sábado, 17 de enero de 2026
Nueva civilización, nueva educación
El ser humano ha logrado avances muy
notables para el bien común en la época moderna, pero también ha creado una
tremenda variedad de instrumentos para la destrucción que en cualquier momento
puede ser total para la especie. En este último caso, el gasto es oneroso en
armas de guerra en muchos países de mayor desarrollo mientras en otros hay
hambrunas y un desarrollo incipiente. El caso es que los desequilibrios son
grandes y permanentes, lo cual involucra todas las esferas de la vida. Cito lo
anterior reflexionando la preocupación y al mismo tiempo aportación de dos
estudiosos de la educación y la filosofía en una entrevista-diálogo donde la
Dra. Adriana Menassé cuestiona al maestro Marcelo Ramírez sobre el sentido de la
educación. El diálogo inicia con el planteamiento de interrogantes de los
grandes filósofos sobre la presencia del ser humano en el mundo: ¿para qué
estamos aquí? ¿Qué estamos haciendo? Y a decir de la Dra. Menassé las respuestas
parecieran estar fuera de contexto porque vivimos momentos en los que nos
encontramos fuera de esas preocupaciones. Las preocupaciones que tenemos son más
inmediatas, no lo verdaderamente profundo de los seres pensantes. Entiendo que
una preocupación central, o la esencial en este diálogo, está en el abandono de
lo espiritual que se fue perdiendo a partir de la emergencia de la ciencia y de
la tecnología actualmente dominantes, por lo cual la idea es recuperar lo
trascendente como algo connatural al ser humano. El Maestro Marcelo Ramírez
señala que cuando pensamos en el ideal formativo no debe olvidarse que el hombre
es un ser relacional porque se relaciona con el mundo, con la naturaleza y con
sus semejantes, pero la sociedad actual ha olvidado que hay una relación
privilegiada que es la relación con Dios. El ideal formativo, entonces, es el
que está fuera de los propósitos de la educación actual y aquí convergen Menassé
y Ramírez. El segundo se refiere a la tradición pedagógica occidental, mediante
la cual se ha intentado alcanzar el desarrollo más pleno de la personalidad como
un ideal, como en nuestro caso mexicano lo define la Constitución Política desde
1917. Ese ideal ha sido orientador para el desarrollo de proyectos educativos
que generalmente se enfocan en atender problemáticas específicas que son
importantes, pero que no llegan a satisfacer las necesidades interiores del ser
humano, es decir, todo el potencial que puede desplegar, porque muchas veces
esos proyectos van a lo más práctico, a lo inmediato, dejando oculto lo
esencial, lo formativo. Si sacamos de nuestra memoria y experiencia lo que hemos
leído, visto y vivido en el campo educativo podemos aterrizar con palabras que
son muchos los esfuerzos por hacer que hombres y mujeres sean capaces mediante
estudios específicos en las instituciones de enseñanza en México, en América y
en general en el mundo. Muchos de quienes llegan a la enseñanza superior y
alcanzan un título sin duda se convierten en buenos profesionales en su materia.
Ciertamente habrá distintos niveles, distintos enfoques y diferentes
“productos”, pero hay alta calificación en especialidades. Sin embargo, en
muchos países hay grandes rezagos educativos que por lo general obedecen a
rezagos sociales y económicos. En México hay grandes deficiencias en lo que se
alcanza en la educación básica y media superior por diversos factores que no son
motivo de este comentario. Pero lo más grave, y aquí vuelvo al diálogo al que me
refiero en este escrito, es que no hay en los sistemas educativos propósitos
verdaderamente formativos para niños y jóvenes. Se plantea el aprendizaje de
conocimientos de áreas importantes que les servirán sin duda, y mucho, pero poco
podemos encontrar sobre el comportamiento hacia sí mismos, hacia sus semejantes,
hacia la naturaleza, hacia todo lo que existe y menos hacia algo que nos
conduzca a la comprensión de nuestro interior, a cuestionarnos sobre nuestro
destino más allá de lo meramente práctico y material. O cómo queda implícito en
la reflexión de la Dra. Menassé: ¿Es que eso está vedado? Aparte de lo dicho no
se da impulso al despertar del carácter y las responsabilidades; estas últimas
tan concretas como el hacer de todos los días en el hogar, en la escuela, con
los amigos y en todo lugar dónde uno se desenvuelve. No se fomenta la
cooperación en términos reales, ni siquiera el respeto a niños, a personas
ancianas, a personas con determinadas condiciones que no responden a lo común de
los demás. En fin, son muchas cosas que se omiten para atender a niños y jóvenes
porque no se está formando a los futuros ciudadanos. La reflexión de mayor
alcance en este diálogo, a mi parecer, se encuentra en lo siguiente: Se requiere
un nuevo proyecto histórico mundial, que emerja una nueva civilización, porque
en este momento la educación sirve a la civilización científica y técnica y como
tal no puede por sí misma cambiar radicalmente el estado de cosas, es requisito
que cambie el proyecto civilizatorio. Esta posición me recuerda el caso de
México de los años treinta del siglo anterior cuando el presidente Cárdenas
decretó socialista a la educación en una sociedad que no tenía esas
características. Dicho en otras palabras, no está en poder de la educación o de
los sistemas educativos cambiar el todo sino a la inversa. Ir hacia una
refundación civilizatoria es una idea que no está en el dominio público o por lo
menos en boca de especialistas que yo sepa. No me la imagino y al mismo tiempo
me cuestiono de qué manera podría darse. Claro que como está el mundo lo veo
como una necesidad urgente. Es necesario que las cosas cambien, válgase la
expresión: para encaminarnos a un planeta más humano. El rescate de lo
espiritual sería motivo de planteamiento de líneas por parte de quienes tienen
claras estas ideas, entre otras cosas o principalmente porque la historia
registra muchos ejemplos de luchas permanentes aún antes de la civilización en
que nos ha tocado vivir, y en la actualidad hay pueblos de Dios que están en
guerra. Sin embargo, es importante que el hombre se reconozca y se afirme en
todo aquello que está en él. Ya en la antigüedad se decía: “Conócete a ti mismo
y conocerás a Dios”. Enero de 2026 Lisardo Enríquez L.
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