viernes, 10 de mayo de 2013

Día del Maestro


 

Wilfrido Sánchez Márquez

En esta fecha conmemorativa del Día del Maestro, invito cordialmente a nuestros colegas y lectores a que recordemos y rindamos justo homenaje a los docentes de la segunda mitad del siglo XIX que introdujeron en nuestras escuelas la educación laica, científica y paidocéntrica, en cumplimiento por lo establecido por las Leyes de Reforma promulgadas en el puerto de Veracruz por el Lic. Benito Juárez en los años de 1859 y 1860; a que también hagamos memoria de los educadores precursores de la Revolución Mexicana iniciada el 20 de noviembre de 1910, así como de todos los maestros una vez promulgada la Constitución del 5 de febrero de 1917, impelidos por su fervor revolucionario y exponiendo sus vidas, promovieron e inculcaron en sus alumnos y en las comunidades donde laboran los ideales y principios de justicia social, creando para tal fin, la doctrina y la praxis de la gloriosa e internacionalmente reconocida escuela rural revolucionaria mexicana.

Del período que podríamos denominar: “La fase heroica de la educación en nuestro país”, presento, en esta celebración del Día del Maestro, un poema producido por el notabilísimo y laureado educador michoacano Lucas Ortiz, joya literaria que describe magisterialmente la tragedia de una joven maestra rural victimada por los agentes del obscurantismo y de la intolerancia.

 

Romance de la maestra mancillada

Para Felicidad, maestra y amiga.

 

Parte que dice:

La noche de noche era…

 

El sol y la luna nueva

Se fueron a platicar

Y dejaron a la tierra

Llorando su soledad.

 

Era de noche la noche,

Noche de gélido chal;

Por colinas y por valles,

por el llano y más allá,

puñales de horror fingía

de los perros el ladrar.

 

Jinetes en sus caballos

Peinados de obscuridad,

Acicateando el silencio

Con las espuelas del mal,

Los cristeros, de la sierra,

Bajando bajaron ya;

Centellas hay en sus ojos

Que senda marcando van,

Centellas de lujuria

Que se van a reflejar

En las medallas benditas

Que llevan sobre el gabán.

 

-¡Ay, madre, cierra la puerta

Que le miedo en el aire está!

-Mi vida, tu miedo aquieta,

Es el rumor del pinar…

 

-¡Madre, madre, que alguien viene,

Aúllan los perros más!

-Le están ladrando a la lluvia

Que llora sobre el trigal…

 

En esta parte dice:

La pobrecita paloma…

 

En medio del caserío

Alburas la escuela escancia

Como en mares de tortura

Alas de gaviota blanca.

 

La maestra era una niña

Que en ser maestra soñaba,

Y en noche de pesadilla

Estambre de amor devana,

Estambre para bordar

En canevá de las almas.

 

Truenos de balas se oyeron,

Rayos que la noche rayan;

Debajo de las cobijas

La gente se persignaban.

 

Los cristeros penetraron

Atropellando confianza;

Hachas fueron sus blasfemias

Que las puertas astillaran.

 

Avalancha de cristeros

Desparramóse en la estancia;

La pobrecita paloma

Nada decía, nada lloraba;

El jefe de los cristeros

La ropa le despedaza,

Hasta dejarla desnuda

En su pudor refugiada;

Sobre su cuerpo moreno

Las pupilas se resbalan.

 

El jefe de los cristeros,

Bajo toldo de miradas,

Robó primicia de amores

Al compás de carcajadas…

 

Después los otros pasaron

Hollando lirio sin manchas

Y cuando todos saciaron

Sedes en púber fontana,

Por el suelo la arrastraron

Dejando estela escarlata,

Mientras en el muro blanco

Las figuras se alargaban,

Y en el cielo, de vergüenza,

La Virgen Madre lloraba.

 

El jefe de los cristeros

Con su cuchillo de plata

Los senos cortó a la niña,

Senos cual flores tempranas,

Y fueron senos niños

Rojas pomas que rodaran

De la vida desprendidas

En cosecha apresurada.

 

En la cal de la pared

Letrero con letra llana

Un cristero así escribió,

Dejando fija su infamia:

¡Muera la escuela rural

Y viva la iglesia santa!

 

Estampa del Niño Dios,

Entre los senos, manchada,

Los cristeros en su huida

Dejaron abandonada…

 

¡Ay, madre, qué pena tengo,

Muriéndose en noche aciaga,

De óleos quedóse ayuna

En sus heridas intactas.

 

Ultima parte donde se dice:

¡Ay, Cristo, Cristo Señor!

 

Sobre el perfil de los montes

El sol se puso a brillar

Cuando en camilla de amores

Iban la niña a llevar;

Abiertas a la mañana,

Sobre búcaro carnal,

En lugar de dos camelias

Un par de amapolas hay;

Detrás caminan mujeres

Que los críos la bilis dan,

Detrás caminan los hombres

Con impasible mirar,

Detrás caminan los niños

Llorando el bien que se va

Sobre camino regado

Con gotitas de coral…

 

Mientras tanto, los cristeros,

Corderos de cristiandad,

La absolución recibían,

Absolución sin igual

Que de los siete pecados

Hizo virtud teologal,

virtud de luz de los cielos,

Luz que se va a reflejar

En las medallas benditas

Que llevan sobre el gabán.

 

¡Ay, Cristo, Cristo Señor,

Que en Chalma muriendo estás

Fijo con clavos de amor

A tu cruz de humanidad,

En tu nombre mancillaron

A la Maestra Rural,

Voz que, cual tuya, clamaba

La VERDADERA VERDAD!

 

Ortiz Lucas.- Presencia de una voz.- pág. 17

Editora y Distribuidora, S.A..-1973

México, D. F.

 

 

 

 

 

 

 

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