lunes, 16 de febrero de 2026

Marcelo Ramírez Ramírez

humanista del siglo XXI Por Por Juan Fernando Romero Cervantes Fuentes 1ª parte de 2. Los maestros requieren tener bien asentados los pies en la tierra, pero sin dejar de tener presente la utopía humanista de un mundo mejor para todos. Marcelo Ramírez Ramírez Leer al Maestro Marcelo Ramírez Ramírez es aprender desde las primeras líneas debido a su vigorosa expresión intelectual que se expande por muchos caminos: el estilo es el hombre: los diálogos, de Marcelo. El Dr. Marcelo Ramírez Ramírez, actualmente Rector del Centro Regional de Educación Superior Paulo Freire (CRES) ha sido no sólo un excelente profesor en el doctorado en Educación y Cultura Digital Pedagógica y en la maestría en Tecnologías Aplicadas a la Educación que se imparten en el CRES, si no, sobre todo, el Maestro con quién a través de sus diálogos siempre fecundos, muchos estudiantes hemos podido encontrar senderos de pensamiento y solución a dudas existenciales. La guía del Maestro Marcelo -como es mayormente conocido- incluye la recomendación constante de autores de gran calidad, no sólo mediante la cita muchas veces textual de las ideas cuestionadas, sino de la bibliografía especifica donde puede estudiarse el tema, la duda, o la posible controversia por parte del aprendiz. Nuestro Maestro nos ha conducido siempre con certeza y cortesía en el proceso inacabable del conocimiento. Dos vocaciones que derivarán en profesiones y a las cuales hay que sumar el proceso reflexivo de una mente permanentemente inquisitiva que “mantiene siempre la mente abierta al misterio”, pueden en cierto modo definir de manera sintética a la actividad del Maestro Marcelo Ramírez Ramírez: la política y la educación, pero ambas derivan del fondo intelectual: una filosofía que le da sentido –y trascendencia- a la existencia del Maestro: el humanismo, no sólo como filosofía, sino como praxis que articula incansable su personalidad siempre inquisitiva y, a fin de cuentas, rebelde, la del intelectual que no se somete a un sistema político que carece de ética. El Maestro Marcelo está conformado sin duda por la historia del pueblo donde crece, caracterizada por “una identidad nutrida por los sueños y por el esfuerzo de los obreros de la fábrica de hilados y tejidos… de la progresista Santa Rosa”1 (hoy Ciudad Mendoza), capítulo donde abre su autobiografía Marcelo en Una ciudad, un pueblo, un destino, historia que, como él mismo reconoce, está rodeada de un impulso humano que ha nutrido sucesivamente a sus generaciones, hasta la fecha: fértiles circulan ahí y en su memoria, no sólo los innumerables cerros donde corría incansable el joven Marcelo, sino también las ideas sociales que perdurarán por generaciones haciendo latir corazones y cerebros, que después de la tragedia serán alimentados por las letras educativas de Vasconcelos y Torres Bodet. En la formación de nuestro Maestro se unen los planos material, mental y espiritual de una comunidad cuya historia crece con el país y sus tropiezos, pero que lleva en su raíz la crítica a la autoridad y el respeto y el amor a sus iguales: es para Ramírez Ramírez la semilla de su humanismo, que más tarde la educación va a nutrir en la mente ávida del ya mendocino, quien prolíficamente escribirá con enorme riqueza memoriosa desde el recuerdo de sus primeros maestros (aludiendo a Albert Camus) y puesta la mirada al cielo para ver volar cometas, estrellas, palomas… ideas, ya bajo “la mística pedagógica de Enrique C. Rebsamen”. Infancia es destino insinúa nuestro Maestro en ese rápido esbozo que es su autobiografía escrita con ese otro rasgo que le es propio, la sencillez, misma que caracterizará al más tarde hijo adoptivo de la Ciudad de las Flores2 donde se traslada en la década de los 50, para leer, discutir y aprender de –cito- Pascal, Vasconcelos, José Martí, Nemesio García Naranjo, José Enrique Rodó, Anibal Ponce, Giovanni Papini, Juan Amos Comenio, John Dewey. Marcelo joven aprenderá poco después de don Librado Basilio, de don Emilio Fernández y don Gonzalo Aguirre Beltrán, “la triada de personalidades más influyentes en mi evolución intelectual” escribe con admiración y respeto al contemplar ya aquí, el sobrio edificio del Colegio preparatoriano y recordar para sí “la madera torcida de la que estamos hechos los seres humanos”; aquellos maestros le enseñan ese humanismo cotidiano expresado en el respeto, la prudencia, y la solidaridad, que Marcelo aprende siguiendo el curso del río humano de su infancia. En su autobiografía Marcelo escribe sobre la Xalapa que crecía cada año en calidad intelectual y humana que va poblando la capital del estado de una historia tan rica que –me atrevo a sugerir- bien nos podría regalar ahora el Maestro Marcelo con una nueva obra. Poco después. ya en la escuela de pedagogía Marcelo se acerca al humanismo del joven Marx, pero en ese estudio la ironía lo vence: “¿Propuesta de un científico social o profecía alimentada por un mesianismo sin mesías, porque la marcha hacia el reino se debe a una teleología sin causa eficiente?” Me parece que el Maestro Marcelo admitiendo que la filosofía es un campo de disputas, se queda sólo con la demanda marxiana de justicia e igualdad y con los herederos intelectuales del marxismo, desde Max Weber hasta Jünger Habermas. El joven Marcelo está entonces ya picado por la búsqueda de la sabiduría, aliento que no lo abandona sino lo sostiene, y coherente con su modo de ser, ingresa en 1966 a la Universidad Iberoamericana donde don Fernando Sodi será un modelo a seguir en la enseñanza de la filosofía, porque “arrastra y convence”; el joven Marcelo es al mismo tiempo ya docente en la Universidad del Valle de México: el camino de la catedra será, para fortuna de nosotros, sus discípulos, un camino que casi no abandonará. El “casi” es un paréntesis como funcionario público a partir de 1969 donde no es un personaje políticamente correcto, sino políticamente responsable, que define con certeza la opción política fundamental: servirse del poder o servir con él3, camino que se trazó a sí mismo en el ejercicio de su función política y que plasma en abundantes textos como los de la Política en la periferia y en el debate de las ideas4, o en Cultura, política, educación y sindicalismo por citar solo dos entre muchos. En esta apretada síntesis de la síntesis que nos brinda en su autobiografía el Maestro Marcelo, recordamos que trabajo también con el Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán, quien durante el sexenio de Luis Echeverría fue Subsecretario de Cultura de la Secretaría de Educación Pública y donde publicarán la importante colección Sepsetentas con más de 300 títulos; participó nuestro Maestro más tarde con Víctor Bravo Ahuja como Secretario de la SEP, en la Reforma educativa del régimen y también como Director General del Medio Urbano; y en el sexenio de López Portillo, siendo ya Fernando Solana cabeza de la misma Secretaría, fue nombrado subdelegado en nuestro estado, y después también colaboró en el INPI del estado de Veracruz; bajo la gubernatura de Agustín Acosta Lagunes colaboró en la Universidad Veracruzana con el rector Roberto Bravo Garzón. Con toda esta nutrida actividad, Marcelo está también sumido en permanentes reflexiones sobre “la fragilidad de la existencia humana…[donde] la vida continúa, tiene una fuerza, una persistencia inaudita: lo compruebo al ver asomar la hierba entre las rocas. ¿Cómo entender esa paradoja sin maravillarse?’” En 1987 fue designado Secretario Académico de la Universidad Veracruzana y poco después director del Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales del PRI (IEPES) y con Dante Delgado como gobernador, diputado local por el distrito de Orizaba. Bajo la gubernatura de Patricio Chirinos fue director del Instituto Veracruzano de la Cultura poco más de un año. La fractura del Maestro Marcelo con su participación en la política tiene lugar con el asesinato de Luis Donaldo Colosio, ya que, muy consciente de la importancia del discurso político como arma ideológica de la cohesión interna, en este caso del PRI, y consciente del ritual político y su semántica que fluía en el medio comunicativo de la época, se percata el Maestro Ramírez tanto de esa virtualidad simbólica del discurso repetitivo y vano sobre los logros de la Revolución, como por el vacío que demostraba la palabrería insistente que Donaldo Colosio enfrentará en su propio discurso en el sitio sacramental adecuado: el monumento A la Revolución, lo que le otorga un mayor peso simbólico a su disidencia: la honestidad política del candidato revela su propósito con la doble fuerza del mensaje oculto, pero evidente a los ojos y oídos de aquel que no lo pudo tolerar y produjo su asesinato. Marcelo Ramírez, muy cercano al candidato, había recibido una invitación directa de él para unirse a su campaña y se había preguntado entonces a sí mismo: “¿sería la política, después de todo, mi verdadera vocación que había escuchado a medias?”. Como diputado federal en 1994-1997, el Maestro Ramírez tuvo “la satisfacción de hablar en tribuna para demandar el esclarecimiento de la muerte de Luis Donaldo: a pesar de todo hablar es mejor que callar… pedí a nombre de los diputados priistas presentes que el presidente Zedillo honrara su palabra entregando la verdad de lo acontecido en Lomas taurinas al pueblo de México” … “Al final. La muerte de Colosio es un secreto sabido por todos, porque la verdad desborda los muros del silencio y la mentira”. …“Una cosa era cierta, el proyecto de Colosio moría con él. Sentí que, durante un periodo de tiempo indefinido, la política dejaba de representar la solución para los problemas del país, la política quedaba secuestrada bajo la sombra ominosa de los peores intereses” Escribe con tristeza profunda nuestro Maestro, y recuerda ahí a la Suave Patria de Ramón López Velarde: “El niño Dios te escrituró un establo y los veneros de petróleo el diablo”, asociación inconsciente del Maestro que desde luego muestra la oposición entre el Bien y el Mal, entre el idealismo propio de sus creencias más profundas, de su humanismo sí, a flor de tierra, y no enterrado en las ambiciones oscuras de la política. El Maestro Ramírez en 1999 fue subsecretario de Educación Media Superior y Superior en nuestro estado durante la gubernatura de Miguel Alemán Velasco y, en su última incursión en la política, diputado local plurinominal del 2001 al 2004 A partir del 2005 se dedica exclusivamente a sus estudios y lecturas como autodidacta, y a sus clases en el CRES Paulo Freire, y recuerda también en su Autobiografía, que el CRES “nació por iniciativa del maestro Reynaldo Ceballos Hernández” a quien “su creatividad le llevó anticiparse al movimiento pedagógico de integración de las tics al proceso de enseñanza-aprendizaje como herramienta idónea para la transición del conocimiento”. De entonces ahora vivimos en una sociedad en transición. El problema desde luego no es sólo la educación, sino que contiene mayor alcance y profundidad, aspectos filosóficos en torno al tipo de hombre que se desea formar dentro de una sociedad que crece cada momento en complejidad y donde las personas deben educarse –o mejor dicho, capacitarse- en primer lugar, para sobrevivir. Cómo el mundo está en transformación constante, en una metamorfosis que no cesa y que no sabemos a dónde va, a dónde vamos, ¿qué clase de educación se puede diseñar? En Ensayos, tradición y modernidad6 escribe el Maestro Marcelo Ramírez al reflexionar en voz alta para ser leído y recapacitado sobre una gran cantidad de temas de actualidad, pues su mirada crítica siempre está atenta a la circunstancia social, una forma de hacer política sin salpicarse del lodo, una forma inteligente de participar en el desarrollo del mundo no sólo educativo, sino sociopolítico de nuestra época que le permiten al Maestro Marcelo vivir intensamente, con un interés genuino y apasionado sobre el desarrollo global de las dos primeras décadas del siglo XXI, que no solo registran su desarrollo sino lo cuestiona, incansable; ¿qué inspira esta inquietud constante sobre el mundo socioeconómico, religioso, educativo, que alternativamente critica y alaba, que reconoce y le atrae como un imán político donde la tribuna no es el Congreso estatal sino el papel, el papel periódico que le gusta tocar y oler todos los días? Los diálogos del Maestro Marcelo Ramírez Ramírez con la comunidad de nuestro tiempo se restablecen con el ensayo, con la reflexión que aún no puede ser aislada, sino que merece ser compartida, con estudiantes y con pares, con amigos y gentes distantes a los que se quiere siempre acercar con sus ideas, no solo con los asuntos de la vida diaria, sino con los “Temas sobre el sentido de la existencia”7: la preocupación política da lugar a la preocupación metafísica siempre palpitante en la inquisitiva, filosófica, mente de nuestro Maestro Marcelo, condición que será años después acrecentada por la proximidad de la muerte, esa permanente sombra que se alarga cuando el sol está en el ocaso. Las respuestas del Maestro Marcelo se construyen con el “radicalismo humanista” del cristianismo posmoderno de Iván Illich, un humanismo no abstracto que implica no un pensamiento utópico, sino un “quehacer utópico”. Ilich junto con Paulo Freire experimentaron en el centro de los problemas de las sociedades desarrolladas; ambos concluyeron que sólo pueden resolverse mediante la educación, pero, ¿qué tipo de educación? La repuesta del Maestro Marcelo coincide con la de ellos, incluso con la inclinación religiosa de Ilich: el humanismo ya no es sólo un ideal de formación cultural, sino una tarea pragmática, esto es, la generación de un posible mundo humanizado, del mundo de la vida del que habla Jürgen Habermas. En lugar de ser utopistas, es necesario aplicar la dialéctica del pensamiento utópico que consiste en criticar el presente en función del futuro para así poder inducir los objetivos que se pretenden; esto significa en otras palabras, la elaboración de un posible programa educativo que incluya aspectos relacionados con la formación y capacitación humanista, el empleo digno y cooperativo con la propia comunidad, la enseñanza de la ciencia y de la filosofía críticas y, desde luego, la participación abierta de las poblaciones involucradas en la transformación responsable de su propio medio social y ambiental, empezando por aquellas a donde la red del CRES Paulo Freire alcanza en todo el estado y fuera de él: ahora con más de mil alumnos. Estamos en el 2025, y el Maestro Marcelo se pregunta y pregunta a los pensadores universales, duda, lee con detenimiento, reflexiona, escribe, plantea, concluye no sin dificultad como se puede apreciar en algunos de sus textos: el Maestro Marcelo aprecia su tiempo y no lo desperdicia, lo atesora pues sabe que es finito. En el CRES Paulo Freire nuestro Maestro se mantiene activo “realizando las actividades que definen una parte esencial del mundo del hombre: la reflexión y el compartir con los demás los pequeños logros en la búsqueda de la verdad, manteniendo la mente abierta al misterio” (las cursivas son mías). La cadena de la enseñanza y la humanización del hombre La formación del Maestro Marcelo se ha realizado a través de la lectura detallada de muchos autores que él va buscando con mucho empeño, encontrando y seleccionando a través de sus múltiples y cuidadosas lecturas, lo cual es evidente deducir por las notas manuscritas que él hace en los libros de su propiedad y que luego generosamente comparte en numerosas copias a sus discípulos: casi se puede seguir así el pensamiento del Maestro, quien duda, comenta, afirma o niega lo escrito textualmente, precisamente siguiendo una cadena –que lo será interminable- de pensadores de ayer y que hoy llaman al interior del intelecto del Maestro, quien siempre inquiere; esta cadena del conocimiento comenzó en la vida del joven Marcelo como arriba citamos, con sus maestros: Librado Basilio, Emilio Fernández y Gonzalo Aguirre Beltrán, “la triada de personalidades más influyentes en mi evolución intelectual”. Son los pilares entonces, y los primeros eslabones de la cadena posterior que puede rastrearse al detalle en los propios ensayos del Maestro Marcelo, y esta larga cadena la conforma hoy él mismo, con su enseñanza en las diversas instituciones educativas citadas: no es sólo un critico del sistema, es un analista de la realidad social en la que vive, un testigo filosófico del mundo político del siglo XX y del XXI que, asombrado ante la vida, intenta comprenderla, asirla intelectualmente con el auxilio del pensamiento de múltiples autores, y precisamente en esta búsqueda incansable emerge como una fuente el pensamiento y la sensibilidad humanista del Maestro Marcelo, como puente de entendimiento entre los difíciles, abstractos autores y filósofos que lee y asimila, y los discípulos de Marcelo: nosotros, sus lectores. Me parece que la metáfora de la cadena de trasmisión es correcta no sólo en el evidente sentido de su utilidad, sino que refleja una comunicación interhumana a lo largo del tiempo y bajo muchas circunstancias históricas, cadena que no se rompe, sino que se fortalece, aunque algunos de sus eslabones puedan ser débiles o flexibles. En efecto, con los estudios del Maestro Marcelo pueden identificarse muchos pensadores, intelectuales desde Parménides y Sócrates pasando por Adam Smith y Franz Fanon, hasta muchos politólogos de varias épocas, así como prácticamente todos los grandes filósofos de la humanidad, hasta Habermas y Bauman, bajo la consigna que Marcelo mismo cita con la precisión que le es característica: “hombre soy, nada humano me es ajeno”, de Pablo Terencio Africano en su comedia El enemigo de sí mismo*. Volveré sobre este tema A fines del 2023 los Maestros Marcelo Ramírez y Reynaldo Ceballos nos invitaron a un grupo de amigos –que incluyen a la amiga Adriana Menassé- a escribir sobre las Perspectivas sobre humanismo y educación, libro que fue publicado por el CRES en marzo de 2025 y donde tuve el honor de participar. La introducción fue escrita por el Maestro Marcelo donde menciona que el título genérico del libro responde al deber moral “asumido libremente por quienes consideramos necesario levantar una barrera de contención a las fuerzas que están remodelando nuestro tiempo. (…) La racionalidad inmanente del mundo industrializado por la episteme técnico-científica avanza incontenible hacia la civilización donde los seres humanos habrán sido despojados completamente de su esencia”. Hoy, con el mismo tema arriba mencionado y la preocupación manifiesta, viva, del Maestro Marcelo, persistente lo conduce a meditar, reflexionar, escribir y compartirnos nuevamente -solo que con mayor refinación y profundidad- sus lecturas y sus ideas, sus temores y certezas, su crítica y su elogio. El Maestro Marcelo en este agosto del 2025 nos enseña y comparte su preocupación quizá fundamental, ahora manifiesta en Humanismo, el horizonte de la trascendencia, libro que divide en estos capítulos que al citarlos, a propósito, no los inicio con mayúsculas pues son ya una especie de oración, de propuesta implícita, una serie de reflexiones unidas bajo el tema general: la meditación sobre el humanismo, verdades útiles y sabiduría, propuesta, humanismo personalista, la Creación, inmanencia o trascendencia, modernidad liquida, sociedad de prójimos, no de socios, el prójimo y la solidaridad, humanismo militante, dos modelos de lucha contra la injusticia, la resistencia pasiva, humanismo y convivencia en el orden global, etnicidad y política, humanismo y bien común. Este libro es una joya del Maestro Marcelo y merece por lo tanto ser tratado con mucho respeto, espacio y tiempo, mismo que hoy no disponemos, pues el propósito de este pequeño texto es felicitar a nuestro querido Maestro con esta modesta y rápida reseña de su vida y entregársela precisamente el día de hoy que festeja su cumpleaños, por lo que sólo haré referencia a un par de pensamientos más, pues me p

AYUDA HUMANITARIA A CUBA:

EL DILEMA ENTRE IMPERATIVO MORAL Y POLÍTICA PRAGMÁTICA. Marcelo Ramírez Ramírez La lógica imperial es simple, se basa en la aceptación de que uno manda y los demás obedecen; el que manda tiene los medios para imponerse y, en el extremo, dispone del arma más poderosa, la violencia, para eliminar al adversario. La lógica imperial no necesita justificación fuera de la eficacia con que opera en el mundo real. Todo imperio replica a escala máxima el poder absoluto del jefe tribal a quien nadie desobedece y, si lo hace, es porque está dispuesto a poner en riesgo su propia vida. Opuesta a esta visión aparecen, desde los orígenes de la civilización, concepciones en las que la comunidad humana y sus miembros, son considerados sujetos con derechos básicos, como la dignidad, la seguridad y el respeto. Para estas concepciones el factor ético legitima el poder. Este por sí mismo no es un objetivo, sino el medio para alcanzar fines superiores como la justicia, la libertad o la igualdad. De esta manera las concepciones éticas al cristalizar en las normas vinculantes del derecho, sirven de freno a la arbitrariedad de quienes intentan imponer intereses particulares o de grupo. Pero el conflicto entre los principios abstractos que inspiran la convivencia ideal y los intereses concretos del poder de grupos e individuos particulares, se da en formas complejas y cambiantes. La correlación de fuerzas es una variable imposible de ignorar, porque los principios por sí mismos, si no cuentan con el respaldo de alianzas estratégicas de quienes los promueven, resultan inoperantes. Justamente esta fue la situación de México en relación con Estados Unidos desde mediados del siglo diecinueve. Nuestro país, debilitado por las luchas internas entre liberales y conservadores no pudo oponerse al expansionismo providencialista de la doctrina Monroe. El prestigio de la nueva potencia y su poderío militar, garantizaron el sometimiento de los gobiernos mexicanos a las órdenes de Washington. Pero este panorama empezó a cambiar a partir de las últimas décadas del siglo pasado, cuando la hegemonía del dólar empezó a mostrar fisuras hoy ya inocultables. El desplazamiento del dólar como moneda necesaria en las transacciones del comercio mundial, con el surgimiento de opciones como el empleo de monedas nacionales en transacciones entre países con beneficios mutuos, estimula el avance hacia el orden multipolar. El rechazo de medidas coactivas unilaterales, impuestas por el presidente Donald Trump no es sólo un acto de rebelión frente a la injusticia de tales medidas, sino la decisión consciente y meditada de las dirigencias de potencias mundiales emergentes entre las que figuran China y la India de manera relevante, con el respaldo de un número creciente de países que evalúan positivamente el advenimiento del nuevo orden multipolar. Donald Trump no entiende o no acepta esta realidad; continúa pensando y actuando conforme a la lógica imperial y eso hace que sus amenazas sean realmente peligrosas, pues cuando un imperio pierde el prestigio de la autoridad, sólo tiene el camino de la violencia para imponerse. El lema de Trump: “Volvamos a América grande otra vez” expresa su carencia total de conciencia histórica; para él, la recuperación de la grandeza significa reeditarla en una versión proyectada hacia un futuro de dominio imperial, ignorando que el mundo de la tercera década del siglo veintiuno en nada se parece al siglo diecinueve ni a la primera mitad del siglo veinte, que hicieron posible el nacimiento de Estados Unidos como potencia hegemónica. En este escenario Claudia Sheinbaum ha tomado decisiones al mismo tiempo audaces y políticamente responsables; ha decidido aplicar los altos principios éticos de política exterior tradicionalmente defendidos por México en los foros internacionales, a la delicada situación por la que atraviesa el pueblo cubano, extendiendo la mano solidaria de la ayuda práctica para mitigar los efectos del bloqueo comercial al país caribeño impuesto por Estados Unidos. La frase de Sheinbaum: “No pedimos permiso para ser solidarios”, posee el peso de la convicción de una estadista que no confunde la necesidad de las buenas relaciones con la Casa blanca, con el imperativo de la justicia y defensa de la Soberanía nacional. Para Sheinbaum su deber de velar por la seguridad del país le demanda prudencia a fin de no dar motivos a los arrebatos autoritarios del presidente Trump; por otra parte, su credibilidad de estadista depende de cumplir la promesa hecha al asumir la Presidencia de la República, de defender la soberanía del país y darle a la democracia su verdadero valor como una forma de vida, lo cual incluye los valores de la convivencia respetuosa y solidaria con el resto de países de la comunidad internacional. La ayuda humanitaria a Cuba se inscribe en este compromiso ético que tiene antecedentes en otros momentos de la diplomacia mexicana. Politólogos de diverso signo ideológico y expertos en geopolítica, coinciden en calificar de brillante la estrategia mexicana para conciliar estos dos objetivos a primera vista contradictorios. La consecuencia ha sido el reconocimiento del gesto solidario de México como la manifestación de un imperativo ético universal que debe ponerse a salvo del veto unilateral de una sola nación, por poderosa que ésta sea. Gracias a este enfoque el caso particular de la ayuda humanitaria a Cuba, automáticamente remite al tipo de relaciones en el que eventualmente puede quedar comprometido cualquier país del mundo. Estamos viendo en tiempo real un cambio del mundo hacia un escenario donde las relaciones asimétricas empiezan a modificarse en beneficio de los más débiles, no sólo porque éstos hayan mejorado sus condiciones económicas y tecnológicas, sino como resultado de un pensamiento estratégico que aprovecha las tendencias históricas poniéndolas a su servicio. Si esta interpretación es correcta, según coinciden estudiosos de la geopolítica ha de reconocerse, más allá de consideraciones partidistas, que México representa, en modo ejemplar, la conciencia del papel que países hasta ahora mantenidos en los márgenes de la historia pueden representar para promover el mundo multipolar en gestación.