lunes, 16 de febrero de 2026

AYUDA HUMANITARIA A CUBA:

EL DILEMA ENTRE IMPERATIVO MORAL Y POLÍTICA PRAGMÁTICA. Marcelo Ramírez Ramírez La lógica imperial es simple, se basa en la aceptación de que uno manda y los demás obedecen; el que manda tiene los medios para imponerse y, en el extremo, dispone del arma más poderosa, la violencia, para eliminar al adversario. La lógica imperial no necesita justificación fuera de la eficacia con que opera en el mundo real. Todo imperio replica a escala máxima el poder absoluto del jefe tribal a quien nadie desobedece y, si lo hace, es porque está dispuesto a poner en riesgo su propia vida. Opuesta a esta visión aparecen, desde los orígenes de la civilización, concepciones en las que la comunidad humana y sus miembros, son considerados sujetos con derechos básicos, como la dignidad, la seguridad y el respeto. Para estas concepciones el factor ético legitima el poder. Este por sí mismo no es un objetivo, sino el medio para alcanzar fines superiores como la justicia, la libertad o la igualdad. De esta manera las concepciones éticas al cristalizar en las normas vinculantes del derecho, sirven de freno a la arbitrariedad de quienes intentan imponer intereses particulares o de grupo. Pero el conflicto entre los principios abstractos que inspiran la convivencia ideal y los intereses concretos del poder de grupos e individuos particulares, se da en formas complejas y cambiantes. La correlación de fuerzas es una variable imposible de ignorar, porque los principios por sí mismos, si no cuentan con el respaldo de alianzas estratégicas de quienes los promueven, resultan inoperantes. Justamente esta fue la situación de México en relación con Estados Unidos desde mediados del siglo diecinueve. Nuestro país, debilitado por las luchas internas entre liberales y conservadores no pudo oponerse al expansionismo providencialista de la doctrina Monroe. El prestigio de la nueva potencia y su poderío militar, garantizaron el sometimiento de los gobiernos mexicanos a las órdenes de Washington. Pero este panorama empezó a cambiar a partir de las últimas décadas del siglo pasado, cuando la hegemonía del dólar empezó a mostrar fisuras hoy ya inocultables. El desplazamiento del dólar como moneda necesaria en las transacciones del comercio mundial, con el surgimiento de opciones como el empleo de monedas nacionales en transacciones entre países con beneficios mutuos, estimula el avance hacia el orden multipolar. El rechazo de medidas coactivas unilaterales, impuestas por el presidente Donald Trump no es sólo un acto de rebelión frente a la injusticia de tales medidas, sino la decisión consciente y meditada de las dirigencias de potencias mundiales emergentes entre las que figuran China y la India de manera relevante, con el respaldo de un número creciente de países que evalúan positivamente el advenimiento del nuevo orden multipolar. Donald Trump no entiende o no acepta esta realidad; continúa pensando y actuando conforme a la lógica imperial y eso hace que sus amenazas sean realmente peligrosas, pues cuando un imperio pierde el prestigio de la autoridad, sólo tiene el camino de la violencia para imponerse. El lema de Trump: “Volvamos a América grande otra vez” expresa su carencia total de conciencia histórica; para él, la recuperación de la grandeza significa reeditarla en una versión proyectada hacia un futuro de dominio imperial, ignorando que el mundo de la tercera década del siglo veintiuno en nada se parece al siglo diecinueve ni a la primera mitad del siglo veinte, que hicieron posible el nacimiento de Estados Unidos como potencia hegemónica. En este escenario Claudia Sheinbaum ha tomado decisiones al mismo tiempo audaces y políticamente responsables; ha decidido aplicar los altos principios éticos de política exterior tradicionalmente defendidos por México en los foros internacionales, a la delicada situación por la que atraviesa el pueblo cubano, extendiendo la mano solidaria de la ayuda práctica para mitigar los efectos del bloqueo comercial al país caribeño impuesto por Estados Unidos. La frase de Sheinbaum: “No pedimos permiso para ser solidarios”, posee el peso de la convicción de una estadista que no confunde la necesidad de las buenas relaciones con la Casa blanca, con el imperativo de la justicia y defensa de la Soberanía nacional. Para Sheinbaum su deber de velar por la seguridad del país le demanda prudencia a fin de no dar motivos a los arrebatos autoritarios del presidente Trump; por otra parte, su credibilidad de estadista depende de cumplir la promesa hecha al asumir la Presidencia de la República, de defender la soberanía del país y darle a la democracia su verdadero valor como una forma de vida, lo cual incluye los valores de la convivencia respetuosa y solidaria con el resto de países de la comunidad internacional. La ayuda humanitaria a Cuba se inscribe en este compromiso ético que tiene antecedentes en otros momentos de la diplomacia mexicana. Politólogos de diverso signo ideológico y expertos en geopolítica, coinciden en calificar de brillante la estrategia mexicana para conciliar estos dos objetivos a primera vista contradictorios. La consecuencia ha sido el reconocimiento del gesto solidario de México como la manifestación de un imperativo ético universal que debe ponerse a salvo del veto unilateral de una sola nación, por poderosa que ésta sea. Gracias a este enfoque el caso particular de la ayuda humanitaria a Cuba, automáticamente remite al tipo de relaciones en el que eventualmente puede quedar comprometido cualquier país del mundo. Estamos viendo en tiempo real un cambio del mundo hacia un escenario donde las relaciones asimétricas empiezan a modificarse en beneficio de los más débiles, no sólo porque éstos hayan mejorado sus condiciones económicas y tecnológicas, sino como resultado de un pensamiento estratégico que aprovecha las tendencias históricas poniéndolas a su servicio. Si esta interpretación es correcta, según coinciden estudiosos de la geopolítica ha de reconocerse, más allá de consideraciones partidistas, que México representa, en modo ejemplar, la conciencia del papel que países hasta ahora mantenidos en los márgenes de la historia pueden representar para promover el mundo multipolar en gestación.

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