, pero también son objeto de críticas. Con este reordenamiento del rol de las damas distintas prácticas sociales asomaron,  aunque tibiamente, por la censura del gobierno, radiodifusoras y no pocos padres de familia. 
La radio, al transmitir sus alegorías musicalizadas resignificó conceptos básicos de la vida cotidiana, como mujer, vida o amor. Además el bombardeo del bolero propició que la sociedad mostrara mayor tolerancia con la expresión de sentimientos y pasiones humanas, lo cual en un proceso de medio plazo atenuó el surgimiento de nuevas prácticas públicas  y otra mentalidad. Canciones como ‘Mujer’, ‘La prisionera’, ‘Tengo celos’, ‘Noche de ronda’, ‘Tus pupilas’, ‘Cabellera negra’ y ‘Gotas de amor’, escuchadas ampliamente por las masas urbanas, sirvieron como chivo expiatorio a la represión física y mental de una nueva clase conformada por obreros industriales, pequeños comerciantes, burócratas, profesionistas y gente dedicada a prestar todo tipo de servicio en la ciudad. Con un horizonte cultural más amplio y después de un periodo de reorganización administrativa en gran parte del país, la sociedad de masas emergente requirió satisfacer ciertas necesidades comunes en torno a intereses formativos y recreativos.
Dentro de este proceso social, los medios de comunicación y las tecnologías de información  orientaron y aliviaron el caudal de ansiedades y beneficios exigidos por la sociedad deseosa de renovación. Los temas transgresores de la moralidad y las buenas costumbres escuchados a través de la radio confortaron una considerable carga de penas, frustraciones y coerciones en el fondo liviano del nuevo ambiente cultural. Las canciones de Lara fueron muchas veces censuradas por glorificar la marginalizada imagen de las prostitutas y de las mujeres sufridas, o por su permisividad exaltadora de vicios. El Ministerio de Educación, en los años treinta, prohibió sus canciones en los textos escolares y en las clases, a pesar de su enorme difusión cotidiana y popularidad, por considerarlas inmorales.
Para el puerto de Veracruz, la proyección que Agustín Lara hizo de su atmósfera y su gente redundó en un mayor afluente de paseantes atraídos por el exotismo de una tierra que parece descubrirse ante sus atónitos ojos. Su obra intentó recrear en las mentes de los capitalinos la imagen de un edén resuelto y abnegado, de ese “pedacito de patria que sabe sufrir y cantar” dispuesto al desenfreno de un cuerpo históricamente oprimido. ¿Quién en su sano juicio no anhelaría descansar y disfrutar del trópico con sus palmeras borrachas de sol, su luna de plata y sus noches con diluvio de estrellas? La radio, al proyectar a Agustín Lara por el éter delineó la traza de un espacio alejado totalmente de la basura, baches, zopilotes y rudimentaria infraestructura reinante en Veracruz durante la década de 1930 y hasta mediados de los cuarentas. Tipificó el dasein jarocho, según el concepto de Martin Heidegger, y vendió la idea de un puerto fabuloso donde la ambivalencia júbilo/melancolía siempre está presente. En el éxito ‘Noche criolla’ plasma en forma excepcional esa representación que denomino Veracruz Agustina:

Noche tibia y callada de Veracruz,
cuento de pescadores que arrulla el mar,
vibración de cocuyos que con su luz
bordan de lentejuela la oscuridad (…)
Noche Tropical, lánguida y sensual,
noche que se desmaya sobre la arena (...)
Noche de Veracruz.[2]

El espacio temporal propicio para desatar los ímpetus sin duda fue la noche. Ese catalizador tan rotundo que invita y disfraza. Horario de acción efectiva para el porteño y sus visitantes que aún mostraban cierta renuencia a los rayos solares. Las canciones escritas por el músico poeta que hablan sobre la vida veracruzana fueron escritas a principios de los treinta, interpretadas principalmente por Antonia Peregrino, mejor conocida como ‘Toña la Negra’. Sin embargo, la Veracruz Agustina tenía su contraparte, como señala el antropólogo Ángel Palerm, quien a continuación asienta la impresión que Veracruz dejó en él tras su desembarco:
 
“Era un puerto hecho de madera (...) Era el puerto principal de México y era impresionante. Yo lo comparaba mentalmente con el puerto de Ibiza, que es una ciudad de diez mil habitantes, pero con un señor puerto (...) Era una mezcla muy rara, porque por un lado la fascinación del país nuevo, de México, con todas las leyendas de Cárdenas y Pancho Villa y la Revolución (...) Todo revuelto en la cabeza, más este espectáculo deprimente: la pobreza de Veracruz, la suciedad en este tiempo, la mayor parte de las calles sin pavimentar y los zopilotes andando por ahí. Y por otro lado el trópico y las frutas tropicales, yo nunca había comido piña ni había visto un mango (...) Muy interesante pero también muy deprimente. Era México entonces un país muy pobre, muy sucio, muy deshecho por lo que fuera, por la Revolución y todos los conflictos.”[3]

El contraste es muy notorio, salvo el exotismo natural que las tierras calientes conllevan, el puerto presentaba una fachada triste y desgastada. Parte de ese contexto opaco sirvió a Lara como inspiración para forjar una imagen nostálgica que presentaba lo corroído como rústico y el sufrimiento como una experiencia necesaria para el desarrollo pleno de las capacidades humanas. Incluso en las letras de los temas dedicados al puerto subyace la concepción broncínea de la historia que impregna todos los rincones de heroicidad. Ese pasado belicoso de ataques piratas, incursiones españolas, francesas, inglesas y norteamericanas; muerte, robo y ruinas se repliega en la conciencia de una historia que por desdichada ha degenerado en valiente y hasta “Cuatro veces heroica”. Ante esa sucesión de hechos amargos no queda más que reírse de sí mismo y de la vida en una eterna juerga carnavalesca. El alcohol sirve de paliativo para mitigar los dolores del alma, la música transforma los pesares del corazón en una explosiva emotividad por la danza y el desmadre. En ‘La Cumbancha’ de Lara se puede escuchar:

“La última carcajada de la cumbancha,
llévate mis tristezas y mis cantares,
tú que sabes sentir,
tú que sabes llorar,
tú que puedes decir
cómo son las noches de mi penar.”[4]

El papel desempeñado por las composiciones del flaco de oro fue el de conducir una serie de elementos dispersos en la cultura popular porteña y unificar ciertos criterios característicos con el fin de crear una imagen específica sobre la vida en provincia. Para la radiodifusión local significó un islote sagrado en la inmensidad del mar musical, pues desde el mismo inicio de la radio comercial surgió una pelea simbólica entre los diversos ritmos tradicionales y modernos: son jarocho, danzón, música ranchera, música culta (de cámara, sinfónica, coral, ópera), polkas, mazurcas y bolero, jazz, fox trot, blues, tango o  son cubano. El gusto por un determinado género manifestaba el origen, clase, aspiraciones y la filiación por un estilo de vida. Por ejemplo, como lo relatan Juan Cordero Medina, Francisco González Clavijo[5] y los cronistas recopilados en Cien Viajeros en Veracruz, la población de las colonias populares clásicas como la Huaca o Caballo Muerto se deleitaban con los fandangos de son jarocho, mientras que los estudiantes, abogados, médicos e ingenieros preferían los ritmos norteamericanos. Por su parte los comerciantes del centro, profesores y gente de alta sociedad además de dar cabida a las influencias musicales de vanguardia se congratulaban con los acordes de la música clásica. Con la venida del mesías radiofónico, todos estos grupos unificaron un ideario común con base en  estereotipos ambientales, físicos, geográficos, históricos y culturales. Así, la sociedad pudo verse en las composiciones tropicales de Lara como raza y unidad cultural, con una historia y un porvenir.
Un pilar trascendental dentro de la conformación de esta representación la constituye la raíz caribeña plantada en Veracruz. Desde mi perspectiva, en esa doble historia que relata Leonardo Pasquel, del interior recibe influencia cultural de la capital de la república y de las emigraciones del Sotavento; del exterior se apropia de varios elementos españoles, estadounidenses y caribeños. Éstos últimos caracterizan en el discurso la animosidad y reciedumbre de los porteños, bajo este ángulo ponderan la negritud que deambula en sus venas. Tan vasta era la oferta musical foránea que el “Reglamento de las estaciones radioeléctricas, comerciales, culturales, de experimentación científica y de aficionados” efectivo desde 1937 estipula en su artículo 24: “Todo programa deberá contener por lo menos un 25% de música típica mexicana.”[6] Ello porque se recordará que el Estado mexicano había emprendido una campaña nacionalista en la cual estas influencias ‘extranjeras’ podrían confundir al pueblo.
La percepción que nuestro compositor y cantante tiene del puerto la extrapola a toda la región caribeña y a su vez retoma de la generalidad de islas rasgos para tipificar al puerto mexicano. A partir de la música establece una comunidad cultural y social, años después Antonio García de León delimitaría algunos de estos rasgos y otros tantos en la categoría conceptual de ‘Caribe Afroandaluz’. La historia de esclavitud y dolor del Mar Caribe (incluido el Golfo de México) es condensada muy bien por el músico poeta en su tema ‘Oración Caribe’ de 1932:
“Oración caribe
que sabe implorar,
salmo de los negros,
oración del mar.
Piedad, piedad
para el que sufre,
piedad, piedad
para el que llora.
Un poco de calor
en nuestras vidas
y una poca de luz
en nuestra aurora.”[7]

A partir de la obra musical de Lara, muchas composiciones de la época hicieron referencia directa a ‘los negros’ (también estereotipados) y la música antillana como ‘Babalú’ de Margarita Lecuona, ‘La negra Leonor’ de Antonio Fernández o ‘La negrita Concepción’ de los Cuates Castilla. Los bongoes, timbales, maracas, claves, el güiro y gradualmente el tres cubano (guitarra de seis cuerdas agrupadas en tres pares) poblaron súbitamente los oídos de los receptores cautivos. A través del fraseo repetido con sencillos y alegres acordes, estos géneros tropicales innovaron la música bailable, ya que su comercialización era fácil y pegajosa. Tal irrupción prosperó más tarde con otros géneros aledaños a la rumba como el mambo  y el cha-cha-chá a finales de los años 40.
Lara armó el rompecabezas Veracruzano incluyendo distintos valores como el legado ibérico, la reorientación del rol femenino, la afirmación de una vida urbana nocturna y la importancia de la música y el temperamento afrocaribeño. De esta forma, la idealización de la Veracruz Agustina está muy ligada a la trasplantación de rasgos típicos de la población cubana en general y habanera en particular. No es casualidad que dedicara parte de su tiempo a viajar y componer algunos temas en honor a la mayor de las Antillas como “Habana”, “Sueño Guajiro” y “Ojos Cubanos”, con lo cual Lara también conquistó a ese pueblo. El resultado de su producción tropical fue la simbiosis de los ambientes porteños con el Caribe, tanto así que para muchos viajeros la ‘Habana Vieja’, esto es, el casco colonial cercano a la entrada interior del puerto de la ciudad capital, es idéntico a la traza del Veracruz de los cuarentas y cincuentas. Se dice que para los cubanos emigrados durante finales del siglo XIX y toda la mitad del XX Veracruz significó permanecer en casa.
Tras el dominio público de la obra de Lara se construye y mitifica al Veracruz Agustino enriquecido con la vasta cultura popular de la ciudad. Esta representación canalizada a través de la radiofonía ha pasado a formar parte de una imagen romántica de aquél ‘Viejo Veracruz’, cándido, soñoliento y en transformación. Parte de estas añoranzas las recoge Félix Martínez González en sus versos Viejo Veracruz, donde plasma algunos pregones de época y anécdotas de la vida cotidiana porteña que vivió en su etapa de niñez. En la picosa disertación se mezclan lugares y fechas, es una representación que se ubica durante los años de la década de 1940. Aquí los retomo del disco Son Montuno del grupo porteño ‘Quinteto Mocambo’, quienes interpretan las coplas musicalizadas por Memo Salamanca:

“Patios de vecindad
con sus viejos lavaderos,
llegaban los panaderos
son su cara de bondad,
Gritando por la ciudad
se escucha un ‘legillero’.
Fui a la ‘Arena Miramar’
casi mil espectadores,
y sus bravos peleadores
difíciles de pelar.
Yo vi aquellos Tiburones
vestidos de Azul y Rojo,
la jugaban a su antojo
brindando mil emociones,
¡Claro que fueron campeones!
No jugaban al cerrojo.
Veracruz, va con tu historia
la de tanto personaje,
que de sombrero o de traje
aún los guarda mi memoria,
no lastimaron tu gloria
repleta de heroicidad.
Veracruz, puerto y ciudad
guardo para ti un cariño
que atesoré desde niño
y hoy le doy publicidad.”[8]

Para la radio de la época estudiada Agustín Lara es el protagonista de sus canciones, víctima de su vida ‘pecaminosa’. En los periódicos de los años treinta y cuarenta aparece tanto en la radio como en artículos y entrevistas manteniendo un discurso tan retórico como romántico de la imagen de su persona. Siempre con vistas a convertirse en un héroe y una leyenda popular. Junto a otros factores, su poesía lírica escuchada a través de los radiorreceptores contribuyó a la conformación de una manera muy peculiar de asir la realidad social, histórica y cultural por parte de los jarochos que vivieron en y al puerto durante el periodo de 1930 a 1950, aproximadamente. En violenta reacción al malsano historial que Veracruz llevaba a cuestas como una losa, se crea una imagen nostálgica que reivindica los pesares de una “raza de bronce que nació para sufrir toda su desventura”, se glorifica y nutre de los contactos con las Antillas. Por el artificio del exotismo musical, del galimatías a que aluden varios de los emigrados en aquellas décadas, se construye idealmente un pueblo alegre y una ciudad pintoresca de casas multicolores, laberínticos patios de vecindad y un valioso centro colonial. Así, el recinto turístico está dispuesto para enamorar al turista y llenarlo de su diáfano encanto.



[1] Carlos Monsiváis (2000), “Notas sobre la cultura mexicana en el siglo XX”; en Historia General de México. El Colegio de México, México.
[2] Agustín Lara. ‘Noche criolla’ PHAM, México, 1932
[3] Dolores Pla Brugat, (2000) “Los españoles, testimonios de un encuentro”; en Veracruz. Puerto de llegada. H. Ayuntamiento de Veracruz, México, pp. 47
[4] Lara, Agustín. “La cumbancha”, PHAM, 1932
[5] Francisco González Clavijo (1999), La influencia de la música afrocubana en el Puerto de Veracruz, 1928-1998. Universidad Veracruzana, Veracruz. (Tesis para obtener el grado de Maestro en Comunicación)
[6] Archivo General del Estado de Veracruz. Caja: 1167 316/0 1944.
[7] Lara, Agustín. “Oración Caribe.” PHAM, 1932
[8] Quinteto Mocambo. Son Montuno, Veracruz, Ver.

La poesía de Juan Hernández Ramírez


A diferencia de la literatura que nos es común en el idioma español, ya hemos visto que hay literatura en lenguas indígenas, del mundo prehispánico y de la actualidad. En la Ciudad de Xalapa vive actualmente uno de los poetas más connotados de la lengua náhuatl, que ha publicado tres libros en edición bilingüe náhuatl-español, y otro sólo en español. Se trata de Juan Hernández Ramírez, quien además es uno de los fundadores de este periódico. Nació en Colatlán, municipio de Ixhuatlán de Madero, al norte del estado de Veracruz, en el seno de la cultura náhuatl. Se desempeñó como maestro bilingüe durante muchos años;  ahora está dedicado a escribir,  a mantener contacto con pueblos y personas de su cultura de origen, al igual que con personas que se han desarrollado en el ámbito de la cultura occidental.
El libro bilingüe más reciente es Tlatlatok tetl, Piedra incendiada, que recibió el Premio Continental de Literatura en Lenguas Indígenas 2008, y que se editó en mayo de 2010. De este libro ofrecemos a los lectores un poema que tiene relación, precisamente, con la ocupación que tuvo nuestro poeta durante más de treinta años, y que es común a otros poetas en lengua indígena.

MASEUALTLAMACHTIJKETL
Tlen nepa naui tlaketsalmej
tlen kalsosoli
iuan ika xochitlatsotsontli,
ejekatlajpaloli nijualika.

Nojaj tijpiaj kostik sintli
tlen kipajtok tlatlauak mestli
ipan konemej inxayak
tlen ta tijuika ipan tlajkuilolkuauitl.

Uajkapayotl tlali momaj
tlen ipan tlikuasejlotl motlapanki
inik tlatlauis tlatlayouatok pamitl
tlen axkanaj kikomej kitlauiliaj.

Maseualtlamachtijketl,
ajkia tojuantij ta tijmati.
Tiochiualkoyoli ta tijmati
iuan tlen kualmej iuan axkualmej ejekamej.

Xinechijli tlajmelauak motlajtol
iuan tlaj moteso auatl iuan tetl
inik sentika tlajlamikilis ipan akali
sentika uelis sejkanok tianejnemisej.

Se kuauitl nokuik
mijtotili uajkapatl
tlen se tlatsotsontli kiuikaj
tlen sekinok axiuikal,
ijkatsa uelis timotlajpalosej.

Maseualtlamachtijketl,
onkajsitlalimej iuan totomej kuikatl
tlen tlatlauiaj
ika totlauil.

In ueuejtlajtoli
tlatsotsontli, kiuauitl mijtotili,
xochipitsauak, pixkailjuitl
ika kopalij iuan tlaxcali inajuiyaka
san ika toxochitlajtoli uelis moijkuilos.

Ta, maseualtlamachtijketl,
tlen uelis tetsakuali kikualchijchiuas
tlen tiochiualkoatl
sintli toxayak tech makatok.

¿Kanij tiitstokej?
¿Ajkia tojuantij?
¿Kanij tiouij?
¿Tlen elis tokoneuaj?
¿Tlen intlajtol toueyitatauaj tijmakatokej tlen ipatij?
¿Tijmatij ajkia tojuantij inik tijmatisej kanji tiouij?

Tlamachtijketl nimits tlajpaloua
tlen ipan naui tlanextili,
ni mits kauilia iajuiyaka xolontok tlali
iuan iajuiyaka miauaxoxhitl.


MAESTRO INDÍGENA
Desde los cuatro horcones
de la vieja casa
y con música de flores,
traigo el viento del saludo.

Todavía tenemos el maíz amarillo
que ha pintado morenas lunas
en el rostro de los niños
que tú llevas por el árbol de las letras.

Tus manos son del barro
primigenio que se astilló en chispas
para alumbrar el surco obscuro
que no alumbran los cocuyos.

Maestro indígena,
tú sabes quienes somos.
tú sabes del coyol sagrado
y de los vientos buenos y nefastos.

Dime si tu palabra es verdadera
y si tienes raíces de encinos y piedras
para que juntos en la barca del pensamiento,
tú y yo, podamos navegar en la otredad.

Mi canto es un árbol
de ancestrales danzas
que llevan un ritmo
ajeno a los demás,
pero podemos darnos la mano.

Maestro indígena,
hay canto de pájaros y estrellas
que sólo alumbran
con nuestra luz.
La palabra de los ancestros,
la música, la danza de la lluvia,
el xochipitsauak, el ritual de la cosecha
con olor a copal y el sabor de la tortilla,
sólo pueden escribirse con poemas nuestros.

Eres tú, maestro indígena,
quien puede reconstruir la pirámide
de la serpiente sagrada
que nos ha dado el rostro de maíz.

¿Dónde estamos?
¿Quiénes somos?
¿Hacia dónde vamos?
¿Qué será de nuestros hijos?
¿Hemos dado valor a la palabra de los abuelos?
¿Sabemos quiénes somos para saber a dónde vamos?

Te saludo maestro
desde los cuatro puntos cardinales,
te dejo el olor a tierra húmeda
y el sabor de la espiga de maíz.











Así se vive realmente la autonomía. . . en el Anáhuac hoy


Por Talina Cuervo González
A  través de un pueblo multiétnico, multilingüistico y multicultural, reafirmado en la cultura.
A la pluriculturalidad que se manifiesta en sus diversos atuendos, lengua, mitos, ritos, costumbres y tradiciones, a ese rostro tan definido y con identidad de un pueblo originario.
A todos los hermanos y hermanas indígenas herederos de una cultura y formadores de pueblos.
Al arte y conocimiento indígena, a las sabias manos de tlahcuilos (los que escriben pintando), zuquichiuhqui (alfarero), teocuitlapitzqui (orfebre), amantécatl (artista de las plumas), tlatecqui (gematista), cuicani (cantores), cuicapicqui (poetas), curanderas, parteras, tejedoras, bordadoras, artesanos y artesanas, campesinos y campesinas, legado vivo de la sabiduría de nuestros antepasados.
A los que han sabido ser dueños de una identidad, de una historia, prueba de su fuerza y lucha de resistencia y consciencia de ese legado que hay que preservar.
Así festejo con ustedes en los caminos de la vida, hermanos indígenas, a través del rostro y corazón de cada uno de ustedes, porque por ustedes aún podemos llamarnos indígenas, que significa “los que han nacido ahí”, y que a pesar de tantas luchas. . . No se han ido de ahí. . . Nacidos todos en el Anáhuac, ombligo de la luna, México.

Con gran respeto a las Grandes Culturas Originarias.
Nahuas, Mayas, Chontales, Téneck, Raramuri, Tarahumaras, Wirarikas, Otomíes, Totonacas, Amuzgos, Purhepechas, por mencionar sólo algunas, a las 62 etnias y a las más de 130 lenguas habladas, de las cuales sólo he tenido el honor de escuchar algunas de ellas, sin entenderlas. . . pero me identifico con ese lenguaje que expresan ustedes a través de sus manos con el arte propio de cada cultura, con la música, la danza, , los mitos y los ritos, a esa cosmovisión y filosofía tan sabia que poseen, y lo que sólo alcanzan mi vista, mi tacto, mi olfato y mi corazón de experimentar con ustedes, sus intenciones, sus anhelos y esfuerzo de vida diaria que comparten al mostrar su corazón en las cosas que crean; a ustedes gracias por conservar sus formas antiguas de cultura, protegiendo a la madre tierra y a las personas; a ustedes campesinos y campesinas, a los y las que con el colorido y las fuentes y formas de vida de la naturaleza, que con su gran creatividad han tejido y formado en el tiempo una historia y una vida compartida, a ese códice maravilloso que tiene miles de mensajes aún por explorar y vivir. . .
A Tonantzin (nuestra madrecita tierra), Ipalnemohuani (el verdadero Dios por quien se vive), Ometéotl (Dios de la dualidad), Tloque Nahuaque (el señor del cerca y del junto), al Gran Espíritu, gracias por vernos y sentirnos reflejados en esta interacción tan rica y tan diversa de las culturas que habitan y viven hoy en el Anáhuac, en la Era del Quinto Sol del movimiento, danos fuerza y sabiduría para caminar orientados hacia una forma humana de vida como la tenían nuestros antepasados, valorando, rescatando y viviendo un pasado, presente y futuro histórico en equilibrio y armonía con el cosmos y con la vida toda..
Tlasokamati. . . 

Conciencia social y educación


Por Romeo Cuervo Téllez
Si nos diéramos a la tarea de preguntar a los ciudadanos en general qué tan conscientes somos de las agudas crisis de todo tipo que gravitan en nuestra actual sociedad, nos daríamos cuenta que-siendo respuestas diferentes-coincidirían en un rasgo común: su pobreza cualitativa.
Veamos, la mayoría de nuestra población urbana cree que los problemas nacionales se reducen a dificultades para conseguir empleo, a problemas de inseguridad y delincuencia en las calles, y algunos problemas de salud por cambios de clima y cosas así. Esto es, una visión de superficie, pero nada de fondo. Sin embargo, la verdad es que la sociedad en que vivimos está cada vez más enajenada y aculturada por la mercadotecnia comercial mediática cada vez más nociva y degradante; así como por las tendencias “educativas economicistas” actuales, con modelos, planes y programas que se diseñan y se imponen siguiendo directrices externas (consenso de Washington, OCDE, etc.) a cuyos intereses y concepciones, los gobiernos y grupos de poder federales de nuestro país-desde 1982 a la fecha-parecen estar dispuestos a servir, olvidando el sentido y razón superior de nuestras aspiraciones y luchas históricas, en medio de una desigualdad social creciente, una pobreza urbana y rural en aumento y una incultura y descomposición social cada vez más preocupantes, que más de cuatro sexenios de neoliberalismo y globalización han producido en lo que queda de nuestro país, para desdicha de las generaciones de hoy y de mañana, todo lo cual tiene un nombre, se llama antidemocracia social y ausencia total de ética y patriotismo.
¡Oh Manelic, oh plebe que vives sin conciencia! Exclama con un dejo de desesperanza el poeta yucateco Antonio Mediz Bolio, pero el verso alude a la inconsciencia de la plebe que en aquel momento era manifiesta ante la prepotencia y la injusticia social imperantes en la época porfiriana, y de la que como clase oprimida no era responsable. Hoy sin embargo, la inconsciencia social es un fenómeno genérico, que se observa en todas partes, que permea en los estratos y sectores sociales más diversos, como expresión de enajenación y de incultura general, manifestándose en situaciones cada vez más aberrantes y frívolas, como las de procurarse “éxito”, “poder”, “felicidad”, etcétera, al margen de toda conciencia de nuestros deberes y valores éticos y culturales, forjados en los procesos sociales de nuestras luchas históricas.
Por todo ello, considero que esta gama de manifestaciones de “vida” culturalmente decadente, reclama primero que nada un análisis y una reflexión profunda; y enseguida, acciones en consecuencia que hagan posible el rescate y restablecimiento de nuestra conciencia social. Esta conciencia es propia de la naturaleza pensante del ser humano (homo sapiens) y no sólo de su capacidad de hacer, de fabricar (homo faber), de percepción visual (homo videns), de capacidad de consumo (homo oeconomicus) o de capacidad de compra (homo mercantilis).
Esta es la grave problemática, el gran reto que tiene que asumir todo individuo y toda institución verdaderamente educadora, y no sólo administradora de “servicios educativos” ahora crecientemente privados (negocio de mayores dividendos), en los que se operan procesos y se aplican instrumentos supuestamente eficaces y suficientes para el logro de mayores conocimientos, cuando en realidad sólo son herramientas auxiliares-que adecuadamente utilizadas-pueden servir para alcanzar los fines superiores de la enseñanza-aprendizaje.
Desde esta concepción particular considero pertinente, y por tanto procedente y benéfico para nuestra realidad en el ámbito educativo, desechar la idea modernizante y falaz de saturar nuestros espacios escolares de medios e instrumentos audiovisuales e imágenes aculturantes, creyendo que son la panacea para logar la deseada calidad educativa. Lo que necesitamos son verdaderos maestros que enseñen y forjen la cultura intelectual y moral de nuestros niños y jóvenes, que sean capaces de rebelarse ante las mentiras de la mercadotecnia y de los perniciosos medios de “comunicación e información”, así como de la imposición de modelos, planes y programas de estudio, impuestos desde las cúpulas del poder en turno.
No más elefantes blancos como la biblioteca Vasconcelos, fundada en el sexenio anterior; ni más fracasos como el de enciclomedia o como los consorcios para la “educación virtual”, etcétera.
La economía de mercado y el neocapitalismo no son la mejor opción para el desarrollo verdadero de países como el nuestro, que ha forjado en sus luchas históricas formidables instituciones como su carta magna o ley fundamental, que hoy más que nunca debemos defender, en cuyos postulados late el espíritu de la suprema libertad social y económica. Retomemos el camino de la verdad histórica en la conformación de nuestras estructuras económicas, sociales, políticas y culturales, para celebrar así válida y justificadamente el bicentenario y centenario de nuestro nacimiento y transformación como país.
En países subdesarrollados como el nuestro, con agudos problemas de pobreza y diversidad cultural, debemos educar con realismo y sentido común y con modelos educativos surgidos de nuestra propia entraña, aplicando los avances tecnológicos al proceso de la enseñanza aprendizaje (tecnología educativa) en la medida en que sea pertinente su utilización, pero sin relegar al olvido, sino rescatando y reincorporando adecuadamente los modelos y elementos pedagógicos y didácticos de la escuela mexicana tradicional clásica, liberal y social, que probaron su efectividad en la historia nacional y latinoamericana, y que tuvieron su origen en nuestra entidad federativa veracruzana. Por eso creo que urge ir al rescate de aquel glorioso acontecer educativo de los años 20 a los 40 de Vasconcelos a Vásquez Vela; que vuelvan a nuestras aulas nacionales las efigies y las obras de Enrique C. Rébsamen, de Carlos A. Carrillo, de  Gregorio Torres Quintero, de Daniel Delgadillo, Leopoldo Kiel, Luis Hidalgo Monroy, Gabriel Lucio, Francisco Cuervo, Benito Fentanes, Abrahám Castellanos, etc., etc.
Para ello tal vez sea necesario un nuevo normalismo mexicano atemperado y culto, con el que sin duda podremos abatir el actual desastre educativo nacional; pues en esencia, como bien lo ha expresado el doctor Gilberto Guevara Niebla, el origen del problema de la inconsciencia social que padecemos como expresión negativa ante la vida, es problema de conocimiento, de concepción de la realidad visible e invisible.
He aquí, pues, la gran tarea de los pocos forjadores de almas que aún sobreviven y que mantienen viva la memoria histórica. Tarea gigantesca de corto, mediano y largo plazo que no debe soslayarse, so pena de complicidad con la mediocridad, la mentira y la irresponsabilidad social en el presente.


De la Escuela Normal del Estado a la Benemérita Escuela Normal Veracruzana “Enrique C. Rébsamen” (1886-2010)


Por Silvio Humberto Bibiano Ventura*

Con la llegada del Gral. Porfirio Díaz (1877) a la Presidencia de la República, la nación mexicana inició una etapa de relativa tranquilidad, situación que permitió a los gobernantes de los estados brindar atención a los problemas de mayor urgencia, como fue el caso del educativo. Si bien es cierto que existía una línea de pensamiento liberal y la idea de crear una educación laica, hacía falta en primer término una organización de lo que podría llamarse “sistema educativo”; asimismo, se carecía de un modelo pedagógico que hiciera realidad el anhelo de preparar a la población para afrontar los compromisos que como ciudadanos tenían que atender en el ya cercano nuevo siglo XX.
En ese contexto, en nuestro estado se tenían experiencias educativas importantes con los educadores Enrique Laubscher y Carlos A. Carrillo, quienes habían mostrado la necesidad de crear una escuela que preparara profesores con las nuevas corrientes pedagógicas basadas en el positivismo. En 1873, como resultado del Congreso Pedagógico celebrado en el puerto de Veracruz, el Gobernador Landero y Coss asume la elaboración de la primera Ley de Educación del Estado, la cual en su artículo 100 señala “Para la formación de buenos profesores de instrucción primaria, se establecerá en el Estado una Escuela Normal, cuya organización será objeto de una ley especial”.
Más tarde, en 1881, durante el gobierno del C. Apolinar Castillo, se publicó la Ley 123 mediante la cual se establecían las bases legales para crear una escuela para formar profesores, sin embargo, este hecho no fue posible. En febrero de 1883 se creó la escuela Modelo de Orizaba a cargo de Enrique Laubscher, donde se aplicó el método fonético y se usó el método racional del cálculo. Con ello esta escuela se convierte en la cuna de la reforma educativa del siglo XIX, por lo que se reconoce a Lausbcher como iniciador de una nueva era en la educación de Veracruz. Para difundir estos avances educativos a toda la entidad se creó la Academia Normal a cargo del mismo Laubscher, con la colaboración del Profr. Enrique C. Rébsamen, recibiendo en Orizaba a un maestro por cada cantón de Veracruz.
Al asumir el gobierno del Estado el  Gral. Juan de la Luz Enríquez, una vez conocida por él la experiencia de los Cursos que se impartían en la Academia Normal de Orizaba, se interesó por dar cumplimiento a la creación de una escuela normal para ampliar la difusión de la nueva pedagogía. Con este antecedente, el Gobernador Enríquez envía a la Legislatura del Estado la propuesta para crear dicha escuela. El congreso local la aprueba el 14 de agosto de 1886 y una vez realizado el acondicionamiento del viejo edificio del ex-Convento de San Ignacio, se inaugura la Escuela Normal del Estado el 30 de noviembre de ese año en esta ciudad de Xalapa, ciudad recién nombrada capital del Estado de Veracruz.
En virtud de que el proyecto académico fue encargado al Profr. Enrique C. Rébsamen,  maestro de origen suizo, a los 29 años de edad se convierte en el primer director de esta institución. Acerca de su personalidad podemos decir que se trataba de un joven formado en las corrientes filosóficas y científicas del modernismo europeo, dotado de un pensamiento ágil, estudioso, práctico y organizado; tuvo oportunidad de viajar por el mundo, mostrando interés por las ciencias naturales.
Con la dirección del maestro Rébsamen, en pocos años la Escuela Normal de Xalapa se convirtió en el centro fundamental de la reforma educativa liberal del país. Las primeras generaciones estudiaron la nueva pedagogía tanto teórica como práctica, y ahora no sólo sabían qué enseñar sino también cómo enseñar. Este es uno de los rasgos que distinguiría a los maestros normalistas frente a los antiguos maestros empíricos.
Con ese bagaje los normalistas veracruzanos se abocaron a difundir la escuela rebsamiana a través de los Congresos Nacionales de Instrucción pública, y mediante su presencia en estados como Oaxaca, Jalisco, Coahuila, Chiapas, Campeche y Guanajuato, donde los primeros discípulos de esta escuela normal asumieron la tarea de organizar el sistema educativo de esas entidades, y a su vez, fundar escuelas normales similares a la de Xalapa. En poco tiempo la fama de la Escuela Normal de Xalapa se extendió por todo el territorio nacional, proyectándose así la propuesta educativa del maestro Rébsamen.
Con esta base firme, la Escuela Normal Veracruzana mantiene durante gran parte del siglo XX su prestigio como una institución capaz de renovarse, teniendo como fortaleza al cúmulo de maestros que integran su planta docente y que generan proyectos acordes a las necesidades sociales de cada época.
En la historia de la institución rebsamiana se registran momentos de crisis, como en 1984, cuando el Gobierno Federal decide instaurar a la educación normal como una profesión en el nivel de licenciatura con antecedente de bachillerato. En casi un siglo, esta Institución había sido capaz de construir sus propios planes educativos, y ahora se enfrentaba a la adopción y aplicación de un plan de estudios nacional y, por tanto, ajeno a su perspectiva para formar maestros.
Sin embargo, la capacidad institucional puesta a prueba se mostró con reciedumbre, llevando a cabo en los años posteriores un trabajo cuidadoso con resultados altamente satisfactorios. En este sentido es posible señalar que un organismo social como lo es esta escuela normal, confirma su grandeza en la medida en que es capaz de transformar sus prácticas cotidianas cada vez que la realidad se lo exige. En ese ambiente, los cambios más recientes de enfoques en los planes de estudio para formar maestros tuvieron lugar entre 1997 y 2004.
En este mismo orden de ideas, la educación normal del siglo XXI se ha transformado de manera acelerada, acorde con los signos de la época: nada es seguro, excepto el cambio. Es en el año 2005 cuando la educación normal pasa a depender de la Subsecretaría de Educación Superior; este periodo se convierte en un momento en que las instituciones formadoras de docentes para la educación básica viven nuevos retos que de no atenderse pueden poner en riesgo su existencia.
 Al actual equipo directivo (2005-2010) le corresponde iniciar su período de gestión con nuevas reglas de operación en casi todas sus tareas, por lo que se hace necesario mantener un criterio abierto y dispuesto para aprender y accionar, de tal suerte que la institución no se ubicara en un rezago con su quehacer cotidiano, sino que, por el contrario, reiterara su compromiso de mantener la tradición histórica de ser una escuela normal de avanzada.
Con este nuevo escenario, es importante señalar que la antigua institución fundada por el maestro Rébsamen continúa siendo reconocida por su buen trabajo, formando a los nuevos educadores con los rasgos profesionales de los tiempos actuales. Para afirmar lo anterior, se registran a continuación algunos de los hechos que sirven de sustento a lo mencionado:
-         Primeros lugares nacionales en los exámenes generales de conocimiento aplicados por CENEVAL a estudiantes de 6º y 8º semestres.
-         Primeros lugares nacionales en los Exámenes de Ingreso al Servicio Docente convocados por la Secretaría de Educación Pública.
-         Participación de estudiantes en la Red de Talleres de Producción Digital de Contenido Educativo y Cultural.
-         Participación en Proyectos de Planeación Estratégica para concursos nacionales, en el Programa de Fortalecimiento de la Educación Normal PEFEN (2005-2010).
-         Obtención del Nivel I de las cinco licenciaturas en el Padrón de los Programas de Calidad de Instituciones de Educación Superior, evaluación aplicada por los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de Educación Superior (CIEES).
-         Convenios de intercambio con la Universidad de Georgia, E.U.
-         Participación de estudiantes en intercambios con la Universidad de Oviedo, España.
-         Integración  y registro del primer Cuerpo Académico de Escuelas Normales de Veracruz ante el Programa de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP).
-         Registro de maestros acreditados en el Padrón Nacional de Reconocimiento al Perfil deseable y Apoyo para el trabajo Académico ante PROMEP.
-         Registro del primer servicio de posgrado ante la Dirección General de Educación Superior para Profesionales de la Educación (DGESPE-SEP).
-         Fortalecimiento de los Servicios Bibliotecarios a través de la incorporación de consultas digitales.
    
Estas son algunas de las acciones más relevantes, que muestran a una escuela normal en movimiento, consciente de su bagaje histórico, razón por la cual asume su presente con responsabilidad para delinear su futuro basado en una visión clara de los compromisos que deben atenderse, en respuesta a las nuevas necesidades planteadas por la sociedad del siglo XXI.


*Subdirector Técnico de la BENV


La personalidad polifacética de Hernán Cortés


Marcelo Ramírez Ramírez

         Sin alcanzar las alturas de las grandes obras literarias, hay libros dignos de recomendarse porque nos introducen en el conocimiento de temas esenciales de la ciencia, la historia o la cultura. Son más dignos de reconocimiento cuando al dominio del asunto tratado, añaden cierta gracia y sentido del humor que hace de la lectura un verdadero deleite. Hoy me referiré a uno de ellos, debido a la pluma erudita identificada amorosamente con los temas nacionales de Don Artemio de Valle Arizpe. Don Artemio no se rendía a la fácil seducción del nacionalismo folclórico; su amor a México se expresa en el afán de comprenderlo y para ello nada mejor que comprender a los hombres y mujeres que lo han forjado con el pensamiento y la acción; con sus pasiones positivas y negativas. Así, con todos sus rasgos humanos es como nos presenta al conquistador de México en la obra Andanzas de Hernán Cortés. Don Artemio no racionaliza en ningún sentido, ni para exaltar la grandeza de Cortés minimizando o justificando sus errores y atropellos, ni para demeritar la hazaña extraordinaria que llevó a cabo. Su relato parece seguir el consejo de los antiguos: no juzgar, no condenar, simplemente comprender. El lector será responsable de hacer el balance después de ver desfilar ante él la existencia completa y compleja que se le ha mostrado. Entonces seguramente sentirá necesidad de ahondar en esa vida, porque los relatos, aun los más fieles, siempre dejan en la penumbra del misterio eso que se llama la personalidad de un ser humano.

         El descubrimiento de América y su posterior colonización, da inicio a la época de expansión del Imperio Español. Durante ese periodo España deja de estar en la periferia del mundo europeo, para convertirse en uno de sus focos principales de poderío militar y desarrollo en los diferentes ámbitos del arte, la ciencia y la cultura. España empieza a vivir su edad de oro, esa edad que será única y permanecerá para siempre en el fondo de la conciencia española como un sentimiento de legítimo orgullo, mezclado con nostalgia por lo que un día fue y ya no será. España no quiso o no pudo aprovechar las riquezas del nuevo mundo para ingresar con fuerza en la modernidad, como lo hizo en primer lugar Inglaterra y luego otras naciones. En muchos sentidos, seguirá siendo una potencia medieval y éste es un asunto al que no podemos ser ajenos, porque nos ayuda a explicar por qué tan a menudo perdemos, como nación, las oportunidades de alcanzar los grandes objetivos; cuando momentáneamente logramos el éxito, perdemos el control de las circunstancias para volver a ser el país de los proyectos inconclusos. Desde luego no es éste un mal irremediable, por eso es conveniente buscar su origen, pues sólo la educación podrá re-formar, preparar al pueblo, principal componente del Estado Nacional para volverse consistente en el éxito. Pero esta es otra cuestión y deberá tratarse por separado; por tanto volvamos a las Andanzas.

         El título de un libro es el primer acierto o desacierto de su autor; aquí el acierto es absoluto. El término andanzas alude a un espíritu inquieto, aventurero, un tanto inestable; también nos sugiere la idea del individuo que suele meterse en líos y que en saliendo de uno encuentra otros, como si las dificultades también lo buscaran. En Cortés sus andanzas resultaron extraordinarias, porque es un hombre de genio y lo que hace o le hacen adquiere de inmediato la índole de lo excepcional.

         Don Hernando Cortés ó Hernán Cortés como nos es más conocido, vivió inspirado por tres propósitos: la búsqueda de la gloria, la ambición de poder y riquezas y el disfrute del amor sensual. Con esto último no quiere decirse que fuera ajeno a las cualidades morales de la mujer, pero fue sin duda la belleza física, la atracción carnal, la causa de sus deleites y problemas en el campo amoroso, como muy bien se destaca en Las Andanzas. Otras motivaciones hubo aparte de las tres señaladas, pero quedarán subordinadas a éstas, que lo impulsaron a esfuerzos inauditos, poniendo de manifiesto una fuerza de voluntad inquebrantable, notables dotes políticas, inteligencia aguda y perspicacia para explotar las flaquezas de sus semejantes. Cortés poseía el carisma de los grandes capitanes como Alejandro, Aníbal y Julio César; siendo lector asiduo de este último en su guerra de las Galias. Como ellos, contó con la adhesión incondicional de quienes decidieron seguirlo, incluso en las circunstancias más adversas, con riesgo de sus vidas. Las mejores cualidades y las peores fallas de los hombres que hicieron la conquista de América las encontramos en don Hernando. Hombre de su siglo, su figura, cuando nos acercamos a ella, nos resulta extrañamente familiar, quizá porque en ella nacen las raíces que han nutrido la idiosincrasia de nuestro pueblo. La tierra conquistada por Cortés fue llamada espontáneamente –nos dice el maestro Justo Sierra-, Nueva España por los marinos de Grijalva; más tarde así quedó bautizada oficialmente por petición del Conquistador al Rey, y con ese nombre fue conocida hasta el momento de la Independencia, en el que recobra el antiguo nombre tribal derivado de Metl, el maguey del pulque; de aquí procede meshica o el que consume el néctar del metl, mexicano como ahora somos conocidos y México, la patria común.

         Los hechos narrados en Las Andanzas cobran, casi todos, por no decir todos, alcance histórico. Comentaré alguno de ellos omitiendo detalles que, aunque interesantes, harían más amplio un texto que pretende ser ágil y, hasta donde sea posible, breve.

El liderazgo y la práctica docente


Víctor Manuel Vásquez Gándara
La filosofía de la calidad está fundamentada entre otros aspectos en los Principios de gestión de la calidad. Tender hacia la calidad educativa, en esta propuesta, tiene como una alternativa implementar tales principios. Se han abordado en artículos anteriores el enfoque al cliente y el enfoque en los procesos. Ahora se comenta el liderazgo como otro de los principios en mención y la relación entre éste con la práctica docente.
Las ciencias administrativas han aportado a la educación diferentes teorías, entre ellas las teorías de la calidad. El liderazgo ha sido objeto de estudio como tema específico y como parte integral del de los principios de gestión de la calidad.
El liderazgo ha sido definido de diversas maneras, Lussier y Achua(1) sugieren que es el “…proceso en el cual influyen líderes sobre seguidores, y viceversa para lograr los objetivos de la organización a través del cambio”
El liderazgo cumple con diferentes funciones: funciones interpersonales, informativas y decisionales. El líder debe escuchar, dar instrucciones, capacitar y evaluar el desempeño, pero sobretodo servir.
Dentro del ámbito académico es obvia la existencia de líderes dentro de la enorme estructura del Sistema Educativo Nacional. Por ahora se circunscribe el comentario el entorno del aula y el ejercicio docente.
En el aula no sólo el profesor es el líder, ni tampoco siempre lo es él. Dentro del aula se forman pequeños grupos o uno y surgen más líderes. Estos líderes los hay negativos y positivos.
Otro de los aspectos del liderazgo es la diversidad de estilos de liderazgo. Muy relacionado con los estilos de liderazgo y el propio liderazgo se encuentra la comunicación, motivación, trabajo en equipo, trabajo colaborativo, adquisición de destrezas, desarrollo de habilidades, el manejo de conflictos y la retroalimentación.
Se observa entonces la amplitud e implicaciones del liderazgo y para quien está relacionado con el ejercicio docente desde los aspectos teóricos y prácticos, sin duda verán con familiaridad cada uno de los conceptos citados y el vínculo entre ambos.
Ya se apuntaron las relaciones interpersonales como una de las dimensiones de la práctica docente y ahora se ve como una de las funciones del liderazgo. Relación con alumnos y en su caso con padres de familia, amigos del educando y grupos al interior del aula pero también al exterior para conocerlo, entenderlo.
Dentro de la función informativa del profesor ejerciendo su liderazgo se da la oportunidad de de guiarlo en temas académicos pero también en valores subrayando que el profesor debe poseer capacidad disciplinaria, pedagógica y actitudinal.
Respecto a la función decisional del liderazgo implementado en la docencia, el profesor debe realizar una serie de elecciones, por ejemplo, el uso de dinámicas de grupo; utilización de nuevas tecnologías, contenidos complementarios por abordar y en general apego o variación a planes y programas de estudio.
La comunicación es fundamental en las relaciones humanas y el liderazgo propone el desarrollo de habilidades de comunicación. En el aula la comunicación verbal, no verbal –ademanes, gesticulación, actitudes- y escrita incide en el proceso enseñanza-aprendizaje. Hoy el desarrollo tecnológico permite trasmitir mensajes y establecer comunicación rompiendo barreras de tiempo y espacio, pero finalmente la esencia del mensaje debe ser creado por el profesor y/o el alumno utilizando la tecnología como un medio.
La motivación más relacionada con aportaciones de la psicología también es tema de liderazgo. El líder debe crear ambientes agradables, propicios para el aprendizaje. Quién no recuerda alguno de sus profesores sólo por aquella sensibilidad, ese consejo o sugerencia para mejorar sus hábitos de estudio, pero también para lograr objetivos personales.
Quizá algo de mayor actualidad del liderazgo, retomado por la educación en los últimos años, sea la adquisición de destrezas, desarrollo de habilidades.
En términos generales el liderazgo debe ser estudiado y conocido por el profesorado con objeto de obtener los beneficios que otorga la implementación de estrategias de acuerdo al tipo de grupo.
Se hace énfasis que el liderazgo es ante todo, servicio. ¿Por qué servicio?, sencillamente porque al satisfacer las necesidades del educando, en el caso del liderazgo aplicado a la educación, se van acumulando seguidores. Se forman individuos capaces de enfrentarse a la realidad social, se forman líderes con ideales de servir a la sociedad.
La formación docente está cimentada en el servicio –y el liderazgo es servicio- y todas sus capacidades están encaminadas a resolver la problemática social, sea política, social o económica, precisamente a través de la enseñanza y el desarrollo del individuo ejerciendo el liderazgo y promoviéndolo en el aula.
(1) Lussier, Robert y Achua, Christopher (2002) Liderazgo, Teoría. Aplicación. Desarrollo de habilidades. México. Thomson. 

Raúl Romero Ramírez en la Semana del Historiador 2010.

 Por Javier Ortiz Aguilar.


La docencia es sin duda una práctica humana por excelencia. Su característica es producto del ámbito escolar. Pues en este espacio acontece el encuentro concreto y vivencial de dos tiempos, el pasado y el futuro. El educador, forjado en el pasado, con intencionalidad fincada en teorías y prejuicios de su formación, imparte sus enseñanzas, y los alumnos, con motivaciones generadas en el presente, pensando, en sus años de aprendizaje, en un tipo de profesional diferente capaz de enfrentar los retos sociales y de conocimientos, que desde su perspectiva, inquieta y generosa, exigirá la sociedad de un futuro inmediato. Por esta razón los procesos de enseñanza aprendizaje resultan difíciles. La comunicación intergeneracional tiene necesariamente ruidos. La confrontación, en estas circunstancias, es inevitable. Y si no se da la vía adecuada en la  discusión, ésta deviene en conflicto. Por tanto, es necesario aceptar una realidad evidente: la vida escolar está muy lejos de la paz edénica.
            No obstante, la docencia tiene una virtud inocultable: en la convergencia de los tiempos, el de la experiencia y la esperanza, emerge la dimensión trascendental de la educación, en cuanto une la tradición y el futuro, dando así la posibilidad al proceso histórico. Por esta razón afirma María Zambrano: “En la historia late el corazón del futuro”. Así podemos concluir que la comunicación escolar crea las condiciones de posibilidad para las rupturas epistemológicas, prerrequisito para las revoluciones científicas exigidas por los nuevos tiempos.
            La comunicación educativa niega en consecuencia la relación vertical entre el docente que tiene la verdad, por el principio  de autoridad, y el alumno que se considera en la  ignorancia, por el estatus escolar. En esas circunstancias la comunicación es imposible. El alumno, por tanto, si desea ser el agente de su formación, tiene la necesidad de poner en el tapete de la discusión sus ideas, valores y experiencias.  No obstante, existen diferentes condicionantes de la pasividad estudiantil en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Aquí radica, en parte,  la disfuncionalidad de la educación superior.
Pero también hay grupos estudiantiles que rompen la norma. Alumnos críticos a lo establecido, exploradores solitarios de nuevos caminos, lectores insaciables. Son ellos precisamente los que expulsan del paraíso la vida escolar, y entonces la comodidad docente vuelve a la intemperie de la vida real. Estos grupos se conforman en tiempos donde hay una toma de conciencia de la crisis social o teórica. En el tiempo donde los conocimientos encuentran las condiciones de la crítica y la autocrítica.
Raúl Romero forma parte de un grupo crítico, agitador dirían algunos, de la Facultad de Historia de la Universidad Veracruzana. Ingresa como estudiante de la misma en el año de 1985, cuatro años antes de la Caída del Muro de Berlín y cinco antes de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Estos acontecimientos culminan la tendencia que emerge en el movimiento de Checoslovaquia de 1968. En el ámbito nacional, tres años antes de las controvertidas elecciones de 1988. En otras palabras, su ingreso a la Universidad coincide con un ambiente de desencanto del sueño de la modernidad: el proyecto más audaz, la humanización del hombre, resulta imposible. Por tanto es posible vislumbrar la idea del fin de la historia y del hombre, popularizada  por Francis Fukuyama, tres meses después de la caída del Muro de Berlín.
En ese ambiente de incertidumbre y la influencia de las  teorías de los historiadores de la Escuela de Altos de Estudios de París, impulsadas en la Universidad Veracruzana  por el Centro de Estudios Históricos, se crea un ambiente de búsqueda por parte de los estudiantes de la Facultad de Historia. En este contexto se forma el entonces joven Raúl Romero. En ese grupo inquieto impartí cinco cursos. En el primer curso perdí prácticamente la posibilidad de la comunicación. No obstante, en los cuatro siguientes la dinámica cambió de rumbo.
La práctica docente en este grupo resultaba difícil para el profesor tradicional, pues en él  existían aproximadamente cinco subgrupos, uno que defendía el orden y cuatro que desde diferentes perspectivas cuestionaba, criticaba y proponía. En esa dinámica, el debate se impone como un recurso didáctico. Mi papel docente, sin teoría pedagógica, quedaba reducido a plantear el problema y orientar el debate. Por supuesto no se cumplía el programa, pero en cambio, cada sesión de clase se convertía en un tiempo de formación personal.  Muchas veces el debate continuaba en espacios fuera del edificio escolar.
Con el grupo de Raúl Romero entablábamos innumerables discusiones sobre los distintos problemas teóricos y políticos. Las discusiones descubrían puntos de vista coincidentes, surgiendo así proyectos políticos que durante mi estancia como profesor los seguimos, sin tomar en cuenta el pragmatismo de los “cabezas frías”
Durante su estancia en la Facultad de Historia, Raúl participó con un grupo de compañeros en la fundación de Ópticas Estudiantiles, una revista orientada a promover el debate entre todas las corrientes de esta comunidad universitaria. Es el grupo que invita por primera vez a debatir, en la entonces Unidad Interdisciplinaria de Humanidades, al conmemorarse los cincuenta años de la muerte de Antonio Gramsci, uno de los marxistas más creativos del siglo XX.
En la actualidad, Raúl cuenta con una licenciatura en historia en la Universidad Veracruzana,  Maestría en Estudios Latinoamericanos,  y  doctorado en historia en la Universidad del País Vasco, además de cursos en diversas disciplinas sociales. Forma parte de la plantilla de maestros de la Facultad de Historia de la Universidad Veracruzana.
En la Semana del historiador celebrada en la Facultad de Historia este año, rememoramos aquellos tiempos de los 80. Tiempos donde los estudiantes se manifestaron por última vez. Los movimientos de 1985 y 1987 son sin duda las últimas expresiones de movilizaciones universitarias.
Precisamente acentuamos la atención en el debate que existía, a decir del maestro,“en el ‘grupo rojo’(antes de que el color fuera expropiado) entre existencialistas, marxistas, estudiosos de los Annales y de las propuestas de las llamadas nuevas historias (en Francia, Inglaterra o los EE.UU.) y hasta culturalistas.”
Ante la pregunta respecto a los libros que más lo influyeron, respondió inmediatamente: “Las novelas de Zwing, Papini, Nietzsche, Ortega y Gasset y los clásicos rusos; la temprana lectura social de Marx y Engels; la literatura y poesía de Hesse ; el existencialismo de Sartre ; las trágicas vidas de Beethoven y Van Gogh ; el sentido científico de Galileo, Copérnico y Darwin ; la antropología de Richard Leakey ; el sentido planetario de Carl Sagan”. Sobresale también en él su gusto por la canción de Serrat y Bosé. “Todo ello en una oración : la ironía de nuestro destino y aún la satírica formación “intelectual” en nuestra Facultad”.
¿Intentaste ser investigador?, le pregunté, a lo que respondió, tratando de dar más datos en la respuesta: “Mi aventura comenzó como auxiliar de investigador en el Centro de Investigaciones Históricas de la U.V., siendo Jefe de ese Centro Ricardo Corzo. Estudié la Historia Social Inglesa y los movimientos revolucionarios en América Latina en el siglo XX, el proceso democrático en Chile bajo Allende, el ascenso y triunfo de Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua, la Revolución Cubana, así como a los teóricos John Lynch, M. Löwy, Mariátegui, Mauro Marini, Carlos M. Vilas, Celso Furtado, Octavio Ianni, Sergio de la Peña, González Casanova, Darcy Ribeiro y  Gregorio Selser, entre otros”.
También dijo: “Como investigador en el Departamento de Salud Pública (1986-1987), orienté mi atención a la crisis del socialismo real, y en la Facultad de Economía me dediqué a estudiar los cambios en Europa del Este y las repercusiones en América Latina, bajo la dirección de Américo Saldívar”.
              En este año, tan lleno de festejos, los estudiantes de  la Facultad de Historia le organizaron un homenaje al maestro Raúl Romero, en el marco de la ya tradicional  Semana del Historiador. Tal vez no pueda presumir de ser el mejor maestro, pero el homenaje es un claro indicador de que ha logrado crear los puentes de comunicación con los futuros profesionales de la  historia.