jueves, 15 de enero de 2015

La década de los 60


Juan Francisco Gaspar Velázco
La rebeldía es lo que hace nacer al hombre.
Nicolás  Berdiaeff
 
 




La segunda mitad del siglo XX  se caracterizó por la transformación  ideológica, social y por una crisis  de los estados totalizadores, estos eran aquellos  que estaban fincados en la imagen de un gobierno autoritario, en el cual  el dialogo, la confrontación  no eran aspectos presentes en sus agendas gubernamentales. Esa segunda mitad estuvo caracterizada por una clase media   que empezó una movilización  con el propósito  de romper  con los esquemas tradicionalistas y despóticos  que se habían vivido desde los inicios del siglo XX. Estos clase medieros seguidores de una corriente denominada “la onda” en donde ubicamos a Gustavo Sainz, Parménides García Saldaña, René Avilés Fabila y por supuesto a José Agustín,  quienes  influenciados  por el rock and roll  y la necesidad de crear una literatura distinta  a la impuesta  en sus obras  encontramos aspectos interesantes como: la complicada vida de un adolescente, los problemas urbanos de una sociedad, a decir de Carlos Monsiváis este movimiento estuvo inspirado en el beat niks  en donde aparecen Allen Ginsberg, William Burroughs  y Hunter Thompson quienes en Estados Unidos junto con muchos otros jóvenes   buscaban mezclar  el rock, la literatura  y la droga como una manifestación de rebeldía ante la situación que estaban viviendo.
Un fenómeno bélico entre Vietnam y los Estados Unidos será  una nueva musa  que inspira la rebeldía dado al hecho  que una pequeña isla  en Asia  contra un gigante  que desde fin de la primera guerra mundial  se había presentado como nueva potencia  no pudo vencer aquel territorio, representando esto uno de los peores fracasos para los Estados Unidos, esto a su vez presentó manifestaciones  dentro del territorio norteamericano ya que por culpa de esa guerra absurda, Estados Unidos había perdido una generación. En este escenario  aparece el fenómeno de la droga;  los jóvenes  de los 50 y 60 cuestionaban a los gobiernos sobre la utilización de drogas en el ejercito, y por que se impedía a la sociedad la utilización de esta, como  todo joven inquieto  aquellas generaciones  optaron  por la mariguana ya que esta representaba  una afrenta  al totalitarismo. La revolución cubana  que en enero de 1959 alcanza el triunfo representó una nueva ilusión  para la izquierda latinoamericana, ya que frente a las costas de Estados Unidos se había instaurado un gobierno socialista y esto hacia que Norteamérica perdiera  la hegemonía. En este escenario  las figuras, del Che Guevara y de Fidel Castro son un referente importante  debido a que representan  las aspiraciones   de una transformación  mundial; es aquí donde se recuerda  aquella expresión de Carlos Marx “tomemos el cielo por asalto”.
Un evento  que representa   uno de los movimientos de mayor importancia  para el mundo  es la elección  de Angelo Giuseppe Roncalli, alias Juan XXII, quien fue papa desde 1958 hasta 1963, él  recuperará  el pensamiento social de la iglesia  que se había venido presentando desde el pontificado de León XIII quien en su encíclica titulada Rerum Novarum había inclinado los ojos de la iglesia hacia la clase proletaria, diciendo que estos  eran la base fuerte  de la iglesia, Juan XXIII continuando con este pensamiento  de 60 años atrás se encargó de  perfilar a la Iglesia hacia una nueva imagen.  Es en este periodo  al que algunos historiadores lo denominan el papado anárquico puesto que  rompe  con muchos dogmatismos y sobre todo  con la ideología  cerrada  que había mantenido la iglesia católica  desde el concilio de Trento. 1962 será un año de  trascendental importancia para el mundo ya que el papa convoca al concilio Vaticano Segundo, en la inauguración de este,  Juan XXIII  con la frase en griego “Efeta Eclesia” que significa  ábrete iglesia, con esta exhortación el papa pedía en términos metafóricos que se abrieran las ventanas de la iglesia  para que le llegaran  aires nuevos y frescos. Todo el desarrollo del concilio estuvo centrado en los debates sobre el quehacer social de la iglesia, y el nuevo compromiso  que tomaría la institución con los desfavorecidos del mundo.
Ese fenómeno  provocó reacciones por todo el mundo, tanto en Europa, así como en todos los continentes; en América Latina   cobró auge un movimiento  de sacerdotes obreros en Brasil, quienes   a ejemplo de Cristo querían sufrir  como sufren los trabajadores  de las industrias y desde allí evangelizar  con el ejemplo, por todas partes del orbe  aparecieron  ministros religiosos  que inclinaron  su trabajo pastoral para favorecer  a aquellos que históricamente  han sufrido la desgracia de la miseria, aparecieron  del mismo modo  ministros que buscaban  darle un nuevo rumbo a la iglesia, incorporando nuevas teorías, una nueva organización tal es el caso del obispo mexicano Sergio Méndez Arceo  y el sacerdote sociólogo Mariano Amaya Serrano.
Tras la muerte de Juan XXIII ocupó la mitra papal  Giovanio Battista Enrico Maria Montini, apodado Pablo VI, quien continuará  con el camino emprendido por su antecesor y lo manifiesta  en su encíclica  Populorum Progessio, en la cual  se exigía a las naciones desarrolladas que por caridad cristiana  apoyaran a las hermanas naciones  subdesarrolladas  para que pudieran progresar, esto  sin ninguna condición  en la cual  se atentara contra la soberanía de los pueblos,  este documento inmediatamente  se propagó por el mundo y era una lectura obligada  de toda la gente de izquierda. Estos aspectos  provocaron que muchos jóvenes emprendieran movimientos estudiantiles por todas partes del mundo reclamando el derecho de autodeterminación  de todos los pueblos, el papa Pablo VI exhortó  a la juventud a pensar, con la siguiente frase  “joven te invito a que pienses lo que quieras, pero piensa”.
Lo anterior también provocó  que muchos sacerdotes   argumentando un compromiso de fe, tomaron la vida armada para que de ese modo   se integrará el uno con el otro es decir el pastor con su pueblo, ya que el pastor  no era ajeno al pueblo, sino que formaba parte de este pueblo, es en este pensamiento  donde ubicamos al joven sacerdote colombiano Camilo Torres Restrepo, quien  hombro con hombre con su feligresía lucharon  por los derechos  que se les habían negado desde hace muchos siglos, el asesinato de Camilo Torres en 1966 inspiró otros movimientos  en otros diversos  que de igual manera  estuvieron encabezados por curas, tal es el caso del sacerdote  Carlos Bonilla Machorro quien  desde su humilde parroquia en la comunidad de Carlos A. Carrillo acompañó como dirigente tras la captura  de Roque Spinoso Foglia, fue él quien continuó con el movimiento cañero veracruzano.
Aquellos años 60  representaron también   una inspiración, desde las conferencias en torno al concilio vaticano,  una liberación  relacionada a la familia ya que  las reflexiones  en cuanto al uso del anticonceptivo estuvieron presentes  en aquellos debates eclesiásticos, del mismo modo el aspecto referente al celibato sacerdotal  fue punto de discusión  en esos momentos. En ese escenario cobra sentido  el movimiento de teología de la liberación ya que esta representaba una nueva interpretación bíblica y por ende  una reestructuración de la doctrina de la iglesia.
Sobre la década  de los 50 y 60 hay mucho que decir, mucho que escribir  y sobre todo  mucho que pensar; desgraciadamente  en nuestro paradigma mexicano  solo recordamos  el 2 de octubre del 68, el cual fue un evento triste, pero   también  dejó muchos beneficios  aquel movimiento para los mexicanos,  las manifestaciones de los 60  no solo son tema para la sociedad mexicana son también   memoria e historia  de muchos países del mundo,  debido a que  aquella sociedad tenían una máxima ambición: la liberación, terminaré  con una frase  que me dijo un maestro  y que a su vez yo la quiero decir “juventud que no se arriesga  y sangre que no se riega, no es sangre ni es juventud”




  

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