jueves, 18 de febrero de 2021

Los amigos del café


Por Fernando Hernández Flores*


El sábado pasado no asistió al café la chica que esperaba ver. Mis amigos se burlaron y comentaron que si el próximo sábado ella no asistía, tendría que olvidarme de esa ilusión pasajera. Nezahualpilli y Tlacaélel decidieron ir al café conmigo, pero en ésta ocasión algo raro pasó, ya que Tlacaélel no llegó a la hora acordada y al marcarle a su número de celular, inmediatamente una voz expresaba: 

- El número al que intenta comunicarse está fuera de servicio, le sugerimos llamar más tarde.


Nezahualpilli me comenzó a platicar que últimamente sabía que Tlaca tomaba demasiadas pastillas y hace como tres años había estado en cama, pero tan pronto se recuperó viajó, trabajó y se alió con empresarios que lo hicieron ganar bien, a cambio de dedicarse en tiempo completo y no fallarles. Era su mejor colaborador. En eso recordé las alianzas que mencionó Tlacaélel, en la primera reunión de café.


Hasta me olvidé de mirar hacia la mesa de enfrente, si llegaba o no la chica hermosa que me había cautivado. Tanto a Neza como a mí nos preocupó la ausencia de Tlaca. Pasamos como dos horas esperando y tomamos nuestro respectivo café. Siguió contándome un poco más sobre nuestro amigo, al cual le estaba yendo bien en los negocios, pero en la salud no. 


Casi nos levantábamos de la mesa, cuando Neza recibió una llamada. Era la esposa de Tlaca y con su voz quebrada, entre llanto y tristeza le avisaba que su esposo acababa de fallecer. Al entrar a su cuarto para arreglarse e ir al café con nosotros, le dio un infarto fulminante que terminó con su vida. ¿Qué podríamos hacer en ese momento? Neza le pidió la dirección para ir. Ella le comentó que estaba en el hospital haciendo todos los trámites para que le liberaran el cuerpo, además de arreglarse con la funeraria, en la cual ya había comprado un espacio Tlaca para él, en el Panteón Jardín de los Ensueños. Cada uno, nos fuimos a nuestras casa para ponernos ropa oscura para ir más tarde. Casi a las nueve y media de la noche recibí la llamada de Neza, me informó que a Tlaca lo velarían en la Funeraria de los Ensueños.


Como a las diez y media de la noche llegué. Ahí estaba Neza con una joven platicando. Tan pronto me vio me señaló hacia donde se encontraba la esposa de nuestro querido amigo. Fui y le di el más sentido pésame. Ella mencionó que Tlaca le platicó sobre nosotros que teníamos que ir juntos a unas comunidades marginadas para apoyar a la gente que más lo requiere, que se había comunicado con dos organizaciones internacionales y le habían dado buena respuesta. Era cuestión de esperar sólo unos días. Tan pronto dijo esas palabras, lloró desconsoladamente. 


Pasamos varias horas en la funeraria y nos fuimos como a las tres de la madrugada. Al otro día, la misa de cuerpo presente era a las doce del día y su despido en el panteón estaba considerado a la una y media de la tarde. 


En la misa, el sacerdote exclamó: 

- Hoy el cielo recibió a un hombre de buen corazón. Tlacaélel desde muy joven participó en la edificación de éste templo, con faenas, con cooperaciones y últimamente había aportado para la modificación del nicho de nuestro santo patrono. Hoy, el señor lo recibe entre sus siervos.


Terminó la misa y nos fuimos al panteón. En aquel lugar, la esposa de Tlaca, me pidió que dirigiera unas palabras a los asistentes y los invitara a los rezos que serían a las siete de la noche, a partir de ese día en la casa de nuestro amigo. 


Entre palabras de aliento y de agradecimiento, exprese: 

- Tlacaélel seguirá viviendo en los corazones de cada uno de nosotros. Él, no se ha ido. Ha pasado a una mejor vida, es cierto. Quizás no veremos su cuerpo, pero su pensamiento y sus buenas acciones se quedarán con nosotros por muchos años. Hombres como él, nacieron para trascender y a eso estamos llamados cada uno de los presentes. Descansa en paz, querido amigo Tlacaélel de la Buenaventura.


Pasaron dos meses y seguimos asistiendo al café. El día menos esperado recibe una llamada Neza y así nos enteramos de una buena noticia. Tlacaélel iba a ser papá y su esposa tenía apenas dos meses y medio de embarazada y quería que fuéramos los padrinos cuando naciera su bebé. Las bendiciones desde el cielo estaban llegando y ella a la vez nos comentó que en los documentos de Tlaca encontró el número de una de las fundaciones. Les llamó y le indicaron que en menos de quince días les autorizaban los productos solicitados por su difunto esposo. Tlaca había dado nuestros nombres y el de su esposa a la fundación, por lo que los trámites no se nos iban a complicar tanto.



(*) Escritor veracruzano conocido como Tepetototl, El Ave de la Montaña.

Correo: venandiz@hotmail.com Twitter @tepetototl

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